domingo, 8 de junio de 2008

Bajo la Lupa

Alfredo Jalife-Rahme

■ Goldman Sachs promueve la privatización global del agua


Una pequeña bebe agua en un campo de refugiados a 20 kilómetros de la ciudad de Najaf en el sur de Irak. Imagen de archivo
Foto: Ap
Los seres humanos degustan involuntariamente los múltiples tóxicos que significan el Fin de una era (título de nuestro reciente libro), del dolarcentrismo y el derrumbe de la efímera unipolaridad estadunidense: la grave crisis financiera del G-7, que domina la banca israelí-anglosajona, ha provocado una ominosa reacción en cadena que subsume las crisis energética y alimentaria, así como el cambio climático, cuyo conjunto epitomiza una genuina crisis global y el fin del paradigma de la globalización.

La peor de todas las crisis visibles, la carestía del agua, aún no llega, pero empieza a perfilarse en el horizonte.

Los maniacos globalizadores, en tanto detentan el poder del G-7, no se dan por vencidos y mediante esquemas apocalípticos colocan la carestía del agua como el foco de atención de desolación global si no se profundiza y se recurre a mayores privatizaciones (y privaciones). Tal es el caso del banco de inversiones Goldman Sachs, brazo armado financiero del complejo militar-industrial de Estados Unidos, que abulta los “cinco principales riesgos” que enfrenta el género humano, pero elude el peor de todos: la globalización.

Ambrose Evans-Pritchard alude al escenario apocalíptico de Goldman Sachs sobre la carestía del agua como “el mayor riesgo global (…), mucho mayor que los crecientes precios alimentarios y el implacable agotamiento de las reservas energéticas”(The Daily Telegraph; 5/6/08).

Evans-Pritchard cita a lord Nicholas Stern, anterior jefe de economistas del muy mancillado Banco Mundial, quien “advirtió que los acuíferos subterráneos podrían secarse, al mismo tiempo que el deshielo de los glaciares, causando estragos al abastecimiento del agua fresca” debido al cambio climático. Se enfoca al deshielo de los glaciares, otrora eternos del Himalaya, que afectará la topografía y la geopolítica regional hasta la Bahía de Bengala: “unas cuantas centenas de kilómetros cuadrados del Himalaya son la fuente de los mayores ríos de Asia –el Ganges, el Río Amarillo, el Yangtzé– donde 3 mil millones de personas viven; casi la mitad de la población mundial”. A su juicio, “El agua fresca pluvial sería insuficiente para rellenar los mantos freáticos subterráneos”.

¿Cuál es la solución ? Por supuesto, que la nefaria privatización; sentencia que la “gente” (sic) no ha tomado en serio el riesgo de desabasto del agua que “no justiprecia apropiadamente”. Lord Stern, un vulgar privatizador que usufructúa la catástrofe, considera falsamente como “no renovable” al “oro azul”. Por lo visto, desconoce las leyes de la termodinámica.

El G-7 ha contribuido a la crisis del agua y ahora pretende formular su solución global mediante la maligna privatización trasnacional.

Evans-Pritchard sobredimensiona el reporte de Goldman Sachs que cataloga al agua como el “petróleo del próximo siglo” y “ofrece inmensas recompensas (sic) a los inversionistas que sepan cómo jugar el auge de la infraestructura. Sólo Estados Unidos necesita hasta un billón de dólares en nuevos acueductos y en plantas de desperdicio de agua en 2020”.

Goldman Sachs, que no es ninguna hermana de la caridad, se confiesa “malthusiano económico” ya que el consumo del agua se duplica cada veinte años: “En 2025, se estima (sic) que alrededor de la tercera parte de la población mundial global no tendrá acceso al agua potable”. ¿Y para que sirven, entonces, los gobiernos y los ciudadanos?

Goldman Sachs “aconseja” a los inversionistas a enfocarse en la industria del agua, de 425 mil millones de dólares, pero advierte la “reacción violenta” contra “las embotelladoras de agua, visualizadas como despilfarradoras de combustible eco-hostil”. Propone a las “empresas que producen o sirven equipo de filtración (...), desinfección ultravioleta y tecnología de desalinización” y exalta los ingresos de las principales hidro-empresas: la brasileña Sabesp (100 por ciento), la inglesa Severn Trent (100 por ciento), la estadunidense Pentair (75 por ciento), la francesa Veolia (34 por ciento), la estadounidense ITT Corp, (32 por ciento), la alemana RWE (23 por ciento), la española Ferrovial (20 por ciento) y la francesa Suez (16 por ciento). Agrega a otros “candidatos potenciales” dignos de invertir: Hyflux de Singapur y las ocho estadunidenses: Badger Meter, Calgon Carbon, Clarcor, Pall, Instituform, Tetra Tech, Acqua America y Watts Water.

Goldman Sachs inculpa de la crisis en forma pueril, no a la globalización, sino a la agricultura, que consume 70 por ciento de la demanda global del agua y al cambio en la dieta de los asiáticos, quienes ahora consumen más proteínas animales “cuando un kilogramo de carne consume 15 metros cúbicos de agua, en comparación a 6 para las aves y al maíz”.

En un artículo menos “privatizador”, Mark Clayton (The Christian Science Monitor; 29/5/08) tiene el cuidado, más equilibrado, de contraponer los atributos del agua como “derecho humano” al “gran negocio que huelen las empresas privadas”.

