martes, 13 de mayo de 2008

De tal palo tal astilla · El Fisgón


http://www.jornada.unam.mx/2008/05/13/index.php?section=cartones&id=2

Editorial

Calderón: delincuencia y despropósitos
En una inopinada reiteración de sus exhortaciones para el combate a la delincuencia, el titular del Ejecutivo federal, Felipe Calderón, exigió ayer a la sociedad en general, a los medios informativos, y a los poderes Judicial y Legislativo, respaldo a sus estrategias de seguridad. Entre otras cosas, “exigió” a los ciudadanos que “no sean cómplices de la ilegalidad” y que denuncien los delitos; dijo que el Judicial “tiene” que emprender una transformación para “cerrarle el paso a la impunidad”, sugiriendo que es responsabilidad exclusiva de ese poder el hecho de que delincuentes como el presunto asesino material del jefe policiaco Edgar Millán se encuentren fuera de la cárcel a pesar de su trayectoria criminal.

Por añadidura, el gobernante “exigió” a los medios informativos que “manifiesten y divulguen las acciones” gubernamentales que “están deteniendo la estructura de los criminales, que es una estrategia que busca sembrar terror, es una estrategia compartida por los propios medios de comunicación” (sic), y a renglón seguido lanzó una acusación absurda e inaceptable: “quienes insinúan que el gobierno se haga para atrás en esta estrategia son, precisamente, quienes buscan que nosotros abandonemos a periodistas, a ciudadanos, a empresarios, a agricultores, a jóvenes, a la suerte y a las garras de la delincuencia”.

Lo que podría ser una fundada expresión de nerviosismo ante los dudosos resultados de las acciones policiaco-militares en curso –dudosos según las propias cifras oficiales, que apuntan a un deterioro sostenido de la seguridad pública y a un incremento de la violencia delictiva en lo que va de la administración calderonista– adquirió, en el discurso presidencial, el tono de órdenes –contrarias a la elemental lógica republicana– a los otros poderes de la Unión, de imperativos a los pocos medios que ostentan posturas críticas para que se hagan eco, sin chistar, del optimismo del discurso oficial, y de reparto de acusaciones por el avance de la delincuencia organizada, fenómeno que se explica, en buena medida, por las falencias e ineptitudes –improvisación, triunfalismo, desconocimiento– con las que el propio Ejecutivo federal emprendió su cruzada contra la criminalidad y la inseguridad.

El exhorto a la población a que denuncie el delito pasa por alto que la infiltración y la descomposición de las corporaciones policiales generan una inevitable desconfianza entre los ciudadanos, quienes en muchos casos se preguntarán, y con razón, qué cabe esperar de instituciones que no pueden garantizar ni la seguridad de sus propios mandos.

Las demandas al Legislativo para que endurezca las penas carcelarias y al Judicial para que deje de excarcelar a criminales atentan contra el principio de separación de poderes e ignoran que muchas de las excarcelaciones y las absoluciones se originan en acusaciones mal construidas desde instancias del Ejecutivo, y que de todos modos nueve de cada 10 delitos cometidos en el país no se traducen ni siquiera en una orden de aprehensión cumplida.

Por lo que hace a las “exigencias” a los medios y a los informadores de que acepten y difundan de manera acrítica las versiones oficiales sobre el combate a la delincuencia, resulta inevitable recordar que el gobierno federal carece de cualquier atribución legal para formularlas, y que la declaración misma es, además de un amago a la libertad de expresión, un despropósito de tintes autoritarios y hegemónicos.

Por añadidura, la insinuación de que la crítica a las políticas de seguridad en curso denota complicidad con el crimen organizado constituye un barrunto de chantaje, inaceptable e impresentable en un entorno democrático; una presión orientada a inducir la autocensura y, a fin de cuentas, la manifestación de una creencia inadecuada y peligrosa para el ejercicio del poder: los problemas se resuelven si se deja de mencionarlos, y para que las estrategias gubernamentales tengan éxito basta con que los medios las celebren y se abstengan de expresar señalamientos críticos en torno a ellas.

La acusación de que las discordancias ante la política de seguridad en vigor buscan que el poder público “abandone a periodistas” es particularmente agraviante cuando viene de un gobierno que en materia de garantías a los informadores está catalogado por el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) “entre los peores del mundo”, junto con los de Colombia, Irak, Sierra Leona, Somalia, Afganistán, Nepal, Rusia, Bangladesh, Pakistán, Filipinas e India, naciones en las que “buena parte de la violencia es perpetrada por los mismos estados, sin voluntad política para combatir la violencia de la sociedad”.

En suma, las palabras pronunciadas ayer por Calderón Hinojosa ante el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, fueron improcedentes, preocupantes e incluso ominosas, y rectificarlas sería lo mejor que podría hacer en favor de su propia investidura.

http://www.jornada.unam.mx/2008/05/13/index.php?section=opinion&article=002a1edi

Astillero

Julio Hernández López
Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx

■ ¿Ya basta?

■ Abandono, cobardía, complicidad...

■ ¿Congruencia o solapamiento?

Felipe Calderón insiste en culpar a otros de que no le salgan bien las cosas que ha decidido por sí mismo, sin concurso ni consenso sociales. Obstinado en una “guerra” contra el narcotráfico, que histórica y económicamente está sabidamente perdida, el general de cuatro estrellas de duración sexenal dispara políticamente en redondo contra todos los que supone debieran ser sus aliados, pero percibe distantes e incluso obstructores: Felipe, su ejército y su guerra van contra los otros dos poderes, a los que entienden subordinados y administrativamente sujetos a regaño (los legisladores no hacen buenas leyes y los jueces dejan salir de las cárceles a criminales confesos); contra los medios de comunicación (a los que exige se conviertan en aplicados voceros voluntarios de las “buenas nuevas” gubernamentales y no sean divulgadores del terror y la barbarie nacionales), y contra los ciudadanos en general, a los que demanda que no sean “cómplices de la ilegalidad” y sí, en cambio, se conviertan en puntuales denunciantes de delitos y operaciones criminales.

