Javier Aranda Luna
Escribió José Joaquín Blanco hace tiempo que el estilo, la ironía, la música, la crítica, el desparpajo, la sonrisa y la voluntad de vida de Elena Poniatowska se encuentran desde sus primeros textos. Es cierto y ahora sabemos que esos signos de identidad subsisten en sus libros más recientes. Particularmente en Rondas de la niña mala, breve libro de poemas que puso a circular en estos días Ediciones Era.
Ya Monsiváis había encontrado en la intensidad prosística de Poniatowska la sucesión de vislumbres poéticos y Octavio Paz un algo alado en su prosa como ocurre con la poesía. Seguramente por eso la consideró un “pájaro” de la literatura mexicana.
Rondas de la niña mala recupera ese uso antiguo de la poesía para contarnos cosas, para fijar de manera condensada esos instantes que definen, como pocos, nuestros días. Porque los poemas además de ser la música de lo que pasa, los instantes de comunión con lo infinito son, también, instrumento de la memoria y la imaginación, esa otra de sus formas.
Con este libro bellamente ilustrado con dibujos de Leonora Carrington y Pablo Weisz, Poniatowska no pretende hacer POESÍA, desenmarañar el ser y el tiempo, cantar en do de pecho en cada estrofa, ni cifrar hasta o ininteligible la caída del agua suelta sino algo más sencillo: recuperar, con la música de la poesía, con metáforas sorprendentes, con ironía que desternilla y con gran insolencia, una infancia que si fue como la pinta debe haber sido una locura. Me corrijo: esa infancia que fijó con sus versos de la niña mala son ya una locura donde nada se esconde: “Elena,/ tú no sabes, no sabes/ ni te duele la vida,/ estás fuera, comprende,/ ‘out’, no cupiste,/ no has entendido nada,/ ni juntaste dinero,/ ni te vestiste bien,/ ni tu casa es tu casa”.
Sorprenden sus metáforas sobre la vida menuda, el desparpajo, las palabrotas y, por supuesto, los temas que viven una niña de mochila y tobilleras y esa femme enfante de nuestras letras que vuelve a sentir el miedo infantil, ya adulta, en Tlacotalpan. La muerte chiquita, la infancia perdida, un armario donde el pasado cuenta, el caldo blanco de semen, un Dios insensato y demandante, una estrella fruncida, un árbol que da niñas y un encuentro en la mitad del mundo aparecen en estas baladas que, como los dibujos de Leonora Carrington, parecen más de otro mundo que de éste, un mundo más cercano a los sueños o a la infancia donde lo real en un parpadeo desaparece.
Si la recuperación de voces ha sido uno de los recursos más afortunados de Poniatowska para armar sus crónicas, pues las convierte en un coro que nos cuenta el cuento de lo que ocurrió, en los poemas que hoy nos ofrece otras voces, la de los suyos muy suyos y la de ella misma le sirven para compartirnos lo que tal vez sea su mejor autorretrato.
Treinta rondas comprende el libro que su autora fue escribiendo a lo largo del tiempo. Escribió la primera a los 24 años y Octavio Paz conoció algunas de ellas. Y más aún, corrigió él mismo una.
http://www.jornada.unam.mx/2008/06/11/index.php?section=opinion&article=a04a1cul
miércoles, 11 de junio de 2008
Precios de alimentos: adiós al factor China
Por: Alejandro Nadal
Para explicar el comportamiento al alza de los precios de alimentos se ha recurrido a varios factores. Pero entre las razones que se mencionan, siempre destaca el factor China.
La historia es sencilla: el aumento de la demanda en China afecta la dinámica de precios, no sólo por el crecimiento demográfico, sino porque la clase media ascendente ahora consume más carne. Como se necesitan 700 calorías de alimento en grano para producir 100 calorías de carne de res, este cambio de dieta presiona fuertemente el mercado.
Hasta Paul Krugman, tan admirado por los lectores de The New York Times, abraza esta “explicación” y coloca a la demanda china como principal causa del aumento de precios. Pero el famoso economista no ha hecho bien la tarea.
Daryll Ray, investigador de la Universidad de Tennessee, sí ha revisado los números y éstos son sus hallazgos: primero, entre 1990 y 2007 la demanda de carne de res pasó de 1.1 a 7.4 millones de toneladas, pero China cubrió ese incremento con producción doméstica y hasta exportó pequeños excedentes.
El consumo de carne de cerdo aumentó de 23 a 45 millones de toneladas entre 1990 y 2007, pero China fue autosuficiente y siguió exportando. Finalmente, el consumo de carne de pollo pasó de 2.4 a 11.5 millones de toneladas entre 1990 y 2007. China fue autosuficiente en este producto, aunque en 2007 importó una modesta cantidad (124 mil toneladas).
Así, entre 1990-2007 su demanda de cárnicos creció 142 por ciento, pero se cubrió con producción interna y hasta se exportaron excedentes. Ese factor no constituye una presión adicional sobre el mercado internacional de cárnicos.
¿Qué sucede en el caso de los granos? Veamos el arroz. Entre 1990 y 1999 el consumo pasó de 124 a 134 millones de toneladas; la producción mantuvo el ritmo y China continuó exportando. Después de 2000 la producción doméstica fluctúa, pero siguió cubriendo la creciente demanda y generando excedentes. Se observan incrementos en superficie cultivada para este grano, lo que permitirá hacer frente a la demanda y seguir exportando.
China cubre su consumo interno de maíz y es un exportador importante (en 2005 exportó 3.5 millones de toneladas). Para el trigo tenemos que en los años 90 la demanda interna pasó de 102 a 109 millones de toneladas. Aunque eso pudo cubrirse con rendimientos crecientes, aumentó sus reservas con importaciones. A partir de 2000 reduce la producción interna y recurre a sus reservas de trigo para cubrir la demanda. Sin embargo, desde 2005 la superficie cultivada y la producción interna aumentan nuevamente y China vuelve a exportar trigo.
