Por:Ana García Bergua
Tengo el vicio del cigarro y eso que no fumo, pero es verdad. Llevo quince años sin llevarme a la boca una de esas humeantes golosinas y todavía se me antojan. A veces, incluso, sueño que no me puedo aguantar y me fumo un cigarro –¡cómo me gustaban los del camellito!–, luego siento una gran decepción: ya caí. Luego me despierto y respiro: qué padre, fumé sin fumar. En mi casa se fumaba mucho: mi padre, como chacuaco de los prados; mis hermanos y yo éramos más finos. Aun así, yo desde los catorce años entré al mundo chimenea y tardé mucho en abandonarlo. Salí un día en que amanecí de color amarillo tirando a verde, y más que mis pulmones fueron mi vanidad y una cruda de cigarro espantosa las que no pudieron soportarlo, así que lo dejé de tajo. No lo sustituí por nada, más que por retorcerme las manos, cosa que sigo haciendo, dando vueltas por la habitación como las señoras de los melodramas mexicanos (debería peinarme de chongo, ahora que lo pienso). Y no he vuelto a fumar, porque no sé si el asco y la vanidad alcanzarían de nuevo para dejarlo; así de arraigado está el vicio. Hasta hace poco todavía me gustaba sentarme junto a un fumador que ejerciera sus funciones e inhalar sus humos con fruición, parasitariamente, como si fumara de prestado. Sin embargo, a últimas fechas ya no lo soporto; ni siquiera puedo olerlo, tratar de distinguir la marca en la memoria, pues me empiezan a llorar los ojos, la nariz y el alma toda. Es una tragedia, como la de aquellos amores inconvenientes y dañinos, que aun cuando hace muchos años que pasaron, siguen despertando en quien los padeció recuerdos entrañables y a algunos les inspiran canciones espantosas. Mi padre murió de los pulmones, lo dejó cuando era tarde, pero nunca se arrepintió de haber fumado. Siempre decía que, a cambio, lo disfrutó muchísimo.
Es curioso pensar que el cigarro era, en principio, un remedio o una costumbre de los indios de nuestro continente; remedio que Colón llevó a Europa y costumbre que Raleigh popularizó, por lo menos en Inglaterra. Sin embargo, el siglo xx ha sido el siglo fumador por excelencia. Nuestra imaginería cinematográfica está llena de figuras sensuales, meditativas o atacadas de angustia inconcebible, acompañadas de cigarro, la pipa o el puro que es como un chiste, y un montón de relatos cuentan “encendió un cigarro” cada dos páginas. Los intelectuales franceses a mediados del siglo fumaban sus Gitanes y sus Gauloises con un estilo inimitable, y la gente, que no fuma luego de hacer abdominales, lo practica después del ejercicio amoroso. Chéjov tiene un monólogo maravilloso que se llama Sobre el daño que hace el tabaco, cuyo protagonista aprovecha más bien para quejarse de su mujer y, por cierto, fuma. Y bueno, el tango que dice que es un placer genial. Fumar no es cualquier cosa.
Por eso la ley antitabaco despierta tantas pasiones: ¿qué no ven que es malísimo, preguntan las autoridades que la aprobaron? Pues sí, pero atenta contra nuestra libertad, responden los ahumados practicantes. Y las dos cosas son ciertas, a mi modo de ver. El problema es que ambos lados pretenden negar el otro: los fumadores, su imposibilidad de dejar la adicción –que lo es–, la certeza de un futuro que, en su versión más suave, terminará con la chirriante compañía del tanquecito de oxígeno con ruedas y la realidad de que para muchos el humo es algo no sólo molesto e insalubre, sino que además arruina el maquillaje. Las autoridades, la realidad de que el cigarro, al contrario que otros vicios, ayuda a concentrarse para trabajar y a estar despierto –no inhabilita como el alcohol en exceso y otras sustancias–, tiene un prestigio social y cultural muy arraigado, existen fumadores muy educados que, si se les pide que no fumen, no lo hacen, y además, que los fumadores tienen derecho a contar con sitios en los que se pueda fumar y hacer cualquier otra cosa al mismo tiempo. No me malinterpreten, me refiero a cenar o escuchar música, por ejemplo, pues si se les confina a la calle o a su casa, están fritos. Otras que no sueltan prenda son las compañías tabacaleras; basta con ver la cantidad de químicos que añaden al cigarro para volverlo más adictivo. Si además leemos los datos que expone Arnoldo Kraus en su artículo del 5 de marzo en este mismo periódico, deberíamos dejar de fumar todos o cultivar el tabaco en macetitas caseras.
Si combinamos la prohibición de fumar con la de echar miradas lascivas, estamos clausurando toda una manera de ver (y respirar) el mundo. Vamos, si el mismísimo Raleigh murió fumando…
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-ana.html
viernes, 18 de abril de 2008
Poesía y patología
Por: Juan Domingo Argüelles
El vínculo entre creación artística y neurosis, entre poesía y depresión, es de suyo antiguo, pues, aunque todo el mundo puede padecer depresión, es en el ámbito de los creadores artísticos donde encontramos la más extrema fragilidad, como si la antiquísima melancholia fuese un tributo que, en mayor o en menor grado, tuviesen que pagar los artistas por el placer y el dolor de crear.
Parecería que una sensibilidad superior o, por lo menos, excedida, predispone a este sufrimiento y hace caer, tarde o temprano, en una crisis mayor a la víctima. En La montaña mágica, de Thomas Mann, el jesuita Naphta (que acaba suicidándose) parecía creerlo así. Su hipótesis es incluso más grave y abarcadora: “La enfermedad es perfectamente humana, pues ser hombre es estar enfermo. En efecto, el hombre es esencialmente un enfermo, y el hecho de que esté enfermo es precisamente lo que hace de él un hombre, y quien desee curarle, llevarle a hacer la paz con la naturaleza, ‘volver a la naturaleza' (en realidad no ha sido nunca natural), todo lo que hoy se exhibe en materia de profetas regeneradores, vegetarianos, naturistas y otros, todo ese estilo Rousseau, por consiguiente, no busca otra cosa que deshumanizarlo y aproximarlo al animal. [...] Lo que distingue al hombre de toda otra forma orgánica es el espíritu, ese ser netamente despegado de la naturaleza y que se siente opuesto a ella. Es, pues, el espíritu de la enfermedad, de lo que depende la dignidad del hombre y su nobleza. En una palabra, es tanto más hombre cuanto más enfermo está, y el genio de la enfermedad es más humano que el genio de la salud.”
En épocas más recientes, este tipo de reflexión, aparentemente pesimista, encuentra eco científico en neurólogos y psiquiatras como Oliver W. Sacks (El hombre que confundió a su mujer con un sombrero), quien expresa que la condición humana es quintaesencial de la enfermedad, pues “los animales contraen enfermedades pero sólo el hombre cae radicalmente enfermo”.
Es obvio que las diversas manifestaciones neuróticas del poeta –incluida en su grado extremo la depresión– están asociadas con la pérdida de la realidad y al privilegio, a veces absoluto, de la imaginación. Así lo considera el pensador y ensayista francés Albert Jacquard, quien en su Pequeña filosofía para no filósofos asegura que “lo que distingue la imaginación sana de la loca es la aceptación de la crítica por parte de aquélla y su rechazo por parte de ésta”.
Para Jacquard, “es patológico el hecho de tomar por real lo que es un producto de la imaginación. Nuestra actividad intelectual necesita múltiples fuentes; no rechacemos la fuente de los mitos, ni tan siquiera la de las alucinaciones, que han proporcionado material a tantas obras de arte. Un poeta es a menudo un alucinado. Pero si la imaginación pasa a ser la única fuente, se corre un peligro tan serio como si la realidad fuera la fuente exclusiva”.
Si, como piensa Jacquard, el poeta es a menudo un alucinado, esa alucinación, siempre en el borde de la lucidez, en el filo de la inteligencia y la racionalidad, puede abismarse de pronto hasta impedir por completo que el alucinado pueda siquiera moverse, tomar la pluma o la máquina y producir la escritura que antes le parecía tan natural, tan suya, tan aparentemente fácil. Y es que la depresión nos pone de cabeza, nos saca de la realidad y nos condena, en su manifestación profunda, a un sufrimiento que nadie puede comprender del todo sino el enfermo.
Al referirse a su dolorosa experiencia depresiva, William Styron (Esa visible oscuridad), expresa: “Cierto día radiante, en un paseo por el bosque con mi perro, oí una bandada de gansos del Canadá graznando allá arriba sobre los árboles de frondas resplandecientes; una vista y un son que normalmente me habrían alborozado, el vuelo de aves me hizo detenerme, clavado de temor, y permanecí allí encallado, desvalido, temblando, consciente por vez primera de que era presa no de las meras ansias de la privación de alcohol, sino de una grave enfermedad cuyo nombre y entidad era capaz al fin de reconocer. De vuelta a casa, no podía quitarme de la cabeza el verso de Baudelaire, exhumado del lejano pretérito, que llevaba varios días deslizándose por los bordes de mi conciencia: ‘He sentido el viento del ala de la locura.'”

Baudelaire
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-juan.html
El vínculo entre creación artística y neurosis, entre poesía y depresión, es de suyo antiguo, pues, aunque todo el mundo puede padecer depresión, es en el ámbito de los creadores artísticos donde encontramos la más extrema fragilidad, como si la antiquísima melancholia fuese un tributo que, en mayor o en menor grado, tuviesen que pagar los artistas por el placer y el dolor de crear.
Parecería que una sensibilidad superior o, por lo menos, excedida, predispone a este sufrimiento y hace caer, tarde o temprano, en una crisis mayor a la víctima. En La montaña mágica, de Thomas Mann, el jesuita Naphta (que acaba suicidándose) parecía creerlo así. Su hipótesis es incluso más grave y abarcadora: “La enfermedad es perfectamente humana, pues ser hombre es estar enfermo. En efecto, el hombre es esencialmente un enfermo, y el hecho de que esté enfermo es precisamente lo que hace de él un hombre, y quien desee curarle, llevarle a hacer la paz con la naturaleza, ‘volver a la naturaleza' (en realidad no ha sido nunca natural), todo lo que hoy se exhibe en materia de profetas regeneradores, vegetarianos, naturistas y otros, todo ese estilo Rousseau, por consiguiente, no busca otra cosa que deshumanizarlo y aproximarlo al animal. [...] Lo que distingue al hombre de toda otra forma orgánica es el espíritu, ese ser netamente despegado de la naturaleza y que se siente opuesto a ella. Es, pues, el espíritu de la enfermedad, de lo que depende la dignidad del hombre y su nobleza. En una palabra, es tanto más hombre cuanto más enfermo está, y el genio de la enfermedad es más humano que el genio de la salud.”
En épocas más recientes, este tipo de reflexión, aparentemente pesimista, encuentra eco científico en neurólogos y psiquiatras como Oliver W. Sacks (El hombre que confundió a su mujer con un sombrero), quien expresa que la condición humana es quintaesencial de la enfermedad, pues “los animales contraen enfermedades pero sólo el hombre cae radicalmente enfermo”.
Es obvio que las diversas manifestaciones neuróticas del poeta –incluida en su grado extremo la depresión– están asociadas con la pérdida de la realidad y al privilegio, a veces absoluto, de la imaginación. Así lo considera el pensador y ensayista francés Albert Jacquard, quien en su Pequeña filosofía para no filósofos asegura que “lo que distingue la imaginación sana de la loca es la aceptación de la crítica por parte de aquélla y su rechazo por parte de ésta”.
Para Jacquard, “es patológico el hecho de tomar por real lo que es un producto de la imaginación. Nuestra actividad intelectual necesita múltiples fuentes; no rechacemos la fuente de los mitos, ni tan siquiera la de las alucinaciones, que han proporcionado material a tantas obras de arte. Un poeta es a menudo un alucinado. Pero si la imaginación pasa a ser la única fuente, se corre un peligro tan serio como si la realidad fuera la fuente exclusiva”.
Si, como piensa Jacquard, el poeta es a menudo un alucinado, esa alucinación, siempre en el borde de la lucidez, en el filo de la inteligencia y la racionalidad, puede abismarse de pronto hasta impedir por completo que el alucinado pueda siquiera moverse, tomar la pluma o la máquina y producir la escritura que antes le parecía tan natural, tan suya, tan aparentemente fácil. Y es que la depresión nos pone de cabeza, nos saca de la realidad y nos condena, en su manifestación profunda, a un sufrimiento que nadie puede comprender del todo sino el enfermo.
Al referirse a su dolorosa experiencia depresiva, William Styron (Esa visible oscuridad), expresa: “Cierto día radiante, en un paseo por el bosque con mi perro, oí una bandada de gansos del Canadá graznando allá arriba sobre los árboles de frondas resplandecientes; una vista y un son que normalmente me habrían alborozado, el vuelo de aves me hizo detenerme, clavado de temor, y permanecí allí encallado, desvalido, temblando, consciente por vez primera de que era presa no de las meras ansias de la privación de alcohol, sino de una grave enfermedad cuyo nombre y entidad era capaz al fin de reconocer. De vuelta a casa, no podía quitarme de la cabeza el verso de Baudelaire, exhumado del lejano pretérito, que llevaba varios días deslizándose por los bordes de mi conciencia: ‘He sentido el viento del ala de la locura.'”

Baudelaire
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-juan.html
HOMBRES DE MAR Y DE TIERRA
Por: EDGAR AGUILAR

La fuga,
Carlos Montemayor,
Fondo de Cultura Económica,
México, 2007.
La historia es simple: Ramón Mendoza, condenado a purgar una larga sentencia en las Islas Marías después de ser capturado por las fuerzas militares federales, huye, junto a su compañero de prisión, Cuauhtémoc Hernández –Mono Blanco–, de su confinamiento en una pequeña balsa artes a n a l construida por él y su camarada y con la ayuda de algunos de sus compañeros reclusos, quienes finalmente desisten lanzarse también a la riesgosa aventura.
Carlos Montemayor, lo sabemos bien, es un narrador excepcional. Su obra narrativa supera en mucho la de escritores tan disímbolos como José Emilio Pacheco, Aguilar Camín o el propio Fuentes. Basta leer cualquiera de sus novelas para confirmarlo. En La fuga, su más reciente novela, publicada por el Fondo de Cultura Económica (2007) en su bella colección Letras Mexicanas, Montemayor narra las peripecias de Ramón Mendoza y Mono Blanco por el mar de la costa de Nayarit, para luego internarse en la región montañosa y boscosa de la sierra, hasta llegar a la zona agreste de Sinaloa.
No olvidemos que Ramón Mendoza, ex combatiente de la sierra de Chihuahua y sobreviviente del asalto al cuartel militar de Ciudad Madera del 23 de septiembre de 1965, realmente existió (su muerte acaeció apenas la madrugada del 10 de enero); no olvidemos tampoco la labor de investigación que llevó a Montemayor a entrevistarse personalmente con su personaje, ya desde su novela Las armas del alba, y gestar una ficción a partir de hechos reales consignados en los oscuros episodios de represión que durante décadas se han venido dando en nuestro país.
Bifurcada en dos tiempos paralelos a manera de confesión, que permite a Ramón Mendoza –hombre de tierra– y su compañero de escape –hombre de mar– relatar puntos esenciales de la travesía, más un tiempo narrativo lineal que recrea con maestría tanto paisajes exteriores como pasajes interiores, la obra presenta una sólida estructura discursiva que poco a poco va desglosando los matices claroscuros de sus personajes centrales, principalmente de Ramón Mendoza, para lanzarlos a un mundo sin aparente certidumbre, protección o reposo, donde sólo el sentimiento de libertad como último destino parece subyugar por momentos la crudeza del mar y el peligro siempre inminente de la sierra.
A diferencia de Las armas del alba, en donde despliega la trama del primer Grupo Popular Guerrillero que desde 1964 operó en la región maderense de la sierra de Chihuahua, tras su enfrentamiento con la policía y el ejército, en La fuga Montemayor centra su atención en un tema fundamental aunque escasamente tratado en la narrativa mexicana: el deseo imperioso de libertad.
Así, Montemayor muestra en su última novela, a fuerza de oficio y pasión por narrar, una economía y precisión en el lenguaje sólo comparables a Rulfo. La fuga es, bajo esta premisa, un hermoso poema narrativo sobre el valor y el coraje en pos de la sobrevivencia y, pudiésemos agregar, de la justicia humana.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-leer.html

La fuga,
Carlos Montemayor,
Fondo de Cultura Económica,
México, 2007.
La historia es simple: Ramón Mendoza, condenado a purgar una larga sentencia en las Islas Marías después de ser capturado por las fuerzas militares federales, huye, junto a su compañero de prisión, Cuauhtémoc Hernández –Mono Blanco–, de su confinamiento en una pequeña balsa artes a n a l construida por él y su camarada y con la ayuda de algunos de sus compañeros reclusos, quienes finalmente desisten lanzarse también a la riesgosa aventura.
