martes, 16 de septiembre de 2008

La Gran Tentación: el petróleo de México

A partir de hoy, Grijalbo pondrá a la venta el nuevo libro de Andrés Manuel López Obrador, La Gran Tentación. El petróleo de México. El texto que presentamos a continuación, por cortesía del sello editorial que lo publica, fue tomado del capítulo “La política irresponsable”

Los gobiernos neoliberales le han confiscado a Pemex todos sus ingresos. Tan sólo de 2000 a la fecha, mientras esta empresa ha registrado ventas acumuladas por 6 billones 442 mil millones de pesos, ha pagado y enterado impuestos por 4 billones 467 mil millones de pesos, cifra que significa 75.8 por ciento de sus ventas. En contraste, en este mismo periodo la inversión pública directa en Pemex (sin incluir deuda) fue de 162 mil millones de pesos, cifra que representa apenas 2.5 por ciento de sus ventas totales.

Los ingresos obtenidos por petróleo han sido utilizados para financiar el presupuesto público, al grado que de cada peso del presupuesto, cuarenta centavos provienen del petróleo. Esta política fiscal que sangra a Pemex, ha sido utilizada para compensar el déficit que registra la recaudación, debido a que en nuestro país las grandes empresas prácticamente no pagan impuestos.

Por ejemplo, en 2007 Pemex tuvo ventas por un billón 134 mil 980 millones de pesos y sus aportaciones a las finanzas públicas fueron de 846 mil 200 millones de pesos, es decir, 74.6 por ciento de sus ventas. Mientras, en ese mismo año, según cifras de la Bolsa Mexicana de Valores, nueve grandes empresas registraron ventas por 1 billón 209 mil 316 millones de pesos y pagaron impuestos por 51 mil 325 millones: cinco por ciento de sus ventas. O sea, Pemex aportó dieciséis veces más. Habría que agregar que estas empresas presentaron impuestos diferidos en sus balances por 106 mil 296 millones de pesos; es decir, obtuvieron créditos fiscales por el doble de lo que pagaron de impuestos. Además, no sabemos cuánto al final terminaron pagando porque suele pasar que se beneficien con la devolución de impuestos.

La gran corrupción que se da entre las cúpulas del poder económico y del poder político en México, puede describirse señalando que un trabajador, un integrante de la clase media o un pequeño o mediano comerciante o empresario, están obligados a pagar de 15 a 28 por ciento de impuesto sobre la renta (ISR); sin embargo, los grandes monopolios vinculados al poder, por los privilegios que se les otorgan, reducen al mínimo el pago de impuestos y, en algunos casos, no pagan nada.

Las reformas fiscales realizadas desde el gobierno de Fox y hasta la fecha han agravado este problema. Así lo confirma el reciente informe de la Auditoría Superior de la Federación. Según este organismo, en 2005 “se detectaron cincuenta grandes contribuyentes cuyos pagos individuales de impuestos sobre la renta, deducidas las devoluciones, fueron menores a 74 pesos”. Así mismo, se asegura que “las devoluciones efectuadas en el periodo 2001-2005, alcanzaron la cantidad de 604 mil 300 millones de pesos. Por ello se genera una situación de privilegio para unos cuantos contribuyentes que contraviene el principio de equidad fiscal”. Esta situación ha continuado, y durante el primer semestre de 2008, las devoluciones de impuestos efectuadas ascendieron a 93 mil 613 millones de pesos.

Por último, habría que agregar que a los gobiernos panistas les ha tocado la época de precios más altos del petróleo en toda la historia del mundo. Fox recibió durante su sexenio recursos presupuestales del petróleo del orden de 335 mil millones de dólares y tan sólo de excedentes por los precios altos, obtuvo 10 mil millones de dólares por año en el trienio de 2004 a 2006. Y la desgracia fue y sigue siendo, que todo ese dinero, en vez de destinarse a modernizar a Pemex, a promover el desarrollo de México y a garantizar el bienestar del pueblo, se derrochó en beneficio de la alta burocracia o se fue por el caño de la corrupción.