Todo esto revela una interesante política de manejo de reservas. En la década de los 90, probablemente por la experiencia histórica de numerosas hambrunas, China mantuvo reservas muy altas. Pero en los últimos diez años una parte de su demanda se cubrió con esas gigantescas reservas. Por eso los datos mundiales revelan no un incremento, sino una disminución en la demanda internacional de granos en ese periodo. Hasta aquí los números de Daryll Ray.
Tenemos entonces un dato muy importante: China, lejos de provocar un aumento en la demanda mundial, es responsable de una reducción debido a su manejo de inventarios. Eso sí que choca con el comportamiento de los precios, ¿verdad?
No cabe duda, hay que despedirse del factor China como explicación del aumento de precios. Y dado que los otros factores que mencionan los medios (agrocombustibles, precios de petróleo y sequías en algunas regiones) no sirven por sí solos para dar cuenta de los incrementos espectaculares en el costo de los alimentos, hay que seguir buscando otra explicación.
No hay que ir muy lejos: la concentración del mercado mundial de granos, carne, semillas e insumos agrícolas es la pista más prometedora. Hoy, conglomerados como Archer Daniels, Cargill, Bunge, Monsanto y Syngenta tienen el poder de mercado y la infraestructura para manejar inventarios, invertir en mercados de futuros y manipular precios a escala mundial para obtener súperganancias. Pero ni la OMC ni la FAO están interesadas en remediar esta situación.
En el plano nacional sucede lo mismo: deficiente política agrícola, mala gestión de inventarios y poder de mercado de grandes consorcios. Eso explica el incremento de precios. Pero el gobierno no quiere perturbar a sus amigos. Es mejor propalar las mentiras sobre el factor China.
http://www.jornada.unam.mx/2008/06/11/index.php?section=opinion&article=029a1eco
Para explicar el comportamiento al alza de los precios de alimentos se ha recurrido a varios factores. Pero entre las razones que se mencionan, siempre destaca el factor China.
La historia es sencilla: el aumento de la demanda en China afecta la dinámica de precios, no sólo por el crecimiento demográfico, sino porque la clase media ascendente ahora consume más carne. Como se necesitan 700 calorías de alimento en grano para producir 100 calorías de carne de res, este cambio de dieta presiona fuertemente el mercado.
Hasta Paul Krugman, tan admirado por los lectores de The New York Times, abraza esta “explicación” y coloca a la demanda china como principal causa del aumento de precios. Pero el famoso economista no ha hecho bien la tarea.
Daryll Ray, investigador de la Universidad de Tennessee, sí ha revisado los números y éstos son sus hallazgos: primero, entre 1990 y 2007 la demanda de carne de res pasó de 1.1 a 7.4 millones de toneladas, pero China cubrió ese incremento con producción doméstica y hasta exportó pequeños excedentes.
El consumo de carne de cerdo aumentó de 23 a 45 millones de toneladas entre 1990 y 2007, pero China fue autosuficiente y siguió exportando. Finalmente, el consumo de carne de pollo pasó de 2.4 a 11.5 millones de toneladas entre 1990 y 2007. China fue autosuficiente en este producto, aunque en 2007 importó una modesta cantidad (124 mil toneladas).
Así, entre 1990-2007 su demanda de cárnicos creció 142 por ciento, pero se cubrió con producción interna y hasta se exportaron excedentes. Ese factor no constituye una presión adicional sobre el mercado internacional de cárnicos.
¿Qué sucede en el caso de los granos? Veamos el arroz. Entre 1990 y 1999 el consumo pasó de 124 a 134 millones de toneladas; la producción mantuvo el ritmo y China continuó exportando. Después de 2000 la producción doméstica fluctúa, pero siguió cubriendo la creciente demanda y generando excedentes. Se observan incrementos en superficie cultivada para este grano, lo que permitirá hacer frente a la demanda y seguir exportando.
China cubre su consumo interno de maíz y es un exportador importante (en 2005 exportó 3.5 millones de toneladas). Para el trigo tenemos que en los años 90 la demanda interna pasó de 102 a 109 millones de toneladas. Aunque eso pudo cubrirse con rendimientos crecientes, aumentó sus reservas con importaciones. A partir de 2000 reduce la producción interna y recurre a sus reservas de trigo para cubrir la demanda. Sin embargo, desde 2005 la superficie cultivada y la producción interna aumentan nuevamente y China vuelve a exportar trigo.
Todo esto revela una interesante política de manejo de reservas. En la década de los 90, probablemente por la experiencia histórica de numerosas hambrunas, China mantuvo reservas muy altas. Pero en los últimos diez años una parte de su demanda se cubrió con esas gigantescas reservas. Por eso los datos mundiales revelan no un incremento, sino una disminución en la demanda internacional de granos en ese periodo. Hasta aquí los números de Daryll Ray.
Tenemos entonces un dato muy importante: China, lejos de provocar un aumento en la demanda mundial, es responsable de una reducción debido a su manejo de inventarios. Eso sí que choca con el comportamiento de los precios, ¿verdad?
No cabe duda, hay que despedirse del factor China como explicación del aumento de precios. Y dado que los otros factores que mencionan los medios (agrocombustibles, precios de petróleo y sequías en algunas regiones) no sirven por sí solos para dar cuenta de los incrementos espectaculares en el costo de los alimentos, hay que seguir buscando otra explicación.
No hay que ir muy lejos: la concentración del mercado mundial de granos, carne, semillas e insumos agrícolas es la pista más prometedora. Hoy, conglomerados como Archer Daniels, Cargill, Bunge, Monsanto y Syngenta tienen el poder de mercado y la infraestructura para manejar inventarios, invertir en mercados de futuros y manipular precios a escala mundial para obtener súperganancias. Pero ni la OMC ni la FAO están interesadas en remediar esta situación.
