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Ironía y neta en Monsiváis
A pesar de ser perredista, Monsiváis es el escritor mexicano vivo más interesante.
2-Mayo-08
A pesar de ser perredista, Monsiváis es el escritor mexicano vivo más interesante.
Monsiváis heredó de Novo la ironía, que es conservadora. Comúnmente se dice que Monsiváis continúa a Novo; él mismo promueve esta herencia. Pero es inexacto. La ironía de Novo era reaccionaria. Monsiváis retruecanea desde la izquierda. Intenta hacer que la ironía se vuelva liberal. Es un utopista.
La ironía satiriza el lenguaje dominante. Pero lo repite literalmente: no puede escapar de él. Lo cita. Es una incredulidad cautiva.
De Novo a Monsiváis aumentó el pensamiento crítico. Novo no era lúcido, baste como prueba las pendejadas que opinaba ante sucesos como el 68, que él hubiera preferido 69.
Pero el sentido del humor, generalmente, ríe a sabiendas de que el régimen no cambia. La ironía es estatista. He ahí cierta novocación persistente en la escritura de Monsiváis.
Paz lo acusó de no tener ideas sino ocurrencias. Señalamiento raro en alguien que no tenía ideas sino criptocitas. En Monsiváis el ingenio que recombina discursos, que los dinamita a través de la certeza de que todos los caminos llevan a Broma, encuentra su culminación.
La ironía de Novonsiváis es ya tan importante como el cantinfleo en términos de descomposición de demagogias.
(La ironía es lo queda cuando las revoluciones fallan.)
Junto a esta ironía, sin embargo, hay otro centro que lo define: el lenguaje de la Neta.
La neta es la “verdad popular”; la fe en que el “pueblo” (¡valedor chingón!) define mejor. (Está más cabrón y, en suma, es más chido.)
Ironía y neta son los ingredientes principales del estilo de Monsiváis.
Porra o afrenta, si no existiera la literatura europea o hispanoamericana, de muchos modos, existiría Monsiváis. Porra o afrenta, si no existiera el lenguaje popular mexicano, existirían sus gatos pero no Monsiváis.
Se trata del escritor más mexicano que todos. Arda a quien le arda. La retórica de la risa de este trickster chilanglosajón —porque es evidente que lo lúdico también le vino por lecturas de juegos anglos— ya lo volvieron un clásico. Inventó un lenguaje literario.
No me simpatiza su persona, lo confieso. Pero creo que su persona tampoco le simpatiza a él.
Ahora, el verdadero legado de Monsiváis es una pregunta: ¿cómo fabricar un lenguaje lúdico y crítico, poético y político que vaya más allá de la ironía, atávicamente conservadora, y más allá de la confianza polifónica en la neta, atávicamente ultraconservadora? (Fox hizo que la neta se sentara en la Silla).
Por otro lado, si alguien lo ve en alguna marcha, por favor, hágale saber que su mejor obra todavía no la ha escrito. Se trata de Memorias de Monsiváis, en que despiadadamente relate su siglo XX autobiográfico, la crónica de sí.
Monsiváis es el único escritor que puede elevar el gossip a gran género literario.
Por: Heriberto Yépez
fuente: http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/nota.asp?id=620055
jueves, 8 de mayo de 2008
Editorial
Rusia: traspaso de poder y perspectivas mundiales
El traspaso formal de poderes que se llevó a cabo ayer en Rusia, con el relevo de Vladimir Putin –a partir de hoy nuevo primer ministro– por Dimitri Medvediev en la presidencia, cobra especial relevancia por el indiscutible peso que ese país mantiene hoy en día en el panorama internacional.
En efecto, con el fin de la guerra fría concluyó uno de los periodos de mayor tensión militar entre dos superpotencias con capacidad armamentista suficiente para arrastrar al mundo a su destrucción. En la actualidad, Rusia ya no representa la amenaza estratégica al equilibrio de poder que fue para Washington hasta finales de la década de los 80, pero ello no ha impedido que, al día de hoy, sea la segunda potencia nuclear, el país con el territorio más extenso y el principal exportador mundial de hidrocarburos. La importancia de Rusia en el plano mundial no puede ponerse en discusión y todo cambio que haya en su política interna es objeto de análisis y de atención por parte de la comunidad internacional.
Vladimir Putin deja la presidencia rusa tras ocho años en los que esa nación exhibió avances innegables en términos económicos, pero también claros retrocesos en materia de democracia, de libertades civiles y derechos humanos. Ciertamente, el nuevo presidente ruso contará con un margen de acción limitado para gobernar al margen de la tutela de su antecesor, en parte por la influencia política y personal que Putin ejerce sobre Medvediev, y en parte porque el sistema político permitirá que el ex presidente siga ejerciendo una importante cuota de poder, ahora como primer ministro.