Así mismo, en 2007, el gobierno de facto recibió 12 mil millones de dólares de excedentes por precios altos del petróleo de exportación, y en 2008, serán 20 mil millones más. Tengamos en cuenta que la Cámara de Diputados fijó en la Ley de Ingresos de la Federación un precio estimado por barril de 49 dólares y se ha vendido a 100 dólares en promedio. Desde 1901 que comenzó la explotación petrolera en México hasta nuestros días, ningún presidente de la República había obtenido tanto dinero por concepto del petróleo, como el que está recibiendo en este año el usurpador Felipe Calderón. Sin embargo, todos estos recursos, al igual que cuando Fox, se han utilizado para subsidiar fiscalmente a sus aliados de las grandes corporaciones empresariales, se han dilapidado con la corrupción o se han orientado para mantener los privilegios de los altos funcionarios públicos. Baste subrayar que el gobierno de facto no ha hecho nada para reducir su enorme gasto burocrático. Por el contrario, en 2007, lo aumentó en 154 mil millones de pesos. Y hasta ahora su gasto corriente en 2008 se proyecta en 250 mil millones más. Es decir, en sólo dos años sumará 404 mil millones de pesos. En suma: ineptitud, corrupción y derroche a manos llenas.

La gangrena de la corrupción

Todo el desastre en el sector energético nacional ha sido alimentado por la corrupción que predomina en el gobierno, en Pemex y en la Comisión Federal de Electricidad. Este es el mal que más aqueja a Pemex y atormenta a la nación. Aunque son inagotables los casos de corrupción, aquí sólo trataré de manera puntual algunos de los más actuales que considero relevantes.

El primer contrato de servicios múltiples que se otorgó, violando la Constitución, a una empresa extranjera, se suscribió cuando Felipe Calderón fue secretario de Energía y presidente del Consejo de Administración de Pemex. El 14 de noviembre de 2003, sin que hubiera participado en la licitación ninguna otra empresa, se entregó a Repsol de España un contrato por 2 mil 437 millones de dólares, para explotar yacimientos de gas en la Cuenca de Burgos.

Este contrato de servicios múltiples, celebrado con Repsol, en su anexo “Catálogo de Precios Máximos” muestra cómo se integran los costos de los servicios contratados y sus elevadísimos sobreprecios: para la adquisición de infraestructura se paga 120 por ciento adicional del costo directo; y en el caso de los servicios de mantenimiento, hasta 320 por ciento sobre el costo directo diario. Además, el precio unitario original se aplica independientemente de que la empresa contratista utilice materiales nuevos o usados; es el contratista quien tiene la “responsabilidad absoluta” de inspeccionar, probar y certificar todos los materiales, y por si fuese poco, se incluyen cargos adicionales no previstos como tasas y tarifas de importación, impuestos laborales, impuestos por adquisición de inmuebles y permisos, licencias y registros públicos.

Pero lo peor es que estos contratos han resultado benéficos sólo para las empresas extranjeras, pero improductivos y perjudiciales para el interés nacional. Por estos contratos leoninos que han sido otorgados a Repsol, Tecpetrol, Petrobras, Teikoku, Schlumberger y Halliburton, entre otras, Pemex convino pagar más de 5 mil millones de dólares, con la justificación de que la producción de gas iba a aumentar en 50 por ciento en la Cuenca de Burgos, lo que hubiera significado 500 millones de pies cúbicos diarios. Sin embargo, en cinco años las empresas aumentaron la producción sólo en 63 millones de pies cúbicos, pasando de 126 millones, que era la producción que Pemex obtenía al entregar los campos, a 189 millones de pies cúbicos; es decir, el incremento equivale a cuatro por ciento de la producción estimada en Burgos. Es más, en el mismo periodo, Pemex aumentó la producción en los campos operados por la paraestatal, de mil a mil 347 millones de pies cúbicos. En suma, los contratos de servicios múltiples elevaron muy marginalmente la producción a costos muy elevados: han sido un fracaso.

Inversiones inútiles

Para la reconfiguración de la refinería de Cadereyta se contrató en 1997 a Sunkion Limited, Siemmens e ICA. La obra debió terminarse en julio de 2000, pero tardó más del doble del plazo pactado. Se entregaron los trabajos inconclusos, con irregularidades y los precios unitarios se pagaron muy por encima de lo contratado. En noviembre de 2001, la auditoría cuantificó pérdidas, hasta ese entonces, por más de mil millones de dólares. Pemex, que había renunciado a la jurisdicción nacional, fue demandado por el consorcio en tribunales internacionales. Ante la falta de una defensa adecuada, fue obligado a pagar 630 millones de dólares adicionales. A ningún funcionario se le fincó responsabilidad alguna ni mucho menos sanción hasta el día de hoy. Se generó un daño patrimonial de cuando menos mil 630 millones de dólares.