En el plano nacional sucede lo mismo: deficiente política agrícola, mala gestión de inventarios y poder de mercado de grandes consorcios. Eso explica el incremento de precios. Pero el gobierno no quiere perturbar a sus amigos. Es mejor propalar las mentiras sobre el factor China.
http://www.jornada.unam.mx/2008/06/11/index.php?section=opinion&article=029a1eco
Crisis de modelo: petróleo y agricultura
Luis Linares Zapata
Crisis de modelo: petróleo y agricultura
De manera constante, pausada a veces, otras con dolor colectivo y hasta con serias contradicciones, la realidad trastoca el modelo productivo impuesto al país durante el último cuarto de siglo. A pesar de las múltiples señales de alarma que tanto en lo petrolero y en el campo nacional se escuchan por todo el sistema de producción y convivencia respectiva, la cúpula decisoria de México, el oficialismo más atrincherado, insiste en perseverar en la continuidad el modelo en boga. Poco se inmutaron ante el reciente disparo en los precios de la tortilla, debido al súbito, aunque anunciado, incremento en los precios internacionales del maíz y la especulación interna sin controles adecuados. Tampoco parecen conmovidos por la que ya se llama crisis generalizada de los granos: arroz, trigo, soya, maíz y sus muchos derivados en cárnicos, huevo, leche y demás. Pero lo que llega a un punto por demás dramático lo constituye el apego de ese irreductible oficialismo a plantear la ansiada apertura de la industria energética. Una falsa puerta para intentar dar salida a la grave situación en que se ha situado a Pemex después de años de abandono en sus responsabilidades vitales.
Ante tan asfixiante problemática actual, sólo negada por los interesados en sus propios negocios y complicidades, la solución planteada es abrir la economía a más importaciones y atraer al capital trasnacional para que se hagan cargo de los problemas. El resultado está ante la vista de cualquiera que lo quiera ver. México se ha ido convirtiendo en una enorme maquinaria para adquirir fuera cuanto producto o servicio uno imagine. También para esperar desde sus cúpulas, plagadas de infantilismo, las bondades inacabables del capital privado del exterior. Las consecuencias han sido trágicas para la historia repetida del país.
En el campo se desmantelaron todas las redes protectoras que sostenían la producción de los alimentos básicos (Conasupo y otras), en especial aquel tejido que lo resguardaba contra las extendidas prácticas depredadoras de las economías avanzadas. Desaparecieron los almacenes, se fueron extinguiendo los centros de investigación y se trasladó tan vital actividad a otros lugares y naciones. El crédito asequible se redujo al mínimo y aumentaron las tasas al liquidarse los bancos estatales. Los paquetes tecnológicos, de semillas, equipos y de comercialización se dejaron, como las demás, en las avarientas manos de las trasnacionales de la alimentación (Monsanto, Cargill o Archer Daniels)
Siendo la agricultura mundial una actividad que no obedece los estándares ideales del mercado, se dejó a los productores al garete. Aquellos que no sobrevivieron a la ficticia competencia emigraron para hacer más eficiente la producción estadunidense. Poblaron los barrios marginales de las urbes, engrosaron el empleo informal o se alquilaron de albañiles en una industria que los usa y abusa hasta con desprecio. Los paradigmas neoliberales de permitir que el mercado movilice y asigne los recursos disponibles es un espejismo en la agricultura (como casi en todo) donde campean las prácticas monopólicas o de cárteles. Se predicó, con vehemencia casi suicida, que todo lo que en otras partes se produjera a costos más bajos se tendría que dejar de hacerlo en el país. Era conveniente –se dijo y se sostiene– traer de fuera lo más barato, o de mejor calidad, antes que subsidiar al ineficiente. Por este rumbo se ha ido colocando fuera la parte sustantiva del estómago y el gusto de los mexicanos. Se pensó que la época de los precios bajos de los granos y alimentos básicos duraría para siempre. La realidad es muy diferente y dramática. La carestía y la controlada oferta alimentaria llegaron y se instalarán por muchos años en el futuro entre nosotros. Y a la agricultura nacional la encontró desarticulada, sin instrumentos y en decadencia, al menos en esas abigarradas regiones de subsistencia o autoconsumo. Así, el déficit en la balanza comercial externa vuelve a ser monumental e insostenible. A pesar de recibir cuantiosas transferencias de los residentes mexicanos en el extranjero, a los remanentes del turismo o los ingresos de divisas por las ventas de crudos (decenas de miles de millones de dólares) la cuenta corriente será una limitante indudable al crecimiento.
Similares circunstancias se observan en la industria petrolera a causa de dar ventajas interesadas o tramposas a los agentes externos. Lo trascendente es reconocer que, desde hace años, se ha perdido la capacidad de satisfacer la demanda interna de petrolíferos. Un caro precio a la irresponsable gestión de Pemex enseñoreada en los últimos 20 años: 12 del priísmo tardío y el resto del inicuo panismo que se ha sufrido. El impulso a la ingeniería propia se agotó antes de consolidarse, no sin arrojar notables resultados (seis grandes refinerías). Se privilegió, de indirectas maneras, a los centros de investigación de fuera a costa del Instituto del Petróleo, las universidades o grupos de ingeniería locales. Poca exploración hace ya Pemex en estos días de manera directa, todo se contrata y subcontrata con empresas externas. Las importaciones masivas de partes, máquinas, procesos, insumos, equipos y hasta operarios se ha instalado como normal práctica cotidiana.