Carlos Montemayor, lo sabemos bien, es un narrador excepcional. Su obra narrativa supera en mucho la de escritores tan disímbolos como José Emilio Pacheco, Aguilar Camín o el propio Fuentes. Basta leer cualquiera de sus novelas para confirmarlo. En La fuga, su más reciente novela, publicada por el Fondo de Cultura Económica (2007) en su bella colección Letras Mexicanas, Montemayor narra las peripecias de Ramón Mendoza y Mono Blanco por el mar de la costa de Nayarit, para luego internarse en la región montañosa y boscosa de la sierra, hasta llegar a la zona agreste de Sinaloa.
No olvidemos que Ramón Mendoza, ex combatiente de la sierra de Chihuahua y sobreviviente del asalto al cuartel militar de Ciudad Madera del 23 de septiembre de 1965, realmente existió (su muerte acaeció apenas la madrugada del 10 de enero); no olvidemos tampoco la labor de investigación que llevó a Montemayor a entrevistarse personalmente con su personaje, ya desde su novela Las armas del alba, y gestar una ficción a partir de hechos reales consignados en los oscuros episodios de represión que durante décadas se han venido dando en nuestro país.
Bifurcada en dos tiempos paralelos a manera de confesión, que permite a Ramón Mendoza –hombre de tierra– y su compañero de escape –hombre de mar– relatar puntos esenciales de la travesía, más un tiempo narrativo lineal que recrea con maestría tanto paisajes exteriores como pasajes interiores, la obra presenta una sólida estructura discursiva que poco a poco va desglosando los matices claroscuros de sus personajes centrales, principalmente de Ramón Mendoza, para lanzarlos a un mundo sin aparente certidumbre, protección o reposo, donde sólo el sentimiento de libertad como último destino parece subyugar por momentos la crudeza del mar y el peligro siempre inminente de la sierra.
A diferencia de Las armas del alba, en donde despliega la trama del primer Grupo Popular Guerrillero que desde 1964 operó en la región maderense de la sierra de Chihuahua, tras su enfrentamiento con la policía y el ejército, en La fuga Montemayor centra su atención en un tema fundamental aunque escasamente tratado en la narrativa mexicana: el deseo imperioso de libertad.
Así, Montemayor muestra en su última novela, a fuerza de oficio y pasión por narrar, una economía y precisión en el lenguaje sólo comparables a Rulfo. La fuga es, bajo esta premisa, un hermoso poema narrativo sobre el valor y el coraje en pos de la sobrevivencia y, pudiésemos agregar, de la justicia humana.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-leer.html
EL ARTE DEL ARTÍCULO
Por: CUAUHTÉMOC ARISTA

Pasado anterior,
Salvador Elizondo,
Fondo de Cultura Económica,
México, 2007.
Salvador Elizondo inscribió toda su obra en una tradición que el canon moderno apreció especialmente: la del libro sui generis, raro dentro de los límites literarios y, unas pocas dimensiones más allá, poéticos.
La tierra de nadie de lo extraliterario, sin embargo, también era suya, cuando decidía asumir su papel social de escritor y trataba de explicar temas de exquisita complejidad y enrarecidas experiencias poéticas a estudiantes cuya curiosidad provocaba con preguntas insidiosas.
La redacción de artículos en periódicos y revistas fue otra de estas labores ancilares; sin embargo tiene que tratarse críticamente junto con sus libros más ambiciosos, porque involucra a su principal instrumento, la escritura.
El conocimiento de los plazos, del implícito diálogo con los lectores de periodismo –probablemente desmañanados– y la absoluta necesidad de conseguir una claridad a ras de renglón, no fueron novedades para él; estaban en su caja de herramientas. La dificultad era otra: “Lo particular no es mi fuerte y todavía no sé cuál es el lugar exacto que ocupo en el espacio que hoy se abre en este diario.” Más que una confesión, el planteamiento del problema que suele enfrentar cualquier colaborador de la prensa, pero él no podía darle la solución práctica de ir afinando el tono y el enfoque hasta sentirse cómodo entre las declaraciones del presidente y la foto de la vedette.
Lejos de eso, Elizondo convierte los temas en subgéneros: el comentario cultural sobre derechos de autor, el civismo ramplón pero con hueso colorado, el apunte crítico sobre libros, cuadros y gremios (“A propósito de La tía Julia”, “El espíritu en paquete”); la reflexión sobre el pasado y el presente desde el punto de fuga de un escritor (“Los que teníamos trece años o la decadencia del machismo.”)
No en balde hizo enojar a María Kodama en el Palacio de Minería con una inversión del lugar común: “La poesía de Borges tiene el mismo rigor que su prosa.”
La solución de Elizondo radica precisamente en el carácter de su escritura: no pertenece al género periodístico sino al de la prosa. En esta compilación de los artículos de Contextos, que publicó unomásuno de 1977 a 1979, de la cual se había publicado una selección con el mismo título, hay ensayos de dos o tres páginas: “Tres toneladas de dinamita, una novela de Conrad y la teoría de Dunne”, “Texto, tono, traducción”, “Asco”, “Saturnino Herrán o la íntima tristeza”, “El arte del dibujo.”
Sólo un reproche, pero muy áspero, para los editores: el libro está plagado de erratas que el cómodo formato del volumen hace resaltar. Algunas son imperdonables y otras hasta crueles, dado que en una polémica Elizondo se refiere despectivamente a una editorial cuyas publicaciones incuban esa plaga.
Pasado anterior tiene una presentación de Paulina Lavista y prólogo de José de la Colina.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-leer.html

Pasado anterior,
Salvador Elizondo,
Fondo de Cultura Económica,
México, 2007.
Salvador Elizondo inscribió toda su obra en una tradición que el canon moderno apreció especialmente: la del libro sui generis, raro dentro de los límites literarios y, unas pocas dimensiones más allá, poéticos.
La tierra de nadie de lo extraliterario, sin embargo, también era suya, cuando decidía asumir su papel social de escritor y trataba de explicar temas de exquisita complejidad y enrarecidas experiencias poéticas a estudiantes cuya curiosidad provocaba con preguntas insidiosas.
La redacción de artículos en periódicos y revistas fue otra de estas labores ancilares; sin embargo tiene que tratarse críticamente junto con sus libros más ambiciosos, porque involucra a su principal instrumento, la escritura.
El conocimiento de los plazos, del implícito diálogo con los lectores de periodismo –probablemente desmañanados– y la absoluta necesidad de conseguir una claridad a ras de renglón, no fueron novedades para él; estaban en su caja de herramientas. La dificultad era otra: “Lo particular no es mi fuerte y todavía no sé cuál es el lugar exacto que ocupo en el espacio que hoy se abre en este diario.” Más que una confesión, el planteamiento del problema que suele enfrentar cualquier colaborador de la prensa, pero él no podía darle la solución práctica de ir afinando el tono y el enfoque hasta sentirse cómodo entre las declaraciones del presidente y la foto de la vedette.
Lejos de eso, Elizondo convierte los temas en subgéneros: el comentario cultural sobre derechos de autor, el civismo ramplón pero con hueso colorado, el apunte crítico sobre libros, cuadros y gremios (“A propósito de La tía Julia”, “El espíritu en paquete”); la reflexión sobre el pasado y el presente desde el punto de fuga de un escritor (“Los que teníamos trece años o la decadencia del machismo.”)
No en balde hizo enojar a María Kodama en el Palacio de Minería con una inversión del lugar común: “La poesía de Borges tiene el mismo rigor que su prosa.”
La solución de Elizondo radica precisamente en el carácter de su escritura: no pertenece al género periodístico sino al de la prosa. En esta compilación de los artículos de Contextos, que publicó unomásuno de 1977 a 1979, de la cual se había publicado una selección con el mismo título, hay ensayos de dos o tres páginas: “Tres toneladas de dinamita, una novela de Conrad y la teoría de Dunne”, “Texto, tono, traducción”, “Asco”, “Saturnino Herrán o la íntima tristeza”, “El arte del dibujo.”
Sólo un reproche, pero muy áspero, para los editores: el libro está plagado de erratas que el cómodo formato del volumen hace resaltar. Algunas son imperdonables y otras hasta crueles, dado que en una polémica Elizondo se refiere despectivamente a una editorial cuyas publicaciones incuban esa plaga.
Pasado anterior tiene una presentación de Paulina Lavista y prólogo de José de la Colina.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-leer.html
Vivo por el arte
Javier Galindo Ulloa
Entrevista con Juan Soriano
VER LA MALA VIDA
La iniciativa de crear Poesía en Voz Alta ( pva ) fue de Jaime García Terrés y de Octavio Paz, en 1956. Lo que más recuerdo de este grupo fue la experiencia que tuvimos en Guadalajara. Agustín Yánez, entonces gobernador de Jalisco, nos invitó a dar unas funciones al Teatro Degollado. Fuimos con mucho entusiasmo: Juan José Arreola, Rosenda Monteros, Juan José Gurrola, Juan Ibáñez, José Luis Ibáñez, Héctor Mendoza…; todos éramos una bola de muchachos. En nuestra función sólo asistieron de público el gobernador y José Guadalupe Zuno, ni una persona más. Fue un desaire para nosotros. La prensa anunció nuestra presentación. Pero no se nos ocurrió aconsejar a don Agustín que invitara a estudiantes, que hubieran gozado de un programa que tenía un gran efecto en el público, con una serie de fragmentos de escritores españoles, desde Calderón de la Barca y Lope de Vega hasta Federico García Lorca, que en ese momento era el dios del teatro hispanoamericano. Guadalajara ha sido la segunda Ciudad de México, famosa por sus canciones y escritores. Nuestro fracaso y desilusión fue motivo para ir a otros lugares, a “las casas de asignación”, a ver la mala vida. Porque allí no hay buena vida, pero la mala, seguro que sí. Una ciudad llena de charros con pistola y de prostitutas guapísimas. En las regiones de Jalisco la gente es guapetona. En el hotel donde nos hospedábamos, Juan José Arreola hizo su escena de que ya se iba a morir, se tiraba en el suelo, tenía muchos delirios e inseguridades. Nos angustiaba acompañarlo. No sabía uno hasta dónde iba a empezar la historia de que ya se estaba muriendo.
UN BUFÓN ANTIGUO
Conocí a Arreola cuando él regresó de París, a donde lo llevó el actor Louis Jouvet, pero él no soportó la angustia de estar solo durante ese largo viaje. Tenía muchas obsesiones. Siempre se quejaba y se sentía mal. Por lo regular lo acompañaba uno de sus hermanos, creo que era Rafael. Juan José era mi vecino y me visitaba en mi departamento de uno de los edificios de Melchor Ocampo; su hermano, como guarura, lo esperaba afuera. Su esposa Sara era muy simpática, que le hacía muchas bromas, y él se ponía muy dramático. Era conflictivo Juan José. Armaba grandes chismes e inventaba de más. Entre las causas por las cuales se terminó el proyecto teatral de pva fueron algunas historias ridículas del rector entonces de la unam . Dijo que una pieza de Valle-Inclán, que queríamos montar, iba en contra de la moral de la Universidad. Además era muy fantasioso y susceptible, pensaba que no se le daba el valor que se merecía en México. Pero en realidad, él perdía más tiempo haciendo pequeñas representaciones en cualquier lugar. Y uno esperaba más cosas de él como escritor. Yo le ilustré un unicornio para su primer libro Varia invención . Muy seguido nos veíamos en Guadalajara, luego lo veía por la televisión, en donde hacía papeles muy tristes como maestro y declamador. No se daba cuenta de que estaba ante un público que no era el suyo. No le entendía nadie lo que él hablaba de literatura francesa. Yo frecuentemente le regalaba cosas y pronto él las perdía. No cuidaba nada. Le daba todo lo mismo. Tenía la angustia de quererse morir ya. Hacía como que se asfixiaba. “¡Ayúdenme a desvestir!”, nos decía en una ocasión estando en Guadalajara, a mí y a su hermano. Y él estaba vendado como una momia en medio de un calor de la fregada. Además, Arreola era muy adicto al vino. No hubo forma en que se apoyara para desarrollar su talento, le faltaba compromiso consigo mismo. Tenía una fuerte inspiración, pero la disciplina es más importante. Escribió poquísimo. Todo se le fue en hablar. Arreola no era una persona abierta para decir las cosas sinceramente. Su conflicto con Octavio Paz en pva era de todos los días. La amistad entre hombres se conserva de lo que uno dice o piensa. Si alguien hizo algo en contra del amigo, pues se pide una disculpa, humanamente. Pero con Arreola no se podía hablar, porque todo era inventado, no sabía uno a qué atenerse. No era capaz de dirigir pva ; sólo lo era para escribir, viajar y representar una obra con éxito. Era como un bufón antiguo y tenía el don de hablar directamente al público. Él hubiera sido un gran actor. Pero para ser lo que uno quiere (periodista, pintor, cantante...) se necesita una dedicación tremenda. Podemos tener un golpe de suerte, pero eso no dura. Antonio Alatorre y yo fuimos muy amigos, pero la vida nos volvió a separar. El se divorció de Margit Frenk y se puso a estudiar el idioma español, fuertemente. Ha llegado a ser un intelectual de primera.
LAS DOS ELENAS
Elena Garro tenía mucho talento, pero era dispersa. Echaba a perder una novela por poner un insulto en contra de alguien. Octavio Paz le decía que ese procedimiento era muy tonto. La gente no va a entender ni conocer sus pleitos y rencores. Eso aburre. Por mucho tiempo, Octavio le dictaba las obras a Elena, porque él tenía la esperanza de que ella supiera vivir bien en soledad, que se sostuviera sola, si trabajaba y escribía. Pero ella le pedía dinero insistentemente. Octavio fue una persona pobre en su juventud, aunque después de muerto le dejó una gran herencia a Marie-José. Los libros son difíciles de vender y los de Octavio más, porque son para gente intelectual. Sus ensayos políticos no son manuales para llegar a ser diputados, sino para que la gente lea y medite sobre la historia política de México y el mundo. Traté toda la vida a Elena. Antes de exiliarse a París, la veía casi siempre. Le presentaba a jóvenes escritores y artistas que querían conocerla. De repente las dos Elenas (madre e hija) fueron enloqueciendo con una rapidez increíble. Venían exaltadísimas a mi casa. Elena era aún muy guapa y se conservaba. Ella decía que era menor que Octavio, pero ambos eran de la misma edad. Lo que Elena contaba con mucha gracia lo quería contar también su hija, Helena Paz. Y ambas se peleaban, se enojaban y decían barbaridad y media. Aquello acababa muy mal. “¡Ya me voy!”, se iba la Chata llorando, como le decían a la hija. Luego se largaban de mi casa de mala manera. Al día siguiente me hablaba Elena por teléfono, quejándose:
–¡Qué barbaridad! La Chata es insoportable, y todo es por culpa de Octavio.
–Ya no me estés fregando con Octavio, ya déjalo en paz –le contestaba.
–Pero no tenemos luz. Nos la cortaron. Octavio nos la mandó cortar.
–Eso a mí no me importa. ¡Por Dios! ¡Déjalo en paz! Ya no me lo menciones. No tengo nada que ver con él. No le voy a decir nada, ni le voy a escribir que te sigo viendo. No quiero que me digas una sola palabra de Octavio.
Él luego me hablaba: “¿Es cierto que Elena está muy mal y que la tienen que operar? Dime la verdad”. Yo sólo le decía que la había visto en tal exposición o que me hablaba por teléfono para saludarme. “Entonces, ¿qué hago? –me preguntaba Octavio–. ¿Le seguiré enviando su pensión?” “No sé, allá tú”, le respondía. Cada mes del año, Octavio enviaba a las dos Elenas su respectiva pensión, pero lo malgastaban. Hablaban mal de la gente que les encargaba trabajos de traducción. Yo creí que estarían más tranquilas en México, cuando regresaron de París en 1994, pero tenían un grupo grande de estudiantes, investigadores y feministas de una nueva fuerza sentimental, a quienes contaban sus historias inventadas. Aquella gente, ingenua, se maravillaba y las compadecía por sus mentiras contra Octavio, creyendo que él las martirizaba. Y no era cierto. Nunca las martirizó. Cuando se separaron, Octavio la trató muy bien y Elena seguía pidiendo dinero.
Cuando ambas llegaron a México, tuvieron casa propia con muebles en Cuernavaca, pero al mes habían vendido todo. Llamaban a un hospital porque Elena se estaba muriendo, y la supuesta cuenta de gastos médicos se la enviaban a Octavio. También decían que la Chata se había vuelto loca y que se la habían llevado a la clínica con una camisa de fuerza, o que Elena estaba abandonada y que se estaba peleando con la sirvienta. Ellas agarraban el teléfono, le marcaban a Octavio y le gritaban puros insultos en la contestadora hasta que se acababa la cinta. Él no sabía qué hacer. Quería olvidarse de ellas, pero siempre se preocupaba. Yo evitaba ir a Cuernavaca para no verlas. Me enteraba de su situación por los chismes de otros, pero no quería preocupar más a Octavio: “Te comprendo –le decía–. No le va a pasar nada a la Chata ni a su mamá. Vas a ver. Ellas estarán tranquilas con sus parientes.” Elena pertenecía a la familia de los Hernández, que era muy rica, por parte de su madre. Era prima de la coreógrafa Amalia Hernández, ex directora del Ballet Folklórico. Si Octavio, por desgracia, hubiese fallecido antes, su esposa e hija no se hubieran muerto de hambre, porque la familia Hernández las hubiera protegido. Pero tampoco Elena necesitaba ese apoyo, porque ella vendía sus artículos y libros a grandes editoriales. Pero siempre quedaba mal con la gente. Le pagaban por adelantado y no entregaba su trabajo a tiempo. No era capaz de disciplinarse. Quería escribir algo rápidamente para ganar dinero. Las últimas cosas que escribió, a excepción de algunos párrafos, ya no estaban bien hechas, porque quería cobrar.
