Birmania, contexto de la tragedia
Hace ya tres días que la zona sur de Myanmar, la antigua Birmania, fue azotada por el ciclón Nargis, y el panorama en esa región del mundo es cada vez más desolador: las cifras de los medios oficiales, sumamente conservadoras en un inicio –anteayer se aseguraba que el número de víctimas fatales era de poco más de 300–, ascienden ahora a más de 22 mil muertos, alrededor de 40 mil desaparecidos, aproximadamente 100 mil damnificados y una población amenazada por la falta de agua potable y por la hambruna, pues se perdió la cosecha de arroz.
Fiel a su costumbre, el Consejo del Estado para la Paz y el Desarrollo (CEPD) –eufemismo con el que se designa a sí mismo el régimen militar que gobierna desde hace cuatro décadas esa nación del sudeste asiático– ha impuesto un cerco que dificulta la llegada de ayuda humanitaria al país. Hasta ayer, en la vecina Tailandia permanecía una brigada especial de rescate en espera de las visas correspondientes para ingresar a territorio birmano; otros países como China, Singapur, Alemania e incluso Estados Unidos, habían ofrecido su ayuda económica y humanitaria para afrontar la catástrofe, sin obtener respuesta por parte de las autoridades del CEPD, el cual ha actuado en forma tardía, indolente y errática, según han denunciado algunos civiles que consiguieron abandonar el país tras el meteoro.
Desde su llegada al poder, en 1962, la junta militar de Myanmar ha mantenido al país prácticamente aislado del mundo, ha ejercido un control férreo en el ingreso y la salida del territorio nacional, tanto de personas como de información, y una actitud represora hacia las expresiones de descontento social. Así quedó demostrado en septiembre pasado, cuando la dictadura respondió con una violencia injustificable a la población birmana que, encabezada por decenas de miles de monjes budistas, se manifestaba en contra del gobierno y en demanda de democracia.
Entonces, el CEPD implantó un bloqueo informativo y emprendió actos de acoso a corresponsales internacionales, lo que impidió conocer con exactitud el número de muertos durante las jornadas de represión. Ahora se pone en evidencia que el nivel de barbarie de la dictadura militar de Myanmar es, además, proporcional a su ineptitud para advertir y proteger a su población de fenómenos naturales totalmente previsibles, como fue el caso de Nargis. En conjunto, estos elementos –la crueldad represiva y la falta de previsión y de capacidad de respuesta ante un fenómeno de esta naturaleza– demuestran el desprecio de la junta militar de Myanmar por la vida humana y reafirman su carácter de régimen impresentable ante la opinión pública internacional.
Por lo demás, como en otras circunstancias análogas en el mundo, la tragedia que hoy enfrenta el pueblo birmano es, más que resultado de un fenómeno natural, consecuencia de un sistema político económico que, en una lógica pragmática y especuladora, tiende a distribuir de manera inequitativa los riesgos de los fenómenos naturales, casi siempre en perjuicio de los sectores más desprotegidos y de la población de los países pobres, como Myanmar. La miseria aumenta las perspectivas de desastre social por los efectos devastadores de meteoros inevitables, pero predecibles. Con respecto a la catástrofe social y humana que enfrenta la antigua Birmania, queda claro que habría podido prevenirse si la población hubiera contado con recursos de protección civil, si el gobierno hubiese dado las órdenes de evacuación pertinentes y si la pobreza no hubiese orillado a la población a asentarse en las zonas de mayor riesgo.