Por otra parte, la sucesión en la presidencia de Rusia cobra especial relevancia porque pudiera implicar un nuevo rumbo en las relaciones de ese país con Estados Unidos, también a punto de renovar el Poder Ejecutivo. En general, los gobiernos salientes de George W. Bush y Vladimir Putin lograron cierto nivel de entendimiento que se vio reflejado, por ejemplo, en la firma de una declaración conjunta sobre relación bilateral en abril pasado, en la que ambos países afirman que ya no son enemigos ni constituyen una amenaza mutua y en la que reiteraron su voluntad de reducir sus respectivos arsenales nucleares “hasta su nivel más bajo posible”. No obstante, hubo también momentos que hicieron revivir las tensiones de décadas atrás entre ambos países, como la amenaza de Putin de apuntar misiles hacia objetivos estadunidenses ante los planes de Washington de construir un sistema de defensa antimisiles en Europa del este, o el disgusto ruso por el reconocimiento de la independencia de Kosovo, Estado-nación creado de manera artificial y al margen de la legalidad internacional. En lo sucesivo, habrá que ver cómo funcionan estas relaciones con dos nuevos mandatarios despachando en el Kremlin y la Casa Blanca, respectivamente.
Por último, no puede dejar de señalarse la importancia que reviste el hecho de que dos de las naciones más poderosas del orbe renueven sus gobiernos en un contexto mundial marcado por la amenaza de la hambruna, y en el que la pobreza y la desigualdad imperantes vulneran los derechos de millones de personas. Ante tal panorama, sería deseable, y hasta imperativo, por elementales razones humanitarias, que con la alternancia en el poder en Estados Unidos y Rusia se diera un cambio de fondo en sus respectivas actitudes tradicionales, y que en vez de que esos dos gigantes sigan destinando cuantiosos recursos económicos al acrecentamiento de su poder armamentista y al fortalecimiento de sus mecanismos de defensa, trabajaran de manera conjunta para la consolidación de un mundo más justo y equilibrado.
http://www.jornada.unam.mx/2008/05/08/index.php?section=opinion&article=002a1edi
El traspaso formal de poderes que se llevó a cabo ayer en Rusia, con el relevo de Vladimir Putin –a partir de hoy nuevo primer ministro– por Dimitri Medvediev en la presidencia, cobra especial relevancia por el indiscutible peso que ese país mantiene hoy en día en el panorama internacional.
En efecto, con el fin de la guerra fría concluyó uno de los periodos de mayor tensión militar entre dos superpotencias con capacidad armamentista suficiente para arrastrar al mundo a su destrucción. En la actualidad, Rusia ya no representa la amenaza estratégica al equilibrio de poder que fue para Washington hasta finales de la década de los 80, pero ello no ha impedido que, al día de hoy, sea la segunda potencia nuclear, el país con el territorio más extenso y el principal exportador mundial de hidrocarburos. La importancia de Rusia en el plano mundial no puede ponerse en discusión y todo cambio que haya en su política interna es objeto de análisis y de atención por parte de la comunidad internacional.
Vladimir Putin deja la presidencia rusa tras ocho años en los que esa nación exhibió avances innegables en términos económicos, pero también claros retrocesos en materia de democracia, de libertades civiles y derechos humanos. Ciertamente, el nuevo presidente ruso contará con un margen de acción limitado para gobernar al margen de la tutela de su antecesor, en parte por la influencia política y personal que Putin ejerce sobre Medvediev, y en parte porque el sistema político permitirá que el ex presidente siga ejerciendo una importante cuota de poder, ahora como primer ministro.
Por otra parte, la sucesión en la presidencia de Rusia cobra especial relevancia porque pudiera implicar un nuevo rumbo en las relaciones de ese país con Estados Unidos, también a punto de renovar el Poder Ejecutivo. En general, los gobiernos salientes de George W. Bush y Vladimir Putin lograron cierto nivel de entendimiento que se vio reflejado, por ejemplo, en la firma de una declaración conjunta sobre relación bilateral en abril pasado, en la que ambos países afirman que ya no son enemigos ni constituyen una amenaza mutua y en la que reiteraron su voluntad de reducir sus respectivos arsenales nucleares “hasta su nivel más bajo posible”. No obstante, hubo también momentos que hicieron revivir las tensiones de décadas atrás entre ambos países, como la amenaza de Putin de apuntar misiles hacia objetivos estadunidenses ante los planes de Washington de construir un sistema de defensa antimisiles en Europa del este, o el disgusto ruso por el reconocimiento de la independencia de Kosovo, Estado-nación creado de manera artificial y al margen de la legalidad internacional. En lo sucesivo, habrá que ver cómo funcionan estas relaciones con dos nuevos mandatarios despachando en el Kremlin y la Casa Blanca, respectivamente.