MANTENER UNA ACTITUD NUEVA ANTE EL MUNDO
En los últimos días de su vida, Octavio se puso muy grave. Sólo nos hablábamos por teléfono, pero la conversación duraba muy poco, porque se cansaba de hablar. Yo lo notaba, pero él seguía hablando; empezaba con ímpetu y luego se cansaba. Lo veía en el hospital de Nutrición, donde él estaba internado y se quejaba mucho, que no tenía a la mano algodones ni gasas, que Marie-José no tenía un lugar cercano a él para cuidarlo. En la noche él oprimía el timbre y no aparecía ninguna enfermera. No podía levantarse para ir al baño… Fue un desastre en sus últimos años, desde el incendio de su departamento hasta el día que murió (19 de abril de 1998). El entonces presidente, Ernesto Zedillo, intervino. Le ofreció un hospital y le puso a los mejores médicos del país, pero ellos no se habían dado cuenta de un cáncer que padecía Octavio desde hacía años. Las operaciones que le realizaban eran inútiles. Ya no tenía fuerzas para reaccionar, pero de la cabeza se encontraba maravillosamente bien. Estaba muy simpático la última vez que lo vi en Nutrición. Desde ese momento me fui de viaje. Fue cuando empeoró y lo entrevistaron en la televisión, donde habló espontáneamente a la gente. Él me decía por teléfono que ya había llegado el final y sentía mucha tristeza por dejar sola a María-José. La familia de ella había muerto en un accidente de avión. Él esperaba que no la hicieran sufrir mucho. Sin embargo, ella ha sido una mujer muy fuerte.
Cuando falleció Octavio, Mari-Jo dio órdenes de que nos dejaran pasar a mí y a Marek, entre mucha gente, en su casa de Coyoacán. Yo no podía ir a las exequias porque tenía un compromiso en Aguascalientes, imposible de abandonar. Ella lo comprendió. En el velorio también estaba Julio Scherer e hicimos muchos esfuerzos para estar tranquilos. Mari-Jo me dio permiso de ver a Octavio en el féretro, quien se veía muy bien, con una expresión seria. Octavio fue un amigo excepcional. Nunca perdió la actitud de cuando era muy joven, siempre sorprendido de ver las cosas nuevas, con el gusto de oír a la persona que expresaba ideas interesantes. Le atraía la gente joven que era libre, atrevida y sincera, que no tratase de imitar a los viejos, de hacerse como sabios. En sus opiniones mantenía una actitud nueva ante el mundo. Eso le encantaba. Por eso se hizo amigo mío. Porque yo era muy directo al decir todo lo que se me ocurría. No tenía miedo ni vergüenza de no saber ciertas cosas. Yo decía: voy a estudiar, a leer y a pensar como yo quiero. Y eso le gustaba a Octavio. Cuando un nuevo escritor sobresalía, me lo recomendaba: léelo, escribe muy bien, diferente a cualquier cosa acartonada. Él te respetaba, no te atacaba, tampoco te ponía en ridículo. No presumas de lo que no sabes, nos decía.
UN IDIOMA PRECIOSO PARA CONTAR HISTORIAS
Juan Rulfo era una persona muy callada cuando estaba en su juicio. Me visitaba en mi departamento de Melchor Ocampo y casi no hablaba. Pero cuando empezaba a hablar, tenía un idioma precioso para contar historias, con una imaginación particular. Te contaba todo con una cadencia y un ritmo muy bonito que te embrujaba y te gustaba oírlo. Siempre fue amigo mío y nunca tuvimos ninguna dificultad. Se ponía cuete con dos o tres copas, y era muy difícil e insoportable. Era una angustia pensar que pronto se cayera al suelo. Luego Rulfo hizo un gran esfuerzo y se corrigió bastante. Rara vez lo vi borracho. A veces lo encontraba en París o en Roma y se veía bien. Pedro Coronel también tomaba bastante, nunca dominó el alcohol. Él tiraba a la locura. Si uno bebe mucho, terminamos siendo loco.
ME GUSTABA EL TIEMPO PARA APRENDER
De joven yo era muy tremendo, me embriagaba en cualquier fiesta, cantina o cabaret. Pero un día tuve conciencia de que si quiero ser pintor no puedo emborracharme ni padecer crudas. Me ponía muy tembloroso y angustiado por las tonterías que hacía de borracho la noche anterior. Entonces dejé de tomar. Aproveché el tiempo para leer muchos libros. Si no entendía algo, iba con un amigo más enterado que yo y le preguntaba sobre mis dudas. Como sólo cursé la escuela primaria, tuve que saber todo a través de los libros que me prestaban mis amigos. Me gustaba el tiempo para aprender, porque ignoraba infinidad de cosas: la historia de México, de Europa, de la pintura y el arte... Hay la necesidad en el hombre de escribir novelas, pintar cuadros de forma libre o imperativa. No todo es fiesta. Hay que dedicarse al oficio por completo. Si uno tira el tiempo a la borda, no lo recupera jamás. Si uno pasa toda su vida con el alcohol, el hachís, la coca y haciendo el sexo obsesivamente, pues está fregado. Es muy difícil amanecer crudo, porque te metes en un desastre físico, horrendo. Tuve la suerte de no seguir por este camino fácil. El arte fue mi salvamento. Me gustaba tanto levantarme cada mañana para pintar y estudiar, con la obsesión de querer dominar algún elemento del oficio; ir a ver cómo trabajaban los otros pintores, cómo manejaban sabiamente la materia. El que no sabe historia del arte se limita; ve una pintura sin conocer su significado; sólo alcanza a decir ¡qué bonito! o ¡qué feo! Un cuadro tiene que descifrarse. Mientras más signos e imágenes veamos, más cosas encontraremos. El artista realiza un orden de los elementos bien justificados sobre el lienzo; hay que leer ese orden siguiendo los objetos simbólicos que lo conforman.
COSAS QUE PRINCIPIAN DE NUEVO
Leí libros sobre arte de la antigüedad egipcia e india comparado con la de México. La cultura mexicana es infinita porque nuestros antiguos eran grandes artistas. Los egipcios repitieron las mismas formas que habían descubierto, y los mexicanos en cada región crearon símbolos diferentes y hermosos. En nuestra cultura podemos comparar dos jaguares o dos serpientes. Hay soluciones maravillosas de los signos inventados por cada grupo. Todo está lleno de invenciones. En otros países hay un arte aparentemente impresionante, pero hay civilizaciones que se repiten en tres mil años. En India, las calles conservan la misma imagen, y los edificios, también; carecen de evolución. En cambio, nosotros somos de la misma cultura, pero se inventan muchas formas. Cada hombre piensa y vive su experiencia de diferente manera.
Hay un deseo de poder explicar los murales dedicados a la Revolución mexicana, en los cuales hay diversidad de temas. Los verdaderos cuadros siempre escapan al lugar de su creación de origen y son producto de la cultura universal. Pierden el sentido anecdótico. Mucha gente piensa que debo estar en París, porque es una sociedad de vida cultural, y no. París es una ciudad menos interesante que México, porque aquí suceden cosas que principian de nuevo.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-javier.html
Entrevista con Juan Soriano
VER LA MALA VIDA
La iniciativa de crear Poesía en Voz Alta ( pva ) fue de Jaime García Terrés y de Octavio Paz, en 1956. Lo que más recuerdo de este grupo fue la experiencia que tuvimos en Guadalajara. Agustín Yánez, entonces gobernador de Jalisco, nos invitó a dar unas funciones al Teatro Degollado. Fuimos con mucho entusiasmo: Juan José Arreola, Rosenda Monteros, Juan José Gurrola, Juan Ibáñez, José Luis Ibáñez, Héctor Mendoza…; todos éramos una bola de muchachos. En nuestra función sólo asistieron de público el gobernador y José Guadalupe Zuno, ni una persona más. Fue un desaire para nosotros. La prensa anunció nuestra presentación. Pero no se nos ocurrió aconsejar a don Agustín que invitara a estudiantes, que hubieran gozado de un programa que tenía un gran efecto en el público, con una serie de fragmentos de escritores españoles, desde Calderón de la Barca y Lope de Vega hasta Federico García Lorca, que en ese momento era el dios del teatro hispanoamericano. Guadalajara ha sido la segunda Ciudad de México, famosa por sus canciones y escritores. Nuestro fracaso y desilusión fue motivo para ir a otros lugares, a “las casas de asignación”, a ver la mala vida. Porque allí no hay buena vida, pero la mala, seguro que sí. Una ciudad llena de charros con pistola y de prostitutas guapísimas. En las regiones de Jalisco la gente es guapetona. En el hotel donde nos hospedábamos, Juan José Arreola hizo su escena de que ya se iba a morir, se tiraba en el suelo, tenía muchos delirios e inseguridades. Nos angustiaba acompañarlo. No sabía uno hasta dónde iba a empezar la historia de que ya se estaba muriendo.
UN BUFÓN ANTIGUO
Conocí a Arreola cuando él regresó de París, a donde lo llevó el actor Louis Jouvet, pero él no soportó la angustia de estar solo durante ese largo viaje. Tenía muchas obsesiones. Siempre se quejaba y se sentía mal. Por lo regular lo acompañaba uno de sus hermanos, creo que era Rafael. Juan José era mi vecino y me visitaba en mi departamento de uno de los edificios de Melchor Ocampo; su hermano, como guarura, lo esperaba afuera. Su esposa Sara era muy simpática, que le hacía muchas bromas, y él se ponía muy dramático. Era conflictivo Juan José. Armaba grandes chismes e inventaba de más. Entre las causas por las cuales se terminó el proyecto teatral de pva fueron algunas historias ridículas del rector entonces de la unam . Dijo que una pieza de Valle-Inclán, que queríamos montar, iba en contra de la moral de la Universidad. Además era muy fantasioso y susceptible, pensaba que no se le daba el valor que se merecía en México. Pero en realidad, él perdía más tiempo haciendo pequeñas representaciones en cualquier lugar. Y uno esperaba más cosas de él como escritor. Yo le ilustré un unicornio para su primer libro Varia invención . Muy seguido nos veíamos en Guadalajara, luego lo veía por la televisión, en donde hacía papeles muy tristes como maestro y declamador. No se daba cuenta de que estaba ante un público que no era el suyo. No le entendía nadie lo que él hablaba de literatura francesa. Yo frecuentemente le regalaba cosas y pronto él las perdía. No cuidaba nada. Le daba todo lo mismo. Tenía la angustia de quererse morir ya. Hacía como que se asfixiaba. “¡Ayúdenme a desvestir!”, nos decía en una ocasión estando en Guadalajara, a mí y a su hermano. Y él estaba vendado como una momia en medio de un calor de la fregada. Además, Arreola era muy adicto al vino. No hubo forma en que se apoyara para desarrollar su talento, le faltaba compromiso consigo mismo. Tenía una fuerte inspiración, pero la disciplina es más importante. Escribió poquísimo. Todo se le fue en hablar. Arreola no era una persona abierta para decir las cosas sinceramente. Su conflicto con Octavio Paz en pva era de todos los días. La amistad entre hombres se conserva de lo que uno dice o piensa. Si alguien hizo algo en contra del amigo, pues se pide una disculpa, humanamente. Pero con Arreola no se podía hablar, porque todo era inventado, no sabía uno a qué atenerse. No era capaz de dirigir pva ; sólo lo era para escribir, viajar y representar una obra con éxito. Era como un bufón antiguo y tenía el don de hablar directamente al público. Él hubiera sido un gran actor. Pero para ser lo que uno quiere (periodista, pintor, cantante...) se necesita una dedicación tremenda. Podemos tener un golpe de suerte, pero eso no dura. Antonio Alatorre y yo fuimos muy amigos, pero la vida nos volvió a separar. El se divorció de Margit Frenk y se puso a estudiar el idioma español, fuertemente. Ha llegado a ser un intelectual de primera.
LAS DOS ELENAS
Elena Garro tenía mucho talento, pero era dispersa. Echaba a perder una novela por poner un insulto en contra de alguien. Octavio Paz le decía que ese procedimiento era muy tonto. La gente no va a entender ni conocer sus pleitos y rencores. Eso aburre. Por mucho tiempo, Octavio le dictaba las obras a Elena, porque él tenía la esperanza de que ella supiera vivir bien en soledad, que se sostuviera sola, si trabajaba y escribía. Pero ella le pedía dinero insistentemente. Octavio fue una persona pobre en su juventud, aunque después de muerto le dejó una gran herencia a Marie-José. Los libros son difíciles de vender y los de Octavio más, porque son para gente intelectual. Sus ensayos políticos no son manuales para llegar a ser diputados, sino para que la gente lea y medite sobre la historia política de México y el mundo. Traté toda la vida a Elena. Antes de exiliarse a París, la veía casi siempre. Le presentaba a jóvenes escritores y artistas que querían conocerla. De repente las dos Elenas (madre e hija) fueron enloqueciendo con una rapidez increíble. Venían exaltadísimas a mi casa. Elena era aún muy guapa y se conservaba. Ella decía que era menor que Octavio, pero ambos eran de la misma edad. Lo que Elena contaba con mucha gracia lo quería contar también su hija, Helena Paz. Y ambas se peleaban, se enojaban y decían barbaridad y media. Aquello acababa muy mal. “¡Ya me voy!”, se iba la Chata llorando, como le decían a la hija. Luego se largaban de mi casa de mala manera. Al día siguiente me hablaba Elena por teléfono, quejándose:
–¡Qué barbaridad! La Chata es insoportable, y todo es por culpa de Octavio.
–Ya no me estés fregando con Octavio, ya déjalo en paz –le contestaba.
–Pero no tenemos luz. Nos la cortaron. Octavio nos la mandó cortar.
–Eso a mí no me importa. ¡Por Dios! ¡Déjalo en paz! Ya no me lo menciones. No tengo nada que ver con él. No le voy a decir nada, ni le voy a escribir que te sigo viendo. No quiero que me digas una sola palabra de Octavio.
Él luego me hablaba: “¿Es cierto que Elena está muy mal y que la tienen que operar? Dime la verdad”. Yo sólo le decía que la había visto en tal exposición o que me hablaba por teléfono para saludarme. “Entonces, ¿qué hago? –me preguntaba Octavio–. ¿Le seguiré enviando su pensión?” “No sé, allá tú”, le respondía. Cada mes del año, Octavio enviaba a las dos Elenas su respectiva pensión, pero lo malgastaban. Hablaban mal de la gente que les encargaba trabajos de traducción. Yo creí que estarían más tranquilas en México, cuando regresaron de París en 1994, pero tenían un grupo grande de estudiantes, investigadores y feministas de una nueva fuerza sentimental, a quienes contaban sus historias inventadas. Aquella gente, ingenua, se maravillaba y las compadecía por sus mentiras contra Octavio, creyendo que él las martirizaba. Y no era cierto. Nunca las martirizó. Cuando se separaron, Octavio la trató muy bien y Elena seguía pidiendo dinero.
Cuando ambas llegaron a México, tuvieron casa propia con muebles en Cuernavaca, pero al mes habían vendido todo. Llamaban a un hospital porque Elena se estaba muriendo, y la supuesta cuenta de gastos médicos se la enviaban a Octavio. También decían que la Chata se había vuelto loca y que se la habían llevado a la clínica con una camisa de fuerza, o que Elena estaba abandonada y que se estaba peleando con la sirvienta. Ellas agarraban el teléfono, le marcaban a Octavio y le gritaban puros insultos en la contestadora hasta que se acababa la cinta. Él no sabía qué hacer. Quería olvidarse de ellas, pero siempre se preocupaba. Yo evitaba ir a Cuernavaca para no verlas. Me enteraba de su situación por los chismes de otros, pero no quería preocupar más a Octavio: “Te comprendo –le decía–. No le va a pasar nada a la Chata ni a su mamá. Vas a ver. Ellas estarán tranquilas con sus parientes.” Elena pertenecía a la familia de los Hernández, que era muy rica, por parte de su madre. Era prima de la coreógrafa Amalia Hernández, ex directora del Ballet Folklórico. Si Octavio, por desgracia, hubiese fallecido antes, su esposa e hija no se hubieran muerto de hambre, porque la familia Hernández las hubiera protegido. Pero tampoco Elena necesitaba ese apoyo, porque ella vendía sus artículos y libros a grandes editoriales. Pero siempre quedaba mal con la gente. Le pagaban por adelantado y no entregaba su trabajo a tiempo. No era capaz de disciplinarse. Quería escribir algo rápidamente para ganar dinero. Las últimas cosas que escribió, a excepción de algunos párrafos, ya no estaban bien hechas, porque quería cobrar.