Sostiene que el agua abunda en 97 por ciento en forma salina y que el problema versa sobre su contaminación y desperdicio, asi como sobre el crecimiento económico y poblacional de Asia. Critica que las promesas de la privatización no han sido cumplidas en varios regiones del planeta y cita a Maude Barlow quien en su libro El pacto azul aboga por la “justicia hidráulica” y pronostica “un futuro sombrío en caso de que los monopolios privados controlen el acceso al agua fresca” ya que solamente “reciclan el agua sucia y la revenden a precios exorbitantes”, por lo que resulta imperativo convertir al agua, junto a los alimentos y al aire, en un “derecho humano”.

No hay que perder mucho tiempo en sofismas acrobáticos: cuando un modelo financiero económico –como la desregulada y desarreglada globalización, impuesta por la unipolaridad tecnomilitar estadunidense bajo la nueva dictadura de la entelequia del “mercado”, fomentada por sus multimedia orwellianos– no otorga ni garantiza las necesidades vitales del género humano, es que sencillamente no sirve y debe ser erradicado de la faz de la Tierra.

Mientras los sensatos gobiernos del planeta se ponen de acuerdo sobre un mínimo de gobernabilidad biosférica, la insolente plutocracia neoliberal del G-7 que domina el modelo de la globalización financiera, seguirá cosechando suculentos dividendos bursátiles y sembrando estragos inmarcesibles.

El verdadero peligro para el género humano no son propiamente las múltiples crisis de las básicas y vitales materias primas, sino el pernicioso modelo de la globalización financiera que las ha provocado.

http://www.jornada.unam.mx/2008/06/08/index.php?section=opinion&article=012o1pol

Editorial

Infortunio de la Iniciativa Mérida
En el contexto de la reunión interparlamentaria México-Estados Unidos, llevada a cabo en Monterrey, Nuevo León, legisladores de ambos países plantearon nuevos y fuertes cuestionamientos al acuerdo de asistencia en el combate al narcotráfico y el crimen organizado llamado Iniciativa Mérida o Plan México.

El presidente del Senado estadunidense, el demócrata Christopher Dodd, calificó como “desafortunado” el hecho de que las negociaciones de eeste proyecto de colaboración se hayan realizado sin consultar a las legislaturas de ambos países, y reconoció que el narcotráfico es un flagelo que afecta a la población de ambos lados de la frontera, en el cual tanto las autoridades mexicanas como las estadunidenses tienen una cuota de responsabilidad.

Las declaraciones de Dodd son relevantes por cuanto apuntan a una práctica inaceptable por parte de los gobiernos de George W. Bush y Felipe Calderón en torno a las negociaciones de un acuerdo que supuestamente persigue la seguridad de ambas naciones: pasar por encima de quienes, al menos formalmente, representan la voluntad de los pueblos mexicano y estadunidense.

Al respecto, debe recordarse que ya desde noviembre pasado los legisladores –tanto demócratas como republicanos– criticaron severamente al gobierno de George W. Bush por el acuerdo de asistencia militar y financiera para el combate al narco, principalmente por la discrecionalidad con que se condujo la Casa Blanca durante las negociaciones que mantuvo con las autoridades mexicanas, y por no haber proporcionado información respecto de las condiciones de distribución de los recursos.

Por lo que hace a nuestro país, lo dicho por Dodd reafirma la percepción ciudadana de que el gobierno mexicano, en materia de seguridad, está dispuesto a transitar por la vía del autoritarismo con tal de vencer en una “guerra contra el narcotráfico” que, cabe decirlo, está perdiéndose a pesar de lo que sostiene el discurso oficial. Tal tendencia había quedado manifestada cuando el titular del Ejecutivo federal, Felipe Calderón, dijo que “garantizarle la seguridad a la gente” justificaba el hecho de que su administración detentara “el monopolio del poder”, con lo que se atribuyó una facultad que no es característica de los gobiernos democráticos, sino de los autoritarios, y que es contraria al principio de diversificación de poderes que rige en nuestro país. Por lo demás, la misma actitud turbia y antidemocrática con la que, a decir del senador Dodd, se negoció la Iniciativa Mérida, puede observarse en la forma en que se intentó hacer pasar la iniciativa de reforma petrolera en el Congreso: mediante un albazo en el que los legisladores habrían fungido, en todo caso, como el conducto para formalizar el designio privatizador del grupo que detenta el poder.

Ante estos elementos de juicio, a los que habría que sumar el rechazo del gobierno federal y el Congreso de la Unión a los condicionamientos de la Iniciativa Mérida, que son contrarios a la soberanía nacional, lo más lógico y probable es que ese acuerdo de asistencia financiera sea sepultado durante el próximo encuentro de un comité de conferencias, cuando los legisladores estadunidenses tendrán que emitir la última palabra respecto de su aprobación. En caso contrario, el Legislativo mexicano debe impedir la aprobación de un proyecto de cooperación equívoco y contrario a la soberanía nacional.


http://www.jornada.unam.mx/2008/06/08/index.php?section=opinion&article=002a1edi

Rayuela

¿Qué nadie se ha dado cuenta que los acuerdos de cúpula ya no tienen ningún respaldo?
http://www.jornada.unam.mx/2008/06/08/index.php