LEAN ESTA CARTA... DE JOSE MARIANO LEYVA Y LAS CAUSAS DE SU RENUNCIA AL INAH
Estimados amigos,
Como algunos de ustedes saben, en el pasado año y medio me desempeñé como subdirector de historia contemporánea de la Dirección de Estudios Históricos del INAH. El pasado martes 22 de julio he renunciado por considerar que el Instituto se encuentra sometido a criterios burocráticos que no hacen sino entorpecer el buen funcionamiento de cualquier actividad académica.
A continuación les anexo mi carta de renuncia, que tiene copia para la Opinión Pública. Lo hago porque considero importante que el orbe cultural esté enterado de algunas de las políticas de coerción que vive la academia. Quisiera pensar que es un problema que a todos ustedes les interesa.
Pido disculpas por el arranque burocrático de la carta, pero es de la forma en la que se estila. De la misma manera, para que aquellos que quieran tener completo el panorama, anterior a la carta explico de qué se trata el Servicio Profesional de Carrera y el Programa de Estímulos al desempeño de la investigación.
Por su atención y paciencia muchas gracias.
Servicio profesional de carrera
A mediados de 2006 se echó a andar en las instituciones públicas el Servicio Profesional de Carrera (SPC). La idea era lograr una certificación para los administradores públicos, de tal forma que, sin importar cambios de gobierno, en los puestos administrativos quedara el mejor capacitado. Puestos abiertos a concursos, cuyo ganador podría permanecer en el cargo, siempre y cuando aprobara exámenes y evaluaciones. Sin embargo, la ley se aplicó sin reparar en la personalidad individual de cada una de las instituciones, y con un solo criterio general: el gerencial. El SPC se aplicó también en algunos centros de investigación académica y cultural como el INAH o el INEHRM. En el caso concreto del primero, la medida entró aún en sus centros de investigación académica, aún en los puestos de coordinación académica. Así, los centros dedicados al análisis histórico, antropológico, lingüístico o arqueológico, se vieron atados por una camisa de fuerza que tomaba en cuenta, sobre todo, conceptos como clientes, calidad total, competitividad.
Hasta hace dos años, en la Dirección de Estudios Históricos, el director y subdirectores eran elegidos de entre su comunidad de investigadores. Se presentaban tres candidatos y el director general elegía a uno. Los límites eran claros: académicos que supieran crear espacios para el análisis y la investigación permanecían por tres años en la subdirección, y hasta seis en la dirección. Gracias al SPC, estos puestos ahora podrían abrirse en convocatoria para todo aquél servidor público de carrera que esté certificado. El INBA con sus ramas artísticas se encuentra en el mismo problema.
El temario de las evaluaciones que, de entrar en pleno vigor el SPC, todo coordinador académico deberá estudiar, incluye cursos de “Capacidad de liderazgo”, que entre otros temas incluye “técnicas de comunicación asertiva”, “componentes de coaching”, “tipos y características de liderazgo”. También hay un curso de “Capacidad de visión estratégica”, con temas como “Definición de satisfacción al cliente” o “Definición de factores críticos de éxito”. O bien, el curso “Orientación a resultados” de la misma manera es ineludible. Algunas de sus áreas: “Obtención de resultados de calidad” y “Orientación a la efectividad”. Finalmente está también el curso “Capacidad de negociación” y “Capacidad de trabajo en equipo”. La bibliografía del temario no apunta hacia otro lado. El servidor público de carrera puede saber muy poco de cultura, pero debe leer El arte de la negociación de nada menos que
el magnate Donald Trump (quien también publicó el libro Cómo hacerse rico). O bien Yo tengo razón, tú estás equivocado de E. Bono. O Habilidades de la mediación para los negocios de S. Coleman. De no echarse para atrás el SPC, un director de antropología o lingüística deberá leer Los 7 hábitos de la gente efectiva de S. Covey. Los coordinadores académicos gastarían su tiempo leyendo Negociación infalible de L. Leritz, o Win-win negotiating: turning conflict into agreement, de F. Jandt.
La aplicación del SPC ya ha entorpecido el buen funcionamiento de distintos cargos de coordinación académica. Las contrataciones que antaño podían ser por carga administrativa (es decir, el investigador se quedaba con su plaza de investigador y recibía un pago extra por su labor en la coordinación académica), o bien por estructura (en donde el investigador se retiraba de su plaza durante el tiempo de su cargo y se le pagaba un salario de acuerdo a un mando medio del INAH), con el SPC sólo se reducen a esta última. Más aún, en el nuevo esquema no se contempla la posibilidad de que un investigador siga realizando sus proyectos individuales a la vez que los de coordinación. Esto lo consideran nocivo, cuando en realidad, tener de coordinador a una persona que se mantenga al día en investigaciones académicas siempre logra proyectos generales de mayor interés. Tener a un coordinador que no avance en su conocimiento de la materia sólo
construye burócratas.
Programa de Estímulos al desempeño de la investigación.
Se trata de un programa para otorgar sobre sueldos a aquellos investigadores que hallan realizado la mayor cantidad de producción académica en los dos años anteriores a la evaluación. Es un derecho que todo investigador con plaza tiene dentro del INAH. El sistema se realiza a través de un concurso para ganar uno de los niveles existentes. Es decir, los investigadores interesados contienden entre sí para lograr cada uno de los estímulos, y el fallo final se otorga de acuerdo a los trabajos (conferencias, artículos, libros) realizados.
Presento ahora copia de la carta mencionada:
Julio 15 de 2008
EMB. ALFONSO DE MARIA Y CAMPOS CASTELLÓ
DIRECTOR GENERAL
INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA
PRESENTE
Sirva la presente para responder a dos oficios, el enviado por el Lic. Julio Castellanos Ramírez (No. 1019/2007, de fecha 7 de septiembre) y el enviado por el Dr. Rafael Pérez Miranda (No. 401.2-660, de fecha 30 de junio de 2008), así como para exponer algunas de las inquietudes que se me han presentado en el año y medio que he ejercido como Subdirector de historia contemporánea en la Dirección de Estudios Históricos y la resolución que he tomado.
En el oficio del Dr. Pérez Miranda se me indica que a la conclusión del Programa de Estímulos al Desempeño en la investigación, la Comisión Académica de Evaluación notificó que mi resultado final me colocaba en el primer nivel o categoría A, pero que “de acuerdo con lo que establece el Artículo 11º del Reglamento del Programa de estímulos al desempeño en la investigación 2008, el pago del estímulo no se hará efectivo hasta el momento en que reingrese a su plaza de investigador y no será aplicado de forma retroactiva.”
De la misma manera, en el oficio del Lic. Julio Castellanos Ramírez, se me indica que mi puesto como Subdirector tiene vigencia de sólo diez meses a partir del 7 de septiembre de 2007, es decir hasta el 7 de julio del presente. Sobre este asunto, que pensaría como urgente, no he recibido comunicación alguna por parte de las autoridades para aclarar mi situación.
Al respecto, me sirvo comunicar lo siguiente: jamás me he separado de mi plaza como investigador, ya que mi contratación en el puesto de Subdirector es por carga administrativa. Es decir: no puedo “regresar a mi plaza como investigador” si jamás me he ido de ella. Lo anterior constituye un absurdo. Pero obviando por un momento lo anterior, y haciendo caso al oficio del Lic. Castellanos, mi contratación por carga administrativa incluso ha terminado hace poco más de una semana sin que se me indique lo contrario. Otra incongruencia.
La lógica administrativa que vive el INAH, y que responde a nefastos casos como la aplicación del SPC o el castigo económico aplicado a las áreas de coordinación académica, afectan seriamente al buen ejercicio de sus funciones. Dicha lógica, lejos de administrar, parece que desarticula las labores de otra índole, logrando el sin sentido: una institución académica que termina siendo administrativa, para quien la pregunta natural sería ¿qué es lo que va a administrar, si las funciones primigenias van siendo cada vez más constreñidas?
De manera concreta, desde que mi puesto ha sido el de un Encargado de Despacho, y nunca ha quedado claro el periodo de mis funciones (que antes se normaba con el criterio académico y tenía una duración de tres años), los proyectos que he iniciado han quedado sometidos al aspecto endeble del panorama administrativo. De esa forma jamás se podrán realizar planes de mayor envergadura o impacto.