http://www.jornada.unam.mx/2008/05/07/index.php?section=opinion&article=002a1edi
miércoles, 7 de mayo de 2008
Astillero
Astillero
Julio Hernández López
Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx
■ La insoportable levedad del debate
En el tinglado senatorial hay esfuerzos en busca de generar atención y emoción ante los explícitos y convenidos afanes de discusión que están por desatarse. Las marquesinas de Xicoténcatl comienzan a ser pobladas de nombres llamativos que, según desean los organizadores del espectáculo de la controversia, podrían suscitar entusiasmos participativos que acaben por convalidar un debate oficial desde ahora sabidamente insuficiente y sesgado. Del lado perredista se trata de inflar la figura oftalmológicamente fallida de Cuauhtémoc Cárdenas, que nunca pudo ver el peligro de una iniciativa de reforma petrolera formalmente inexistente pero políticamente elefantiásica y que ahora pretende acaudillar los restos náufragos de la izquierda bonita, moderna y modosa que mercadológicamente promueven los famosos chuchos. Y los promotores del espejismo democrático insisten tramposamente en que debe asistir a esas sesiones de simulación el principal objetor de la iniciativa calderónica de privatizaciones petroleras, el tabasqueño incómodo que, de sentarse en los lugares asignados por la burocracia manliofábica –cosa que no hará en ningún momento– estaría dando su aprobación a ese proceso de engaños.
El ruido mediático en camino, laudatorio de las virtudes del buen debatir (el Senado convertido en la Suiza mexicana), no podrá disolver los ingredientes de origen que descalifican los artificios de discusión con que el eje aritmético aliado (PRI-PAN) pretende dar atole democrático con el dedo controversial. El tan mentado debate en el Senado no es más que la continuación, por caminos tácticos tomados a última hora, debido a la presión política y social en contra, de la estrategia priánica de aprobación de una iniciativa de reformas que pretende convertir al petróleo mexicano en negocio de elites y a nuestra nación en fuente de aprovisionamiento energético del vecino bélico urgido de garantías de suministro y precios controlables.
Hay que tenerlo claro: el tal debate de escaparate no tendrá influencia obligatoria en los términos en que los legisladores sufraguen sobre el tema. Será más o menos como en el circo de los consejeros del IFE: propongan, analicen, dictaminen y háganse a un lado los ingenuos participantes y presuntos juzgadores intermedios pues a la hora de la hora lo que vale son los arreglos de cúpula que desemboquen en votaciones en automático de diputados y senadores del prianismo que sobre el tema petrolero hará mayoría numérica sin voltear la vista más que por simple cortesía a los esfuerzos de polémica que durante semanas alimentarán versiones estenográficas, grabaciones para la posteridad y memorias encuadernadas, pero nada más.
En ese cuadro de presuntas vocaciones por la contraposición burocráticamente organizada de opiniones como magna solución nacional, Carlos Salinas sigue luchando contra su propia historia en pos de una redención imposible, buscador de recolocaciones mediante avisos de ocasión en forma de libros. La década perdida se llama su nuevo intento de convencer a los mexicanos de que el sexenio orejón fue el mejor posible y después de él, Carlos I, sólo se ha dado una competencia pedestre para ver quién ejerce peor el poder. La mira actualizada del hermano de Raúl está puesta en Andrés Manuel López Obrador, en una burda maniobra de distracción política que pretende zafar a Felipe Calderón de escenarios rijosos para que los enzarzados sean el hijo putativo de Agualeguas y el ex candidato presidencial perredista. El innombrable busca ser nombrado, contestado, rebatido. Nada haría tanto bien en estos momentos difíciles al enredado Calderón (favor político sujeto a posterior cobro con réditos) que desentenderse personalmente de López Obrador al endosar el tema al ex presidente de la República que a estas alturas nada tiene que perder.