MANTENER UNA ACTITUD NUEVA ANTE EL MUNDO
En los últimos días de su vida, Octavio se puso muy grave. Sólo nos hablábamos por teléfono, pero la conversación duraba muy poco, porque se cansaba de hablar. Yo lo notaba, pero él seguía hablando; empezaba con ímpetu y luego se cansaba. Lo veía en el hospital de Nutrición, donde él estaba internado y se quejaba mucho, que no tenía a la mano algodones ni gasas, que Marie-José no tenía un lugar cercano a él para cuidarlo. En la noche él oprimía el timbre y no aparecía ninguna enfermera. No podía levantarse para ir al baño… Fue un desastre en sus últimos años, desde el incendio de su departamento hasta el día que murió (19 de abril de 1998). El entonces presidente, Ernesto Zedillo, intervino. Le ofreció un hospital y le puso a los mejores médicos del país, pero ellos no se habían dado cuenta de un cáncer que padecía Octavio desde hacía años. Las operaciones que le realizaban eran inútiles. Ya no tenía fuerzas para reaccionar, pero de la cabeza se encontraba maravillosamente bien. Estaba muy simpático la última vez que lo vi en Nutrición. Desde ese momento me fui de viaje. Fue cuando empeoró y lo entrevistaron en la televisión, donde habló espontáneamente a la gente. Él me decía por teléfono que ya había llegado el final y sentía mucha tristeza por dejar sola a María-José. La familia de ella había muerto en un accidente de avión. Él esperaba que no la hicieran sufrir mucho. Sin embargo, ella ha sido una mujer muy fuerte.
Cuando falleció Octavio, Mari-Jo dio órdenes de que nos dejaran pasar a mí y a Marek, entre mucha gente, en su casa de Coyoacán. Yo no podía ir a las exequias porque tenía un compromiso en Aguascalientes, imposible de abandonar. Ella lo comprendió. En el velorio también estaba Julio Scherer e hicimos muchos esfuerzos para estar tranquilos. Mari-Jo me dio permiso de ver a Octavio en el féretro, quien se veía muy bien, con una expresión seria. Octavio fue un amigo excepcional. Nunca perdió la actitud de cuando era muy joven, siempre sorprendido de ver las cosas nuevas, con el gusto de oír a la persona que expresaba ideas interesantes. Le atraía la gente joven que era libre, atrevida y sincera, que no tratase de imitar a los viejos, de hacerse como sabios. En sus opiniones mantenía una actitud nueva ante el mundo. Eso le encantaba. Por eso se hizo amigo mío. Porque yo era muy directo al decir todo lo que se me ocurría. No tenía miedo ni vergüenza de no saber ciertas cosas. Yo decía: voy a estudiar, a leer y a pensar como yo quiero. Y eso le gustaba a Octavio. Cuando un nuevo escritor sobresalía, me lo recomendaba: léelo, escribe muy bien, diferente a cualquier cosa acartonada. Él te respetaba, no te atacaba, tampoco te ponía en ridículo. No presumas de lo que no sabes, nos decía.
UN IDIOMA PRECIOSO PARA CONTAR HISTORIAS
Juan Rulfo era una persona muy callada cuando estaba en su juicio. Me visitaba en mi departamento de Melchor Ocampo y casi no hablaba. Pero cuando empezaba a hablar, tenía un idioma precioso para contar historias, con una imaginación particular. Te contaba todo con una cadencia y un ritmo muy bonito que te embrujaba y te gustaba oírlo. Siempre fue amigo mío y nunca tuvimos ninguna dificultad. Se ponía cuete con dos o tres copas, y era muy difícil e insoportable. Era una angustia pensar que pronto se cayera al suelo. Luego Rulfo hizo un gran esfuerzo y se corrigió bastante. Rara vez lo vi borracho. A veces lo encontraba en París o en Roma y se veía bien. Pedro Coronel también tomaba bastante, nunca dominó el alcohol. Él tiraba a la locura. Si uno bebe mucho, terminamos siendo loco.
ME GUSTABA EL TIEMPO PARA APRENDER
De joven yo era muy tremendo, me embriagaba en cualquier fiesta, cantina o cabaret. Pero un día tuve conciencia de que si quiero ser pintor no puedo emborracharme ni padecer crudas. Me ponía muy tembloroso y angustiado por las tonterías que hacía de borracho la noche anterior. Entonces dejé de tomar. Aproveché el tiempo para leer muchos libros. Si no entendía algo, iba con un amigo más enterado que yo y le preguntaba sobre mis dudas. Como sólo cursé la escuela primaria, tuve que saber todo a través de los libros que me prestaban mis amigos. Me gustaba el tiempo para aprender, porque ignoraba infinidad de cosas: la historia de México, de Europa, de la pintura y el arte... Hay la necesidad en el hombre de escribir novelas, pintar cuadros de forma libre o imperativa. No todo es fiesta. Hay que dedicarse al oficio por completo. Si uno tira el tiempo a la borda, no lo recupera jamás. Si uno pasa toda su vida con el alcohol, el hachís, la coca y haciendo el sexo obsesivamente, pues está fregado. Es muy difícil amanecer crudo, porque te metes en un desastre físico, horrendo. Tuve la suerte de no seguir por este camino fácil. El arte fue mi salvamento. Me gustaba tanto levantarme cada mañana para pintar y estudiar, con la obsesión de querer dominar algún elemento del oficio; ir a ver cómo trabajaban los otros pintores, cómo manejaban sabiamente la materia. El que no sabe historia del arte se limita; ve una pintura sin conocer su significado; sólo alcanza a decir ¡qué bonito! o ¡qué feo! Un cuadro tiene que descifrarse. Mientras más signos e imágenes veamos, más cosas encontraremos. El artista realiza un orden de los elementos bien justificados sobre el lienzo; hay que leer ese orden siguiendo los objetos simbólicos que lo conforman.
COSAS QUE PRINCIPIAN DE NUEVO
Leí libros sobre arte de la antigüedad egipcia e india comparado con la de México. La cultura mexicana es infinita porque nuestros antiguos eran grandes artistas. Los egipcios repitieron las mismas formas que habían descubierto, y los mexicanos en cada región crearon símbolos diferentes y hermosos. En nuestra cultura podemos comparar dos jaguares o dos serpientes. Hay soluciones maravillosas de los signos inventados por cada grupo. Todo está lleno de invenciones. En otros países hay un arte aparentemente impresionante, pero hay civilizaciones que se repiten en tres mil años. En India, las calles conservan la misma imagen, y los edificios, también; carecen de evolución. En cambio, nosotros somos de la misma cultura, pero se inventan muchas formas. Cada hombre piensa y vive su experiencia de diferente manera.
Hay un deseo de poder explicar los murales dedicados a la Revolución mexicana, en los cuales hay diversidad de temas. Los verdaderos cuadros siempre escapan al lugar de su creación de origen y son producto de la cultura universal. Pierden el sentido anecdótico. Mucha gente piensa que debo estar en París, porque es una sociedad de vida cultural, y no. París es una ciudad menos interesante que México, porque aquí suceden cosas que principian de nuevo.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-javier.html

Foto: Cortesía INBA
El artista plástico Juan Soriano (1920-2006) concebía la amistad como una relación franca y sincera entre personas de distinta nacionalidad o cultura; durante su etapa de juventud, deseaba conocer el estudio del arte y la literatura y, en sus últimos años de vida, conservaba el espíritu libre de su pensar y sentir: “Siempre que viajamos a otro país –decía el pintor jalisciense–, conocemos a un amigo con el cual se comparten diversas culturas. Debe respetarse la libertad de cada quien. Querer transformar a los amigos es una reproducción de nuestras manías. La presencia de una persona es valiosa porque es diferente a nosotros.” Al referirse a sus compañeros más cercanos, Soriano comentaba: “Diego de Mesa, español refugiado en México, me aportó muchas ideas y tradiciones de España, país que yo sólo conocía por libros y no por gente cercana. Comentaba realmente las lecturas que él realizaba del Quijote y de la literatura española en medio de las comidas familiares y entre amigos. Igual me sucedió con Marek Keller. A través de él pude conocer Polonia y a muchos polacos que visitaban mi casa: pianistas y mujeres muy guapas; gente muy distinta a quien podía entender. Entonces me interesaba por otro país, por otras costumbres. Enrique Krauze es de descendencia polaca. Cuando él supo en una ocasión que yo iba a viajar a Polonia, me pidió de favor que fuera al pueblo donde nació su padre y que hiciera unos dibujos para la entonces revista Vuelta . Los hice y se los llevé.” Estas palabras del maestro Juan Soriano, quien falleciera hace dos años, el 10 de febrero de 2006, provienen de un material inédito, extraído de una serie de entrevistas que realicé a este pintor jalisciense durante los años de 1996 a 1999, para dar noticia de la inauguración de diversas exposiciones suyas en distintos museos, dentro y fuera del país, y recuperar la memoria de su juventud y pensar artístico.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-javier.html
La conciencia republicana de Gallegos Rocafull
Por: Bernardo Bátiz V.

Chesterton, en alguno de sus chispeantes y simultáneamente profundos ensayos, quizás en “Ortodoxia”, al referirse a la Iglesia católica, cuya fe abrazó en su madurez, decía que esta institución milenaria es como una embarcación que navega por mares procelosos y, a veces, se sumerge y desaparece de la superficie, pero entonces se transforma en un submarino y sigue navegando sumergida para volver, tiempo después, a resurgir sobre las ondas como si nada. Algo así le esta sucediendo en nuestra época.
Se acusa a los prelados católicos, en todo el mundo, de nefandos delitos y, para escándalo del pueblo creyente, se les ve frecuentemente con un comportamiento muy alejado de las virtudes evangélicas y más bien cercano al de los magnates soberbios y arrogantes de nuestro tiempo. En México no es raro encontrar dignatarios de la Iglesia en la plaza de toros, con ropa pretenciosa y el puro en la boca, o en banquetes elegantes o en el hoyo 19 de los campos de golf, o bien, lo cual es más lamentable, interviniendo en política partidista con imprudencia indicativa de su olvido de las enseñanzas del pasado.
Por ello, en este tiempo en que la Iglesia que Roma encabeza parece sumergida en un mar de prácticas reprobables y de vanas preocupaciones financieras, políticas y hasta deportivas y de espectáculos, es bueno para ella y para el mundo en que actúa y al que pretende reformar y encaminar a la Civitas Dei, recordar a fieles y a pastores que en años no tan lejanos a los nuestros pensaron y actuaron con otros criterios y con otras actitudes laicos y religiosos comprometidos que respondieron a su tiempo y a sus circunstancias con rectitud, valor civil y pensamiento preclaro; católicos destacados por su pensamiento elevado, su amor a los pobres y su acción eficaz y oportuna.
Un caso de esta naturaleza es el del sacerdote español, filosofo de la historia, pensador concienzudo, escolástico profundo, que vivió en México muchos lustros de su existencia y aquí murió, pero también aquí impartió cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México y dejó abundante obra escrita.
En nuestro país fue, entre otras materias, catedrático de Filosofía de la Historia en la Facultad de Filosofía y Letras, donde tuve oportunidad y suerte de escucharlo como oyente, y en la Facultad de Derecho a la que yo asistía, vecina cercana a la de Filosofía, y varios motivos acercaban a estudiantes de derecho a las interesantes clases de Gallegos Rocafull: su brillantez y su profundidad, pero también su fama de hombre de pensamiento independiente. En nuestro país escribió buena parte de su sólida y abundante obra sobre temas de teología y filosofía, expresados en libros ahora difíciles de encontrar, como La allendidad cristiana, La nueva criatura, El don de Dios en la gran aventura del hombre. Pero también se ocupó en otros textos de temas económicos, de sociología y de política.
De estos temas sociales, destacan las obras Persona y masas, El orden social según la doctrina de Santo Tomás de Aquino y La visión cristiana del mundo económico, escritos en que expresa una posición en política y en economía contraria a los materialismos capitalista y marxista, que en los años cuarenta y cincuenta parecían las únicas opciones para México y el mundo; en ellos hace también, como para despejar dudas, crítica severa de los sistemas autoritarios cercanos al fascismo y al nacional socialismo alemán. No hay que olvidar que Gallegos Rocafull fue un sacerdote expulsado de España por el gobierno encabezado por Franco, precisamente por su posición ideológica partidaria de los republicanos y por su clara convicción democrática. Otras razones de su exilio fueron sus propuestas de avanzada en materia de economía, que se caracterizaron por una crítica al capitalismo y por la búsqueda de una solución al entonces llamado problema social, solución rastreada en la doctrina de los Evangelios, pero con una visión de avanzada que lo llevó a proponer una verdadera revolución por la igualdad y la distribución equitativa de la propiedad entre todos los hombres. Quiere, y así lo dice expresamente, que se devuelva al hombre su condición humana, y que “se humanicen a la vez la naturaleza y la cultura”.
En La visión cristiana del mundo económico, la doctrina a la que más fustiga es la del capitalismo individualista, que se presenta a sí mismo, dice textualmente Gallegos Rocafull, como un campeón de la libertad, pero que “a falta de una doctrina propia, cubre su desnudez con retazos de cristianismo”, pero que lo que en verdad profesa –agrega–, “lo va pregonando con sus actos”. Los actos del capitalismo son de atropello, abuso de los más débiles y codicia como actitud permanente en las relaciones sociales.
Hace hincapié el recio hispano, siempre vestido con sobriedad y siempre elegante en su expresión, en el falso dilema de su tiempo, que presenta al mundo sólo dos opciones: “O capitalismo o comunismo”; dilema que fue y es una falsedad bastante obvia, a pesar de que en nuestros días no falta quien quiera revivir la disyuntiva, no deja de recordar en su obra escrita que ambos sistemas, capitalismo y comunismo, este último motejado por él como hijo bastardo del primero, no son sino formas férreas y deshumanizadas del materialismo que rudamente pretenden dejar fuera de las relaciones del mundo económico una valoración ética de las acciones y los proyectos por encima de las reglas toscas de la ganancia o del control totalitario de los medios de producción.
Después de un erudito recorrido por las reflexiones de los padres de la Iglesia y de los doctores de la escolástica, verdaderas construcciones doctrinarias de una economía basada en la santidad del trabajo y en la fraternidad de todos, se topa y enfrenta con el capitalismo, para lo cual glosa la tesis de Webber, quien presenta a este sistema como heredero legitimo y directo del calvinismo y hermano gemelo del puritanismo estadunidense.
Frente a la tesis calvinista según la cual el éxito económico y, por tanto, la riqueza, son una señal de salvación, y la pobreza, por el contrario, una señal ineludible, opone Gallegos Rocafull citas tan contundentes como la de san Juan Crisóstomo, a quien cita textualmente: “No es justo que a muchos les resulte imposible, aunque se afanen y trabajen, llegar a ser propietarios. No es justo que los pocos que lo son administren su propiedad con un criterio tan cerradamente egoísta que ni de cerca ni de lejos beneficie a los demás.” O esta otra, más ruda y contundente, lo dice el mismo autor, de san Jerónimo en la Epístola Ab Hebridean: “No es justo que unos pocos se apropien de todo y priven de su uso a los demás [ … ] porque todas las riquezas provienen de la injusticia y lo que uno encuentra, otro lo ha perdido. Por lo que parece muy puesto en razón este proverbio que corre entre el vulgo: el rico o es injusto o heredero de un injusto.” O esta otra cita sin desperdicio, de Lactancio: “La división de los hombres en castas que abre un abismo insondable entre pobres y ricos, es incompatible con el concepto de justicia.”
Como se observa, el autor escogió citas de textos de la antigüedad cristiana entre aquellas reflexiones en las que se destaca la virtud de la justicia que es atropellada por quienes tienen en sus manos poder y riqueza; reflexiones apropiadas para los años en que Gallegos Rocafull enseñó y escribió, pero no menos apropiadas para nuestra época.
Gallegos Rocafull fue seguidor de esa añeja tradición que en nuestros tiempos recaló en las corrientes que ven en la redención de los pobres, empezando aquí y ahora, la esencia de un cristianismo que sea realmente la levadura con la que se fermenta la masa humana, y que preconiza el bien común como siempre superior al bien privado, y así lo expresa volviendo a su maestro principal Santo Tomás de Aquino, que escribió: “Lo que pertenece a una persona es poca cosa en comparación a lo que conviene a las cosas comunes, y el bien común es mejor y más divino que el bien de uno.” (Suma Teológica II-II).
Este señalamiento a favor de la solidaridad humana y del principio de cooperación y fraternidad, es a la vez un rechazo sin matices a los criterios individualistas que, como él mismo lo dice, ciegan a los hombres, y un rechazo a la acumulación de la propiedad en manos de unos pocos.
Cuando leemos a Gallegos Rocafull en su análisis del calvinismo, que divide con soberbia marcada a los hombres en salvos y réprobos, fatal y necesariamente por designio divino, y en donde el libre albedrío no tiene papel alguno que jugar, no podemos sino pensar en la moderna clasificación por la que el pragmatismo que impera pretende dividir a los hombres en dos categoría radicalmente separadas, la de los triunfadores, satisfechos y ricos por supuesto, y la de los demás, los perdedores, quienes, conforme a la doctrina calvinista, serán siempre pobres y derrotados según criterios crueles, utilitarios, fatalistas, pero infundados. Y es ese el calificativo correcto; la clasificación de todas las personas en un mundo de competidores, entre triunfadores (salvos) y perdedores (réprobos), nunca considera, y esto alarma a Gallegos Rocafull, que la pobreza pueda ser un infortunio y mucho menos consecuencia de la injusticia; es, la pobreza, para esos puritanos irracionales que él combate, sólo “la lógica consecuencia de la impreparación y de la abulia”, siempre el fruto natural de una conducta desarreglada y por ende un castigo. Todo parecido con las políticas neoliberales que hoy prevalecen, discriminatorias y racistas, abiertas o simuladas, no es pura coincidencia; hay una clara relación de causa y efecto entre el pensamiento neoliberal que ha ido abriéndose paso en nuestros días y la actitud de clases medias y altas frente a la pobreza y los movimientos sociales.