De cualquier manera, durante mi coordinación académica (de marzo de 2007 al presente), y a pesar de los contratiempos administrativos, hemos realizado varios proyectos que considero interesantes. Refiero algunos: dos coloquios internos de mi área, dos diplomados sobre historia del siglo XX mexicano, un ciclo de conferencias sobre la estética del cuerpo y lo siniestro que tuvo especial acogida entre los diferentes círculos culturales, otro ciclo de conferencias sobre represtaciones artísticas de la Revolución mexicana, un ciclo de cine comentado por especialistas historiadores, antropólogos y críticos cinematográficos, varias presentaciones de libros y reuniones académicas, la elaboración de más de 15 proyectos de distinta índole para la conmemoración del centenario de la Revolución mexicana, y el bicentenario de la Independencia, la coordinación de la Comisión editorial de mi centro, la organización de un catálogo de publicaciones de la DEH, así como de un número monográfico de Diario de campo correspondiente a mi área. De la misma manera, la organización de una amplia colección de libros que, bajo el título de Claves para la historia contemporánea, reunieron a más de 25 investigadores de mi área con el resultado de cinco obras ya escritas, cotejadas y discutidas, las correspondientes a historia de las Mujeres, Sindicalismo, Imagen, Oposiciones políticas y sociales, y Literatura; además de cinco más en proceso, correspondientes a historia de las Fronteras, Relaciones México - EU, Ocio y Tecnología. Este proyecto, cabe señalar, logra la contextualización de trabajos académicos específicos, obteniendo así una difusión pensada para cualquier alumno de licenciatura, que no desmerece en calidad. Todos los anteriores no incluyen otro tanto que el día de hoy se encuentran en proceso. Es decir, quedan en el tintero.
Aunada a esta coordinación académica, estuvieron también las resoluciones y coordinaciones de proyectos personales de cada uno de los investigadores en lo que respectaba a publicaciones de libros, ponencias y conferencias dentro y fuera del país, estancias de investigación de profesores invitados, entre muchos otros.
En fin, la naturaleza del grueso de los proyectos mencionados tenía como uno de sus propósitos abrir la academia y sus valiosos estudios al orbe cultural para lograr a un tiempo profundidad y difusión de sus propuestas.
Lo anterior lo he logrado al mismo tiempo que mis proyectos personales que incluyen en este último año y medio: la publicación de más de veinte artículos en revistas científicas y de difusión, la participación en antologías ensayísticas, un par de introducciones a libros históricos, una decena de conferencias y ponencias dentro y fuera del INAH, dictámenes a libros, la culminación de un libro científico a punto de editarse, lo mismo que la coordinación y participación en otra colección de cinco libros de antologías que indagan en la imagen del joven escritor en el siglo XX.
Para realizar todo lo anterior, siempre había imaginado que existía la opción de permanecer en la plaza de investigación con una carga administrativa que permitiera realizar tanto las labores de coordinación como los proyectos personales. Uno nunca en detrimento del otro. Lo cual entra en completa contradicción con el Artículo 11º del Reglamento del Programa de estímulos al desempeño en la investigación 2008, que parecería indicar que, de acuerdo a la retorcida lógica administrativa, sólo renunciando a mis labores como coordinador académico, soy digno de recibir una remuneración más justa. Es decir, sólo si realizo un menor esfuerzo académico se me recompensará entonces administrativamente. Así, el galardón para todas las labores anteriores, que deberían formar parte orgullosa del trabajo que se hace dentro del INAH, se traduce, el día de hoy, en una reducción de mis percepciones económicas, además de la prolongación de la incertidumbre del puesto, que incluye una ausencia de comunicación por parte de las autoridades para esclarecer o resolver el asunto. Lo anterior, considero sinceramente, es también una falta de respeto por las labores de coordinación académica, aún por la naturaleza académica que supuestamente debería regirnos.
Es decir, entre la aplastante entrada en vigor de algunas leyes, la aplicación parcial de otras y la posibilidad de aplicación de las más nocivas, todas de corte administrativo, un coordinador académico recibe, al final, el peor de los tratos. Un escarmiento administrativo por sus iniciativas académicas. Esto, por más entusiasmo y capacidad con la que se cuente, es desalentador por lo ilógico.
Por todo lo anterior, y considerando que la situación resulta insostenible, me permito presentarle a usted mi renuncia como supuesto Subdirector de historia contemporánea de la Dirección de Estudios Históricos, o bien como Encargado de Despacho.
Atentamente
José Mariano Leyva Pérez Gay
Ccp. Dr. Rafael Pérez Miranda, Secretario Técnico del INAH.
Ccp. Dr Arturo Soberón, Director DEH.
Ccp. Dr. Abel Ramos, Subdirector investigaciones históricas.
Ccp. Lic. Manuel Yarto, Administrador DEH.
Ccp. Centros INAH.
Ccp. Opinión pública.
http://www.hyepez.blogspot.com/
viernes, 15 de agosto de 2008
El ejercito en Tijuana
Francamente, yo estoy contento que el ejército esté en las calles de Tijuana. No ha habido abusos a los derechos humanos y después de tres décadas de dominio del narco en toda la ciudad, el General Aponte ha sido el único que ha hecho algo real para combatirlos. Lástima que entre intrigas de un montón de políticos ineptos y corruptos, salga. Ayer en los medios regionales un montón de "expertos" (desde académicos hasta funcionarios) hablaban de que había que evitar el "protagonismo", el "superheroísmo" y recomendaban (sabiduría profundísima) "ponerse a chambear y tener prudencia", en otras palabras, hablar de cómo hay que combatir al narco (blablabla interminable) y tenerles miedo (prudencia). Me disculpan mis colegas intelectuales, pero por mí que pongan el doble de soldados en las calles, y ojalá el siguiente militar a cargo sea tan valiente y decidido como Aponte. Ese tipo sí que tiene huevos. Ha sido el único cabrón que no le ha tenido miedo a los narcos. Los combatió y en pocos meses, dio resultados. Puso a los narcos de Tijuana a esconderse, por vez primera, en nuestra historia. Si México estuviera integrado de tipos así este país sería otra cosa, ese tipo tiene valores, no es un pinche nihilista como el resto, o un huevón, o un cobarde, o un quejoso o un mero criticón, todos esos que componen a esta nación hazmerreír que somos, en la que hasta unos ignorantes fanfarrones controlan las calles. Mis respetos totales para el General Aponte, ese sí es un mexicano.
http://www.hyepez.blogspot.com/
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El ojo de Circe
Esta selección muestra por qué su autora es considerada una de las voces más sobresalientes y originales de la actual poesía colombiana.
9-Agosto-08
Zelda Sayre
Como no vendrás a la cena de mis muertos,
ni sabrás para quién cavo esta tumba,
pongo desde ya
bajo tu lengua,
la hostia viva de mis alucinaciones.
Cada quien tomó su camino,
de izquierda a derecha
el más profundo.
Cada quien siguió atado
a la cinta mortal de su locura.
Escribe para que no vuelvan,
que yo comeré y beberé, como Alicia,
el rojo resplandor de la fiesta,
mientras el mundo termina de cerrarse
sobre mí.
No te asombre
si nuestras palabras
no son las de antes,
si nuestro destino, tal como se construye,
nos golpea el rostro y nos hiere
y nos deja completamente ciegos.
¿Qué hacer cuando ellos nos empujan?
Esa legión de ángeles ebrios,
terribles como el rostro
que se refleja por última vez.
No tardes.
Ya nadie nos espera.
(De Las hijas del espino)
Reinvento la noche,
reinvento su halo definitivo
sobre las cosas,
su constante oscilación entre los nombres,
su devenir de lámpara.
Reinvento cada una de sus señales,
el círculo que describe en la raíz del sueño,
la página que nos presenta
para trazar el puente interminable
de las horas.
Reinvento la noche,
y con ella,
la grafía inconclusa de los cuerpos.
(De Noche líquida)
Qué
A qué secreto del alba
me entrego.
A qué mundo,
a qué memoria,
a qué olvido.
Sólo el tiempo
dirá la última palabra,
vertiginoso Señor de los días
al que fueron confiadas mi vida
y las rosas.
(De Fuegos nocturno)
Circe
Es la sombra
lo que retengo
la belleza de alejarse
cada vez más
el infortunio de haber visto
muchas islas
muchos mares
como a través
de un espejo roto
la muerte que representas
el número de animales muertos
que representas
negro polvo que tus pies
han traído
hasta mi casa.
(De Las hijas del espino)
XXX
Avanzo entre la escarcha. Del suelo crecen agujas, las aparto. El camino cada vez más difícil. La vegetación bien puede aplazar el momento de crearse a sí misma. Aprendo entonces de las arañas. Sujetarse al propio vértigo entre las puntas de mercurio.
Una mujer rompe el paisaje.
Desde la ventana hace ondear un viento rojo, ella misma salta, ella misma envuelve la visión como tela que han de zurcir las agujas. Huyo para que no me alcance su atmósfera, segura de que al cruzar uno solo de sus puentes estaré siempre de vuelta.
