LEAN ESTA CARTA... DE JOSE MARIANO LEYVA Y LAS CAUSAS DE SU RENUNCIA AL INAH
Estimados amigos,
Como algunos de ustedes saben, en el pasado año y medio me desempeñé como subdirector de historia contemporánea de la Dirección de Estudios Históricos del INAH. El pasado martes 22 de julio he renunciado por considerar que el Instituto se encuentra sometido a criterios burocráticos que no hacen sino entorpecer el buen funcionamiento de cualquier actividad académica.
A continuación les anexo mi carta de renuncia, que tiene copia para la Opinión Pública. Lo hago porque considero importante que el orbe cultural esté enterado de algunas de las políticas de coerción que vive la academia. Quisiera pensar que es un problema que a todos ustedes les interesa.
Pido disculpas por el arranque burocrático de la carta, pero es de la forma en la que se estila. De la misma manera, para que aquellos que quieran tener completo el panorama, anterior a la carta explico de qué se trata el Servicio Profesional de Carrera y el Programa de Estímulos al desempeño de la investigación.
Por su atención y paciencia muchas gracias.
Servicio profesional de carrera
A mediados de 2006 se echó a andar en las instituciones públicas el Servicio Profesional de Carrera (SPC). La idea era lograr una certificación para los administradores públicos, de tal forma que, sin importar cambios de gobierno, en los puestos administrativos quedara el mejor capacitado. Puestos abiertos a concursos, cuyo ganador podría permanecer en el cargo, siempre y cuando aprobara exámenes y evaluaciones. Sin embargo, la ley se aplicó sin reparar en la personalidad individual de cada una de las instituciones, y con un solo criterio general: el gerencial. El SPC se aplicó también en algunos centros de investigación académica y cultural como el INAH o el INEHRM. En el caso concreto del primero, la medida entró aún en sus centros de investigación académica, aún en los puestos de coordinación académica. Así, los centros dedicados al análisis histórico, antropológico, lingüístico o arqueológico, se vieron atados por una camisa de fuerza que tomaba en cuenta, sobre todo, conceptos como clientes, calidad total, competitividad.
Hasta hace dos años, en la Dirección de Estudios Históricos, el director y subdirectores eran elegidos de entre su comunidad de investigadores. Se presentaban tres candidatos y el director general elegía a uno. Los límites eran claros: académicos que supieran crear espacios para el análisis y la investigación permanecían por tres años en la subdirección, y hasta seis en la dirección. Gracias al SPC, estos puestos ahora podrían abrirse en convocatoria para todo aquél servidor público de carrera que esté certificado. El INBA con sus ramas artísticas se encuentra en el mismo problema.
El temario de las evaluaciones que, de entrar en pleno vigor el SPC, todo coordinador académico deberá estudiar, incluye cursos de “Capacidad de liderazgo”, que entre otros temas incluye “técnicas de comunicación asertiva”, “componentes de coaching”, “tipos y características de liderazgo”. También hay un curso de “Capacidad de visión estratégica”, con temas como “Definición de satisfacción al cliente” o “Definición de factores críticos de éxito”. O bien, el curso “Orientación a resultados” de la misma manera es ineludible. Algunas de sus áreas: “Obtención de resultados de calidad” y “Orientación a la efectividad”. Finalmente está también el curso “Capacidad de negociación” y “Capacidad de trabajo en equipo”. La bibliografía del temario no apunta hacia otro lado. El servidor público de carrera puede saber muy poco de cultura, pero debe leer El arte de la negociación de nada menos que
el magnate Donald Trump (quien también publicó el libro Cómo hacerse rico). O bien Yo tengo razón, tú estás equivocado de E. Bono. O Habilidades de la mediación para los negocios de S. Coleman. De no echarse para atrás el SPC, un director de antropología o lingüística deberá leer Los 7 hábitos de la gente efectiva de S. Covey. Los coordinadores académicos gastarían su tiempo leyendo Negociación infalible de L. Leritz, o Win-win negotiating: turning conflict into agreement, de F. Jandt.