Este fundamento teórico, a veces expreso, a veces tácito, del capitalismo individualista, no tolera que en la sociedad existan procesos que sean diferentes a los competitivos que exalta y preconiza, y en los que necesariamente lo que unos ganan es lo que otros pierden; se rechazan y se ponen bajo sospecha en el individualismo moderno otros procesos sociales diferentes, no disyuntivos sino conjuntivos, como son los de colaboración y cooperación mediante los cuales se busca un fin social útil a todos, trabajando en común, pero también, una vez alcanzado, disfrutado en común. El principio participativo es aquel en el que el esfuerzo de la inteligencia y del trabajo de todos produce a su vez beneficios para todos.
Quienes piensan, con un criterio demasiado moderno impuesto desde las escuelas del éxito y de la competencia, que quieren poner a todos y a todo en escalas de exitosos y “certificados”, de un lado, y de derrotados y perdedores “no certificados”, del otro, debieran leer La visión cristiana del mundo económico o, al menos El orden social según la doctrina de Santo Tomás de Aquino, para que recuperen una perspectiva de la estructura social y de las instituciones que la integran, que pueden y deben estar iluminadas por criterios y valores de una larga y probada tradición. Estos valores no son otros que la solidaridad, la fraternidad, la justicia y, derivado de todo ello, la vocación y preferencia por los pobres.
Seglares que se dicen y se sienten cristianos, y clérigos de altos rangos y puestos en la jerarquía, podrán encontrar en pensadores de su misma línea doctrinaria formas y fórmulas para que la Iglesia resurja, si es que realmente quieren que así sea, para que ésta vuelva a navegar con señorío sobre las aguas agitadas y recupere su posición de guía hacia la justicia, la paz y la verdad.
José María Gallegos Rocafull murió lejos de la patria en que nació, en la ciudad mexicana de Guadalajara, capital de Jalisco, el año de 1963, a los setenta y cuatro años de edad. No volvió a su tierra natal, porque en ella no había espacio ni para la democracia en que él creía, ni para la justicia social que defendía y, por tanto, no había espacio para un pensador tan comprometido como él, tan congruente y tan sólido. Si en México encontró el ambiente y el clima para ejercer su libertad y expresar su pensamiento, es justo que en México se reconozca su papel de sacerdote fiel a su doctrina de maestro y de escritor. Quienes somos cristianos y nos ocupamos de cuestiones políticas, y quienes tienen interés en las ciencias económicas, lo recuerden si ya lo conocían, o lo encuentren si no habían escuchado de él o no lo han leído. Gallegos Rocafull es un ejemplo de cristiano congruente que, sin apartarse de su fe, luchó en su ambiente, el de la cultura y la universidad, por sus sólidas convicciones.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-bernardo.html

Chesterton, en alguno de sus chispeantes y simultáneamente profundos ensayos, quizás en “Ortodoxia”, al referirse a la Iglesia católica, cuya fe abrazó en su madurez, decía que esta institución milenaria es como una embarcación que navega por mares procelosos y, a veces, se sumerge y desaparece de la superficie, pero entonces se transforma en un submarino y sigue navegando sumergida para volver, tiempo después, a resurgir sobre las ondas como si nada. Algo así le esta sucediendo en nuestra época.
Se acusa a los prelados católicos, en todo el mundo, de nefandos delitos y, para escándalo del pueblo creyente, se les ve frecuentemente con un comportamiento muy alejado de las virtudes evangélicas y más bien cercano al de los magnates soberbios y arrogantes de nuestro tiempo. En México no es raro encontrar dignatarios de la Iglesia en la plaza de toros, con ropa pretenciosa y el puro en la boca, o en banquetes elegantes o en el hoyo 19 de los campos de golf, o bien, lo cual es más lamentable, interviniendo en política partidista con imprudencia indicativa de su olvido de las enseñanzas del pasado.
Por ello, en este tiempo en que la Iglesia que Roma encabeza parece sumergida en un mar de prácticas reprobables y de vanas preocupaciones financieras, políticas y hasta deportivas y de espectáculos, es bueno para ella y para el mundo en que actúa y al que pretende reformar y encaminar a la Civitas Dei, recordar a fieles y a pastores que en años no tan lejanos a los nuestros pensaron y actuaron con otros criterios y con otras actitudes laicos y religiosos comprometidos que respondieron a su tiempo y a sus circunstancias con rectitud, valor civil y pensamiento preclaro; católicos destacados por su pensamiento elevado, su amor a los pobres y su acción eficaz y oportuna.
Un caso de esta naturaleza es el del sacerdote español, filosofo de la historia, pensador concienzudo, escolástico profundo, que vivió en México muchos lustros de su existencia y aquí murió, pero también aquí impartió cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México y dejó abundante obra escrita.
En nuestro país fue, entre otras materias, catedrático de Filosofía de la Historia en la Facultad de Filosofía y Letras, donde tuve oportunidad y suerte de escucharlo como oyente, y en la Facultad de Derecho a la que yo asistía, vecina cercana a la de Filosofía, y varios motivos acercaban a estudiantes de derecho a las interesantes clases de Gallegos Rocafull: su brillantez y su profundidad, pero también su fama de hombre de pensamiento independiente. En nuestro país escribió buena parte de su sólida y abundante obra sobre temas de teología y filosofía, expresados en libros ahora difíciles de encontrar, como La allendidad cristiana, La nueva criatura, El don de Dios en la gran aventura del hombre. Pero también se ocupó en otros textos de temas económicos, de sociología y de política.
De estos temas sociales, destacan las obras Persona y masas, El orden social según la doctrina de Santo Tomás de Aquino y La visión cristiana del mundo económico, escritos en que expresa una posición en política y en economía contraria a los materialismos capitalista y marxista, que en los años cuarenta y cincuenta parecían las únicas opciones para México y el mundo; en ellos hace también, como para despejar dudas, crítica severa de los sistemas autoritarios cercanos al fascismo y al nacional socialismo alemán. No hay que olvidar que Gallegos Rocafull fue un sacerdote expulsado de España por el gobierno encabezado por Franco, precisamente por su posición ideológica partidaria de los republicanos y por su clara convicción democrática. Otras razones de su exilio fueron sus propuestas de avanzada en materia de economía, que se caracterizaron por una crítica al capitalismo y por la búsqueda de una solución al entonces llamado problema social, solución rastreada en la doctrina de los Evangelios, pero con una visión de avanzada que lo llevó a proponer una verdadera revolución por la igualdad y la distribución equitativa de la propiedad entre todos los hombres. Quiere, y así lo dice expresamente, que se devuelva al hombre su condición humana, y que “se humanicen a la vez la naturaleza y la cultura”.
En La visión cristiana del mundo económico, la doctrina a la que más fustiga es la del capitalismo individualista, que se presenta a sí mismo, dice textualmente Gallegos Rocafull, como un campeón de la libertad, pero que “a falta de una doctrina propia, cubre su desnudez con retazos de cristianismo”, pero que lo que en verdad profesa –agrega–, “lo va pregonando con sus actos”. Los actos del capitalismo son de atropello, abuso de los más débiles y codicia como actitud permanente en las relaciones sociales.
Hace hincapié el recio hispano, siempre vestido con sobriedad y siempre elegante en su expresión, en el falso dilema de su tiempo, que presenta al mundo sólo dos opciones: “O capitalismo o comunismo”; dilema que fue y es una falsedad bastante obvia, a pesar de que en nuestros días no falta quien quiera revivir la disyuntiva, no deja de recordar en su obra escrita que ambos sistemas, capitalismo y comunismo, este último motejado por él como hijo bastardo del primero, no son sino formas férreas y deshumanizadas del materialismo que rudamente pretenden dejar fuera de las relaciones del mundo económico una valoración ética de las acciones y los proyectos por encima de las reglas toscas de la ganancia o del control totalitario de los medios de producción.
Después de un erudito recorrido por las reflexiones de los padres de la Iglesia y de los doctores de la escolástica, verdaderas construcciones doctrinarias de una economía basada en la santidad del trabajo y en la fraternidad de todos, se topa y enfrenta con el capitalismo, para lo cual glosa la tesis de Webber, quien presenta a este sistema como heredero legitimo y directo del calvinismo y hermano gemelo del puritanismo estadunidense.
Frente a la tesis calvinista según la cual el éxito económico y, por tanto, la riqueza, son una señal de salvación, y la pobreza, por el contrario, una señal ineludible, opone Gallegos Rocafull citas tan contundentes como la de san Juan Crisóstomo, a quien cita textualmente: “No es justo que a muchos les resulte imposible, aunque se afanen y trabajen, llegar a ser propietarios. No es justo que los pocos que lo son administren su propiedad con un criterio tan cerradamente egoísta que ni de cerca ni de lejos beneficie a los demás.” O esta otra, más ruda y contundente, lo dice el mismo autor, de san Jerónimo en la Epístola Ab Hebridean: “No es justo que unos pocos se apropien de todo y priven de su uso a los demás [ … ] porque todas las riquezas provienen de la injusticia y lo que uno encuentra, otro lo ha perdido. Por lo que parece muy puesto en razón este proverbio que corre entre el vulgo: el rico o es injusto o heredero de un injusto.” O esta otra cita sin desperdicio, de Lactancio: “La división de los hombres en castas que abre un abismo insondable entre pobres y ricos, es incompatible con el concepto de justicia.”
Como se observa, el autor escogió citas de textos de la antigüedad cristiana entre aquellas reflexiones en las que se destaca la virtud de la justicia que es atropellada por quienes tienen en sus manos poder y riqueza; reflexiones apropiadas para los años en que Gallegos Rocafull enseñó y escribió, pero no menos apropiadas para nuestra época.
Gallegos Rocafull fue seguidor de esa añeja tradición que en nuestros tiempos recaló en las corrientes que ven en la redención de los pobres, empezando aquí y ahora, la esencia de un cristianismo que sea realmente la levadura con la que se fermenta la masa humana, y que preconiza el bien común como siempre superior al bien privado, y así lo expresa volviendo a su maestro principal Santo Tomás de Aquino, que escribió: “Lo que pertenece a una persona es poca cosa en comparación a lo que conviene a las cosas comunes, y el bien común es mejor y más divino que el bien de uno.” (Suma Teológica II-II).
Este señalamiento a favor de la solidaridad humana y del principio de cooperación y fraternidad, es a la vez un rechazo sin matices a los criterios individualistas que, como él mismo lo dice, ciegan a los hombres, y un rechazo a la acumulación de la propiedad en manos de unos pocos.
Cuando leemos a Gallegos Rocafull en su análisis del calvinismo, que divide con soberbia marcada a los hombres en salvos y réprobos, fatal y necesariamente por designio divino, y en donde el libre albedrío no tiene papel alguno que jugar, no podemos sino pensar en la moderna clasificación por la que el pragmatismo que impera pretende dividir a los hombres en dos categoría radicalmente separadas, la de los triunfadores, satisfechos y ricos por supuesto, y la de los demás, los perdedores, quienes, conforme a la doctrina calvinista, serán siempre pobres y derrotados según criterios crueles, utilitarios, fatalistas, pero infundados. Y es ese el calificativo correcto; la clasificación de todas las personas en un mundo de competidores, entre triunfadores (salvos) y perdedores (réprobos), nunca considera, y esto alarma a Gallegos Rocafull, que la pobreza pueda ser un infortunio y mucho menos consecuencia de la injusticia; es, la pobreza, para esos puritanos irracionales que él combate, sólo “la lógica consecuencia de la impreparación y de la abulia”, siempre el fruto natural de una conducta desarreglada y por ende un castigo. Todo parecido con las políticas neoliberales que hoy prevalecen, discriminatorias y racistas, abiertas o simuladas, no es pura coincidencia; hay una clara relación de causa y efecto entre el pensamiento neoliberal que ha ido abriéndose paso en nuestros días y la actitud de clases medias y altas frente a la pobreza y los movimientos sociales.
Este fundamento teórico, a veces expreso, a veces tácito, del capitalismo individualista, no tolera que en la sociedad existan procesos que sean diferentes a los competitivos que exalta y preconiza, y en los que necesariamente lo que unos ganan es lo que otros pierden; se rechazan y se ponen bajo sospecha en el individualismo moderno otros procesos sociales diferentes, no disyuntivos sino conjuntivos, como son los de colaboración y cooperación mediante los cuales se busca un fin social útil a todos, trabajando en común, pero también, una vez alcanzado, disfrutado en común. El principio participativo es aquel en el que el esfuerzo de la inteligencia y del trabajo de todos produce a su vez beneficios para todos.
Quienes piensan, con un criterio demasiado moderno impuesto desde las escuelas del éxito y de la competencia, que quieren poner a todos y a todo en escalas de exitosos y “certificados”, de un lado, y de derrotados y perdedores “no certificados”, del otro, debieran leer La visión cristiana del mundo económico o, al menos El orden social según la doctrina de Santo Tomás de Aquino, para que recuperen una perspectiva de la estructura social y de las instituciones que la integran, que pueden y deben estar iluminadas por criterios y valores de una larga y probada tradición. Estos valores no son otros que la solidaridad, la fraternidad, la justicia y, derivado de todo ello, la vocación y preferencia por los pobres.
Seglares que se dicen y se sienten cristianos, y clérigos de altos rangos y puestos en la jerarquía, podrán encontrar en pensadores de su misma línea doctrinaria formas y fórmulas para que la Iglesia resurja, si es que realmente quieren que así sea, para que ésta vuelva a navegar con señorío sobre las aguas agitadas y recupere su posición de guía hacia la justicia, la paz y la verdad.
José María Gallegos Rocafull murió lejos de la patria en que nació, en la ciudad mexicana de Guadalajara, capital de Jalisco, el año de 1963, a los setenta y cuatro años de edad. No volvió a su tierra natal, porque en ella no había espacio ni para la democracia en que él creía, ni para la justicia social que defendía y, por tanto, no había espacio para un pensador tan comprometido como él, tan congruente y tan sólido. Si en México encontró el ambiente y el clima para ejercer su libertad y expresar su pensamiento, es justo que en México se reconozca su papel de sacerdote fiel a su doctrina de maestro y de escritor. Quienes somos cristianos y nos ocupamos de cuestiones políticas, y quienes tienen interés en las ciencias económicas, lo recuerden si ya lo conocían, o lo encuentren si no habían escuchado de él o no lo han leído. Gallegos Rocafull es un ejemplo de cristiano congruente que, sin apartarse de su fe, luchó en su ambiente, el de la cultura y la universidad, por sus sólidas convicciones.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-bernardo.html
De intelectuales, críticos y mafiosos
Por: Andreas Kurz
Hace no mucho tiempo participé en un congreso dedicado a las obras de Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud. Admito que sólo escuché pocas ponencias, dado que la ubicación de la ciudad sede a orillas del mar ofuscaba el atractivo de las lecciones eruditas. Aun así regresé a casa con una enseñanza valiosísima en mis maletas acerca del estado actual de la crítica literaria en México y, muy probablemente, en general.
Los críticos (académicos) que se ocupan de Nietzsche siguieron dos métodos opuestos: 1. Parafrasear correcta y sobriamente los textos y tesis principales del gran sifilítico, y aderezar los resúmenes así adquiridos con una que otra cita textual provocadora. 2. Convertirse en supernietzsches, que no en superhombres, es decir, superar las metáforas oscuras, vagas y líricas, en ocasiones dulzonas, belicosas y prejuiciadas del gran filólogo anárquico, con figuras retóricas tenebrosas, desequilibradas y melifluas, en ocasiones empalagosas, terroristas y maniqueas.
Los escasos freudianos procedieron de manera similar: variaron levemente los párrafos del psicólogo vienés o –y admito que en esta categoría debo ubicarme a mí mismo– borraron los límites entre vigilia y sueño mucho más tajantemente que el padre del complejo de Edipo.