(De Maiastra)
Con María Clemencia Sánchez y Andrea Cote, Lucía Estrada reinvindica la poesía colombiana, de acuerdo con el crítico Santiago Espinosa. Estrada nació en Medellín en 1980 y es autora de los libros Fuegos nocturnos (1997), Noche líquida (2000), Maiastra (2004) y Las hijas del espino, que dan origen a la antología El ojo de Circe (2008). La poesía de Estrada —dice Espinosa— está “escrita desde el misterio que nos recuerda el valor ceremonial de la palabra”.
Lucía Estrada
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649781
9-Agosto-08
Zelda Sayre
Como no vendrás a la cena de mis muertos,
ni sabrás para quién cavo esta tumba,
pongo desde ya
bajo tu lengua,
la hostia viva de mis alucinaciones.
Cada quien tomó su camino,
de izquierda a derecha
el más profundo.
Cada quien siguió atado
a la cinta mortal de su locura.
Escribe para que no vuelvan,
que yo comeré y beberé, como Alicia,
el rojo resplandor de la fiesta,
mientras el mundo termina de cerrarse
sobre mí.
No te asombre
si nuestras palabras
no son las de antes,
si nuestro destino, tal como se construye,
nos golpea el rostro y nos hiere
y nos deja completamente ciegos.
¿Qué hacer cuando ellos nos empujan?
Esa legión de ángeles ebrios,
terribles como el rostro
que se refleja por última vez.
No tardes.
Ya nadie nos espera.
(De Las hijas del espino)
Reinvento la noche,
reinvento su halo definitivo
sobre las cosas,
su constante oscilación entre los nombres,
su devenir de lámpara.
Reinvento cada una de sus señales,
el círculo que describe en la raíz del sueño,
la página que nos presenta
para trazar el puente interminable
de las horas.
Reinvento la noche,
y con ella,
la grafía inconclusa de los cuerpos.
(De Noche líquida)
Qué
A qué secreto del alba
me entrego.
A qué mundo,
a qué memoria,
a qué olvido.
Sólo el tiempo
dirá la última palabra,
vertiginoso Señor de los días
al que fueron confiadas mi vida
y las rosas.
(De Fuegos nocturno)
Circe
Es la sombra
lo que retengo
la belleza de alejarse
cada vez más
el infortunio de haber visto
muchas islas
muchos mares
como a través
de un espejo roto
la muerte que representas
el número de animales muertos
que representas
negro polvo que tus pies
han traído
hasta mi casa.
(De Las hijas del espino)
XXX
Avanzo entre la escarcha. Del suelo crecen agujas, las aparto. El camino cada vez más difícil. La vegetación bien puede aplazar el momento de crearse a sí misma. Aprendo entonces de las arañas. Sujetarse al propio vértigo entre las puntas de mercurio.
Una mujer rompe el paisaje.
Desde la ventana hace ondear un viento rojo, ella misma salta, ella misma envuelve la visión como tela que han de zurcir las agujas. Huyo para que no me alcance su atmósfera, segura de que al cruzar uno solo de sus puentes estaré siempre de vuelta.
(De Maiastra)
Con María Clemencia Sánchez y Andrea Cote, Lucía Estrada reinvindica la poesía colombiana, de acuerdo con el crítico Santiago Espinosa. Estrada nació en Medellín en 1980 y es autora de los libros Fuegos nocturnos (1997), Noche líquida (2000), Maiastra (2004) y Las hijas del espino, que dan origen a la antología El ojo de Circe (2008). La poesía de Estrada —dice Espinosa— está “escrita desde el misterio que nos recuerda el valor ceremonial de la palabra”.
Lucía Estrada
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649781
El sueño de Kafka
“A partir de cierto punto no hay retorno. Éste es el punto que hay que alcanzar”, escribió Franz Kafka (1883-1924) en sus aforismos cuando, junto a los animales de su imaginación y sus sonrisas, soñaba con la oscuridad total, la de la muerte, la que se asemeja al suicidio porque la hora está indicada en el reloj de la pared. En ese punto, en el que no hay retorno, Kafka recordaba a Sancho Panza, tal cual lo describió: “un hombre libre”, como le hubiera gustado ser ante las derrotas: sus insomnios, dolores de cabeza y la tuberculosis.
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649773
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649773
Junichiro Tanizaki: Elogio de la perversión
Yukio Mishima fue un autor polémico, entre otras cosas porque solía decir lo que pensaba sin matices ni diplomacia de por medio. Eso, en el quisquilloso mundo literario —que no sólo se remite al japonés—, nunca fue bien recibido.
9-Agosto-08
Yukio Mishima fue un autor polémico, entre otras cosas porque solía decir lo que pensaba sin matices ni diplomacia de por medio. Eso, en el quisquilloso mundo literario —que no sólo se remite al japonés—, nunca fue bien recibido. Como tampoco lo fue su amplio reconocimiento por un autor como Junichiro Tanizaki (1886-965), cuya obra siempre osciló entre lo sublime y lo escandaloso.
La obra de Tanizaki proviene del choque de dos culturas: la modernidad de Occidente y el tradicionalismo oriental. Este conflicto se manifestó de forma tácita en su vida: su padre tenía un negocio de alumbrado de petróleo justo cuando llegó la luz eléctrica a Japón; el joven Tanizaki se vio obligado entonces a ganarse la vida para poder estudiar letras.
Buena parte de sus escritos presentan a la perversión como motivo central y a la mujer como ente dominante y más bien malévolo. Se trata de libros derivados, según el propio autor, de la lectura de manuales de sexología que por entonces llegaban a Japón desde Occidente: Havelock-Ellis y Richard von Krafft-Ebing, autor de una Psycopathia sexualis, fueron leídos a conciencia en los círculos literarios de la época. Así, en la obra de Tanizaki la perversión será una constante, al menos en sus publicaciones más célebres: Arenas movedizas, La vida enmascarada del señor de Musashi, Diario de un viejo loco y La llave.
Otra faceta de su obra busca si no rescatar, al menos honrar el mundo tradicional japonés que Tanizaki fue viendo desaparecer primero debido a los fuertes terremotos que asolaron Japón a finales del XIX y después con el advenimiento de la era industrial. Novelas como Hay quien prefiere las ortigas, Naomi y Las hermanas Makioka se inscriben en esta nostalgia que a veces toma un tinte casi desesperado. A diferencia de un autor como Kawabata que también refrendó lo mismo, el mundo de Tanizaki es por completo ficticio, el contexto social es verdadero, no así las historias. Es por esta capacidad creativa por lo que más se le reconoce en Japón.
Al margen de estas dos vertientes habrá que resaltar un libro y una traducción. La traducción es ni más ni menos que el Genji monogatari, o La historia de Genji, el primer libro de la historia, según se dice, que Tanizaki se dio a la tarea de traducir del chino antiguo y que en más de un modo acabaría por influir su literatura. De hecho, lo tradujo dos veces, pues la primera ocasión algunas partes no pasaron la censura del Imperio. Y el libro es El elogio de la sombra, texto minúsculo con aire de manual de estética japonés pero que no deja de insuflar un toque nostálgico, como si el autor hubiera tenido por cometido escribirlo para lamentar la pérdida de las añejas costumbres japonesas en detrimento de un mundo moderno y práctico, poco interesado en la tradición. El libro, rico en lecturas e interpretaciones, tendrá una muy buena recepción en Occidente, tan sólo la edición española ha visto ya 20 ediciones.
abdon_@excite.com
José Abdón Flores
Foto: Especial
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649772
9-Agosto-08
Yukio Mishima fue un autor polémico, entre otras cosas porque solía decir lo que pensaba sin matices ni diplomacia de por medio. Eso, en el quisquilloso mundo literario —que no sólo se remite al japonés—, nunca fue bien recibido. Como tampoco lo fue su amplio reconocimiento por un autor como Junichiro Tanizaki (1886-965), cuya obra siempre osciló entre lo sublime y lo escandaloso.
La obra de Tanizaki proviene del choque de dos culturas: la modernidad de Occidente y el tradicionalismo oriental. Este conflicto se manifestó de forma tácita en su vida: su padre tenía un negocio de alumbrado de petróleo justo cuando llegó la luz eléctrica a Japón; el joven Tanizaki se vio obligado entonces a ganarse la vida para poder estudiar letras.
Buena parte de sus escritos presentan a la perversión como motivo central y a la mujer como ente dominante y más bien malévolo. Se trata de libros derivados, según el propio autor, de la lectura de manuales de sexología que por entonces llegaban a Japón desde Occidente: Havelock-Ellis y Richard von Krafft-Ebing, autor de una Psycopathia sexualis, fueron leídos a conciencia en los círculos literarios de la época. Así, en la obra de Tanizaki la perversión será una constante, al menos en sus publicaciones más célebres: Arenas movedizas, La vida enmascarada del señor de Musashi, Diario de un viejo loco y La llave.