Los contratos con empresas extranjeras en Chicontepec, Veracruz, también demuestran, cuando menos, lo absurdo de la política privatizadora. En esta zona, con amplias reservas de petróleo, pero cuya extracción supone gran dificultad técnica, entre 2004 y 2007 se incrementó la inversión de dos mil 905 millones a cuatro mil 871 millones, cerca de 70 por ciento. Las fechas coinciden con la contratación de las empresas Schlumberger y Halliburton para la perforación de 300 pozos. Sin embargo, en ese periodo la producción pasó de 25 mil 223 millones de barriles de petróleo crudo equivalente (pce) a 26 mil 625 millones de barriles diarios , es decir, únicamente se incrementó seis por ciento. En suma, Burgos y Chicontepec resultaron un magnifico negocio para los contratistas pero un pésimo negocio para la nación.

En 2007, la empresa noruega PetroMena, poseedora de plataformas de perforación para aguas profundas, rentó durante cinco años tres plataformas: la más grande para 3 mil metros de profundidad a Petrobras America Inc., en 750 millones de dólares. La de capacidad media, para 2 mil 500 metros de profundidad, a Petrobras Brasil, en 645 millones de dólares. Y la de menor capacidad, para 2 mil metros de profundidad, a Pemex a un costo de 940 millones de dólares. En pocas palabras, Pemex rentó la plataforma más pequeña 300 millones de dólares más cara.

[...] Después de este rosario de hechos fraudulentos, queda claro que detrás del actual afán privatizador de la derecha, está la ambición del mismo grupo que ha venido haciendo negocios privados al amparo del poder público y a costa del patrimonio nacional. Más allá de consideraciones técnicas, financieras o administrativas, la intención de privatizar Pemex se basa en el interés de las minorías rapaces y de funcionarios corruptos que quieren seguir montados en el negocio del petróleo.

En síntesis, es un hecho innegable que durante la época del pillaje neoliberal, han tratado de destruir a la industria petrolera nacional. Es cuando más ha padecido de intervencionismo y la han saqueado a mansalva, como a ninguna otra empresa en el mundo. Y sin embargo, sigue siendo imprescindible defenderla ante la actual embestida que busca aniquilarla por completo, porque de la salvación de esta industria depende, en mucho, el destino del país y de nuestro pueblo.

http://www.jornada.unam.mx/2008/09/15/index.php?section=politica&article=013a1pol

Patria agria

Por: Alberto Híjar

En 1810 se trataba de vivir bien, de impedir la esclavitud, de igualar los derechos negados a los pobres, de cancelar los trabajos inhumanos como en las minas que encumbraron a marqueses y condes como los de Raya, Regla, Guadalupe y otros imitadores de la Corte española. Por esto el éxito insurreccional del cura Hidalgo, cómo no iban a ir con él los explotados armados de hoces, machetes y palos, indisciplinados pero decididos. Total, lo único que arriesgaban eran sus cadenas. De ser limpios y dignos, los indios habían sido transformados en harapientos y sucios pelados para distinguirlos de la gente decente de las ciudades. El orden de las castas procreó disciplinas que mediante controles mínimos ordenaban los usos de espacios y de tiempos, los trabajos, los ocios, todo. Ximeno y Planes pintó en el techo del mal llamado Palacio de