Es, no cabe duda, hasta peligroso para la soberanía energética pensar que se puede continuar con una plataforma de exportación del actual volumen (1.5 mmdbd) a costa de subsidiar a los que no cumplen con sus obligaciones fiscales. Actores, empresas, grupos y personas específicas, que se han enseñoreado de los bienes y recursos nacionales para su propio provecho y poder. Ésta, la debilidad fiscal, es el verdadero, el primigenio núcleo de los problemas, de las deformaciones que padece la industria petrolera. Sin enfrentarla de manera directa no se podrá impulsar una reforma que sea autosostenible, independiente y pilar del desarrollo de la nación.
http://www.jornada.unam.mx/2008/06/11/index.php?section=opinion&article=027a2pol
Crisis de modelo: petróleo y agricultura
De manera constante, pausada a veces, otras con dolor colectivo y hasta con serias contradicciones, la realidad trastoca el modelo productivo impuesto al país durante el último cuarto de siglo. A pesar de las múltiples señales de alarma que tanto en lo petrolero y en el campo nacional se escuchan por todo el sistema de producción y convivencia respectiva, la cúpula decisoria de México, el oficialismo más atrincherado, insiste en perseverar en la continuidad el modelo en boga. Poco se inmutaron ante el reciente disparo en los precios de la tortilla, debido al súbito, aunque anunciado, incremento en los precios internacionales del maíz y la especulación interna sin controles adecuados. Tampoco parecen conmovidos por la que ya se llama crisis generalizada de los granos: arroz, trigo, soya, maíz y sus muchos derivados en cárnicos, huevo, leche y demás. Pero lo que llega a un punto por demás dramático lo constituye el apego de ese irreductible oficialismo a plantear la ansiada apertura de la industria energética. Una falsa puerta para intentar dar salida a la grave situación en que se ha situado a Pemex después de años de abandono en sus responsabilidades vitales.
Ante tan asfixiante problemática actual, sólo negada por los interesados en sus propios negocios y complicidades, la solución planteada es abrir la economía a más importaciones y atraer al capital trasnacional para que se hagan cargo de los problemas. El resultado está ante la vista de cualquiera que lo quiera ver. México se ha ido convirtiendo en una enorme maquinaria para adquirir fuera cuanto producto o servicio uno imagine. También para esperar desde sus cúpulas, plagadas de infantilismo, las bondades inacabables del capital privado del exterior. Las consecuencias han sido trágicas para la historia repetida del país.
En el campo se desmantelaron todas las redes protectoras que sostenían la producción de los alimentos básicos (Conasupo y otras), en especial aquel tejido que lo resguardaba contra las extendidas prácticas depredadoras de las economías avanzadas. Desaparecieron los almacenes, se fueron extinguiendo los centros de investigación y se trasladó tan vital actividad a otros lugares y naciones. El crédito asequible se redujo al mínimo y aumentaron las tasas al liquidarse los bancos estatales. Los paquetes tecnológicos, de semillas, equipos y de comercialización se dejaron, como las demás, en las avarientas manos de las trasnacionales de la alimentación (Monsanto, Cargill o Archer Daniels)
Siendo la agricultura mundial una actividad que no obedece los estándares ideales del mercado, se dejó a los productores al garete. Aquellos que no sobrevivieron a la ficticia competencia emigraron para hacer más eficiente la producción estadunidense. Poblaron los barrios marginales de las urbes, engrosaron el empleo informal o se alquilaron de albañiles en una industria que los usa y abusa hasta con desprecio. Los paradigmas neoliberales de permitir que el mercado movilice y asigne los recursos disponibles es un espejismo en la agricultura (como casi en todo) donde campean las prácticas monopólicas o de cárteles. Se predicó, con vehemencia casi suicida, que todo lo que en otras partes se produjera a costos más bajos se tendría que dejar de hacerlo en el país. Era conveniente –se dijo y se sostiene– traer de fuera lo más barato, o de mejor calidad, antes que subsidiar al ineficiente. Por este rumbo se ha ido colocando fuera la parte sustantiva del estómago y el gusto de los mexicanos. Se pensó que la época de los precios bajos de los granos y alimentos básicos duraría para siempre. La realidad es muy diferente y dramática. La carestía y la controlada oferta alimentaria llegaron y se instalarán por muchos años en el futuro entre nosotros. Y a la agricultura nacional la encontró desarticulada, sin instrumentos y en decadencia, al menos en esas abigarradas regiones de subsistencia o autoconsumo. Así, el déficit en la balanza comercial externa vuelve a ser monumental e insostenible. A pesar de recibir cuantiosas transferencias de los residentes mexicanos en el extranjero, a los remanentes del turismo o los ingresos de divisas por las ventas de crudos (decenas de miles de millones de dólares) la cuenta corriente será una limitante indudable al crecimiento.
Similares circunstancias se observan en la industria petrolera a causa de dar ventajas interesadas o tramposas a los agentes externos. Lo trascendente es reconocer que, desde hace años, se ha perdido la capacidad de satisfacer la demanda interna de petrolíferos. Un caro precio a la irresponsable gestión de Pemex enseñoreada en los últimos 20 años: 12 del priísmo tardío y el resto del inicuo panismo que se ha sufrido. El impulso a la ingeniería propia se agotó antes de consolidarse, no sin arrojar notables resultados (seis grandes refinerías). Se privilegió, de indirectas maneras, a los centros de investigación de fuera a costa del Instituto del Petróleo, las universidades o grupos de ingeniería locales. Poca exploración hace ya Pemex en estos días de manera directa, todo se contrata y subcontrata con empresas externas. Las importaciones masivas de partes, máquinas, procesos, insumos, equipos y hasta operarios se ha instalado como normal práctica cotidiana.
Es, no cabe duda, hasta peligroso para la soberanía energética pensar que se puede continuar con una plataforma de exportación del actual volumen (1.5 mmdbd) a costa de subsidiar a los que no cumplen con sus obligaciones fiscales. Actores, empresas, grupos y personas específicas, que se han enseñoreado de los bienes y recursos nacionales para su propio provecho y poder. Ésta, la debilidad fiscal, es el verdadero, el primigenio núcleo de los problemas, de las deformaciones que padece la industria petrolera. Sin enfrentarla de manera directa no se podrá impulsar una reforma que sea autosostenible, independiente y pilar del desarrollo de la nación.
http://www.jornada.unam.mx/2008/06/11/index.php?section=opinion&article=027a2pol
América Latina:opciones en danza
Por: José Steinsleger
El futuro mediato de América Latina se debate en cuatro escenarios políticos, a saber:
1. Gobiernos revolucionarios o reformistas que tratan de conseguir mayor poder para la sociedad (Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, y Paraguay cuando asuma el presidente electo).