Otra faceta de su obra busca si no rescatar, al menos honrar el mundo tradicional japonés que Tanizaki fue viendo desaparecer primero debido a los fuertes terremotos que asolaron Japón a finales del XIX y después con el advenimiento de la era industrial. Novelas como Hay quien prefiere las ortigas, Naomi y Las hermanas Makioka se inscriben en esta nostalgia que a veces toma un tinte casi desesperado. A diferencia de un autor como Kawabata que también refrendó lo mismo, el mundo de Tanizaki es por completo ficticio, el contexto social es verdadero, no así las historias. Es por esta capacidad creativa por lo que más se le reconoce en Japón.
Al margen de estas dos vertientes habrá que resaltar un libro y una traducción. La traducción es ni más ni menos que el Genji monogatari, o La historia de Genji, el primer libro de la historia, según se dice, que Tanizaki se dio a la tarea de traducir del chino antiguo y que en más de un modo acabaría por influir su literatura. De hecho, lo tradujo dos veces, pues la primera ocasión algunas partes no pasaron la censura del Imperio. Y el libro es El elogio de la sombra, texto minúsculo con aire de manual de estética japonés pero que no deja de insuflar un toque nostálgico, como si el autor hubiera tenido por cometido escribirlo para lamentar la pérdida de las añejas costumbres japonesas en detrimento de un mundo moderno y práctico, poco interesado en la tradición. El libro, rico en lecturas e interpretaciones, tendrá una muy buena recepción en Occidente, tan sólo la edición española ha visto ya 20 ediciones.
abdon_@excite.com
José Abdón Flores
Foto: Especial
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649772
José Martí y la pintura
¿Qué habré escrito sin sangrar ni pintado sin haberlo visto antes con mis ojos?”, se preguntaba José Martí en algún documento.
9-Agosto-08
¿Qué habré escrito sin sangrar ni pintado sin haberlo visto antes con mis ojos?”, se preguntaba José Martí en algún documento. Poeta, filósofo, profesor, editor de revistas para adultos y niños, escritor político, líder de la lucha independentista cubana y prolífico fundador del género modernista de la crónica, según sostiene Susana Rotker en La invención de la crónica, el llamado Apóstol nació en La Habana, hijo de valenciano y canaria, el 28 de enero de 1853, para morir en Dos Ríos, Cuba, el 19 de mayo de 1895, a manos de los soldados españoles enviados para sofocar el levantamiento organizado por Martí.
Aunque dibujos y caricaturas, con herramientas para hacer una buena pintura humorística de Simón Bolívar o de él mismo, no son medulares —pues el centro de José Martí fueron la escritura y la política—, sí son entrañables. Esto viene al caso porque ha caído en manos de esta cronista, vía la librería del Fondo de Cultura Económica, un estupendo libro dedicado a la figura de Martí. Se trata del número 42 de la Revista Ilustrada de Información Poética del Ministerio de Cultura en Madrid, España, revista-libro de impecable edición en tintas negra y roja, la primera para distinguir los textos de Martí y la segunda para reconocer semblanzas de autores como Rubén Darío y Manuel Gutiérrez Nájera, también considerados por Rotker entre los fundadores de la crónica moderna. José Martí. Obra y vida, de Siruela, es producto, se nos advierte, de la consulta de “más de doce mil páginas de textos de toda índole […] unidos a una bibliografía de José Martí desmesurada y casi inabarcable, más cien años de hagiografía”. A lo largo de más de 200 páginas se reproducen fragmentos de discursos incendiarios, casi religiosos, una especie de antología poética con la imagen de María García Granados, inspiradora de “La niña de Guatemala”; obra narrativa y dramática, crónicas sobre arte y temas sociales como “La caza de negros” o “He aquí a Oscar Wilde”, y textos de La Edad de Oro, la revista para niños editada y redactada por Martí con temas como Simón Bolívar, El padre Las Casas y la Ilíada, y hasta una “Historia de la Cuchara y el Tenedor”.
Elementos de un sueño
Sumergida entre textos diversos, quien esto escribe se ve en dificultades para seleccionar algún fragmento citable. Entre la novela magnífica de Francisco Goldman, El esposo divino, y los propios textos del cubano, asombra por su modernidad la prosa pequeñita “Elementos de un sueño”: “Recuerdo sexual, excesivo. Una lámina del edificio más alto de New York. Al volver de noche a la casa, un tubo de estaño, largo y de muchas vueltas. En el sueño, la casa era la mujer, y el tubo, enorme, creciente, rabelesiano, flexible, a medio erguir, había cambiado de forma. (La imaginación compone en el sueño los elementos que ha recibido dispersos de la realidad.)”
Degas defendido por José Martí
Martí se inició como cronista de arte (que no crítico) en el periódico The Hour, publicado en Nueva York. Conocedor profundo de la pintura, comunicó algún día a su amigo Manuel Mercado: “Yo amo tenazmente al arte. Hoy tenía un peso, lo he gastado en tazas de Japón”. Más de la mitad de su obra fue publicada en periódicos, y sin embargo, según argumenta Rotke, el desinterés de la crítica en esta literatura, veloz e híbrida y compuesta a partir de la vida diaria, fuera una pelea de box o el coctel de una exposición, ha afectado la valoración de Martí y Darío, una omisión notable califica, así como la de los escritores modernistas. Ha sido así “a pesar de su importancia para comprender una etapa fundamental de la cultura hispanoamericana”.
Pero volviendo a Edgar Degas, a quien recibieron fríamente en Nueva York, fue Martí el único en admirar a los impresionistas. Mientras los demás, impermeables a las nuevas expresiones exigidas por el nuevo mundo en constante modernización tras la Revolución Industrial, rechazaban un arte que se les dificultaba comprender. En materia política Martí era igualmente visionario. En arte o política, él defendía ideales: “La idea consagra, enciende, adelgaza, sublima, purifica: da una estatura que no se ve y se siente: limpia el espíritu de escoria [...] El Jesús de Munkacsy es el poder de la idea pura”. Todo ello queda consignado en este libro. Búscalo, lector.
http://magalitercero.arteven.com
Magali Tercero
José Martí. Obra y vida. Revista Ilustrada de Información Poética No. 42. España, Ministerio de Cultura. Ediciones Siruela. 1995.
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649842
9-Agosto-08
¿Qué habré escrito sin sangrar ni pintado sin haberlo visto antes con mis ojos?”, se preguntaba José Martí en algún documento. Poeta, filósofo, profesor, editor de revistas para adultos y niños, escritor político, líder de la lucha independentista cubana y prolífico fundador del género modernista de la crónica, según sostiene Susana Rotker en La invención de la crónica, el llamado Apóstol nació en La Habana, hijo de valenciano y canaria, el 28 de enero de 1853, para morir en Dos Ríos, Cuba, el 19 de mayo de 1895, a manos de los soldados españoles enviados para sofocar el levantamiento organizado por Martí.
Aunque dibujos y caricaturas, con herramientas para hacer una buena pintura humorística de Simón Bolívar o de él mismo, no son medulares —pues el centro de José Martí fueron la escritura y la política—, sí son entrañables. Esto viene al caso porque ha caído en manos de esta cronista, vía la librería del Fondo de Cultura Económica, un estupendo libro dedicado a la figura de Martí. Se trata del número 42 de la Revista Ilustrada de Información Poética del Ministerio de Cultura en Madrid, España, revista-libro de impecable edición en tintas negra y roja, la primera para distinguir los textos de Martí y la segunda para reconocer semblanzas de autores como Rubén Darío y Manuel Gutiérrez Nájera, también considerados por Rotker entre los fundadores de la crónica moderna. José Martí. Obra y vida, de Siruela, es producto, se nos advierte, de la consulta de “más de doce mil páginas de textos de toda índole […] unidos a una bibliografía de José Martí desmesurada y casi inabarcable, más cien años de hagiografía”. A lo largo de más de 200 páginas se reproducen fragmentos de discursos incendiarios, casi religiosos, una especie de antología poética con la imagen de María García Granados, inspiradora de “La niña de Guatemala”; obra narrativa y dramática, crónicas sobre arte y temas sociales como “La caza de negros” o “He aquí a Oscar Wilde”, y textos de La Edad de Oro, la revista para niños editada y redactada por Martí con temas como Simón Bolívar, El padre Las Casas y la Ilíada, y hasta una “Historia de la Cuchara y el Tenedor”.