Minería el orden descendente de las castas. Aún hoy, los indios ceden el paso por las banquetas a los coletos. Un biopoder creció desde entonces para ordenar las vidas, clasificarlas, orientarlas. En el último lugar de la escala social, los indios permanecieron irredentos en la disputa de liberales y conservadores. La Nación dejó fuera a los pueblos y comunidades, Ignacio Ramírez, indio a ojos vistas, fue misericordioso: dejadlos con sus usos y costumbres pero administrémosles las tierras y sus frutos. Hasta puede alegarse que el comunitarismo obstaculiza el mercado y con él la unidad nacional. Había que integrar tierra y territorio. El terruño, como agrega Andrés Aubry, quedaba para los campesinos pequeños propietarios, sentimentales irredentos.
La reducción romántica decimonónica llenó de poemas, cantos, himno ordenado por Santa Anna y uno que otro monumento público el imaginario nacional. Nuestras raíces fueron centro de la historia patria y México a través de los siglos fue monumental historia oficial para el porfiriato con sus portadas duras de relieves de pirámides y soles. Al cumplirse el centenario de 1810, además de la modernísima cárcel de Lecumberri y del no menos avanzado Manicomio de La Castañeda y la Escuela de Artes y Oficios para los que no puedes aspirar más que a manualidades, el bando dispuso adornar el Centro Histórico con papeles de colores, picado no porque eso es de pulquerías y alentó a las señoras y niñas bien a lucir trajes típicos más o menos inventados para servir aguas frescas, de limón, horchata y jamaica como la bandera. Hasta la posguerra mundial, dijo Carlos Salinas de Gortari en su tercer informe de gobierno, tuvo sentido histórico válido el nacionalismo, después ya no y ahora menos porque la globalización llama a romper fronteras, banderas y soberanías en beneficio del libre comercio.
Esto ha dado lugar a un poder mucho más efectivo que el del Estado y sus instituciones. Es un poder subjetivo, sentimental, sensorial, perceptual, biológico y social. Biopoder lo llaman Foucalt y Negri y lo advierten bajo control generalmente oculto entre recomendaciones para la vida buena. ¡Siéntete bien contigo! proclama Televisa entre comerciales donde se asegura la buena sexualidad con pomadas, bebedizos y condones texturizados. Adelgaza y mantente en línea con aparatos maravillosos y complementos alimentarios sintéticos que en realidad no alimentan. Y para los interiores, para alimentar el espíritu, la nueva serie Mujeres Asesinas, la espectacular exhibición del narcotráfico con la corrupción colombiana y toda suerte de violencias militares y policíacas. Tras las marchas de blanco por la seguridad abstracta, los reportajes hiperrealistas con decapitados y los secuestros crudelísimos con los padres ricos pero patéticos son repetidos hasta significar nada. Entre todos, la joven militar que en el ritual de los Niños Héroes donde el presidente afirma su amor a la Patria, alentó el deber del Ejército dispuesto al sacrificio. Nada se dijo de los asesinatos y violaciones de la soldadesca desatada y con licencia para matar. En una escuela privada, las profesoras deciden la fiesta patria y piden a los niños vestirse de mexicanos. Un buen contingente se presentó con las camisetas de la Selección Nacional de Fútbol. Es lo mexicano que pueden imaginar entre mensajes celulares, lenguajes cifrados y cortes en el cuerpo para sentir porque ya nada les importa. En las verbenas públicas, los cantos dizque rancheros y los bailes dizque típicos con los rostros descompuestos por el abundante maquillaje, la sonrisa a toda costa y los trajes bien planchados en la tintorería. En privado, en las fiestas de la alta burocracia, la gente bien convocada por los gobernantes celebra de manera elegante, come y bebe opíparamente y aplaude los fuegos artificiales ahí sí permitidos porque no hay chusma. Por una noche, alguien luce el traje de charro con botonadura de plata del abuelo o bisabuelo porfirista en honor de don Maximiliano de Habsburgo, el primero en lucirlo y vestir así a la servidumbre de sus banquetes.
El biopoder alcanza la caricatura con bigotes y barbas postizas, largas pestañas coloridas, sombrerotes, paliacates en el cuello una vez superada la época del Grupo Garibaldi, que exigió cubrirse la cabeza con ellos así como Juan Reyes, el héroe de la telenovela más repetida, bravío el enamorado y fortachón. José Alfredo se materializa en los jóvenes y viejos borrachos, en las actitudes retadoras, en las mujeres altivas que arrebatan quesadillas y pambazos sin respetar el turno, en la disputa del lugar para el automóvil, en el reto de no sabes con quién te metes. Por una noche, el biopoder parece el de un pueblo bravucón, que no valiente. Después será otra cosa, de la playa atestada y el grito fársico, a volverse a meter en el cuerpo domesticado con sus uniformes no oficializados, como los de las corbatas de colores cálidos a la moda en alto contraste con los trajes oscuros propios de los gobernantes cuando no se disfrazan de pueblo en camisa o chamarra. Lo grave es que no hay alternativa ritual porque ahí donde parece haber pueblo en lucha contra el mal gobierno, el biopoder es el mismo sólo que con un toque antiimperialista porque vamos a cambiar, hecho y dicho todo sin romper un vidrio y retirándose a tiempo para dar paso a la ceremonia presidencial. Hasta aquí llegó la sociedad civil, siempre en el umbral no traspuesto de la práctica política.
http://www.poresto.net/content/view/2583/103/