Por último, no puede dejar de señalarse la importancia que reviste el hecho de que dos de las naciones más poderosas del orbe renueven sus gobiernos en un contexto mundial marcado por la amenaza de la hambruna, y en el que la pobreza y la desigualdad imperantes vulneran los derechos de millones de personas. Ante tal panorama, sería deseable, y hasta imperativo, por elementales razones humanitarias, que con la alternancia en el poder en Estados Unidos y Rusia se diera un cambio de fondo en sus respectivas actitudes tradicionales, y que en vez de que esos dos gigantes sigan destinando cuantiosos recursos económicos al acrecentamiento de su poder armamentista y al fortalecimiento de sus mecanismos de defensa, trabajaran de manera conjunta para la consolidación de un mundo más justo y equilibrado.
http://www.jornada.unam.mx/2008/05/08/index.php?section=opinion&article=002a1edi
Astillero
Por: Julio Hernández López
Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx
■ Otra historia Chucha de colaboracionismo
Con los actos de servilismo del diputado Francisco Javier Santos Arreola hacia Felipe Calderón, el PRD simplemente está pagando los costos del oportunismo electoral que le ha llevado a habilitar como propios a personajes de origen, formación y propósitos absolutamente distintos a los del partido presuntamente de izquierda.
El “perredista” que acompañó el pasado martes a Calderón en un acto oficial y, al hablar, le dijo “presidente de todos los mexicanos” y se lanzó contra “caudillos” del sol azteca, es hijo del primer panista en llegar a la presidencia municipal de Cuautitlán, Francisco Santos Covarrubias, quien ganó en 1990 esa alcaldía y abrió el camino para lo que luego sería considerado el “corredor azul” de la zona conurbada de aquella entidad con el Distrito Federal (papá Santos, quien también fue diputado federal blanquiazul, renunció en 2006 al PAN porque no lo quisieron hacer candidato a presidir de nuevo Cuautitlán, postulación que enseguida consiguió con cargo al PRD y Convergencia).
Santos Arreola (S.A.) fue secretario particular del presidente municipal panista de Tultitlán Juan Antonio Ríos Granados, quien tuvo momentos de cuestionada fama como “actor” de películas de ínfima calidad que rodaba mientras era alcalde y al otorgarse altísimos sueldos y colocarse bajo permanentes sospechas de corrupción (el “actor-alcalde” fue expulsado del partido blanquiazul y murió en 2007 al caer en su avioneta particular sobre una casa en Atizapán de Zaragoza). Ese diputado federal “perredista”, S.A., que se acomidió a reconocer a Calderón como mandatario (contra la instrucción precisa de los órganos de decisión del PRD) es ahijado político de Higinio Martínez, jefe del Grupo de Acción Política (GAP) que desde Texcoco ha crecido hasta convertirse en masivo traficante clientelar de la pobreza, eficaz aliado de facto de los gobernadores priístas de la entidad y promotor de fichas de oportunismo como la de S.A. para cargos municipales y legislativos. El GAP, ejecutor virtuoso de las políticas de “negociación” de los chuchos con el poder, apoyó a Jesús Ortega para la presidencia nacional del PRD a cambio de la postulación a secretario general de Horacio Duarte, el sospechosamente fallido coordinador de la defensa jurídica de López Obrador en 2006.
El acercamiento explícito de los Nuevos Izquierdistas de Siempre con Calderón tiene como antecedente la visita que el 25 de julio del año pasado hicieron a Los Pinos el senador Héctor Bautista y los diputados federales Hugo de la Rosa y Eduardo Martínez, dirigentes de Alianza Democrática Nacional, otra organización del estado de México que mantiene alianza formal con los chuchos, luego de una presunta huelga de hambre que terminó cuando sus “demandas” de apoyo clientelar fueron amablemente atendidas en la residencia oficial del Poder Ejecutivo –conforme al libreto del caso– por los licenciados Calderón y Ramírez Acuña. La presidenta de la mesa directiva de la cámara de diputados, Ruth Zavaleta, también hizo guiños de entendimiento al calderonismo en la persona de la primera esposa del país, Margarita Zavala, cuando le propuso el 24 de octubre de 2007, en la inauguración de un congreso internacional sobre adicciones, que ambas hicieran “un frente común (…) un frente por un problema de Estado que es el problema de las adicciones en nuestro país; que no claudiquemos en nuestros ideales pero que sí renunciemos a cualquier tipo de obstáculo ideológico para enfrentar juntas este problema”.