En el vuelo de regreso a Ciudad de México leí varias reseñas literarias –y la analogía entre la crítica de libros y las brumas académicas freudianas y nietzscheanas se me presentó de repente. La crítica literaria, la de las revistas y suplementos culturales –la académica es otra cosa, ya que ni evalúa, ni recomienda–, procede por lo general de dos maneras diferentes: 1. Resume el contenido del libro y espera que el lector potencial se quede “picado”. Eventualmente agrega un placet o un non placet, sin perder demasiado tiempo con la justificación del gusta o no gusta. 2. El reseñista se reseña a sí mismo, es decir, aprovecha la reciente publicación de una novela, un poemario, un ensayo, etcétera, para reflexionar sobre su excelsa persona y, de paso, demostrar al lector de la reseña que aún le falta mucho para ser tan astuto, sabio y erudito como el crítico, quien suele “releer” las obras y, propiamente dicho, ya lo conoce todo. Así que, si el lector potencial pretende ponerse a la altura del crítico, que empiece con el libro escogido por el criterio infalible del lector maestro. Este tipo de reseñista no suele hablar de libros malos, no le gusta escribir textos que destrozan textos. Todos sus amigos y conocidos producen buena calidad. Un subproducto de esta especie se da, de manera biológica, cuando el crítico envejece. Se convierte en Papa y canoniza. Harold Bloom para la literatura anglosajona y Marcel Reich Ranicki para la germana, siguen ejerciendo su pontificado que, en el caso del polaco-alemán, rebasa el de Juan Pablo ii . Ignoro cómo se llaman los Papas español y francés, los subpapas argentino y mexicano. Ha de haber.
Entiendo la crítica literaria cotidiana como un intermediario entre libro y lector. Una tarea de utilidad y responsabilidad, sobre todo en países con mucha producción literaria, pero pocos lectores y menos difusión. La crítica literaria sirve al libro. Nada más y nada menos. Como buena sirvienta es, en ocasiones, más lista que el amo: lo corrige, lo manipula sutilmente. Como sirvienta rebelde da, de vez en cuando, una patada al amo y le grita que se calle. Si el amo es tolerante, liberal y mínimamente modesto, entonces disfrutará de la plática con su sirvienta, la que le jurará fidelidad incondicional, aunque a veces se permita ciertas irreverencias. Los críticos descritos en el párrafo anterior son pésimos sirvientes: insípidos y bastante inútiles unos, altaneros e indignos del amo libro, del amo palabra escrita, los otros. Más allá del bien y del mal, la subespecie: el canon de los críticos que dicta un canon de autores que adora al canon de los críticos porque quiere permanecer en el canon de autores, en la vecindad de los clásicos, los que no se quejan de nada porque están bien muertos.
Obviamente mi ideal de la crítica literaria y mi percepción del estado de la crítica literaria actual divergen. Divergen mucho, forman un contraste. Es decir, según mi percepción, la crítica literaria actual está en crisis. La crítica, la verdadera, prácticamente dejó de existir. Muy pocos la ejercen aún. Hay escasos alumnos de los grandes maestros: los antiguos como Sainte-Beuve o “Clarín” o, ¿por qué no?, Menéndez y Pelayo; los modernos como Barthes o Américo Castro, o Alfonso Reyes o Juan García Ponce, cuando fungen como críticos de uso, no académicos, como tales son otra cosa, creo que ya lo dije.
La crisis de la crítica literaria cotidiana me importa, por otro lado, un comino. Seguro que crisis hay. No puede ser de otra manera. Siempre hay crisis. Desde que tengo memoria hay crisis: política, económica, espiritual, cultural. Claro que también la crítica está en crisis. Sólo es justo.
Esta obvia crisis de la crítica literaria revela una crisis –y ésta sí me importa– del pensar. Es un caso excelente para ilustrar el lamentable renacimiento del Korpsgeist en el medio intelectual. Ponerse la camisa de una ideología, un partido, un líder, una revista, un filósofo, un prejuicio. No quitarse la camisa nunca, ni siquiera cuando ya apesta, no lavarla, no renovarla, no enmendarla y, pese a su lamentable apariencia, pensar que es la más bonita y moderna. Esto podría ser la paráfrasis de Korpsgeist en español.
No sorprende que la palabra intelectual haya adquirido connotaciones negativas que no excluyen un desprecio vergonzoso: perezoso, inútil, sanguijuela, oportunista, engreído, pretencioso, elitista. La lista es larga y, curiosamente, incluye la mayoría de los epítetos que tradicionalmente se relacionaban con el poeta o el artista puro. Se olvida que el concepto intelectual se generó precisamente para hacer frente a la supuesta inutilidad social del arte, de la escritura, del pensamiento en su forma más noble.
Cuando Émile Zola alcanza los límites de la escritura naturalista –concluye su gran ciclo en 1893–; después de su intento frustrado de entender, en sus Tres ciudades, la religiosidad de una época irreligiosa, cree que la escritura no sólo puede analizar la realidad, sino también debería formarla y penetrarla. Zola defiende a Alfred Dreyfus sin conocer al oficial del ejército francés y chivo expiatorio en un escándalo de espionaje peligrosamente parecido a una opereta straussiana. Dreyfus convierte al escritor en intelectual. Zola, Mirbeau y Anatole France, entre otros, se dan cuenta de que el pensador cumple con una función pública de suma importancia: no es manipulable, la verdad le importa más que los intereses particulares y egoístas, más inclusive que los valores patrióticos y la imagen de Francia. La prensa nombra al grupo alrededor del autor de Yo acuso como intelectual, probablemente sin saber que con ello genera un mito: el de los pensadores y artistas responsables, verdaderos barómetros sociales, intachables sus actitudes éticas, aunque sean escandalosas y nihilistas sus producciones artísticas. Hoy sabemos que Dreyfus no salió libre –hace 102 años– gracias a la intervención de Zola, sino debido al miedo del gobierno francés ante un posible boicot inglés y estadunidense de la Exposición Mundial. Aun así, el mito del intelectual clarividente y defensor de la verdad perdurará y tendrá, en Francia, representantes como Sartre, Foucault y Baudrillard, cuyas obras pueden ser desconcertantes y frustrantes, cuyo engagement , sin embargo, a pesar de celos y envidias humanos demasiado humanos, suele ser ejemplar. Hasta los que llegaron a negar la existencia de verdad y realidad no renunciarían a esta apertura del intelectual hacia el mundo concreto. No olvidemos que inclusive el muy onírico Breton decía de sí mismo que su lugar preferido era la calle.
¿Cuándo el intelectual se convierte en sanguijuela social? No dudo en responder, aunque sé que el término tiene connotaciones muy específicas en la cultura mexicana: cuando se vuelve mafioso, cuando forma grupitos, que ya no son grupos que se desprecian mutuamente por razones puramente artísticas, sino que protegen celosamente sus privilegios culturales y económicos. El pensamiento, entonces, sirve a una institución, a una persona, probablemente muy loables ambas, mas el pensamiento deja de ser pensamiento cuando empieza a servir. Los intelectuales franceses se enfrentaron a este dilema cuando tenían que decidirse entre partido sí o partido no, los intelectuales actuales cuando se trata de la pregunta: ¿mafia sí o mafia no?
La crítica literaria tiene escasa importancia dentro de este escenario, “sólo” es sintomática. Los críticos que se explayan sobre un poemario en frases brumosas y místicas que sólo ellos entienden, no son intelectuales; los que resumen el contenido de una novela, de un cuento, parecen creer que con ello brindan un servicio a un público incapaz de leer; los que admiran en cada reseña su propia erudición juegan un papel elitista; de los Papas no hablaré, viven en otro mundo. Las actitudes mencionadas son asociales y antidemocráticas, por ende antiintelectuales en el sentido dreyfusiano. El mejor arte y la mejor literatura son asociales. No cabe duda, y qué bueno que así sea. Las mejores obras son herméticas, especulan deliberadamente con la ignorancia del público. La obra se encierra en sí misma, mas no se cierra hacia el mundo; está en el mundo, pese a su hermetismo. La crítica literaria, que pretende ser un campo intelectual, ignora olímpicamente el mundo cuando fabula acerca de su propia crisis, porque no se da cuenta de que es el subproducto de un producto expuesto a los ojos de todos, es decir, ella misma, debería dirigirse a todos, en lugar de practicar el autoerotismo público.
Rafael Lemus, joven crítico al que aprecio porque se opone a las mafias viejas y jóvenes, se equivoca, sin embargo, cuando pretende elevar la crítica al rango de obra de arte por excelencia. Baudelaire es el modelo. El autor de Las flores del mal, las que, hace siglo y medio, preinauguraron la modernidad, exige, en El pintor de la vida moderna, que el crítico debe ser artista, que la reseña de un libro o un cuadro, una obra de arte original. No obstante, Baudelaire siempre tiene en mente el veredicto de su contemporáneo y amigo Gustave Flaubert: el autor debe desaparecer en su obra, debe ser como Dios que está en todos lados, pero siempre invisible. Baudelaire y Flaubert se hubieran reído a gusto sobre las exigencias hímnicas de Lemus. En “Por una crítica en crisis”, artículo aparecido en el primer número de Cuaderno Salmón, se lee, entre varios pasajes verdaderamente grandilocuentes, lo siguiente: “El crítico habita un libro y se bate con el lenguaje para narrar su estancia. Al escribir se desnuda: su escritura lo revela. Apenas vierte sus juicios a un idioma y ya sabemos demasiado de él. Nada más expresivo, menos pasivo, que la prosa. Basta revisar la sintaxis de un crítico para conocer qué literatura desea. En su ritmo descansa su postura ante la literatura. Sus ideas y juicios son secundarios: se desprenden, como todo, de una escritura. Un crítico vale lo que su prosa.” No me gusta la idea del crítico desnudo, me sobran los poetas y novelistas desnudos, cuyos egos se transparentan en sus libros. No me interesa qué literatura desea el crítico, prefiero las sorpresas, abrirme a la literatura que es un abrirme al mundo, a la calle. No quiero saber nada de la personalidad del crítico, ni de su ritmo, ni de su estilo. Éstos sólo tienen validez dentro de su mundillo herméticamente cerrado que, desgraciadamente, no se ofrece al mundo porque éste no le concierne.
Cuando empieza el metadiscurso en una disciplina, empieza la crisis. El metadiscurso puede ser muy rico y productivo cuando pretende superarse a sí mismo. Cuando sólo se contempla a sí mismo es estéril y aburrido. La crítica, que Lemus exige, sólo se contempla a sí misma. Los intelectuales de hoy, los visibles, están muy contentos en medio de esta autocontemplación. Suelen vivir bien, tienen reconocimiento, espacio y medios para producir. Desgraciadamente, no son intelectuales porque no distinguen entre campo social y campo artístico. Éstos se confunden y amalgaman. La crisis, la que sea, se vuelve deseable y bonita. ¡Qué salto cuántico etimológico admirable!
Lemus empieza una de sus reseñas, la que, como tal, es excelente, porque reta a un miembro de una mafia joven, el que probablemente ni siquiera sabe que pertenece a una mafia, con una afirmación reveladora: “El reseñista se presenta. El reseñista no es Roland Barthes.” ¡Correcto! Quizás Barthes sólo leía “a medias ciertos libros”, pero Barthes era un verdadero intelectual, propagaba el fenómeno literario en medio del campo social, inclusive con la ayuda de los libros que aborrecía. Barthes detectaba muchas crisis en su entorno, pero no se sentía nada bien entre ellas. Barthes pensaba y escribía contra la crisis, no en su apoyo. Barthes no pertenecía a ninguna mafia, ni quería pertenecer a ella.
La crítica literaria haría bien en no excitarse con la propia crisis, en tomarse un poco menos en serio; haría bien en recordar a los escritores que están a punto de olvidar que también son intelectuales.
Enseñanzas de un congreso sobre Nietzsche y Freud a orillas del mar, quizás producto de una insolación.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-andreas.html
Hace no mucho tiempo participé en un congreso dedicado a las obras de Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud. Admito que sólo escuché pocas ponencias, dado que la ubicación de la ciudad sede a orillas del mar ofuscaba el atractivo de las lecciones eruditas. Aun así regresé a casa con una enseñanza valiosísima en mis maletas acerca del estado actual de la crítica literaria en México y, muy probablemente, en general.
Los críticos (académicos) que se ocupan de Nietzsche siguieron dos métodos opuestos: 1. Parafrasear correcta y sobriamente los textos y tesis principales del gran sifilítico, y aderezar los resúmenes así adquiridos con una que otra cita textual provocadora. 2. Convertirse en supernietzsches, que no en superhombres, es decir, superar las metáforas oscuras, vagas y líricas, en ocasiones dulzonas, belicosas y prejuiciadas del gran filólogo anárquico, con figuras retóricas tenebrosas, desequilibradas y melifluas, en ocasiones empalagosas, terroristas y maniqueas.
Los escasos freudianos procedieron de manera similar: variaron levemente los párrafos del psicólogo vienés o –y admito que en esta categoría debo ubicarme a mí mismo– borraron los límites entre vigilia y sueño mucho más tajantemente que el padre del complejo de Edipo.
En el vuelo de regreso a Ciudad de México leí varias reseñas literarias –y la analogía entre la crítica de libros y las brumas académicas freudianas y nietzscheanas se me presentó de repente. La crítica literaria, la de las revistas y suplementos culturales –la académica es otra cosa, ya que ni evalúa, ni recomienda–, procede por lo general de dos maneras diferentes: 1. Resume el contenido del libro y espera que el lector potencial se quede “picado”. Eventualmente agrega un placet o un non placet, sin perder demasiado tiempo con la justificación del gusta o no gusta. 2. El reseñista se reseña a sí mismo, es decir, aprovecha la reciente publicación de una novela, un poemario, un ensayo, etcétera, para reflexionar sobre su excelsa persona y, de paso, demostrar al lector de la reseña que aún le falta mucho para ser tan astuto, sabio y erudito como el crítico, quien suele “releer” las obras y, propiamente dicho, ya lo conoce todo. Así que, si el lector potencial pretende ponerse a la altura del crítico, que empiece con el libro escogido por el criterio infalible del lector maestro. Este tipo de reseñista no suele hablar de libros malos, no le gusta escribir textos que destrozan textos. Todos sus amigos y conocidos producen buena calidad. Un subproducto de esta especie se da, de manera biológica, cuando el crítico envejece. Se convierte en Papa y canoniza. Harold Bloom para la literatura anglosajona y Marcel Reich Ranicki para la germana, siguen ejerciendo su pontificado que, en el caso del polaco-alemán, rebasa el de Juan Pablo ii . Ignoro cómo se llaman los Papas español y francés, los subpapas argentino y mexicano. Ha de haber.
Entiendo la crítica literaria cotidiana como un intermediario entre libro y lector. Una tarea de utilidad y responsabilidad, sobre todo en países con mucha producción literaria, pero pocos lectores y menos difusión. La crítica literaria sirve al libro. Nada más y nada menos. Como buena sirvienta es, en ocasiones, más lista que el amo: lo corrige, lo manipula sutilmente. Como sirvienta rebelde da, de vez en cuando, una patada al amo y le grita que se calle. Si el amo es tolerante, liberal y mínimamente modesto, entonces disfrutará de la plática con su sirvienta, la que le jurará fidelidad incondicional, aunque a veces se permita ciertas irreverencias. Los críticos descritos en el párrafo anterior son pésimos sirvientes: insípidos y bastante inútiles unos, altaneros e indignos del amo libro, del amo palabra escrita, los otros. Más allá del bien y del mal, la subespecie: el canon de los críticos que dicta un canon de autores que adora al canon de los críticos porque quiere permanecer en el canon de autores, en la vecindad de los clásicos, los que no se quejan de nada porque están bien muertos.
Obviamente mi ideal de la crítica literaria y mi percepción del estado de la crítica literaria actual divergen. Divergen mucho, forman un contraste. Es decir, según mi percepción, la crítica literaria actual está en crisis. La crítica, la verdadera, prácticamente dejó de existir. Muy pocos la ejercen aún. Hay escasos alumnos de los grandes maestros: los antiguos como Sainte-Beuve o “Clarín” o, ¿por qué no?, Menéndez y Pelayo; los modernos como Barthes o Américo Castro, o Alfonso Reyes o Juan García Ponce, cuando fungen como críticos de uso, no académicos, como tales son otra cosa, creo que ya lo dije.
La crisis de la crítica literaria cotidiana me importa, por otro lado, un comino. Seguro que crisis hay. No puede ser de otra manera. Siempre hay crisis. Desde que tengo memoria hay crisis: política, económica, espiritual, cultural. Claro que también la crítica está en crisis. Sólo es justo.
Esta obvia crisis de la crítica literaria revela una crisis –y ésta sí me importa– del pensar. Es un caso excelente para ilustrar el lamentable renacimiento del Korpsgeist en el medio intelectual. Ponerse la camisa de una ideología, un partido, un líder, una revista, un filósofo, un prejuicio. No quitarse la camisa nunca, ni siquiera cuando ya apesta, no lavarla, no renovarla, no enmendarla y, pese a su lamentable apariencia, pensar que es la más bonita y moderna. Esto podría ser la paráfrasis de Korpsgeist en español.
No sorprende que la palabra intelectual haya adquirido connotaciones negativas que no excluyen un desprecio vergonzoso: perezoso, inútil, sanguijuela, oportunista, engreído, pretencioso, elitista. La lista es larga y, curiosamente, incluye la mayoría de los epítetos que tradicionalmente se relacionaban con el poeta o el artista puro. Se olvida que el concepto intelectual se generó precisamente para hacer frente a la supuesta inutilidad social del arte, de la escritura, del pensamiento en su forma más noble.