2. Movimientos sociales que presionan al Estado para que cumpla con sus obligaciones constitucionales (Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Panamá).
3. Agrupaciones y partidos de origen diverso que defienden reivindicaciones puntuales (México, El Salvador, Costa Rica, Perú, República Dominicana)
4. Fuerzas insurgentes que combaten al Estado (Colombia).
Cada uno de los escenarios aparece cruzado por distintas modalidades de expresión, a más de fuerzas internas y externas que obligan al incesante reacomodo político. En ninguno existe la situación ideal, y en todos irrumpe con claridad el rechazo al libre comercio y el capitalismo salvaje.
Se trata de asuntos a los que, por su amplitud y complejidad, apenas podemos aproximarnos de modo tangencial. Sin embargo (y con excepción de Cuba), es importante fijar el punto de arranque de la nueva situación en un par de momentos determinantes de la historia reciente: el alzamiento del pueblo de Caracas en 1989, y el de los zapatistas en 1994. Ambos hechos tuvieron lugar cuando el neoliberalismo amenazaba, sin mayor oposición, con devorarse al mundo existente. Surgidos de experiencias intransferibles y trascendentes, el movimiento bolivariano y el zapatista posibilitaron la vertiginosa superación del páramo ideológico en el que se hallaban las izquierdas del continente.
Detengámonos en ellos: el primero, invocando el legado de integración política pendiente, soñado por Bolívar; el segundo, recordándonos el medio milenio de opresión de los pueblos prehispánicos. ¿Cómo conjugar, en ambos, los límites entre pragmatismo y principios?
En poco menos de un decenio, la llamada “revolución conservadora” había conseguido destazar el cúmulo de esperanzas populares forjadas en el siglo pasado, de 1910 a 1980.
En consecuencia, y en el entendido de que lo perfecto siempre será enemigo de lo bueno, las izquierdas de América Latina están en condiciones de dar un salto de calidad. Como nunca, están dadas las condiciones para proceder con flexibilidad y generosidad, superando el enfermizo canibalismo ideológico que crónicamente guardaron entre sí.
Frente al descomunal poderío del enemigo común, sería suicida y perjudicial una interminable disputa por el canon de la revolución. Unidad, en lugar de unitarismo. Amplitud de miras y respeto a la diversidad, en lugar de señalar las limitaciones de cada proceso por el ojo de la cerradura.
Toda lucha política es singular y conlleva su propia lucha de clases porque no es universal, sino particular. Al imperio le tiene sin cuidado si nuestros hábitos, costumbres, formación y cosmovisión del mundo son de origen maya, caribeño o andino, de carácter proletario o de clases medias urbanas.
Desde hace más de 200 años, la ideología burguesa dejó de ser revolucionaria. Desentrañarla, conocer sus límites para negarla y eventualmente superarla hace a la auténtica “revolución permanente”. Frente al enemigo y consigo mismo. Mas para ello hay que entender que sólo ganan batallas los que están en ellas.
Cuidarse, en consecuencia, del teoricismo que hace naufragar la teoría, y de ciertos pragmatismos que acaban en mero oportunismo. Teoricismo y pragmatismo son prácticas reduccionistas, dogmáticas y excluyentes que perjudican a los procesos de emancipación social efectivos.
Con sus grandezas y miserias, la “realidad real” amerita ser tratada con prudencia y sinceridad. ¿Confundirán las izquierdas (¡una vez más!) ideología con política, pureza con firmeza, lo anhelado con lo real? ¿Incurrirán por enésima ocasión en el desdén y terca negación de la singularidad con la que cada una de ellas actúa en su realidad?
A sabiendas de lo que está en juego, el imperio despliega la cuarta Flota por el continente. Sabe que ya no hay espacio para proyectos revolucionarios o reformistas de tipo elitista, tan fáciles de conjurar. Gane Obama o McCain, las oligarquías y el imperialismo planifican un genocidio mucho más eficaz que el de los nazis. Política de exterminio pensada para dar de baja a buena parte de la población mundial, apropiándose del total de los recursos naturales del planeta.
La indiferencia del gran capital por la depredación del medio ambiente y el cambio climático de la Tierra; el hambre planificada como negocio; la diseminación controlada de epidemias, el combate a cualquier pretensión de que la política sea eje de la economía; el terrorismo mediático en todos los ámbitos de la comunicación (educación, formación, información) forman el paquete in situ de la globalización realmente existente.
http://www.jornada.unam.mx/2008/06/11/index.php?section=opinion&article=027a1pol
El futuro mediato de América Latina se debate en cuatro escenarios políticos, a saber:
1. Gobiernos revolucionarios o reformistas que tratan de conseguir mayor poder para la sociedad (Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, y Paraguay cuando asuma el presidente electo).
2. Movimientos sociales que presionan al Estado para que cumpla con sus obligaciones constitucionales (Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Panamá).
3. Agrupaciones y partidos de origen diverso que defienden reivindicaciones puntuales (México, El Salvador, Costa Rica, Perú, República Dominicana)
4. Fuerzas insurgentes que combaten al Estado (Colombia).
Cada uno de los escenarios aparece cruzado por distintas modalidades de expresión, a más de fuerzas internas y externas que obligan al incesante reacomodo político. En ninguno existe la situación ideal, y en todos irrumpe con claridad el rechazo al libre comercio y el capitalismo salvaje.
Se trata de asuntos a los que, por su amplitud y complejidad, apenas podemos aproximarnos de modo tangencial. Sin embargo (y con excepción de Cuba), es importante fijar el punto de arranque de la nueva situación en un par de momentos determinantes de la historia reciente: el alzamiento del pueblo de Caracas en 1989, y el de los zapatistas en 1994. Ambos hechos tuvieron lugar cuando el neoliberalismo amenazaba, sin mayor oposición, con devorarse al mundo existente. Surgidos de experiencias intransferibles y trascendentes, el movimiento bolivariano y el zapatista posibilitaron la vertiginosa superación del páramo ideológico en el que se hallaban las izquierdas del continente.