La aplicación del SPC ya ha entorpecido el buen funcionamiento de distintos cargos de coordinación académica. Las contrataciones que antaño podían ser por carga administrativa (es decir, el investigador se quedaba con su plaza de investigador y recibía un pago extra por su labor en la coordinación académica), o bien por estructura (en donde el investigador se retiraba de su plaza durante el tiempo de su cargo y se le pagaba un salario de acuerdo a un mando medio del INAH), con el SPC sólo se reducen a esta última. Más aún, en el nuevo esquema no se contempla la posibilidad de que un investigador siga realizando sus proyectos individuales a la vez que los de coordinación. Esto lo consideran nocivo, cuando en realidad, tener de coordinador a una persona que se mantenga al día en investigaciones académicas siempre logra proyectos generales de mayor interés. Tener a un coordinador que no avance en su conocimiento de la materia sólo
construye burócratas.
Programa de Estímulos al desempeño de la investigación.
Se trata de un programa para otorgar sobre sueldos a aquellos investigadores que hallan realizado la mayor cantidad de producción académica en los dos años anteriores a la evaluación. Es un derecho que todo investigador con plaza tiene dentro del INAH. El sistema se realiza a través de un concurso para ganar uno de los niveles existentes. Es decir, los investigadores interesados contienden entre sí para lograr cada uno de los estímulos, y el fallo final se otorga de acuerdo a los trabajos (conferencias, artículos, libros) realizados.
Presento ahora copia de la carta mencionada:
Julio 15 de 2008
EMB. ALFONSO DE MARIA Y CAMPOS CASTELLÓ
DIRECTOR GENERAL
INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA
PRESENTE
Sirva la presente para responder a dos oficios, el enviado por el Lic. Julio Castellanos Ramírez (No. 1019/2007, de fecha 7 de septiembre) y el enviado por el Dr. Rafael Pérez Miranda (No. 401.2-660, de fecha 30 de junio de 2008), así como para exponer algunas de las inquietudes que se me han presentado en el año y medio que he ejercido como Subdirector de historia contemporánea en la Dirección de Estudios Históricos y la resolución que he tomado.
En el oficio del Dr. Pérez Miranda se me indica que a la conclusión del Programa de Estímulos al Desempeño en la investigación, la Comisión Académica de Evaluación notificó que mi resultado final me colocaba en el primer nivel o categoría A, pero que “de acuerdo con lo que establece el Artículo 11º del Reglamento del Programa de estímulos al desempeño en la investigación 2008, el pago del estímulo no se hará efectivo hasta el momento en que reingrese a su plaza de investigador y no será aplicado de forma retroactiva.”
De la misma manera, en el oficio del Lic. Julio Castellanos Ramírez, se me indica que mi puesto como Subdirector tiene vigencia de sólo diez meses a partir del 7 de septiembre de 2007, es decir hasta el 7 de julio del presente. Sobre este asunto, que pensaría como urgente, no he recibido comunicación alguna por parte de las autoridades para aclarar mi situación.
Al respecto, me sirvo comunicar lo siguiente: jamás me he separado de mi plaza como investigador, ya que mi contratación en el puesto de Subdirector es por carga administrativa. Es decir: no puedo “regresar a mi plaza como investigador” si jamás me he ido de ella. Lo anterior constituye un absurdo. Pero obviando por un momento lo anterior, y haciendo caso al oficio del Lic. Castellanos, mi contratación por carga administrativa incluso ha terminado hace poco más de una semana sin que se me indique lo contrario. Otra incongruencia.
La lógica administrativa que vive el INAH, y que responde a nefastos casos como la aplicación del SPC o el castigo económico aplicado a las áreas de coordinación académica, afectan seriamente al buen ejercicio de sus funciones. Dicha lógica, lejos de administrar, parece que desarticula las labores de otra índole, logrando el sin sentido: una institución académica que termina siendo administrativa, para quien la pregunta natural sería ¿qué es lo que va a administrar, si las funciones primigenias van siendo cada vez más constreñidas?
De manera concreta, desde que mi puesto ha sido el de un Encargado de Despacho, y nunca ha quedado claro el periodo de mis funciones (que antes se normaba con el criterio académico y tenía una duración de tres años), los proyectos que he iniciado han quedado sometidos al aspecto endeble del panorama administrativo. De esa forma jamás se podrán realizar planes de mayor envergadura o impacto.