Astillas
Guadalupe Acosta Naranjo fue arrestado en agosto de 2002 por agentes de la Procuraduría General de la República ante “la probable comisión” de delitos relacionados con la alteración de datos electorales. Según el boletín de prensa 724/02, emitido por la PGR el 14 de agosto de 2002, que es consultable en www.pgr.gob.mx/cmsocial/bol02/ago/b72402.html el sedicente líder sustituto del Perreché (Partido de la Revolución de los Chuchos) “participó el 20 de marzo de 1996 en la alteración del Registro de Electores, el Padrón Electoral y los Listados Nominales correspondientes al Primer Distrito Electoral Federal en Tepic, Nayarit, proporcionando al IFE datos falsos respecto al lugar en que vivía y su tiempo de residencia, indicando que tenía cinco años de residir en el inmueble. Sin embargo, en 1994, al solicitar reposición de su Credencial para Votar por extravío, declaró otro domicilio en el que dijo tener 7 años de residencia, es decir, desde 1987”. El mismo comunicado oficial (al que esta columna ha respetado su redacción disparada de mayúsculas) asienta que Acosta Naranjo proporcionó “falsa información” para obtener “un cambio de Sección Electoral, lo cual realizó con la finalidad de postularse como candidato a diputado por el principio de Mayoría Relativa en el Segundo Distrito Local Electoral de Tepic, Nayarit”. Detenido que fue en el Distrito Federal, el ahora presunto presidente nacional del PRD, que entonces era secretario de planeación del CEN del mismo partido, “fue trasladado a la ciudad de Tepic, Nayarit, para ser presentado ante la autoridad que lo reclama”. En el fondo, Acosta Naranjo fue delatado por su anterior aliado, el hombre más rico de Nayarit, Antonio Echevarría, que llegó al gobierno del estado gracias a un frente partidista en el que participaron los Chuchos… Por cierto, un indicio de la postura deseada por esta corriente ante Felipe Calderón la ha dado un diputado federal, continuamente enfrentado al lopezobradorismo, que ayer habló servilmente en un acto encabezado por el ocupante michoacano de Los Pinos… Y, mientras el explotador de obreros, Napoleón Gómez Sada, se relige al frente del sindicato minero para seguir dando la lucha, desde trincheras millonarias y cuentas familiares en expansión, en pro del proletariado, ¡hasta mañana, ya en espera de la nueva novela de García Márquez!
http://www.jornada.unam.mx/2008/05/07/index.php?section=opinion&article=004o1pol
Julio Hernández López
Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx
■ La insoportable levedad del debate
En el tinglado senatorial hay esfuerzos en busca de generar atención y emoción ante los explícitos y convenidos afanes de discusión que están por desatarse. Las marquesinas de Xicoténcatl comienzan a ser pobladas de nombres llamativos que, según desean los organizadores del espectáculo de la controversia, podrían suscitar entusiasmos participativos que acaben por convalidar un debate oficial desde ahora sabidamente insuficiente y sesgado. Del lado perredista se trata de inflar la figura oftalmológicamente fallida de Cuauhtémoc Cárdenas, que nunca pudo ver el peligro de una iniciativa de reforma petrolera formalmente inexistente pero políticamente elefantiásica y que ahora pretende acaudillar los restos náufragos de la izquierda bonita, moderna y modosa que mercadológicamente promueven los famosos chuchos. Y los promotores del espejismo democrático insisten tramposamente en que debe asistir a esas sesiones de simulación el principal objetor de la iniciativa calderónica de privatizaciones petroleras, el tabasqueño incómodo que, de sentarse en los lugares asignados por la burocracia manliofábica –cosa que no hará en ningún momento– estaría dando su aprobación a ese proceso de engaños.
El ruido mediático en camino, laudatorio de las virtudes del buen debatir (el Senado convertido en la Suiza mexicana), no podrá disolver los ingredientes de origen que descalifican los artificios de discusión con que el eje aritmético aliado (PRI-PAN) pretende dar atole democrático con el dedo controversial. El tan mentado debate en el Senado no es más que la continuación, por caminos tácticos tomados a última hora, debido a la presión política y social en contra, de la estrategia priánica de aprobación de una iniciativa de reformas que pretende convertir al petróleo mexicano en negocio de elites y a nuestra nación en fuente de aprovisionamiento energético del vecino bélico urgido de garantías de suministro y precios controlables.