Detengámonos en ellos: el primero, invocando el legado de integración política pendiente, soñado por Bolívar; el segundo, recordándonos el medio milenio de opresión de los pueblos prehispánicos. ¿Cómo conjugar, en ambos, los límites entre pragmatismo y principios?
En poco menos de un decenio, la llamada “revolución conservadora” había conseguido destazar el cúmulo de esperanzas populares forjadas en el siglo pasado, de 1910 a 1980.
En consecuencia, y en el entendido de que lo perfecto siempre será enemigo de lo bueno, las izquierdas de América Latina están en condiciones de dar un salto de calidad. Como nunca, están dadas las condiciones para proceder con flexibilidad y generosidad, superando el enfermizo canibalismo ideológico que crónicamente guardaron entre sí.
Frente al descomunal poderío del enemigo común, sería suicida y perjudicial una interminable disputa por el canon de la revolución. Unidad, en lugar de unitarismo. Amplitud de miras y respeto a la diversidad, en lugar de señalar las limitaciones de cada proceso por el ojo de la cerradura.
Toda lucha política es singular y conlleva su propia lucha de clases porque no es universal, sino particular. Al imperio le tiene sin cuidado si nuestros hábitos, costumbres, formación y cosmovisión del mundo son de origen maya, caribeño o andino, de carácter proletario o de clases medias urbanas.
Desde hace más de 200 años, la ideología burguesa dejó de ser revolucionaria. Desentrañarla, conocer sus límites para negarla y eventualmente superarla hace a la auténtica “revolución permanente”. Frente al enemigo y consigo mismo. Mas para ello hay que entender que sólo ganan batallas los que están en ellas.
Cuidarse, en consecuencia, del teoricismo que hace naufragar la teoría, y de ciertos pragmatismos que acaban en mero oportunismo. Teoricismo y pragmatismo son prácticas reduccionistas, dogmáticas y excluyentes que perjudican a los procesos de emancipación social efectivos.
Con sus grandezas y miserias, la “realidad real” amerita ser tratada con prudencia y sinceridad. ¿Confundirán las izquierdas (¡una vez más!) ideología con política, pureza con firmeza, lo anhelado con lo real? ¿Incurrirán por enésima ocasión en el desdén y terca negación de la singularidad con la que cada una de ellas actúa en su realidad?
A sabiendas de lo que está en juego, el imperio despliega la cuarta Flota por el continente. Sabe que ya no hay espacio para proyectos revolucionarios o reformistas de tipo elitista, tan fáciles de conjurar. Gane Obama o McCain, las oligarquías y el imperialismo planifican un genocidio mucho más eficaz que el de los nazis. Política de exterminio pensada para dar de baja a buena parte de la población mundial, apropiándose del total de los recursos naturales del planeta.
La indiferencia del gran capital por la depredación del medio ambiente y el cambio climático de la Tierra; el hambre planificada como negocio; la diseminación controlada de epidemias, el combate a cualquier pretensión de que la política sea eje de la economía; el terrorismo mediático en todos los ámbitos de la comunicación (educación, formación, información) forman el paquete in situ de la globalización realmente existente.
http://www.jornada.unam.mx/2008/06/11/index.php?section=opinion&article=027a1pol
Editorial
Irán y la doble moral de Occidente
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció ayer, en conferencia de prensa conjunta con su homólogo esloveno, Janez Jansa, y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, que su país y la Unión Europea (UE) emprenderán nuevas medidas contra Irán en tanto esa nación islámica no suspenda su programa de desarrollo de energía nuclear. Entre las sanciones anunciadas se incluye el congelamiento de los activos iraníes en bancos europeos, según afirmó la comisaria de Relaciones Exteriores del conglomerado de naciones del viejo continente, Benita Ferrero-Waldner. Al mismo tiempo, Bush demandó sanciones más severas por parte de la Organización de las Naciones Unidas ante la negativa de Irán de interrumpir sus procesos de enriquecimiento de uranio.
Estos señalamientos se suman a la campaña de hostigamiento emprendida por Washington contra Teherán a partir de 2002, cuando el propio Bush definió el llamado “eje del mal”, integrado por Irak, Irán y Corea del Norte. Hasta ahora, tal campaña se ha basado en presentar al gobierno de la república islámica como “el principal patrocinador del terrorismo de Estado en el mundo”, acusarlo de promover la inestabilidad y la violencia en Líbano –con el apoyo al movimiento chiíta Hezbollah–, e incluso de financiar al talibán, disparate fundado en la ignorancia de las profundas diferencias entre los ayatolas chiítas y el integrismo sunita, respaldado y armado, este último, por Estados Unidos, en el contexto de la invasión soviética a Afganistán. Por añadidura, la Casa Blanca ha adoptado como verdad oficial el presunto desarrollo de armas nucleares por parte de Irán en lo que parece un reciclaje de las acusaciones con las que el propio Bush justificó la invasión a Irak.
El comunicado conjunto de Washington y Bruselas reviste una doble moral inocultable, al condenar al régimen de Teherán y no hacer otro tanto con el de Tel Aviv, aliado estratégico de Estados Unidos en la región. Al respecto, debe recordarse que Israel ha sido excluido de manera inexplicable del Tratado de no Proliferación Nuclear y ha logrado evadir las inspecciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), pese a que desde hace unas tres décadas posee, de acuerdo con información fundamentada y nunca desmentida por las autoridades israelíes, el único arsenal atómico de Medio Oriente.
Significativamente, la semana pasada el viceprimer ministro israelí, Shaul Mofaz, dijo que “atacar a Irán para detener sus planes nucleares es inevitable”. Tal advertencia pone de manifiesto que Teherán tiene sobradas razones para estar a la defensiva ante un eventual ataque de la mayor potencia del mundo y su aliado regional, e incluso haría comprensible el desarrollo de armamento nuclear por parte del gobierno iraní, así fuera como mera acción disuasiva ante las amenazas de Washington y Tel Aviv.