De cualquier manera, durante mi coordinación académica (de marzo de 2007 al presente), y a pesar de los contratiempos administrativos, hemos realizado varios proyectos que considero interesantes. Refiero algunos: dos coloquios internos de mi área, dos diplomados sobre historia del siglo XX mexicano, un ciclo de conferencias sobre la estética del cuerpo y lo siniestro que tuvo especial acogida entre los diferentes círculos culturales, otro ciclo de conferencias sobre represtaciones artísticas de la Revolución mexicana, un ciclo de cine comentado por especialistas historiadores, antropólogos y críticos cinematográficos, varias presentaciones de libros y reuniones académicas, la elaboración de más de 15 proyectos de distinta índole para la conmemoración del centenario de la Revolución mexicana, y el bicentenario de la Independencia, la coordinación de la Comisión editorial de mi centro, la organización de un catálogo de publicaciones de la DEH, así como de un número monográfico de Diario de campo correspondiente a mi área. De la misma manera, la organización de una amplia colección de libros que, bajo el título de Claves para la historia contemporánea, reunieron a más de 25 investigadores de mi área con el resultado de cinco obras ya escritas, cotejadas y discutidas, las correspondientes a historia de las Mujeres, Sindicalismo, Imagen, Oposiciones políticas y sociales, y Literatura; además de cinco más en proceso, correspondientes a historia de las Fronteras, Relaciones México - EU, Ocio y Tecnología. Este proyecto, cabe señalar, logra la contextualización de trabajos académicos específicos, obteniendo así una difusión pensada para cualquier alumno de licenciatura, que no desmerece en calidad. Todos los anteriores no incluyen otro tanto que el día de hoy se encuentran en proceso. Es decir, quedan en el tintero.
Aunada a esta coordinación académica, estuvieron también las resoluciones y coordinaciones de proyectos personales de cada uno de los investigadores en lo que respectaba a publicaciones de libros, ponencias y conferencias dentro y fuera del país, estancias de investigación de profesores invitados, entre muchos otros.
En fin, la naturaleza del grueso de los proyectos mencionados tenía como uno de sus propósitos abrir la academia y sus valiosos estudios al orbe cultural para lograr a un tiempo profundidad y difusión de sus propuestas.
Lo anterior lo he logrado al mismo tiempo que mis proyectos personales que incluyen en este último año y medio: la publicación de más de veinte artículos en revistas científicas y de difusión, la participación en antologías ensayísticas, un par de introducciones a libros históricos, una decena de conferencias y ponencias dentro y fuera del INAH, dictámenes a libros, la culminación de un libro científico a punto de editarse, lo mismo que la coordinación y participación en otra colección de cinco libros de antologías que indagan en la imagen del joven escritor en el siglo XX.
Para realizar todo lo anterior, siempre había imaginado que existía la opción de permanecer en la plaza de investigación con una carga administrativa que permitiera realizar tanto las labores de coordinación como los proyectos personales. Uno nunca en detrimento del otro. Lo cual entra en completa contradicción con el Artículo 11º del Reglamento del Programa de estímulos al desempeño en la investigación 2008, que parecería indicar que, de acuerdo a la retorcida lógica administrativa, sólo renunciando a mis labores como coordinador académico, soy digno de recibir una remuneración más justa. Es decir, sólo si realizo un menor esfuerzo académico se me recompensará entonces administrativamente. Así, el galardón para todas las labores anteriores, que deberían formar parte orgullosa del trabajo que se hace dentro del INAH, se traduce, el día de hoy, en una reducción de mis percepciones económicas, además de la prolongación de la incertidumbre del puesto, que incluye una ausencia de comunicación por parte de las autoridades para esclarecer o resolver el asunto. Lo anterior, considero sinceramente, es también una falta de respeto por las labores de coordinación académica, aún por la naturaleza académica que supuestamente debería regirnos.
Es decir, entre la aplastante entrada en vigor de algunas leyes, la aplicación parcial de otras y la posibilidad de aplicación de las más nocivas, todas de corte administrativo, un coordinador académico recibe, al final, el peor de los tratos. Un escarmiento administrativo por sus iniciativas académicas. Esto, por más entusiasmo y capacidad con la que se cuente, es desalentador por lo ilógico.
Por todo lo anterior, y considerando que la situación resulta insostenible, me permito presentarle a usted mi renuncia como supuesto Subdirector de historia contemporánea de la Dirección de Estudios Históricos, o bien como Encargado de Despacho.
Atentamente
José Mariano Leyva Pérez Gay
Ccp. Dr. Rafael Pérez Miranda, Secretario Técnico del INAH.
Ccp. Dr Arturo Soberón, Director DEH.
Ccp. Dr. Abel Ramos, Subdirector investigaciones históricas.
Ccp. Lic. Manuel Yarto, Administrador DEH.
Ccp. Centros INAH.
Ccp. Opinión pública.
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