Hay que tenerlo claro: el tal debate de escaparate no tendrá influencia obligatoria en los términos en que los legisladores sufraguen sobre el tema. Será más o menos como en el circo de los consejeros del IFE: propongan, analicen, dictaminen y háganse a un lado los ingenuos participantes y presuntos juzgadores intermedios pues a la hora de la hora lo que vale son los arreglos de cúpula que desemboquen en votaciones en automático de diputados y senadores del prianismo que sobre el tema petrolero hará mayoría numérica sin voltear la vista más que por simple cortesía a los esfuerzos de polémica que durante semanas alimentarán versiones estenográficas, grabaciones para la posteridad y memorias encuadernadas, pero nada más.
En ese cuadro de presuntas vocaciones por la contraposición burocráticamente organizada de opiniones como magna solución nacional, Carlos Salinas sigue luchando contra su propia historia en pos de una redención imposible, buscador de recolocaciones mediante avisos de ocasión en forma de libros. La década perdida se llama su nuevo intento de convencer a los mexicanos de que el sexenio orejón fue el mejor posible y después de él, Carlos I, sólo se ha dado una competencia pedestre para ver quién ejerce peor el poder. La mira actualizada del hermano de Raúl está puesta en Andrés Manuel López Obrador, en una burda maniobra de distracción política que pretende zafar a Felipe Calderón de escenarios rijosos para que los enzarzados sean el hijo putativo de Agualeguas y el ex candidato presidencial perredista. El innombrable busca ser nombrado, contestado, rebatido. Nada haría tanto bien en estos momentos difíciles al enredado Calderón (favor político sujeto a posterior cobro con réditos) que desentenderse personalmente de López Obrador al endosar el tema al ex presidente de la República que a estas alturas nada tiene que perder.
Astillas
Guadalupe Acosta Naranjo fue arrestado en agosto de 2002 por agentes de la Procuraduría General de la República ante “la probable comisión” de delitos relacionados con la alteración de datos electorales. Según el boletín de prensa 724/02, emitido por la PGR el 14 de agosto de 2002, que es consultable en www.pgr.gob.mx/cmsocial/bol02/ago/b72402.html el sedicente líder sustituto del Perreché (Partido de la Revolución de los Chuchos) “participó el 20 de marzo de 1996 en la alteración del Registro de Electores, el Padrón Electoral y los Listados Nominales correspondientes al Primer Distrito Electoral Federal en Tepic, Nayarit, proporcionando al IFE datos falsos respecto al lugar en que vivía y su tiempo de residencia, indicando que tenía cinco años de residir en el inmueble. Sin embargo, en 1994, al solicitar reposición de su Credencial para Votar por extravío, declaró otro domicilio en el que dijo tener 7 años de residencia, es decir, desde 1987”. El mismo comunicado oficial (al que esta columna ha respetado su redacción disparada de mayúsculas) asienta que Acosta Naranjo proporcionó “falsa información” para obtener “un cambio de Sección Electoral, lo cual realizó con la finalidad de postularse como candidato a diputado por el principio de Mayoría Relativa en el Segundo Distrito Local Electoral de Tepic, Nayarit”. Detenido que fue en el Distrito Federal, el ahora presunto presidente nacional del PRD, que entonces era secretario de planeación del CEN del mismo partido, “fue trasladado a la ciudad de Tepic, Nayarit, para ser presentado ante la autoridad que lo reclama”. En el fondo, Acosta Naranjo fue delatado por su anterior aliado, el hombre más rico de Nayarit, Antonio Echevarría, que llegó al gobierno del estado gracias a un frente partidista en el que participaron los Chuchos… Por cierto, un indicio de la postura deseada por esta corriente ante Felipe Calderón la ha dado un diputado federal, continuamente enfrentado al lopezobradorismo, que ayer habló servilmente en un acto encabezado por el ocupante michoacano de Los Pinos… Y, mientras el explotador de obreros, Napoleón Gómez Sada, se relige al frente del sindicato minero para seguir dando la lucha, desde trincheras millonarias y cuentas familiares en expansión, en pro del proletariado, ¡hasta mañana, ya en espera de la nueva novela de García Márquez!
http://www.jornada.unam.mx/2008/05/07/index.php?section=opinion&article=004o1pol
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