Elementos de un sueño
Sumergida entre textos diversos, quien esto escribe se ve en dificultades para seleccionar algún fragmento citable. Entre la novela magnífica de Francisco Goldman, El esposo divino, y los propios textos del cubano, asombra por su modernidad la prosa pequeñita “Elementos de un sueño”: “Recuerdo sexual, excesivo. Una lámina del edificio más alto de New York. Al volver de noche a la casa, un tubo de estaño, largo y de muchas vueltas. En el sueño, la casa era la mujer, y el tubo, enorme, creciente, rabelesiano, flexible, a medio erguir, había cambiado de forma. (La imaginación compone en el sueño los elementos que ha recibido dispersos de la realidad.)”
Degas defendido por José Martí
Martí se inició como cronista de arte (que no crítico) en el periódico The Hour, publicado en Nueva York. Conocedor profundo de la pintura, comunicó algún día a su amigo Manuel Mercado: “Yo amo tenazmente al arte. Hoy tenía un peso, lo he gastado en tazas de Japón”. Más de la mitad de su obra fue publicada en periódicos, y sin embargo, según argumenta Rotke, el desinterés de la crítica en esta literatura, veloz e híbrida y compuesta a partir de la vida diaria, fuera una pelea de box o el coctel de una exposición, ha afectado la valoración de Martí y Darío, una omisión notable califica, así como la de los escritores modernistas. Ha sido así “a pesar de su importancia para comprender una etapa fundamental de la cultura hispanoamericana”.
Pero volviendo a Edgar Degas, a quien recibieron fríamente en Nueva York, fue Martí el único en admirar a los impresionistas. Mientras los demás, impermeables a las nuevas expresiones exigidas por el nuevo mundo en constante modernización tras la Revolución Industrial, rechazaban un arte que se les dificultaba comprender. En materia política Martí era igualmente visionario. En arte o política, él defendía ideales: “La idea consagra, enciende, adelgaza, sublima, purifica: da una estatura que no se ve y se siente: limpia el espíritu de escoria [...] El Jesús de Munkacsy es el poder de la idea pura”. Todo ello queda consignado en este libro. Búscalo, lector.
http://magalitercero.arteven.com
Magali Tercero
José Martí. Obra y vida. Revista Ilustrada de Información Poética No. 42. España, Ministerio de Cultura. Ediciones Siruela. 1995.
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649842
La puerta estrecha
My way
Recordé aquel cortometraje al estilo South Park que se incluyó en el documental Bowling for Columbine de Michael Moore, donde se realiza una sátira de la historia norteamericana, el racismo y la violencia. Nada nuevo. Un tema que en las mismas dimensiones de su importancia y crueldad, se ha vuelto hasta un lugar común.
9-Agosto-08
Recordé aquel cortometraje al estilo South Park que se incluyó en el documental Bowling for Columbine de Michael Moore, donde se realiza una sátira de la historia norteamericana, el racismo y la violencia. Nada nuevo. Un tema que en las mismas dimensiones de su importancia y crueldad, se ha vuelto hasta un lugar común.
Y lo recordé porque el tema, pero enfocado a los asiático-americanos, es central en la pieza teatral del estadunidense David Hemnry Hwang en Yellow face, la obra con la que se inauguró el Dramafest 2008 en el teatro El Granero del Centro Cultural del Bosque.
El festival se realiza cada dos años e invita a un país y a un estado (este año: Estados Unidos y Jalisco) para generar un intercambio/experimento teatral: un mexicano dirige la obra extranjera y un director invitado una pieza mexicana.
El director mexicano es Richard Viqueira, y más allá de su trabajo, que en este montaje ha sido afortunado, creativo y dinámico, la pieza teatral desarrolla el tema de una manera bastante peculiar, como si mezcláramos el sit com y un talk show con las reflexiones de un dramaturgo ante su oficio, la historia de su familia, y los conflictos sociales y políticos de asiático-americanos frente a la discriminación.
Y así nos lo presenta Viqueira: ahí, los actores charlan sentados sobre grandes pelotas blancas. Descalzos. Atrás, un gran estante donde hay más pelotas. Principiamos. Un hombre está en Shangai y desea buscar el alma de China, escribe un correo electrónico —lo último que se sabe de él. “El arroz alimenta al estómago, la canción al corazón”, dice mientras le canta al oído una mujer. Cambios de personajes (siete actores interpretan más de 30). Flashback: encabezados de The New York Times, Washington Post, Boston Times… Un dramaturgo —quizá el mismo Hemnry Hwang al ser descendiente de asiáticos— tratando de escribir su siguiente obra. Un dramaturgo acallado por la crítica, “pero finalmente famoso”, como dice su padre. El casting de una obra: necesitan un actor asiático para contar esta historia. Contratan a un actor “blanco” que se transforma en un héroe para los “yellow face” que viven en Estados Unidos, aunque éstos sean discriminados, también, en el medio del espectáculo. Dos dioses asiático-americanos contemporáneos: Frank Sinatra (“I did it my way”) y Broadway a lo largo de la obra. Y los demonios más grandes para la democracia gringa: el miedo y los migrantes. No perder la identidad de un pueblo: ¿se tuvo? Un dramaturgo dominado por sus personajes. Luchar por el interminable sueño americano.
Ante la crueldad del tema y el humor del dramaturgo asiático-estadunidense en esta sátira nos queda recordar una frase: reírse de uno mismo, ahí comienza la verdadera comedia.
La puerta estrecha se ha cerrado.
lapuertaestrecha1@gmail.com
Alicia Quiñones
Foto: Especial
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649826
Recordé aquel cortometraje al estilo South Park que se incluyó en el documental Bowling for Columbine de Michael Moore, donde se realiza una sátira de la historia norteamericana, el racismo y la violencia. Nada nuevo. Un tema que en las mismas dimensiones de su importancia y crueldad, se ha vuelto hasta un lugar común.
9-Agosto-08
Recordé aquel cortometraje al estilo South Park que se incluyó en el documental Bowling for Columbine de Michael Moore, donde se realiza una sátira de la historia norteamericana, el racismo y la violencia. Nada nuevo. Un tema que en las mismas dimensiones de su importancia y crueldad, se ha vuelto hasta un lugar común.
Y lo recordé porque el tema, pero enfocado a los asiático-americanos, es central en la pieza teatral del estadunidense David Hemnry Hwang en Yellow face, la obra con la que se inauguró el Dramafest 2008 en el teatro El Granero del Centro Cultural del Bosque.
El festival se realiza cada dos años e invita a un país y a un estado (este año: Estados Unidos y Jalisco) para generar un intercambio/experimento teatral: un mexicano dirige la obra extranjera y un director invitado una pieza mexicana.
El director mexicano es Richard Viqueira, y más allá de su trabajo, que en este montaje ha sido afortunado, creativo y dinámico, la pieza teatral desarrolla el tema de una manera bastante peculiar, como si mezcláramos el sit com y un talk show con las reflexiones de un dramaturgo ante su oficio, la historia de su familia, y los conflictos sociales y políticos de asiático-americanos frente a la discriminación.
Y así nos lo presenta Viqueira: ahí, los actores charlan sentados sobre grandes pelotas blancas. Descalzos. Atrás, un gran estante donde hay más pelotas. Principiamos. Un hombre está en Shangai y desea buscar el alma de China, escribe un correo electrónico —lo último que se sabe de él. “El arroz alimenta al estómago, la canción al corazón”, dice mientras le canta al oído una mujer. Cambios de personajes (siete actores interpretan más de 30). Flashback: encabezados de The New York Times, Washington Post, Boston Times… Un dramaturgo —quizá el mismo Hemnry Hwang al ser descendiente de asiáticos— tratando de escribir su siguiente obra. Un dramaturgo acallado por la crítica, “pero finalmente famoso”, como dice su padre. El casting de una obra: necesitan un actor asiático para contar esta historia. Contratan a un actor “blanco” que se transforma en un héroe para los “yellow face” que viven en Estados Unidos, aunque éstos sean discriminados, también, en el medio del espectáculo. Dos dioses asiático-americanos contemporáneos: Frank Sinatra (“I did it my way”) y Broadway a lo largo de la obra. Y los demonios más grandes para la democracia gringa: el miedo y los migrantes. No perder la identidad de un pueblo: ¿se tuvo? Un dramaturgo dominado por sus personajes. Luchar por el interminable sueño americano.
Ante la crueldad del tema y el humor del dramaturgo asiático-estadunidense en esta sátira nos queda recordar una frase: reírse de uno mismo, ahí comienza la verdadera comedia.
La puerta estrecha se ha cerrado.
lapuertaestrecha1@gmail.com
Alicia Quiñones
Foto: Especial
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649826
Hombre de celuloide
Amar a un árabe
El director y guionista toca, con más rigor que cualquier académico o periodista, el fenómeno del conflicto palestino israelí. No podría ser de otra forma. Esto no es una crónica. Es una película de amor.