En ese contexto de progresivo acercamiento público del chuchismo al funcionario al que oficialmente el PRD considera espurio, el diputado Santos Arreola participó el pasado martes en un acto de firma de un decreto promulgatorio de una reforma constitucional en materia de gasto público y fiscalización. Según el presentador de Los Pinos, el “perredista” asistió por ser secretario de la comisión jurisdiccional de la Cámara de Diputados. En esencia, el convidado se dedicó a celebrar con entusiasmo acrítico el cambio fenomenal que según eso significarán las sensacionales reformas aprobadas. Y de inmediato, sin transición, Santos Arreola entraba a tropezones lingüísticos al tema de su mayor interés: “Hoy este México está cambiando y aunque hubiera algunos, inclusive en mi partido, que quisiera seguir habiendo Méxicos totalitarios, Méxicos donde sólo se haga su voluntad, México hoy le dice al mundo que no puede seguir habiendo líderes o caudillos que se sienten dueños de su verdad”. En seguida dejaba constancia verbal de su adscripción tribal (como el vendedor que deja una tarjeta de presentación con la esperanza de que le hagan posteriores compras): “Por ello hoy reconozco en estas reformas constitucionales un gran avance. Reciba a nombre de mi compañero Antonio Ortega Martínez, presidente de esta comisión de la Función Pública, un saludo”. Dejados los atentos recados del hermano del Chucho mayor, el diputado colaboracionista de penosa sintaxis se puso masiosare: “Sin lugar a dudas no ver que le hacen falta estos cambios a México es no tenerle amor a nuestro país. Y la gente que no le tiene amor a nuestro país, esa sí no es digna de ser mexicana”.
Los chuchos y sus aliados. El colaboracionismo siempre negado pero siempre activo. Consecuencias del oportunismo electoral que sacrifica todo en aras de presuntas “ganancias” en las urnas. Así está el PRD, partido por la mitad, con el control estructural en manos de la Nueva Izquierda, cada vez más descarada y retadora, que con la división y el desencanto ayuda a la causa de Los Pinos.
Y, mientras queda establecido por un juez federal que 50 pesos de multa es lo que ha de pagarse por presuntos ultrajes a la bandera cometidos mediante escritos campechanos de mala calidad pero necesitados de libertad (“La patria entre mierda” se titula el trabajo sentenciado, que en realidad parece una simple descripción de la cotidianidad política y social de nuestro país), ¡hasta mañana, con el EPR respondiendo lo único que podría hacer frente al tramposo comunicado mouriñista de “aceptación” del diálogo (con órdenes de aprehensión a un lado)!
http://www.jornada.unam.mx/2008/05/08/index.php?section=opinion&article=004o1pol
Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx
■ Otra historia Chucha de colaboracionismo
Con los actos de servilismo del diputado Francisco Javier Santos Arreola hacia Felipe Calderón, el PRD simplemente está pagando los costos del oportunismo electoral que le ha llevado a habilitar como propios a personajes de origen, formación y propósitos absolutamente distintos a los del partido presuntamente de izquierda.
El “perredista” que acompañó el pasado martes a Calderón en un acto oficial y, al hablar, le dijo “presidente de todos los mexicanos” y se lanzó contra “caudillos” del sol azteca, es hijo del primer panista en llegar a la presidencia municipal de Cuautitlán, Francisco Santos Covarrubias, quien ganó en 1990 esa alcaldía y abrió el camino para lo que luego sería considerado el “corredor azul” de la zona conurbada de aquella entidad con el Distrito Federal (papá Santos, quien también fue diputado federal blanquiazul, renunció en 2006 al PAN porque no lo quisieron hacer candidato a presidir de nuevo Cuautitlán, postulación que enseguida consiguió con cargo al PRD y Convergencia).