Cuando Émile Zola alcanza los límites de la escritura naturalista –concluye su gran ciclo en 1893–; después de su intento frustrado de entender, en sus Tres ciudades, la religiosidad de una época irreligiosa, cree que la escritura no sólo puede analizar la realidad, sino también debería formarla y penetrarla. Zola defiende a Alfred Dreyfus sin conocer al oficial del ejército francés y chivo expiatorio en un escándalo de espionaje peligrosamente parecido a una opereta straussiana. Dreyfus convierte al escritor en intelectual. Zola, Mirbeau y Anatole France, entre otros, se dan cuenta de que el pensador cumple con una función pública de suma importancia: no es manipulable, la verdad le importa más que los intereses particulares y egoístas, más inclusive que los valores patrióticos y la imagen de Francia. La prensa nombra al grupo alrededor del autor de Yo acuso como intelectual, probablemente sin saber que con ello genera un mito: el de los pensadores y artistas responsables, verdaderos barómetros sociales, intachables sus actitudes éticas, aunque sean escandalosas y nihilistas sus producciones artísticas. Hoy sabemos que Dreyfus no salió libre –hace 102 años– gracias a la intervención de Zola, sino debido al miedo del gobierno francés ante un posible boicot inglés y estadunidense de la Exposición Mundial. Aun así, el mito del intelectual clarividente y defensor de la verdad perdurará y tendrá, en Francia, representantes como Sartre, Foucault y Baudrillard, cuyas obras pueden ser desconcertantes y frustrantes, cuyo engagement , sin embargo, a pesar de celos y envidias humanos demasiado humanos, suele ser ejemplar. Hasta los que llegaron a negar la existencia de verdad y realidad no renunciarían a esta apertura del intelectual hacia el mundo concreto. No olvidemos que inclusive el muy onírico Breton decía de sí mismo que su lugar preferido era la calle.
¿Cuándo el intelectual se convierte en sanguijuela social? No dudo en responder, aunque sé que el término tiene connotaciones muy específicas en la cultura mexicana: cuando se vuelve mafioso, cuando forma grupitos, que ya no son grupos que se desprecian mutuamente por razones puramente artísticas, sino que protegen celosamente sus privilegios culturales y económicos. El pensamiento, entonces, sirve a una institución, a una persona, probablemente muy loables ambas, mas el pensamiento deja de ser pensamiento cuando empieza a servir. Los intelectuales franceses se enfrentaron a este dilema cuando tenían que decidirse entre partido sí o partido no, los intelectuales actuales cuando se trata de la pregunta: ¿mafia sí o mafia no?
La crítica literaria tiene escasa importancia dentro de este escenario, “sólo” es sintomática. Los críticos que se explayan sobre un poemario en frases brumosas y místicas que sólo ellos entienden, no son intelectuales; los que resumen el contenido de una novela, de un cuento, parecen creer que con ello brindan un servicio a un público incapaz de leer; los que admiran en cada reseña su propia erudición juegan un papel elitista; de los Papas no hablaré, viven en otro mundo. Las actitudes mencionadas son asociales y antidemocráticas, por ende antiintelectuales en el sentido dreyfusiano. El mejor arte y la mejor literatura son asociales. No cabe duda, y qué bueno que así sea. Las mejores obras son herméticas, especulan deliberadamente con la ignorancia del público. La obra se encierra en sí misma, mas no se cierra hacia el mundo; está en el mundo, pese a su hermetismo. La crítica literaria, que pretende ser un campo intelectual, ignora olímpicamente el mundo cuando fabula acerca de su propia crisis, porque no se da cuenta de que es el subproducto de un producto expuesto a los ojos de todos, es decir, ella misma, debería dirigirse a todos, en lugar de practicar el autoerotismo público.
Rafael Lemus, joven crítico al que aprecio porque se opone a las mafias viejas y jóvenes, se equivoca, sin embargo, cuando pretende elevar la crítica al rango de obra de arte por excelencia. Baudelaire es el modelo. El autor de Las flores del mal, las que, hace siglo y medio, preinauguraron la modernidad, exige, en El pintor de la vida moderna, que el crítico debe ser artista, que la reseña de un libro o un cuadro, una obra de arte original. No obstante, Baudelaire siempre tiene en mente el veredicto de su contemporáneo y amigo Gustave Flaubert: el autor debe desaparecer en su obra, debe ser como Dios que está en todos lados, pero siempre invisible. Baudelaire y Flaubert se hubieran reído a gusto sobre las exigencias hímnicas de Lemus. En “Por una crítica en crisis”, artículo aparecido en el primer número de Cuaderno Salmón, se lee, entre varios pasajes verdaderamente grandilocuentes, lo siguiente: “El crítico habita un libro y se bate con el lenguaje para narrar su estancia. Al escribir se desnuda: su escritura lo revela. Apenas vierte sus juicios a un idioma y ya sabemos demasiado de él. Nada más expresivo, menos pasivo, que la prosa. Basta revisar la sintaxis de un crítico para conocer qué literatura desea. En su ritmo descansa su postura ante la literatura. Sus ideas y juicios son secundarios: se desprenden, como todo, de una escritura. Un crítico vale lo que su prosa.” No me gusta la idea del crítico desnudo, me sobran los poetas y novelistas desnudos, cuyos egos se transparentan en sus libros. No me interesa qué literatura desea el crítico, prefiero las sorpresas, abrirme a la literatura que es un abrirme al mundo, a la calle. No quiero saber nada de la personalidad del crítico, ni de su ritmo, ni de su estilo. Éstos sólo tienen validez dentro de su mundillo herméticamente cerrado que, desgraciadamente, no se ofrece al mundo porque éste no le concierne.
Cuando empieza el metadiscurso en una disciplina, empieza la crisis. El metadiscurso puede ser muy rico y productivo cuando pretende superarse a sí mismo. Cuando sólo se contempla a sí mismo es estéril y aburrido. La crítica, que Lemus exige, sólo se contempla a sí misma. Los intelectuales de hoy, los visibles, están muy contentos en medio de esta autocontemplación. Suelen vivir bien, tienen reconocimiento, espacio y medios para producir. Desgraciadamente, no son intelectuales porque no distinguen entre campo social y campo artístico. Éstos se confunden y amalgaman. La crisis, la que sea, se vuelve deseable y bonita. ¡Qué salto cuántico etimológico admirable!
Lemus empieza una de sus reseñas, la que, como tal, es excelente, porque reta a un miembro de una mafia joven, el que probablemente ni siquiera sabe que pertenece a una mafia, con una afirmación reveladora: “El reseñista se presenta. El reseñista no es Roland Barthes.” ¡Correcto! Quizás Barthes sólo leía “a medias ciertos libros”, pero Barthes era un verdadero intelectual, propagaba el fenómeno literario en medio del campo social, inclusive con la ayuda de los libros que aborrecía. Barthes detectaba muchas crisis en su entorno, pero no se sentía nada bien entre ellas. Barthes pensaba y escribía contra la crisis, no en su apoyo. Barthes no pertenecía a ninguna mafia, ni quería pertenecer a ella.
La crítica literaria haría bien en no excitarse con la propia crisis, en tomarse un poco menos en serio; haría bien en recordar a los escritores que están a punto de olvidar que también son intelectuales.
Enseñanzas de un congreso sobre Nietzsche y Freud a orillas del mar, quizás producto de una insolación.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-andreas.html
Siete poemas de Ledo Ivo
El reino animal
1
Jean-Arthur Rimbaud fue el primer europeo
que penetró en cierta parte de Ogaden. Allí
descubrió un pueblo pastoral y nómada que
jamás había conocido extranjero de
ninguna raza.
Él vio hipopótamos, elefantes, jirafas,
cocodrilos, rinocerontes y grandes bandadas
de avestruces.
Su reino es el de Cam.
2
Isidore Ducasse, conde de Lautréamont, llega
a París en una nube de pájaros. Abre la
puerta de su bestiario. Desfilan tiburones,
arañas, sanguijuelas, tigres, tarántulas,
vampiros, águilas, dragones y piojos.
Su reino es el de la cólera.
La lagartija
De mi niñez recuerdo apenas
una nerviosa lagartija.
De tanto sol sobre su lomo
parecía hecha de vidrio.
Entre las piedras y las matas
del jardín, ella aparecía.
Tal vez quería ver el mundo
o desearme buen día.
Este saurio hábil y paciente
que el sol transforma en diamante
me hace alabar la maravilla
oculta en la infancia distante.
Pues grande cosa es para un hombre
sentir que en el alba de la vida
toda la belleza del universo
estaba en una lagartija.
En la playa
Amazona te llamo:
la claridad del día
mama tu pecho desnudo.
Marea
En la playa de papel
respiro el aire del mundo.
Letras.
En la ortografía vive
todo mi misterio.
Tinta.
El mar azul vomita
algas y medusas.
Signos.
Los despojos del mar
son mi patrimonio.
Canto.
El espejo
El mundo entero
cabe en el espejo
en que te miras.
En él se espejan
las maravillas
que se dispersan
por el universo,
hijas amorosas
de tu reflejo
cuando te miras
en el espejo cóncavo
oh ser convexo.
La lavandera
¿Qué hace la lavandera
junto a la fuente?
Cantando para el mundo
lava la ropa de los hombres.
El cantante sibilino
Soy lo que significo.
Hoy, respiro el ayer.
¿De mi tiempo? ¿Antiguo?
Camino contigo
junto a la eterna fuente.
Tomados de Magias (1955-19060)
Versiones de Manuel Núñez Nava.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-ledo.html
1
Jean-Arthur Rimbaud fue el primer europeo
que penetró en cierta parte de Ogaden. Allí
descubrió un pueblo pastoral y nómada que
jamás había conocido extranjero de
ninguna raza.
Él vio hipopótamos, elefantes, jirafas,
cocodrilos, rinocerontes y grandes bandadas
de avestruces.
Su reino es el de Cam.
2
Isidore Ducasse, conde de Lautréamont, llega
a París en una nube de pájaros. Abre la
puerta de su bestiario. Desfilan tiburones,
arañas, sanguijuelas, tigres, tarántulas,
vampiros, águilas, dragones y piojos.
Su reino es el de la cólera.
La lagartija
De mi niñez recuerdo apenas
una nerviosa lagartija.
De tanto sol sobre su lomo
parecía hecha de vidrio.
Entre las piedras y las matas
del jardín, ella aparecía.
Tal vez quería ver el mundo
o desearme buen día.
Este saurio hábil y paciente
que el sol transforma en diamante
me hace alabar la maravilla
oculta en la infancia distante.
Pues grande cosa es para un hombre
sentir que en el alba de la vida
toda la belleza del universo
estaba en una lagartija.
En la playa
Amazona te llamo:
la claridad del día
mama tu pecho desnudo.
Marea
En la playa de papel
respiro el aire del mundo.
Letras.
En la ortografía vive
todo mi misterio.
Tinta.
El mar azul vomita
algas y medusas.
Signos.
Los despojos del mar
son mi patrimonio.
Canto.
El espejo
El mundo entero
cabe en el espejo
en que te miras.
En él se espejan
las maravillas
que se dispersan
por el universo,
hijas amorosas
de tu reflejo
cuando te miras
en el espejo cóncavo
oh ser convexo.
La lavandera
¿Qué hace la lavandera
junto a la fuente?
Cantando para el mundo
lava la ropa de los hombres.
El cantante sibilino
Soy lo que significo.
Hoy, respiro el ayer.
¿De mi tiempo? ¿Antiguo?
Camino contigo
junto a la eterna fuente.
Tomados de Magias (1955-19060)
Versiones de Manuel Núñez Nava.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-ledo.html
DISCURSO POR LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA (IV Y ÚLTIMA)
Hugo Gutiérrez Vega
DISCURSO POR LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA (IV Y ÚLTIMA)
Todas las reflexiones que he intentado plasmar en este conjunto de especulaciones, se ven superadas por la presencia de la universidad que crece inconteniblemente. No me escandalizo ante el fenómeno de la universidad de masas. Es el signo de nuestros tiempos y debemos prepararnos para enfrentar sus retos. Es claro que lo ideal es el pequeño seminario en el que docentes, investigadores y estudiantes trabajan armoniosamente y entregan resultados óptimos.
Pero la universidad de masas nos está exigiendo redefinir nuestras metas, buscar nuevos caminos y conseguir nuevas formas de apoyo económico. En nuestro país la universidad masiva está imponiendo la reflexión de las instancias académicas y el diálogo entre las casas de estudios y el poder político para encontrar esas formas de apoyo económico. Los padres de los estudiantes pagan impuestos que, a su vez, son canalizados por el gobierno a las universidades. Los fondos son cada día más insuficientes y las universidades sufren la constante angustia de su estrechez económica. Por eso es necesario imaginar nuevas formas de apoyo que sean absolutamente respetuosas de los principios de la autonomía. Esto lo entendió un déspota ilustrado, Federico de Prusia, que sostuvo el principio de apoyar a la educación y a la cultura sin tratar de controlarlas. Sabía muy bien el ilustrado que una universidad dócil y servil no tenía utilidad alguna y empobrecía al gobierno y al pueblo.
Cuando hablo de la necesidad de redefinir las metas de la educación superior, pienso en las tradiciones que pueden ser buenas o contraproducentes. Aferrarse a una tradición sin sujetarla a la crítica y al análisis de su vigencia es una actitud reaccionaria. La autonomía es una tradición viva que conserva toda su vigencia, mientras que hay otras que pueden considerarse obsoletas y perjudiciales. Thomas Mann, en su carta del 7 de octubre de 1944, hablaba del “terror de lo gastado”. Superemos las fórmulas que ya no sirven y sintamos, como decía Mann, las poderosas alas de una tradición que, como la de la autonomía, es capaz de elevarnos. Estas tradiciones vivas constituyen el mejor aspecto del patrimonio universitario e influyen en la salud y el crecimiento de la república democrática a la que todos aspiramos.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-bazar.html
DISCURSO POR LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA (IV Y ÚLTIMA)
Todas las reflexiones que he intentado plasmar en este conjunto de especulaciones, se ven superadas por la presencia de la universidad que crece inconteniblemente. No me escandalizo ante el fenómeno de la universidad de masas. Es el signo de nuestros tiempos y debemos prepararnos para enfrentar sus retos. Es claro que lo ideal es el pequeño seminario en el que docentes, investigadores y estudiantes trabajan armoniosamente y entregan resultados óptimos.
Pero la universidad de masas nos está exigiendo redefinir nuestras metas, buscar nuevos caminos y conseguir nuevas formas de apoyo económico. En nuestro país la universidad masiva está imponiendo la reflexión de las instancias académicas y el diálogo entre las casas de estudios y el poder político para encontrar esas formas de apoyo económico. Los padres de los estudiantes pagan impuestos que, a su vez, son canalizados por el gobierno a las universidades. Los fondos son cada día más insuficientes y las universidades sufren la constante angustia de su estrechez económica. Por eso es necesario imaginar nuevas formas de apoyo que sean absolutamente respetuosas de los principios de la autonomía. Esto lo entendió un déspota ilustrado, Federico de Prusia, que sostuvo el principio de apoyar a la educación y a la cultura sin tratar de controlarlas. Sabía muy bien el ilustrado que una universidad dócil y servil no tenía utilidad alguna y empobrecía al gobierno y al pueblo.
Cuando hablo de la necesidad de redefinir las metas de la educación superior, pienso en las tradiciones que pueden ser buenas o contraproducentes. Aferrarse a una tradición sin sujetarla a la crítica y al análisis de su vigencia es una actitud reaccionaria. La autonomía es una tradición viva que conserva toda su vigencia, mientras que hay otras que pueden considerarse obsoletas y perjudiciales. Thomas Mann, en su carta del 7 de octubre de 1944, hablaba del “terror de lo gastado”. Superemos las fórmulas que ya no sirven y sintamos, como decía Mann, las poderosas alas de una tradición que, como la de la autonomía, es capaz de elevarnos. Estas tradiciones vivas constituyen el mejor aspecto del patrimonio universitario e influyen en la salud y el crecimiento de la república democrática a la que todos aspiramos.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-bazar.html
Rayuela del 30 de marzo
Para Ripley:
Petróleos Mexicanos sobrevive a tanta infamia... "aunque usted no lo crea"
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/
Petróleos Mexicanos sobrevive a tanta infamia... "aunque usted no lo crea"
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/
Carga fiscal afecta rentabilidad de obras financiadas con Pidiregas
■ Limitado presupuesto propició endeudamiento de Pemex y CFE
Carga fiscal afecta rentabilidad de obras financiadas con Pidiregas
■ Al pago de débitos, 589 mil millones de pesos en el sexenio pasado: ASF
Roberto Garduño
En el último año del gobierno de Vicente Fox el incremento de los Proyectos de Infraestructura con Impacto Diferido en el Registro de Gasto (Pidiregas) “derivó principalmente de los limitados recursos presupuestarios destinados a la inversión física en Petróleos Méxicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), lo que motivó el uso preferente de la inversión financiada para desarrollar su infraestructura”.
En el informe del resultado de la revisión y fiscalización superior de la cuenta pública del año 2006 se advierte que, si bien en el corto y mediano plazo las obligaciones financieras derivadas de los Pidiregas son financieramente sostenibles, debe tenerse en cuenta que los proyectos responsabilidad de Pemex están sujetos a una elevada carga fiscal, lo cual ha afectado su rentabilidad. Además, el plazo de vencimiento de los financiamientos contratados supera el periodo de 20 años de explotación de las reservas probables.
