¿Qué habré escrito sin sangrar ni pintado sin haberlo visto antes con mis ojos?”, se preguntaba José Martí en algún documento.
9-Agosto-08
¿Qué habré escrito sin sangrar ni pintado sin haberlo visto antes con mis ojos?”, se preguntaba José Martí en algún documento. Poeta, filósofo, profesor, editor de revistas para adultos y niños, escritor político, líder de la lucha independentista cubana y prolífico fundador del género modernista de la crónica, según sostiene Susana Rotker en La invención de la crónica, el llamado Apóstol nació en La Habana, hijo de valenciano y canaria, el 28 de enero de 1853, para morir en Dos Ríos, Cuba, el 19 de mayo de 1895, a manos de los soldados españoles enviados para sofocar el levantamiento organizado por Martí.
Aunque dibujos y caricaturas, con herramientas para hacer una buena pintura humorística de Simón Bolívar o de él mismo, no son medulares —pues el centro de José Martí fueron la escritura y la política—, sí son entrañables. Esto viene al caso porque ha caído en manos de esta cronista, vía la librería del Fondo de Cultura Económica, un estupendo libro dedicado a la figura de Martí. Se trata del número 42 de la Revista Ilustrada de Información Poética del Ministerio de Cultura en Madrid, España, revista-libro de impecable edición en tintas negra y roja, la primera para distinguir los textos de Martí y la segunda para reconocer semblanzas de autores como Rubén Darío y Manuel Gutiérrez Nájera, también considerados por Rotker entre los fundadores de la crónica moderna. José Martí. Obra y vida, de Siruela, es producto, se nos advierte, de la consulta de “más de doce mil páginas de textos de toda índole […] unidos a una bibliografía de José Martí desmesurada y casi inabarcable, más cien años de hagiografía”. A lo largo de más de 200 páginas se reproducen fragmentos de discursos incendiarios, casi religiosos, una especie de antología poética con la imagen de María García Granados, inspiradora de “La niña de Guatemala”; obra narrativa y dramática, crónicas sobre arte y temas sociales como “La caza de negros” o “He aquí a Oscar Wilde”, y textos de La Edad de Oro, la revista para niños editada y redactada por Martí con temas como Simón Bolívar, El padre Las Casas y la Ilíada, y hasta una “Historia de la Cuchara y el Tenedor”.
Elementos de un sueño
Sumergida entre textos diversos, quien esto escribe se ve en dificultades para seleccionar algún fragmento citable. Entre la novela magnífica de Francisco Goldman, El esposo divino, y los propios textos del cubano, asombra por su modernidad la prosa pequeñita “Elementos de un sueño”: “Recuerdo sexual, excesivo. Una lámina del edificio más alto de New York. Al volver de noche a la casa, un tubo de estaño, largo y de muchas vueltas. En el sueño, la casa era la mujer, y el tubo, enorme, creciente, rabelesiano, flexible, a medio erguir, había cambiado de forma. (La imaginación compone en el sueño los elementos que ha recibido dispersos de la realidad.)”
Degas defendido por José Martí
Martí se inició como cronista de arte (que no crítico) en el periódico The Hour, publicado en Nueva York. Conocedor profundo de la pintura, comunicó algún día a su amigo Manuel Mercado: “Yo amo tenazmente al arte. Hoy tenía un peso, lo he gastado en tazas de Japón”. Más de la mitad de su obra fue publicada en periódicos, y sin embargo, según argumenta Rotke, el desinterés de la crítica en esta literatura, veloz e híbrida y compuesta a partir de la vida diaria, fuera una pelea de box o el coctel de una exposición, ha afectado la valoración de Martí y Darío, una omisión notable califica, así como la de los escritores modernistas. Ha sido así “a pesar de su importancia para comprender una etapa fundamental de la cultura hispanoamericana”.
Pero volviendo a Edgar Degas, a quien recibieron fríamente en Nueva York, fue Martí el único en admirar a los impresionistas. Mientras los demás, impermeables a las nuevas expresiones exigidas por el nuevo mundo en constante modernización tras la Revolución Industrial, rechazaban un arte que se les dificultaba comprender. En materia política Martí era igualmente visionario. En arte o política, él defendía ideales: “La idea consagra, enciende, adelgaza, sublima, purifica: da una estatura que no se ve y se siente: limpia el espíritu de escoria [...] El Jesús de Munkacsy es el poder de la idea pura”. Todo ello queda consignado en este libro. Búscalo, lector.
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Magali Tercero
José Martí. Obra y vida. Revista Ilustrada de Información Poética No. 42. España, Ministerio de Cultura. Ediciones Siruela. 1995.
http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=649842