9-Agosto-08
Lo que hace de Solos contra el mundo una de las mejores películas que he visto en los últimos meses es que, además de estar excelentemente actuada y fotografiada, además de tener una puesta en escena excepcional, con imágenes que resultan inolvidable homenaje a la vida cotidiana, tiene un guión tan redondo que parecería sencillo escribir diálogos y escenas con semejante naturalidad.
Su narrativa trasciende el fenómeno estético, estamos aquí ante un documento histórico que trae a presencia, eso que los científicos sociales se rompen la cabeza por describir; ese fenómeno que antropólogos y sociólogos buscan aprehender y que apenas han podido nombrar, hace poco, en un intento por seguir pensando. Estoy hablando de la “noción de frontera”.
Frontera entre deseo y realidad; frontera entre amor y odio. Frontera entre sexos y genitales, entre penetrar y ser penetrado, entre invadir y ser invadido, porque, cuando dos que de verdad se quieren se tienden solos sobre la cama para tocarse, ¿quién es el invasor y quién es el invadido? La resolución del conflicto es clara —aunque tal vez imposible—: un judío y un palestino se han enamorado. ¿Quién sabe por qué? El amor es un misterio que ni siquiera al arte le toca saber.
El verdadero protagonista de esta película es la frontera entre Israel y Palestina, entre una y otra forma de acceder a los mismos recuerdos de infancia en un mismo territorio. Frontera entre un país moderno y un país tradicional, entre el centro y la periferia. Entre el poder y la sumisión que en amor se resuelve con la entrega de dos amantes que saben dejar fuera del balcón guerras, bombas y cumbres políticas.
El director y guionista toca, con más rigor que cualquier académico o periodista, el fenómeno del conflicto palestino israelí. No podría ser de otra forma. Esto no es una crónica. Es una película de amor.
En el estudio de la narrativa mucho se habla de lo que significa “conflicto”, eso que mantiene al espectador al borde del asiento y nos hace identificarnos con los protagonistas porque, a diferencia de un problema, un conflicto implica una decisión ética, una decisión que, una vez tomada, ha de cambiar por completo el curso de nuestra historia. La vida nuestra, más que de problemas, está hecha de conflictos. He aquí la gracia del arte: presentar conflictos en la pantalla para que aprendamos con ellos sin padecer. Eso que hoy se vive en esa frontera en la que textualmente mana sangre es un conflicto. Hay heridas que no sanan en ambos lados, hay razones y verdad en ambos lados. Hay amor en ambos lados. Y es justo aquí que el realizador se muestra como un artista de honestidad excepcional. Y aunque la palabra “honesto” aplicada al arte resulte sospechosa, es de agradecer que el director tenga el valor de poner en la mesa de juego, como si fuera uno de esos magos que leen el tarot, todas las cartas de esta tragedia humana.
Solos contra el mundo (Buah Ha). Dirección: Eytan Fox. Guión: Eytan Fox, Gal Uchovsky. Fotografía: Yaron Scharf. Música: Ivri Lider. Con: Ohad Knoller, Yousef Joe Sweid, Daniella Wirtzer, Alon Freidmann, Zohar Liba. Israel, 2006
http://www.fernandozamora.org
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649833
El director y guionista toca, con más rigor que cualquier académico o periodista, el fenómeno del conflicto palestino israelí. No podría ser de otra forma. Esto no es una crónica. Es una película de amor.
9-Agosto-08
Lo que hace de Solos contra el mundo una de las mejores películas que he visto en los últimos meses es que, además de estar excelentemente actuada y fotografiada, además de tener una puesta en escena excepcional, con imágenes que resultan inolvidable homenaje a la vida cotidiana, tiene un guión tan redondo que parecería sencillo escribir diálogos y escenas con semejante naturalidad.
Su narrativa trasciende el fenómeno estético, estamos aquí ante un documento histórico que trae a presencia, eso que los científicos sociales se rompen la cabeza por describir; ese fenómeno que antropólogos y sociólogos buscan aprehender y que apenas han podido nombrar, hace poco, en un intento por seguir pensando. Estoy hablando de la “noción de frontera”.
Frontera entre deseo y realidad; frontera entre amor y odio. Frontera entre sexos y genitales, entre penetrar y ser penetrado, entre invadir y ser invadido, porque, cuando dos que de verdad se quieren se tienden solos sobre la cama para tocarse, ¿quién es el invasor y quién es el invadido? La resolución del conflicto es clara —aunque tal vez imposible—: un judío y un palestino se han enamorado. ¿Quién sabe por qué? El amor es un misterio que ni siquiera al arte le toca saber.
El verdadero protagonista de esta película es la frontera entre Israel y Palestina, entre una y otra forma de acceder a los mismos recuerdos de infancia en un mismo territorio. Frontera entre un país moderno y un país tradicional, entre el centro y la periferia. Entre el poder y la sumisión que en amor se resuelve con la entrega de dos amantes que saben dejar fuera del balcón guerras, bombas y cumbres políticas.
El director y guionista toca, con más rigor que cualquier académico o periodista, el fenómeno del conflicto palestino israelí. No podría ser de otra forma. Esto no es una crónica. Es una película de amor.
En el estudio de la narrativa mucho se habla de lo que significa “conflicto”, eso que mantiene al espectador al borde del asiento y nos hace identificarnos con los protagonistas porque, a diferencia de un problema, un conflicto implica una decisión ética, una decisión que, una vez tomada, ha de cambiar por completo el curso de nuestra historia. La vida nuestra, más que de problemas, está hecha de conflictos. He aquí la gracia del arte: presentar conflictos en la pantalla para que aprendamos con ellos sin padecer. Eso que hoy se vive en esa frontera en la que textualmente mana sangre es un conflicto. Hay heridas que no sanan en ambos lados, hay razones y verdad en ambos lados. Hay amor en ambos lados. Y es justo aquí que el realizador se muestra como un artista de honestidad excepcional. Y aunque la palabra “honesto” aplicada al arte resulte sospechosa, es de agradecer que el director tenga el valor de poner en la mesa de juego, como si fuera uno de esos magos que leen el tarot, todas las cartas de esta tragedia humana.
Solos contra el mundo (Buah Ha). Dirección: Eytan Fox. Guión: Eytan Fox, Gal Uchovsky. Fotografía: Yaron Scharf. Música: Ivri Lider. Con: Ohad Knoller, Yousef Joe Sweid, Daniella Wirtzer, Alon Freidmann, Zohar Liba. Israel, 2006
http://www.fernandozamora.org
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649833
Entrevista: Chris Carter
“No soy religioso, pero busco una experiencia mística”
Después del 11-S el mundo ha cambiado de una vez y para siempre, dice el creador de los X-Files, quien habla de la nueva entrega de esta saga.
9-Agosto-08
El creador de X-Files, Chris Carter, podría ser uno de los hombres más relajados. Con sus 52 años envidiablemente juveniles, está tan delgado y bronceado como un surfista, tiene ojos azul cobalto que arden y su cabello totalmente blanco. Carter ha estado alejado por mucho tiempo. Se tomó cinco años de descanso después de la exitosa serie X-Files y sus ramificaciones y giros pero ahora ha regresado con un nuevo filme de los X-Files titulado I want to believe. Es el sucesor de X-Files: Fight the future, que apareció como parte de la narrativa de la serie entre su quinta y su sexta temporada, en 1998.
Entonces ¿qué ha hecho mientras tanto? “Me tomé cinco años de descanso porque terminé la serie cuando tenía 45 años y sentí que esos 10 años no significaban más que producción y ningún alimento interno real. Entonces por qué no darme la oportunidad de hacer todas esas cosas que me reprocharía no haber hecho en el futuro. No soy un constructor de imperios”.
¡Y aun así construyó uno!
“Bueno, supongo que lo que quiero decir es que no por temperamento —no soy ególatra— y necesitaba alejarme de Hollywood. En esos cinco años hice algunas cosas que añadí a mi enfoque. Aprendí a pilotar un avión, tengo un Cessna Caravan. Escalé algunas montañas, algo que quería hacer y que me ayudó con este filme, porque me enseñó sobre los entornos extremos: una lección valiosa”.
También, entre otras cosas, se sumergió en la ciencia, gracias a la guía de su hermano, Craig, quien es profesor de ciencia de materiales e ingeniería en el Instituto de Tecnología Massachusetts.
“Estudié en el Instituto Kavli de Física Teórica en la Universidad de California, en Santa Bárbara. Tuve la oportunidad de estar junto a muchas personas inteligentes, todas pensando en física cuántica, constructos subatómicos, etc. Muchos de los científicos eran ateos, y pensé que era interesante, porque hablaban de algunas de las ideas más bellas que he encontrado, realmente poéticas. La mía era la idea opuesta a la de ellos. Yo lo veía como la ciencia tratando de explicar a Dios, en tanto ellos lo ven como la ciencia tratando de explicar la verdad. Mientras que ambas cosas podrían ser lo mismo, pienso que este filme está, de alguna manera, conformado por esas ideas: ciencia y fe”.