Por lo demás, la hipocresía de Occidente en torno a Irán también puede observarse en el silencio que guardó cuando la India y Pakistán desarrollaron sus respectivos arsenales atómicos. Paradójicamente, el gobernante de este segundo país, Pervez Musharraf, concentra todos los elementos para figurar en el “eje del mal” de Estados Unidos: es un militar golpista y violador sistemático de los derechos humanos, que ha apoyado y financiado a grupos terroristas y ha desarrollado armas de destrucción masiva; sin embargo, el dictador paquistaní no está incluido en la mencionada lista, porque ha sido un aliado imprescindible de Washington en su cruzada “contra el terrorismo”.
No resulta sorprendente la postura sesgada de Estados Unidos y la UE en relación con Irán. En cambio, resultaría desastroso para la imagen del sistema de Naciones Unidas que la AIEA y la propia ONU se prestaran al juego de Bush. En todo caso, esos organismos tendrían que asumir una postura justa, neutral y consecuente y, si no quieren aparecer ante el mundo como meros instrumentos de Washington, deberían emprender inspecciones en territorio israelí y, antes que hostigar a la república islámica por armas atómicas que no existen, al menos por ahora, demandar el desmantelamiento del arsenal nuclear del Estado hebreo.
http://www.jornada.unam.mx/2008/06/11/index.php?section=opinion&article=002a1edi
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció ayer, en conferencia de prensa conjunta con su homólogo esloveno, Janez Jansa, y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, que su país y la Unión Europea (UE) emprenderán nuevas medidas contra Irán en tanto esa nación islámica no suspenda su programa de desarrollo de energía nuclear. Entre las sanciones anunciadas se incluye el congelamiento de los activos iraníes en bancos europeos, según afirmó la comisaria de Relaciones Exteriores del conglomerado de naciones del viejo continente, Benita Ferrero-Waldner. Al mismo tiempo, Bush demandó sanciones más severas por parte de la Organización de las Naciones Unidas ante la negativa de Irán de interrumpir sus procesos de enriquecimiento de uranio.
Estos señalamientos se suman a la campaña de hostigamiento emprendida por Washington contra Teherán a partir de 2002, cuando el propio Bush definió el llamado “eje del mal”, integrado por Irak, Irán y Corea del Norte. Hasta ahora, tal campaña se ha basado en presentar al gobierno de la república islámica como “el principal patrocinador del terrorismo de Estado en el mundo”, acusarlo de promover la inestabilidad y la violencia en Líbano –con el apoyo al movimiento chiíta Hezbollah–, e incluso de financiar al talibán, disparate fundado en la ignorancia de las profundas diferencias entre los ayatolas chiítas y el integrismo sunita, respaldado y armado, este último, por Estados Unidos, en el contexto de la invasión soviética a Afganistán. Por añadidura, la Casa Blanca ha adoptado como verdad oficial el presunto desarrollo de armas nucleares por parte de Irán en lo que parece un reciclaje de las acusaciones con las que el propio Bush justificó la invasión a Irak.
El comunicado conjunto de Washington y Bruselas reviste una doble moral inocultable, al condenar al régimen de Teherán y no hacer otro tanto con el de Tel Aviv, aliado estratégico de Estados Unidos en la región. Al respecto, debe recordarse que Israel ha sido excluido de manera inexplicable del Tratado de no Proliferación Nuclear y ha logrado evadir las inspecciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), pese a que desde hace unas tres décadas posee, de acuerdo con información fundamentada y nunca desmentida por las autoridades israelíes, el único arsenal atómico de Medio Oriente.
Significativamente, la semana pasada el viceprimer ministro israelí, Shaul Mofaz, dijo que “atacar a Irán para detener sus planes nucleares es inevitable”. Tal advertencia pone de manifiesto que Teherán tiene sobradas razones para estar a la defensiva ante un eventual ataque de la mayor potencia del mundo y su aliado regional, e incluso haría comprensible el desarrollo de armamento nuclear por parte del gobierno iraní, así fuera como mera acción disuasiva ante las amenazas de Washington y Tel Aviv.
Por lo demás, la hipocresía de Occidente en torno a Irán también puede observarse en el silencio que guardó cuando la India y Pakistán desarrollaron sus respectivos arsenales atómicos. Paradójicamente, el gobernante de este segundo país, Pervez Musharraf, concentra todos los elementos para figurar en el “eje del mal” de Estados Unidos: es un militar golpista y violador sistemático de los derechos humanos, que ha apoyado y financiado a grupos terroristas y ha desarrollado armas de destrucción masiva; sin embargo, el dictador paquistaní no está incluido en la mencionada lista, porque ha sido un aliado imprescindible de Washington en su cruzada “contra el terrorismo”.
No resulta sorprendente la postura sesgada de Estados Unidos y la UE en relación con Irán. En cambio, resultaría desastroso para la imagen del sistema de Naciones Unidas que la AIEA y la propia ONU se prestaran al juego de Bush. En todo caso, esos organismos tendrían que asumir una postura justa, neutral y consecuente y, si no quieren aparecer ante el mundo como meros instrumentos de Washington, deberían emprender inspecciones en territorio israelí y, antes que hostigar a la república islámica por armas atómicas que no existen, al menos por ahora, demandar el desmantelamiento del arsenal nuclear del Estado hebreo.
