lunes, 7 de abril de 2008

Amenaza · Hernández


http://www.jornada.unam.mx/2008/04/06/index.php?section=cartones&id=1

Astillero

Julio Hernández López
Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx

■ Premios a periodistas

■ A Lydia Cacho, el de la Unesco

■ El Ortega y Gasset, a Sanjuana

■ Aristegui, apoyo popular

Es una justiciera ironía globalizada que la corrupción política mexicana, expresada de forma destacada en casos de pederastia cometidos por empresarios, funcionarios y sacerdotes, esté generando atención y apoyo tanto internacional como popular a quienes en situaciones de peligro han dado a conocer esos expedientes oscuros y han insistido en la necesidad de que haya protección a las víctimas, castigo a los responsables y políticas públicas de verdadera protección a niños y jóvenes. Es también notable que frente a una elite periodística dominada por voces masculinas que en gran parte han preferido la cobardía alineada a los intereses y a las órdenes de quienes tienen poder, resalte (sin intención de género aunque, a fin de cuentas, la justicia y la libertad son sustantivos femeninos) la participación de mujeres de tal valentía que sus trabajos son premiados por jurados internacionales y, como acaba de suceder en el Zócalo de Puebla, por la clamorosa adhesión de miles de ciudadanos que ven en ellas un tipo de periodismo absolutamente plausible.

Lydia Cacho, por ejemplo, está en curso de ser informada de que un jurado independiente de periodistas de varios países la consideró merecedora del Premio Mundial de la Libertad de Prensa Unesco-Guillermo Cano, que será entregado en Mozambique el próximo 3 de mayo. Con ese reconocimiento, establecido en 1997, la Unesco honra la memoria de Guillermo Cano Isaza, director del diario colombiano El Espectador, quien fue asesinado el 17 de diciembre de 1986 por narcotraficantes a causa de que era “un implacable crítico del poder de los señores de la droga colombianos y de su infiltración en el sistema político”. El premio que ahora recibirá Cacho fue entregado en 1999, en Bogotá, al antes mencionado Blancornelas, y en la ceremonia correspondiente a 2007 fue asignado a la periodista rusa Anna Politskovskaya.

Por otra parte, el próximo 7 de mayo serán entregados en Madrid cuatro galardones de periodismo Ortega y Gasset (instituidos por el diario El País), de los cuales uno corresponde, en la categoría de trabajos de investigación, a las publicaciones sobre pederastia clerical hechas por Sanjuana Martínez en La Jornada (diario que tiene a Carmen Lira como directora, a Elena Gallegos como jefa de información y a reporteras como Blanche Petrich y Alma E. Muñoz, por citar sólo un par de ejemplos, que también han difundido con entereza y persistencia hechos violatorios de derechos humanos). Luego de ser durante largos años corresponsal de la revista Proceso en el extranjero, Sanjuana encontró el nicho de los libros como alternativa para publicar materiales que no siempre encuentran acomodo en medios periódicos (igual sucedió con Cacho, impulsadas ésta por Random House Mondadori y aquélla por Editorial Planeta, con Ariel Ramos y Braulio Peralta como editores, respectivamente). Además, comenzó a entregar textos a La Jornada y publicaba una columna, A bocajarro, en Milenio-Diario de Monterrey, cuya directora, Roberta Garza Medina (hermana del Vicario General de los Legionarios de Cristo) dejó de publicar a causa de una supuesta remodelación de páginas.

Otro de estos premios Ortega y Gasset será entregado, en esta 25 edición, a la revista Zeta, por la “coherencia, independencia y valentía” que ha mantenido desde 1980, cuando fue fundada, en la denuncia del “clima de impunidad impuesto por la corrupción y el tráfico de drogas en los estados del norte de México”. El reconocimiento tiene una dedicatoria póstuma a Jesús Blancornelas, alma, motor, escudo y blanco de esa revista, pero también al trabajo de continuidad que ha hecho su actual directora general, Adela Navarro Bello.

Pero el reconocimiento al trabajo de periodistas valiosas y valientes no se queda en el plano de las premiaciones institucionales. Este sábado reciente, en la principal plaza pública de la ciudad de Puebla, al presentar el más reciente libro de Cacho, ésta y Sanjuana (quienes celebrarán este sábado 12 sus coincidentes cumpleaños con una fiesta en las playas de Cancún que les organiza la “Falsa Procuraduría Ciudadana contra la Pederastia Clerical y Secular”) recibieron muestras de respaldo masivo que tuvieron especial resonancia al dirigirse a Carmen Aristegui, la conductora de programas de radio y televisión cuya congruencia y profesionalismo son altamente estimados por segmentos sociales que entienden su salida de empresas, como W radio, como una forma de censura apenas disfrazada de “políticas comerciales” o replanteamientos de formas de trabajo. Aristegui fue especialmente ovacionada y sus palabras continuamente interrumpidas por gritos de apoyo (entre otras cosas, Carmen dijo que “México se ha convertido en una nueva Tailandia”, según el portal del diario poblano Intolerancia).