¿Cuál es la posición de Chris Carter en ese debate?
“Me calificaría como una persona espiritual. Solía considerarme una persona no religiosa buscando una experiencia mística. Diría que eso me define, aunque en estos cinco años me he acercado a la fe más que nunca”.
¿Entonces Mulder y Scully —el hombre racional que “quiere creer” y la escéptica doctora católica— de alguna manera simbolizan los conflictos o debates que tienen lugar en su propia mente?
“Por supuesto”.
En los cinco años pasados, las posibilidades de otra película de los X-Files parecían pocas, gracias a una demanda legal con Fox TV. “Hablamos de otro filme desde hace 10 años. Pero Fox nos contactó en 2003 y nos dijo que lo hiciéramos. Estábamos listos, pero entonces se presentó lo que llamaría un problema de contrato por las ganancias de la serie, y lo que comenzó como una negociación se convirtió en una demanda legal —es complicado— a fin de que pudiera proteger mi derecho a negociar. Llevó años llegar a un acuerdo, y en ese punto no pensé que pudiese haber una segunda película. Luego, todo se resolvió. Fox llamó y dijo: ‘¿Recuerda ese filme que tenía en mente? Será mejor que se prepare para hacerlo ahora o nunca, porque se avecina una huelga de escritores’. Así que después de años de quietud llegaron las prisas”.
Claro, en el ínterin sus estrellas hicieron otras cosas. David Duchovny ha sido visto saltando desnudo desde las ventanas de las recámaras como el carismático Han Moody, en Californication. Mientras que Gillian Anderson se ha reinventado en el Reino Unido (donde pasó un largo periodo de su adolescencia) labrándose una identidad nueva en dramas tales como Bleak House. ¿Cómo fue para ellos volver después de un intervalo tan largo?
“Ellos le dirán que fue difícil, pero yo sentí que retomaron los papeles con una facilidad que ambos desarrollaron con tantos años de hacer la serie. Pienso que no se puede negar todo lo que esos 202 episodios hicieron por ellos como actores. Trajeron consigo un arte más allá de la técnica, gracias a estos otros papeles y experiencias que los enriquecieron, profundizaron y magnificaron. Luego tuvieron que ajustarse a los roles originales”.
¿Hay alguna diferencia entre los X-Files pre y post 11-S? Algunos creen que esos ataques terroristas involucraron una conspiración y ocultamiento del gobierno; los ataques sucedieron justo cuando X-Files —que estaba especialmente conectado, en los noventa, con las fantasías de derecha sobre nuevos órdenes mundiales, abducciones alienígenas y el movimiento de las milicias— concluía su última temporada.
“Pienso que hemos cambiado, el mundo ha cambiado, de una vez y para siempre. Se podría contar una historia sobre este nuevo espíritu de la época, pero escogimos no hacerlo. Elegimos relatar una historia X-Files más clásica que se remonta a las directrices básicas de la serie: es sólo tan atemorizante como es creíble, tiene lugar en el reino de la ‘posibilidad extrema’, y no siempre necesita de un contexto político para ser interesante”.
Luego estaban los atentos fans de la serie, hablando de su aprobación o falta de ésta en un millón de páginas de X-Files en internet, lo que era tanto bueno como malo, dice Carter. “Eso fue lo revolucionario de la serie. Tuvimos una conexión inmediata con nuestros fans, lo que primero creó una intimidad que luego se convirtió en una especie de incesto, lo que después creó política, la que a su vez creó todas las cosas que acompañan a esa facilidad de comunicación.
“Mientras que ha sido algo grandioso, también podría ser peligroso, si se intenta complacer o aplacar a todos, lo que nosotros no hacemos. No leemos la ficción de los fans, no tomamos ideas de los fans. Los escuchamos, algo que se puede hacer hasta la locura. ¡Bueno, hemos tenido cabildeos, quórums, reuniones —y la lista podría continuar—, todo ello tratando de recuperar el peinado original de Scully! Uno se podría perder en estas cosas con mucha rapidez. Así que siempre hacemos lo que hacemos mejor, que es dejarnos llevar por nuestros instintos. Lo atemorizante es que hay fans que ahora saben más de los X-Files que yo”.
(c) The Guardian
Traducción: Franco Cubello
John Patterson
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649832
Después del 11-S el mundo ha cambiado de una vez y para siempre, dice el creador de los X-Files, quien habla de la nueva entrega de esta saga.
9-Agosto-08
El creador de X-Files, Chris Carter, podría ser uno de los hombres más relajados. Con sus 52 años envidiablemente juveniles, está tan delgado y bronceado como un surfista, tiene ojos azul cobalto que arden y su cabello totalmente blanco. Carter ha estado alejado por mucho tiempo. Se tomó cinco años de descanso después de la exitosa serie X-Files y sus ramificaciones y giros pero ahora ha regresado con un nuevo filme de los X-Files titulado I want to believe. Es el sucesor de X-Files: Fight the future, que apareció como parte de la narrativa de la serie entre su quinta y su sexta temporada, en 1998.
Entonces ¿qué ha hecho mientras tanto? “Me tomé cinco años de descanso porque terminé la serie cuando tenía 45 años y sentí que esos 10 años no significaban más que producción y ningún alimento interno real. Entonces por qué no darme la oportunidad de hacer todas esas cosas que me reprocharía no haber hecho en el futuro. No soy un constructor de imperios”.
¡Y aun así construyó uno!
“Bueno, supongo que lo que quiero decir es que no por temperamento —no soy ególatra— y necesitaba alejarme de Hollywood. En esos cinco años hice algunas cosas que añadí a mi enfoque. Aprendí a pilotar un avión, tengo un Cessna Caravan. Escalé algunas montañas, algo que quería hacer y que me ayudó con este filme, porque me enseñó sobre los entornos extremos: una lección valiosa”.
También, entre otras cosas, se sumergió en la ciencia, gracias a la guía de su hermano, Craig, quien es profesor de ciencia de materiales e ingeniería en el Instituto de Tecnología Massachusetts.
“Estudié en el Instituto Kavli de Física Teórica en la Universidad de California, en Santa Bárbara. Tuve la oportunidad de estar junto a muchas personas inteligentes, todas pensando en física cuántica, constructos subatómicos, etc. Muchos de los científicos eran ateos, y pensé que era interesante, porque hablaban de algunas de las ideas más bellas que he encontrado, realmente poéticas. La mía era la idea opuesta a la de ellos. Yo lo veía como la ciencia tratando de explicar a Dios, en tanto ellos lo ven como la ciencia tratando de explicar la verdad. Mientras que ambas cosas podrían ser lo mismo, pienso que este filme está, de alguna manera, conformado por esas ideas: ciencia y fe”.
¿Cuál es la posición de Chris Carter en ese debate?
“Me calificaría como una persona espiritual. Solía considerarme una persona no religiosa buscando una experiencia mística. Diría que eso me define, aunque en estos cinco años me he acercado a la fe más que nunca”.
¿Entonces Mulder y Scully —el hombre racional que “quiere creer” y la escéptica doctora católica— de alguna manera simbolizan los conflictos o debates que tienen lugar en su propia mente?
“Por supuesto”.
En los cinco años pasados, las posibilidades de otra película de los X-Files parecían pocas, gracias a una demanda legal con Fox TV. “Hablamos de otro filme desde hace 10 años. Pero Fox nos contactó en 2003 y nos dijo que lo hiciéramos. Estábamos listos, pero entonces se presentó lo que llamaría un problema de contrato por las ganancias de la serie, y lo que comenzó como una negociación se convirtió en una demanda legal —es complicado— a fin de que pudiera proteger mi derecho a negociar. Llevó años llegar a un acuerdo, y en ese punto no pensé que pudiese haber una segunda película. Luego, todo se resolvió. Fox llamó y dijo: ‘¿Recuerda ese filme que tenía en mente? Será mejor que se prepare para hacerlo ahora o nunca, porque se avecina una huelga de escritores’. Así que después de años de quietud llegaron las prisas”.
Claro, en el ínterin sus estrellas hicieron otras cosas. David Duchovny ha sido visto saltando desnudo desde las ventanas de las recámaras como el carismático Han Moody, en Californication. Mientras que Gillian Anderson se ha reinventado en el Reino Unido (donde pasó un largo periodo de su adolescencia) labrándose una identidad nueva en dramas tales como Bleak House. ¿Cómo fue para ellos volver después de un intervalo tan largo?