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Astillero

HALCONAZO. Ayer, a 37 años de la matanza del 10 de junio conocida como Jueves de Corpus o halconazo, se realizó una marcha que comenzó en el Casco de Santo Tomás con rumbo a la Secretaría de Gobernación y el Zócalo, donde demandaron que termine la impunidad en este caso
Foto: José Carlo González
Por: Julio Hernández López
Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx
■ Decapitaciones
■ Cambios desesperados
■ EU: derecho a condicionar
El futurista Germán Martínez exige tardíamente que en el Senado le sea plenamente reconocida su paternidad política y pasa a cuchillo al hijo desobediente, Santiago Aventurero, que acepta el golpe con disciplina casi priísta y acepta convertirse en moneda de cambio para que las cámaras legislativas verdaderas (Televisión Azteca pero, en especial, Televisa) vean con más gusto (expresado en tiempo al aire, en comentarios “espontáneos” y mesas “plurales” de opinión) la desfigurada propuesta calderónica de privatizaciones petroleras. Creel, sentenciado a muerte política no por los incidentes de su vida privada –con implicaciones públicas–, pero sí por las televisoras vengativas que nunca le perdonaron haber sido cómplice entusiasta de negocios y manipulaciones cuando era aspirante a una candidatura presidencial y luego un tibio arrepentido que trataba de lavarse la cara de manchas bucarelinas del pasado mientras acumulaba en el presente senatorial tiznes y lamparones menores pero incesantes.
Reajustes de cuentas que hacen a un lado a Creel (a quien algunas encuestas de opinión lo daban como el panista mejor colocado rumbo a la obtención de la candidatura de 2012, ¡oh, qué ofensa para Iván el Fino!) y llevan en San Lázaro a Héctor Larios a poner en remojo las barbas virtualmente ya cortadas. Creel y Larios habían sido designados por Manuel Espino, pero no hay en los golpes en su contra solamente un relevo por causas grupales, sino un intento de “relanzar” la “estrategia” petrolera felipense que, según las estimaciones del día, alcanzaría también a Guillermo Anaya, el primer compadre del país que al parecer no dio el ancho como secretario general del comité nacional del PAN, metido más en asuntos coahuilenses de futurismo electoral y siempre alcanzado por el fantasma de los asuntos de narcotráfico que cruelmente dirimen cambio de jefes en La Laguna. En boletín de prensa, Germán Martínez, siempre lleno de afectación, hizo saber que la “revisión de los mandos parlamentarios” y la “evaluación del desempeño de la dirigencia nacional” forman parte de un intento de “dar un nuevo impulso” a reformas pendientes, en concreto la petrolera. No deja de ser irónico que el operador de la guillotina blanquiazul (facultado por reglamento partidista para designar y remover a los coordinadores de las bancadas legislativas, previa consulta con diputados y senadores, en cada caso) venga a cobrar facturas en lo partidista cuando fue incapaz de cortar cabezas de funcionarios corruptos cuando fue solapador secretario de algo llamado “la función pública”.
El autor intelectual de los movimientos de presunto ajedrez partidista, ejecutados políticamente a mazazos, se enfilaba mientras tanto a España, donde le esperan honores, foros y apapacho en razón de los muchos intereses económicos y políticos que allá le ven como aliado nativo en el proceso de reconquista de México. Entrevistado por corresponsales de medios hispanos antes de su viaje, Calderón arremetió de nuevo, con despecho calculado, contra los gringos que no aportan “ni datos” para la lucha contra el narcotráfico. El habitante de Los Pinos luego se enteraría de que la Cámara de Representantes aprobó una versión menos cruda de las exigencias de cambios y de aceptación de lupas gringas a cambio de dólares enviados a título de una iniciativa llamada Mérida. Pero el mismo día, desde Miami, el subsecretario estadunidense de Estado, Thomas Shannon, precisó con claridad digna de invadir a quienes no lo entiendan, que “nuestro Congreso tiene como parte de su autoridad cuidar los fondos públicos y asegurar que sean usados para el propósito para el que se piden, entonces ellos tienen dentro de la ley todo el derecho de condicionarlos”. Palabras que deberían ser escritas en el muro principal de las ignominias nacionales: que nadie se muestre asombrado en el futuro cuando el que “ayuda” para el gasto de la casa se sienta con derecho a entrar a ella para comprobar el buen uso del dinero que ha dado. Sobre aviso no hay discurso posible de exculpación.
Muchos brincos porque el suelo no está nada parejo. Los relevos en la elite panista pretenden dar paso a la idea de que con cambios de personas se podrá remontar el marcador adverso del felipismo en el debate senatorial que, por lo demás, de nada servirá porque al oficialismo le ha sido imposible frenar el proceso que llevará a una consulta ciudadana sobre el petróleo que no tendrá consecuencias obligatorias en el plano legislativo, pero sí significación política que no se podrá desdeñar. Por otra parte, la “estrategia” de reorganización comercial del narcotráfico se ha convertido en una diaria producción de episodios de violencia inhumana que en el fondo muestran cómo el aparato gubernamental, infiltrado económicamente por los propios intereses que dicen combatir, es rebasado sin que se avizore solución real a mediano plazo. En ese contexto de crisis, el felipismo acelera su proceso de aislamiento político, rompiendo alianzas mínimas con segmentos de su propia franja y acomodando en cuanto sitio le queda disponible a integrantes del mismo círculo íntimo que comparten la visión disparatada de que van ganando la pelea, aunque parezca lo contrario.
Astillas
El 10 de junio es otra de las grandes muestras de impunidad nacional. Jurídicamente muy poco se ha podido demostrar en contra de los autores intelectuales de aquella agresión a ciudadanos en protesta, pero el paso del tiempo ha hecho que se asiente la convicción generalizada de la responsabilidad gubernamental en el caso. Luis Echeverría, en concreto, tiene la ingrata oportunidad de conocer en vida adelantos del juicio histórico que como represor le corresponde. Así como sucede en el tema del Jueves de Corpus, son muchos los episodios nacionales en que el abuso criminal desde el poder ha sido encubierto... Y, mientras el procurador federal de justicia pone de ejemplo a imitar el uso de tecnología avanzada por parte de narcotraficantes y el aprovechamiento extremo de los resquicios legales, ¡hasta mañana, con la elección de tres nuevos consejeros del IFE programada para la semana venidera!
http://www.jornada.unam.mx/2008/06/11/index.php?section=opinion&article=004o1pol
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