Yukio Mishima fue un autor polémico, entre otras cosas porque solía decir lo que pensaba sin matices ni diplomacia de por medio. Eso, en el quisquilloso mundo literario —que no sólo se remite al japonés—, nunca fue bien recibido.
9-Agosto-08
Yukio Mishima fue un autor polémico, entre otras cosas porque solía decir lo que pensaba sin matices ni diplomacia de por medio. Eso, en el quisquilloso mundo literario —que no sólo se remite al japonés—, nunca fue bien recibido. Como tampoco lo fue su amplio reconocimiento por un autor como Junichiro Tanizaki (1886-965), cuya obra siempre osciló entre lo sublime y lo escandaloso.
La obra de Tanizaki proviene del choque de dos culturas: la modernidad de Occidente y el tradicionalismo oriental. Este conflicto se manifestó de forma tácita en su vida: su padre tenía un negocio de alumbrado de petróleo justo cuando llegó la luz eléctrica a Japón; el joven Tanizaki se vio obligado entonces a ganarse la vida para poder estudiar letras.
Buena parte de sus escritos presentan a la perversión como motivo central y a la mujer como ente dominante y más bien malévolo. Se trata de libros derivados, según el propio autor, de la lectura de manuales de sexología que por entonces llegaban a Japón desde Occidente: Havelock-Ellis y Richard von Krafft-Ebing, autor de una Psycopathia sexualis, fueron leídos a conciencia en los círculos literarios de la época. Así, en la obra de Tanizaki la perversión será una constante, al menos en sus publicaciones más célebres: Arenas movedizas, La vida enmascarada del señor de Musashi, Diario de un viejo loco y La llave.
Otra faceta de su obra busca si no rescatar, al menos honrar el mundo tradicional japonés que Tanizaki fue viendo desaparecer primero debido a los fuertes terremotos que asolaron Japón a finales del XIX y después con el advenimiento de la era industrial. Novelas como Hay quien prefiere las ortigas, Naomi y Las hermanas Makioka se inscriben en esta nostalgia que a veces toma un tinte casi desesperado. A diferencia de un autor como Kawabata que también refrendó lo mismo, el mundo de Tanizaki es por completo ficticio, el contexto social es verdadero, no así las historias. Es por esta capacidad creativa por lo que más se le reconoce en Japón.
Al margen de estas dos vertientes habrá que resaltar un libro y una traducción. La traducción es ni más ni menos que el Genji monogatari, o La historia de Genji, el primer libro de la historia, según se dice, que Tanizaki se dio a la tarea de traducir del chino antiguo y que en más de un modo acabaría por influir su literatura. De hecho, lo tradujo dos veces, pues la primera ocasión algunas partes no pasaron la censura del Imperio. Y el libro es El elogio de la sombra, texto minúsculo con aire de manual de estética japonés pero que no deja de insuflar un toque nostálgico, como si el autor hubiera tenido por cometido escribirlo para lamentar la pérdida de las añejas costumbres japonesas en detrimento de un mundo moderno y práctico, poco interesado en la tradición. El libro, rico en lecturas e interpretaciones, tendrá una muy buena recepción en Occidente, tan sólo la edición española ha visto ya 20 ediciones.
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José Abdón Flores
Foto: Especial
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