“Ellos le dirán que fue difícil, pero yo sentí que retomaron los papeles con una facilidad que ambos desarrollaron con tantos años de hacer la serie. Pienso que no se puede negar todo lo que esos 202 episodios hicieron por ellos como actores. Trajeron consigo un arte más allá de la técnica, gracias a estos otros papeles y experiencias que los enriquecieron, profundizaron y magnificaron. Luego tuvieron que ajustarse a los roles originales”.
¿Hay alguna diferencia entre los X-Files pre y post 11-S? Algunos creen que esos ataques terroristas involucraron una conspiración y ocultamiento del gobierno; los ataques sucedieron justo cuando X-Files —que estaba especialmente conectado, en los noventa, con las fantasías de derecha sobre nuevos órdenes mundiales, abducciones alienígenas y el movimiento de las milicias— concluía su última temporada.
“Pienso que hemos cambiado, el mundo ha cambiado, de una vez y para siempre. Se podría contar una historia sobre este nuevo espíritu de la época, pero escogimos no hacerlo. Elegimos relatar una historia X-Files más clásica que se remonta a las directrices básicas de la serie: es sólo tan atemorizante como es creíble, tiene lugar en el reino de la ‘posibilidad extrema’, y no siempre necesita de un contexto político para ser interesante”.
Luego estaban los atentos fans de la serie, hablando de su aprobación o falta de ésta en un millón de páginas de X-Files en internet, lo que era tanto bueno como malo, dice Carter. “Eso fue lo revolucionario de la serie. Tuvimos una conexión inmediata con nuestros fans, lo que primero creó una intimidad que luego se convirtió en una especie de incesto, lo que después creó política, la que a su vez creó todas las cosas que acompañan a esa facilidad de comunicación.
“Mientras que ha sido algo grandioso, también podría ser peligroso, si se intenta complacer o aplacar a todos, lo que nosotros no hacemos. No leemos la ficción de los fans, no tomamos ideas de los fans. Los escuchamos, algo que se puede hacer hasta la locura. ¡Bueno, hemos tenido cabildeos, quórums, reuniones —y la lista podría continuar—, todo ello tratando de recuperar el peinado original de Scully! Uno se podría perder en estas cosas con mucha rapidez. Así que siempre hacemos lo que hacemos mejor, que es dejarnos llevar por nuestros instintos. Lo atemorizante es que hay fans que ahora saben más de los X-Files que yo”.
(c) The Guardian
Traducción: Franco Cubello
John Patterson
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649832
Archivo hache
Método del escritor sin mérito
Olvida tu antivida. Escribe tal como eres. Vaivén de fiera verbal.
9-Agosto-08
Olvida tu antivida. Escribe tal como eres. Vaivén de fiera verbal.
No intentes impresionar a nadie. Si te sorprendes queriendo impresionar, deseas un “estilo”. Escribir es buscar lo no literario. El estilo es miedo. Eugrafía. Microdictadura que te indica qué decir y qué no. Cómo. Cómo sí. Cómo no. El estilo es para escritores que desconocen su libertad. No te pre-ocupes de las estructuras. Las estructuras surgen a posteriori. No antes del texto. “Prestructura” no: proceso. Deja, pues, que primero suceda una larga fase creativa, que se caracteriza por ser un flujo. No pienses demasiado. Suelta todo lo que tengas. No es tuyo. Regálalo.
Si escribes un ensayo, lanza una idea, estállala, haz una llama con ella, y cuando el incendio esté en su mejor brillo, pasa a otra idea, y enciende otro. Prosar quema.
Si escribes una novela, lo mismo, camarada. Haz que un ser, una acción, un ambiente, encienda, y ya que el fuego arrecie, sopla otro. Narrar reacciona en cadena.
Si escribes poesía, no tengo que explicarte nada. La poesía es la aceptación de todo lo que viene, sin edición de doxa, razón o unigramática. Es el idioma-daimon. Es la visión. Supera y acapara todo léxico. Caza de fragmentos metamórficos, versar pluriversa.
El ensayo: orgasmo del conocimiento. La novela: nuestra vida más intensa. La poesía: todo el cosmos en otro código.
No hay géneros: sólo ciencias incendiarias.
No hagas caso de lo que se dice acerca de la literatura. El 90 por ciento de las nociones de los escritores de segunda mano, críticos, editores, lectores y otros miedos, son apagafuegos. Escribir es un río ígneo, recuérdalo. Agua piromaniaca. Y no te envanezcas de logro alguno. Este método lo que busca es quitar al Yo de en medio. Dejar que a través suyo huracane viento. El método es no tener ningún mérito. Cada palabra: chamana.
Pero escribir no se trata de palabras aisladas. Se trata de un ritmo extenso.
Y cuando creas que esa fase creativa ha terminado —lo sabrás porque el flujo ya no es intenso— detente abruptamente, vacaciona, dale tiempo al texto. ¿Cuánto? No sé. No te conozco ni soy tu padre. Averígualo tú. Déjate guiar por tu quíntuple instinto.
Y entonces pasa a la otra fase. La fase analítica. Autocrítica. Ocúpate de detalles. Y visiones faltantes.
Percibe la corteza creada. Quita la paja. Intensifica epifanías flojas. Rastrea tus escotomas. Aclara. Obscurece. Emociónate con cada aspecto del texto emergente. Aplica aquí la herrería legada, pues es en este momento —no en el previo— donde alguna
de esa gnosis puede ser útil.
Y aprende de lo que hiciste para que en el siguiente librar (libro es verbo) todo salga de un solo golpe, desde el primer impulso, y escribas sin mentiras, sin trucos, sin consejos, sin escudos, sino tal como eres: animal antitético, temporal, imperfecto.
Sin ningún mérito.
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649836
Olvida tu antivida. Escribe tal como eres. Vaivén de fiera verbal.
9-Agosto-08
Olvida tu antivida. Escribe tal como eres. Vaivén de fiera verbal.
No intentes impresionar a nadie. Si te sorprendes queriendo impresionar, deseas un “estilo”. Escribir es buscar lo no literario. El estilo es miedo. Eugrafía. Microdictadura que te indica qué decir y qué no. Cómo. Cómo sí. Cómo no. El estilo es para escritores que desconocen su libertad. No te pre-ocupes de las estructuras. Las estructuras surgen a posteriori. No antes del texto. “Prestructura” no: proceso. Deja, pues, que primero suceda una larga fase creativa, que se caracteriza por ser un flujo. No pienses demasiado. Suelta todo lo que tengas. No es tuyo. Regálalo.
Si escribes un ensayo, lanza una idea, estállala, haz una llama con ella, y cuando el incendio esté en su mejor brillo, pasa a otra idea, y enciende otro. Prosar quema.
Si escribes una novela, lo mismo, camarada. Haz que un ser, una acción, un ambiente, encienda, y ya que el fuego arrecie, sopla otro. Narrar reacciona en cadena.
Si escribes poesía, no tengo que explicarte nada. La poesía es la aceptación de todo lo que viene, sin edición de doxa, razón o unigramática. Es el idioma-daimon. Es la visión. Supera y acapara todo léxico. Caza de fragmentos metamórficos, versar pluriversa.
El ensayo: orgasmo del conocimiento. La novela: nuestra vida más intensa. La poesía: todo el cosmos en otro código.
No hay géneros: sólo ciencias incendiarias.
No hagas caso de lo que se dice acerca de la literatura. El 90 por ciento de las nociones de los escritores de segunda mano, críticos, editores, lectores y otros miedos, son apagafuegos. Escribir es un río ígneo, recuérdalo. Agua piromaniaca. Y no te envanezcas de logro alguno. Este método lo que busca es quitar al Yo de en medio. Dejar que a través suyo huracane viento. El método es no tener ningún mérito. Cada palabra: chamana.
Pero escribir no se trata de palabras aisladas. Se trata de un ritmo extenso.
Y cuando creas que esa fase creativa ha terminado —lo sabrás porque el flujo ya no es intenso— detente abruptamente, vacaciona, dale tiempo al texto. ¿Cuánto? No sé. No te conozco ni soy tu padre. Averígualo tú. Déjate guiar por tu quíntuple instinto.
Y entonces pasa a la otra fase. La fase analítica. Autocrítica. Ocúpate de detalles. Y visiones faltantes.
Percibe la corteza creada. Quita la paja. Intensifica epifanías flojas. Rastrea tus escotomas. Aclara. Obscurece. Emociónate con cada aspecto del texto emergente. Aplica aquí la herrería legada, pues es en este momento —no en el previo— donde alguna
de esa gnosis puede ser útil.
Y aprende de lo que hiciste para que en el siguiente librar (libro es verbo) todo salga de un solo golpe, desde el primer impulso, y escribas sin mentiras, sin trucos, sin consejos, sin escudos, sino tal como eres: animal antitético, temporal, imperfecto.
Sin ningún mérito.
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649836
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