El reino explícito de las impunidades, el cinismo y las complicidades podría también organizar sus propias entregas de premios. El góber precioso y el empresario Kamel Nacif merecerían distinciones, al igual que el presidente de la República de Los Pinos, que ha hecho pactos vergonzosos con Mario Marín y Ulises Ruiz para, según eso, afianzarse en el poder a partir de supuestos pilares, carcomidos y sucios. Los cardenales Norberto Rivera, Juan Sandoval y Francisco Ortega (con sedes en la ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, respectivamente) podrán continuar con sus labores de protección de curas pederastas, mediante clínicas de atención sicológica y cambiándolos de sede para que no sean alcanzados por procesos judiciales y para que puedan actualizar sus agendas de agresiones a menores de edad. En realidad, deberían recibir esos antipremios tanto el sistema completo de justicia, en sus tres niveles, con participación destacada del flanco derechista que domina la Suprema Corte, como los entes fantasmales llamados Estado de Derecho, instituciones y Representación Popular.

Y, mientras otras mujeres, valiosas y valientes, se alistan para enfrentar otra batalla, la de la defensa del petróleo, ¡hasta mañana, con el cascarón del PRD enredado en cómputos y consejos nacionales!

http://www.jornada.unam.mx/2008/04/07/index.php?section=opinion&article=004o1pol

Editorial

PRD: decepción y vacío
El daño está hecho. A 20 días de realizada la elección para renovar la dirigencia del Partido de la Revolución Democrática (PRD), el conteo de los sufragios sigue empantanado por los vicios de origen del proceso comicial; las dos principales candidaturas mantienen una disputa enconada, ya no para captar votos, sino sobre la manera de computarlos, y las sospechas del desaseo se han vuelto certezas, tanto en las filas de esa organización como, por supuesto, fuera de ellas: los rivales políticos y mediáticos del perredismo se regocijan ante el espectáculo de las prácticas antidemocráticas y amplios sectores de la sociedad han desarrollado un sentimiento de decepción ante el partido que tendría que encarnar una ética social y política frente a la descomposición, los desmanes y las turbiedades del grupo en el poder.

El daño está hecho. Sea cual fuere el resultado del ultimátum emitido ayer por la Comisión Nacional de Garantías a la Comisión Técnica Electoral para que termine el conteo de los votos no controvertidos en un plazo máximo de 48 horas –que vence mañana–, e independientemente del criterio que se utilice para ponderar las casillas impugnadas, mayoritariamente favorables al candidato Jesús Ortega, el relevo de Leonel Cota Montaño al frente del PRD nacional padecerá una carencia de autoridad y de legitimidad de origen. El partido en su conjunto será visto por muchos como un reducto más de una clase política logrera, hechizada por los privilegios del poder y del dinero, ajena a las reivindicaciones populares y a los intereses nacionales.

Ciertamente, la miseria cívica que salió a relucir en los comicios del 16 de marzo no surgió en las campañas previas, sino que tiene una incubación prolongada, y algunos de sus antecedentes pueden hallarse en la fundación misma del instituto político, hace 19 años. Pero la proliferación descontrolada de burocracias internas y de grupos de interés más vinculados al ejercicio de cargos que al ideario del partido recibió un impulso claro con la reforma política zedillista, que repartió dinero en forma desmesurada y grotesca entre las organizaciones partidarias con registro y dio pie a un abandono de los principios, las plataformas y los programas en aquellas que los tenían –hay franquicias electorales, se sabe, que desde su inicio han operado como negocios particulares de sus dirigentes–, y que desvirtuó las luchas de ideas en el interior de los partidos para convertirlas en disputas por el botín de los presupuestos.

El ejercicio del poder público como medio de gestión de grandes intereses financieros es una característica inequívoca de las dos administraciones de origen panista de 2000 a la fecha. En el PRI es inocultable, desde hace muchos años, la falta de una visión específica de país y la práctica partidaria orientada a la consecución de cargos y posiciones de influencia.

De la otra gran fuerza electoral del país, el PRD, se ha esperado, en cambio, que haga política para defender la soberanía nacional, procurar una redistribución de la riqueza –que en México alcanza grados obscenos e insultantes de concentración–, así como propiciar la moralización del poder público y la democratización en un ámbito institucional, que es democrático sólo en la pretensión legalista y formal, y abanderar las reivindicaciones de los sectores oprimidos, ninguneados, expoliados, discriminados y saqueados.

Por supuesto, un partido marcado por las prácticas fraudulentas y turbias en sus procesos internos no tiene el menor margen para emprender tales tareas. El colapso de la elección del PRD del pasado 16 de marzo, y la quiebra moral que el proceso representa, dejan en la orfandad política a millones de mexicanos que, sin una pertenencia formal a ese partido, sentían en él una vía de vinculación con la vida institucional del país, para la cual el vacío resultante tendrá consecuencias sin duda negativas.

http://www.jornada.unam.mx/2008/04/07/index.php?section=opinion&article=002a1edi