(Los tres rubros tocados por la crítica y la exigencia del ocupante formal de la Presidencia de la República han conocido, también, el rigor de la militarización de lo social y lo político que, en el fondo, está tras la estrategia explícita del “combate al tráfico de drogas”: el Congreso fue tomado por el Ejército para que Calderón rindiera protesta, los periodistas –sobre todo de provincia, especialmente en el norte del país– cada día son más impunemente agredidos por soldados y la Policía Federal militarizada, y los ciudadanos en general viven aterrorizados por las caravanas militares, las balaceras donde mueren civiles sin relación con el tema del narco y el encolerizado deambular de cuerpos represivos deseosos de venganza por los asesinatos de sus mandos: la República bajo control militar, los derechos civiles recortados, las libertades disminuidas y el aire cada vez más injerencista de una elite castrense desbordada frente a la incapacidad y las debilidades, institucionales y personales, del grupito civil encaramado mediante fraude al poder).

Engallado discursivamente al grado de pronunciar un enigmático “¡ya basta!” en días pasados, Calderón fue conminado ayer, durante una conferencia de prensa conjunta con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, a que explicara y ampliara el sentido de su consigna de aires guerreros, y allí externó sus reclamos y demandas a la alcahueta sociedad en general, los poderes ineficaces y los medios de insatisfactoria comunicación. El tono heroico y la retórica patriotera cayeron, sin embargo, en una clara contradicción para la que esta columna pacifista no pide fusilamiento, sino claridad y, en la medida de lo posible, satisfacción: resulta que el lic. F.C. dijo que es necesario seguir con la “batalla para liberar a México, porque no nos vamos a sumar al abandono, a la cobardía o a la complicidad que permitieron que México llegara a esta situación”. Y de inmediato, sin agarrar aire, a punto y seguido, pues, agregó: “Y el ¡ya basta! es una convocatoria y es una exigencia a todos, sin excepción: a los ciudadanos, para precisamente no ser cómplices de la ilegalidad, para denunciar los delitos, para avisar a las autoridades de las operaciones criminales, para no solapar la existencia (…) de las organizaciones criminales”.

Claridad y satisfacción deseables, planteaba esta columna liberada, porque resulta que el ciudadano Calderón exige a los demás lo que no hace él mismo: explicar, por ejemplo (y actuar en consecuencia), quiénes son los responsables, por abandono, cobardía o complicidad, de que México “llegara a esta situación”: ¿Incluye al gobierno de Vicente Fox y a la cofradía familiar de saqueo encabezada por los hijos de Marta Sahagún? ¿Entre esos malvados estarán, por ejemplo, el procurador actual de Justicia, que en el sexenio pasado fue secretario de Seguridad Pública, o el actual titular de la SSP federal, que en el foxiato también ocupó altas responsabilidades policiales, o el actual subsecretario de Gobernación, Cabeza de Vaca, quien antes fue cómodo procurador federal? ¿O quiénes, concretamente y, sobre todo, judicialmente investigables, son esos tales por cuales que actuaron omisamente, por sacones o por cómplices? Preguntas de necesaria respuesta porque, de otra manera, los emotivos discursos, la revisión de pajas en ojos ajenos y los exhortos cívicos quedan en mera palabrería sin sentido, en teatralidad circunstancial, en complicidad, solapamiento y parapeto de objetivos más trascendentes, como la militarización social preventiva de movilizaciones, como las que pueden darse contra reformas calderonistas varias y como la apertura de caminos de crisis para que vecinos ambiciosos entren a la tierra en llamas a “ayudar” a su control.

Astillas:

El ingeniero Juan Édgar Oliva Cuevas, director general de Jeo Ingeniería y Construcción (www.constructorajeo.com), empresa que tiene entre sus clientes a Bimbo, Lala, Bayer, Nissan, Mercedez Benz, Kimberly Clark, Sherwin Williams y Shell, se ahorra gastos de diván mediante el envío persistente de comentarios no siempre injuriosos a este columnista (en uno de ellos reta: “Si tienes pantaloncitos, contéstame”). Ayer cumplió apaciblemente con su rutina médica y produjo un sedoso análisis político: “De verdad que me encanta leer tu columna (no muy seguido porque mata neuronas), pero me maravilla la rapidez con que corres a servirle de trapeador al señor López (la centaveada debe estar buenísima), ya que hace dos años todo el sistema era bueno (AMLO iba a la cabeza de las preferencias), después se dividió en calderonistas y pejistas y para ti ya únicamente la mitad del país era buena, y en esta mitad estaba todo el PRIRD (lo de PRI, es por los genes, ya que tanto en ti como en AMLO corren genes priístas). Luego, en cuanto no estuvo de acuerdo con tu patrón 100 por ciento del PRD (lo de patrón lo digo porque en cuanto te ordena que mauyes, de inmediato estás presto) entonces ya tampoco son de los buenos. Al paso que van, al final quedarán únicamente AMLO y tú como su gato, perdón, su amigo”…¡hasta mañana!

http://www.jornada.unam.mx/2008/05/13/index.php?section=opinion&article=004o1pol

Rayuela

En esencia, el "¡Ya basta!" calderoniano viene a ser una versión belicosa del "¿Yo por qué?" foxista.
http://www.jornada.unam.mx/2008/05/13/index.php