Santos Arreola (S.A.) fue secretario particular del presidente municipal panista de Tultitlán Juan Antonio Ríos Granados, quien tuvo momentos de cuestionada fama como “actor” de películas de ínfima calidad que rodaba mientras era alcalde y al otorgarse altísimos sueldos y colocarse bajo permanentes sospechas de corrupción (el “actor-alcalde” fue expulsado del partido blanquiazul y murió en 2007 al caer en su avioneta particular sobre una casa en Atizapán de Zaragoza). Ese diputado federal “perredista”, S.A., que se acomidió a reconocer a Calderón como mandatario (contra la instrucción precisa de los órganos de decisión del PRD) es ahijado político de Higinio Martínez, jefe del Grupo de Acción Política (GAP) que desde Texcoco ha crecido hasta convertirse en masivo traficante clientelar de la pobreza, eficaz aliado de facto de los gobernadores priístas de la entidad y promotor de fichas de oportunismo como la de S.A. para cargos municipales y legislativos. El GAP, ejecutor virtuoso de las políticas de “negociación” de los chuchos con el poder, apoyó a Jesús Ortega para la presidencia nacional del PRD a cambio de la postulación a secretario general de Horacio Duarte, el sospechosamente fallido coordinador de la defensa jurídica de López Obrador en 2006.
El acercamiento explícito de los Nuevos Izquierdistas de Siempre con Calderón tiene como antecedente la visita que el 25 de julio del año pasado hicieron a Los Pinos el senador Héctor Bautista y los diputados federales Hugo de la Rosa y Eduardo Martínez, dirigentes de Alianza Democrática Nacional, otra organización del estado de México que mantiene alianza formal con los chuchos, luego de una presunta huelga de hambre que terminó cuando sus “demandas” de apoyo clientelar fueron amablemente atendidas en la residencia oficial del Poder Ejecutivo –conforme al libreto del caso– por los licenciados Calderón y Ramírez Acuña. La presidenta de la mesa directiva de la cámara de diputados, Ruth Zavaleta, también hizo guiños de entendimiento al calderonismo en la persona de la primera esposa del país, Margarita Zavala, cuando le propuso el 24 de octubre de 2007, en la inauguración de un congreso internacional sobre adicciones, que ambas hicieran “un frente común (…) un frente por un problema de Estado que es el problema de las adicciones en nuestro país; que no claudiquemos en nuestros ideales pero que sí renunciemos a cualquier tipo de obstáculo ideológico para enfrentar juntas este problema”.
En ese contexto de progresivo acercamiento público del chuchismo al funcionario al que oficialmente el PRD considera espurio, el diputado Santos Arreola participó el pasado martes en un acto de firma de un decreto promulgatorio de una reforma constitucional en materia de gasto público y fiscalización. Según el presentador de Los Pinos, el “perredista” asistió por ser secretario de la comisión jurisdiccional de la Cámara de Diputados. En esencia, el convidado se dedicó a celebrar con entusiasmo acrítico el cambio fenomenal que según eso significarán las sensacionales reformas aprobadas. Y de inmediato, sin transición, Santos Arreola entraba a tropezones lingüísticos al tema de su mayor interés: “Hoy este México está cambiando y aunque hubiera algunos, inclusive en mi partido, que quisiera seguir habiendo Méxicos totalitarios, Méxicos donde sólo se haga su voluntad, México hoy le dice al mundo que no puede seguir habiendo líderes o caudillos que se sienten dueños de su verdad”. En seguida dejaba constancia verbal de su adscripción tribal (como el vendedor que deja una tarjeta de presentación con la esperanza de que le hagan posteriores compras): “Por ello hoy reconozco en estas reformas constitucionales un gran avance. Reciba a nombre de mi compañero Antonio Ortega Martínez, presidente de esta comisión de la Función Pública, un saludo”. Dejados los atentos recados del hermano del Chucho mayor, el diputado colaboracionista de penosa sintaxis se puso masiosare: “Sin lugar a dudas no ver que le hacen falta estos cambios a México es no tenerle amor a nuestro país. Y la gente que no le tiene amor a nuestro país, esa sí no es digna de ser mexicana”.
Los chuchos y sus aliados. El colaboracionismo siempre negado pero siempre activo. Consecuencias del oportunismo electoral que sacrifica todo en aras de presuntas “ganancias” en las urnas. Así está el PRD, partido por la mitad, con el control estructural en manos de la Nueva Izquierda, cada vez más descarada y retadora, que con la división y el desencanto ayuda a la causa de Los Pinos.
Y, mientras queda establecido por un juez federal que 50 pesos de multa es lo que ha de pagarse por presuntos ultrajes a la bandera cometidos mediante escritos campechanos de mala calidad pero necesitados de libertad (“La patria entre mierda” se titula el trabajo sentenciado, que en realidad parece una simple descripción de la cotidianidad política y social de nuestro país), ¡hasta mañana, con el EPR respondiendo lo único que podría hacer frente al tramposo comunicado mouriñista de “aceptación” del diálogo (con órdenes de aprehensión a un lado)!
http://www.jornada.unam.mx/2008/05/08/index.php?section=opinion&article=004o1pol
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