El Informe elaborado por la Auditoría Superior de la Federación sostiene que la administración panista destinó al pago de la deuda pública y a las obligaciones financieras y no financieras de los tres órdenes de gobierno, y de las universidades públicas, un monto de 589 mil millones de pesos.
El gasto que limitó la posibilidad de canalizar más recursos a la inversión fue la deuda pública. Por sus montos y ritmo de crecimiento, destacan la deuda interna del sector público presupuestario, que en su gran mayoría corresponde al gobierno federal; la deuda de los estados y municipios; los adeudos vinculados a los Pidiregas, y las pensiones del sector público y las universidades públicas estatales, así como la banca de desarrollo.
“En conjunto, tales obligaciones representaron 66.5 por ciento de las erogaciones totales del gobierno federal en 2006, en comparación con 49.5 por ciento en 2000. En contraste se desaceleró el crecimiento del costo financiero de la deuda externa del sector público, del IPAB y de las obligaciones garantizadas por el gobierno federal a la banca de desarrollo, en tanto que las asociadas con los fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) y el de Apoyo al Rescate de Autopistas Concesionadas (FARAC) disminuyeron”.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/index.php?section=economia&article=020n1eco
Carga fiscal afecta rentabilidad de obras financiadas con Pidiregas
■ Al pago de débitos, 589 mil millones de pesos en el sexenio pasado: ASF
Roberto Garduño
En el último año del gobierno de Vicente Fox el incremento de los Proyectos de Infraestructura con Impacto Diferido en el Registro de Gasto (Pidiregas) “derivó principalmente de los limitados recursos presupuestarios destinados a la inversión física en Petróleos Méxicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), lo que motivó el uso preferente de la inversión financiada para desarrollar su infraestructura”.
En el informe del resultado de la revisión y fiscalización superior de la cuenta pública del año 2006 se advierte que, si bien en el corto y mediano plazo las obligaciones financieras derivadas de los Pidiregas son financieramente sostenibles, debe tenerse en cuenta que los proyectos responsabilidad de Pemex están sujetos a una elevada carga fiscal, lo cual ha afectado su rentabilidad. Además, el plazo de vencimiento de los financiamientos contratados supera el periodo de 20 años de explotación de las reservas probables.
El Informe elaborado por la Auditoría Superior de la Federación sostiene que la administración panista destinó al pago de la deuda pública y a las obligaciones financieras y no financieras de los tres órdenes de gobierno, y de las universidades públicas, un monto de 589 mil millones de pesos.
El gasto que limitó la posibilidad de canalizar más recursos a la inversión fue la deuda pública. Por sus montos y ritmo de crecimiento, destacan la deuda interna del sector público presupuestario, que en su gran mayoría corresponde al gobierno federal; la deuda de los estados y municipios; los adeudos vinculados a los Pidiregas, y las pensiones del sector público y las universidades públicas estatales, así como la banca de desarrollo.
“En conjunto, tales obligaciones representaron 66.5 por ciento de las erogaciones totales del gobierno federal en 2006, en comparación con 49.5 por ciento en 2000. En contraste se desaceleró el crecimiento del costo financiero de la deuda externa del sector público, del IPAB y de las obligaciones garantizadas por el gobierno federal a la banca de desarrollo, en tanto que las asociadas con los fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) y el de Apoyo al Rescate de Autopistas Concesionadas (FARAC) disminuyeron”.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/index.php?section=economia&article=020n1eco
Se rechazará albazo de cúpulas para entregar Pemex: Heladio Ramírez
■ Advierte que no toca sólo a los coordinadores parlamentarios decidir la reforma del sector
Se rechazará albazo de cúpulas para entregar Pemex: Heladio Ramírez
■ Crece el malestar de los diputados priístas del sector campesino ante la privatización, afirma
Andrea Becerril
El Frente Nacional de Legisladores del Sector Rural aglutina cada vez mayor número de priístas que no aceptan la privatización de Petróleos Mexicanos (Pemex) y están dispuestos a dar la batalla por la defensa de los recursos energéticos del país, sostuvo el presidente de ese organismo, Heladio Ramírez.
En entrevista, insistió en que es necesario que haya una consulta nacional sobre el tema energético y detalló que cada día “cobra más fuerza” la participación de diputados y senadores del PRI que no aceptan que sean sólo los coordinadores en ambas cámaras o las cúpulas partidistas las que decidan sobre un tema toral que tiene que ver con el presente y futuro de los mexicanos.
Ex dirigente de la Confederación Nacional Campesina (CNC) y ex gobernador de Oaxaca, el senador Ramírez subrayó: “El PRI no puede pasar encima de los principios establecidos en sus documentos básicos, en los que se marca la exclusividad de la propiedad del Estado sobre el petróleo, el gas y la electricidad”.
Los priístas, insistió, no quieren que su partido o sus legisladores acompañen al gobierno de Felipe Calderón en una reforma “amañada” para en realidad poner en manos de corporaciones multinacionales la renta petrolera.
Recalcó que el propio coordinador de los senadores del PRI, Manlio Fabio Beltrones, aclaró ya que no quieren que se les tache de “colaboracionistas”.
Político de viejo cuño, ligado siempre al sector campesino, resaltó que en todo el país hay preocupación de las bases priístas ante el riesgo de una eventual reforma energética que abra cualquier resquicio para que entren las trasnacionales a explotar la riqueza petrolera mexicana, ya sea por medio de los contratos de riesgo o la asociación con otras empresas extranjeras.
En una reunión organizada por el Frente Nacional de Legisladores del Sector Rural, en Mérida, Yucatán, el jueves y viernes pasados, a la cual asistieron diputados locales de la mayoría de los estados de la República, “hubo una absoluta coincidencia en oponerse a que la renta petrolera sea compartida con empresas extranjeras, como lo pretende el gobierno de Felipe Calderón”.
Relató que en ese encuentro, en el cual participaron también el senador Pedro Joaquín Coldwell y el diputado César Camacho Quiroz, se discutieron las reformas electoral y judicial, que recién aprobó el Congreso, pero también salió a relucir el tema energético y los legisladores locales presentes “advirtieron que no van a ceder tan fácilmente”.
Ramírez hizo notar que el frente se creó hace un año con la finalidad de proponer acciones concretas para reactivar el campo y para participar en la definición de asuntos torales.
En ese contexto, el organismo ha comenzado a llamar la atención, “ya que quienes lo integran son mayoritariamente diputados locales y federales, así como senadores que han salido de las clases más marginadas y olvidadas del país”.
Se trata de legisladores “que incluso en sus propios congresos locales no han sido tomados en cuenta y tienen avidez de servir a su región y a su país, además de que están conscientes de que la riqueza que genera el petróleo debe ser para beneficio de todos los mexicanos y no de unos cuantos”.
Heladio Ramírez sostuvo que ese frente de legisladores seguirá exigiendo que se lleve a cabo una amplia consulta nacional, con el propósito de aclarar el panorama y que toda la población sepa de qué se trata, ya que el gobierno federal no se ha atrevido a presentar una iniciativa de ley y optó por una campaña mediática “amañada” –“la del espot del supuesto tesoro”– mientras encuentran la puerta que les permita lograr la participación privada en Pemex.
–¿No hay peligro de que en el Congreso se impongan los criterios de los coordinadores Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa? –se le preguntó.
–Si las cúpulas quieren tomar decisiones que no correspondan a los intereses de la nación, esas decisiones pueden ser echadas atrás por los legisladores –respondió.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/index.php?section=politica&article=004n1pol
Se rechazará albazo de cúpulas para entregar Pemex: Heladio Ramírez
■ Crece el malestar de los diputados priístas del sector campesino ante la privatización, afirma
Andrea Becerril
El Frente Nacional de Legisladores del Sector Rural aglutina cada vez mayor número de priístas que no aceptan la privatización de Petróleos Mexicanos (Pemex) y están dispuestos a dar la batalla por la defensa de los recursos energéticos del país, sostuvo el presidente de ese organismo, Heladio Ramírez.
En entrevista, insistió en que es necesario que haya una consulta nacional sobre el tema energético y detalló que cada día “cobra más fuerza” la participación de diputados y senadores del PRI que no aceptan que sean sólo los coordinadores en ambas cámaras o las cúpulas partidistas las que decidan sobre un tema toral que tiene que ver con el presente y futuro de los mexicanos.
Ex dirigente de la Confederación Nacional Campesina (CNC) y ex gobernador de Oaxaca, el senador Ramírez subrayó: “El PRI no puede pasar encima de los principios establecidos en sus documentos básicos, en los que se marca la exclusividad de la propiedad del Estado sobre el petróleo, el gas y la electricidad”.
Los priístas, insistió, no quieren que su partido o sus legisladores acompañen al gobierno de Felipe Calderón en una reforma “amañada” para en realidad poner en manos de corporaciones multinacionales la renta petrolera.
Recalcó que el propio coordinador de los senadores del PRI, Manlio Fabio Beltrones, aclaró ya que no quieren que se les tache de “colaboracionistas”.
Político de viejo cuño, ligado siempre al sector campesino, resaltó que en todo el país hay preocupación de las bases priístas ante el riesgo de una eventual reforma energética que abra cualquier resquicio para que entren las trasnacionales a explotar la riqueza petrolera mexicana, ya sea por medio de los contratos de riesgo o la asociación con otras empresas extranjeras.
En una reunión organizada por el Frente Nacional de Legisladores del Sector Rural, en Mérida, Yucatán, el jueves y viernes pasados, a la cual asistieron diputados locales de la mayoría de los estados de la República, “hubo una absoluta coincidencia en oponerse a que la renta petrolera sea compartida con empresas extranjeras, como lo pretende el gobierno de Felipe Calderón”.
Relató que en ese encuentro, en el cual participaron también el senador Pedro Joaquín Coldwell y el diputado César Camacho Quiroz, se discutieron las reformas electoral y judicial, que recién aprobó el Congreso, pero también salió a relucir el tema energético y los legisladores locales presentes “advirtieron que no van a ceder tan fácilmente”.
Ramírez hizo notar que el frente se creó hace un año con la finalidad de proponer acciones concretas para reactivar el campo y para participar en la definición de asuntos torales.
En ese contexto, el organismo ha comenzado a llamar la atención, “ya que quienes lo integran son mayoritariamente diputados locales y federales, así como senadores que han salido de las clases más marginadas y olvidadas del país”.
Se trata de legisladores “que incluso en sus propios congresos locales no han sido tomados en cuenta y tienen avidez de servir a su región y a su país, además de que están conscientes de que la riqueza que genera el petróleo debe ser para beneficio de todos los mexicanos y no de unos cuantos”.
Heladio Ramírez sostuvo que ese frente de legisladores seguirá exigiendo que se lleve a cabo una amplia consulta nacional, con el propósito de aclarar el panorama y que toda la población sepa de qué se trata, ya que el gobierno federal no se ha atrevido a presentar una iniciativa de ley y optó por una campaña mediática “amañada” –“la del espot del supuesto tesoro”– mientras encuentran la puerta que les permita lograr la participación privada en Pemex.
–¿No hay peligro de que en el Congreso se impongan los criterios de los coordinadores Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa? –se le preguntó.
–Si las cúpulas quieren tomar decisiones que no correspondan a los intereses de la nación, esas decisiones pueden ser echadas atrás por los legisladores –respondió.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/index.php?section=politica&article=004n1pol
Perlas electorales
David Brooks
La verdad latosa
Después de un par de semanas en que la polémica en torno a comentarios “controvertidos” del pastor de la iglesia del precandidato demócrata Barack Obama dañó su imagen, nutrida en parte por la campaña de la precandidata demócrata Hillary Clinton, ahora le toca a su contrincante. Como parte de su mensaje de que tiene mayor experiencia y sabiduría sobre política exterior que él para responder a una crisis, Clinton dijo en un discurso que recordaba su visita “peligrosa” a una zona de conflicto como primera dama. “Claro que recuerdo ese viaje a Bosnia. Recuerdo aterrizar bajo fuego de francotiradores. Se había preparado algún tipo de ceremonia de bienvenida en el aeropuerto y en lugar de eso sólo corrimos con las cabezas agachadas para llegar a los vehículos y proceder a nuestra base”. Pero el lunes pasado, Clinton fue obligada a admitir que había “comunicado mal” esa aventura sólo después de que CBS News mostró imágenes de ese viaje mostrando cómo bajaba del avión y caminaba con toda calma acompañada de su hija Chelsea, y ambas fueron recibidas por una niña de ocho años, que le recitó un poema, y varios dignatarios. Desde entonces ha enfrentado críticas sobre su credibilidad en proyectar su gran experiencia en emergencias en el extranjero.
Judas
El famoso estratega político James Carville, quien ayudó a llevar a Bill Clinton a la Casa Blanca, acusó al gobernador Bill Richardson de un “acto de traición” cuando el político latino de mayor prominencia en este país anunció su apoyo a Barack Obama. “El endoso del señor Richardson se dio justo alrededor del aniversario del día en que Judas se vendió por 30 piezas de plata, entonces creo que el momento en que se dio es apropiado e irónico”, declaró el Viernes Santo. Richardson fue secretario de Energía y después embajador ante la Organización de Naciones Unidas durante la presidencia de Clinton. Más recientemente, invitó al ex presidente a sentarse junto a él en el último Súper Tazón (el campeonato nacional de futbol americano). Los Clinton aparentemente estaban confiados de su apoyo, pero su anuncio al parecer sorprendió a sus viejos amigos. Pero como comentó un observador político a La Jornada, “a ver si entiendo esto: Carville se acuesta con la que fue la subdirectora de la campaña electoral de George W. Bush (su esposa, Mary Matalin, estratega electoral republicana), quien después fue premiada con un alto puesto en la oficina del vicepresidente (Cheney), ¿pero Richardson es el Judas?”
Todo en familia
Una organización que se dedica a investigaciones genealógicas descubrió que cada uno de los precandidatos está relacionado con varios políticos más entre otras figuras famosas. Resulta que Obama es primo lejano de los dos presidentes Bush (padre e hijo), Gerald Ford, Lyndon Johnson, Harry Truman y James Madison. No sólo eso, también es primo lejano de Brad Pitt. Vale recordar que el año pasado un periódico de Chicago descubrió que el vicepresidente Dick Cheney era primo distante de Obama. Por su parte, Hillary Clinton es prima distante de, entre otros, Angelina Jolie (esposa de Pitt), Madonna, Jack Keruoac, Celine Dion, Alanis Morissette y la esposa del príncipe Carlos de Inglaterra. El candidato presidencial republicano John McCain es primo lejano de la primera dama Laura Bush. Se espera más información en un futuro cercano. Tal vez toda la clase política y de Hollywood resulte ser una sola familia.
La ficción y la realidad
El ex precandidato presidencial republicano Fred Thompson, quien después de ser brevemente considerado favorito pero rápidamente mostró poco talento y tuvo que abandonar esa ambición en enero, ha decidido regresar al mundo de la ficción donde sí ha gozado de mayor éxito. El ex senador, quien ganó fama en el papel de fiscal en el programa de televisión Law and Order, ha firmado un contrato para ser representado como actor por una agencia de talento, reportó la agencia Reuters.
Para nutrir confianza en el proceso electoral
La Comisión Electoral Federal está ausente justo en momentos en los que el flujo de fondos para financiar las elecciones está llegando a niveles sin precedente. Pero el árbitro encargado de asegurar la legalidad y supervisar esto no está funcionando, reportó el New York Times. La comisión no ha logrado sesionar o ejercer sus funciones porque cuatro de sus seis puestos están vacantes por maniobras legislativas que han resultado en un estancamiento para nombrar nuevos miembros. Sin quórum, la comisión no puede emitir sus opiniones a los candidatos, ni redactar nuevas regulaciones para reformar el sistema, ni investigar o presentar demandas cuando hay violaciones de las leyes que rigen el proceso electoral. O sea, los candidatos pueden evadir reportar ciertos fondos que recaudan, ya que el único policía no está presente.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/index.php?section=mundo&article=023o1mun
La verdad latosa
Después de un par de semanas en que la polémica en torno a comentarios “controvertidos” del pastor de la iglesia del precandidato demócrata Barack Obama dañó su imagen, nutrida en parte por la campaña de la precandidata demócrata Hillary Clinton, ahora le toca a su contrincante. Como parte de su mensaje de que tiene mayor experiencia y sabiduría sobre política exterior que él para responder a una crisis, Clinton dijo en un discurso que recordaba su visita “peligrosa” a una zona de conflicto como primera dama. “Claro que recuerdo ese viaje a Bosnia. Recuerdo aterrizar bajo fuego de francotiradores. Se había preparado algún tipo de ceremonia de bienvenida en el aeropuerto y en lugar de eso sólo corrimos con las cabezas agachadas para llegar a los vehículos y proceder a nuestra base”. Pero el lunes pasado, Clinton fue obligada a admitir que había “comunicado mal” esa aventura sólo después de que CBS News mostró imágenes de ese viaje mostrando cómo bajaba del avión y caminaba con toda calma acompañada de su hija Chelsea, y ambas fueron recibidas por una niña de ocho años, que le recitó un poema, y varios dignatarios. Desde entonces ha enfrentado críticas sobre su credibilidad en proyectar su gran experiencia en emergencias en el extranjero.
Judas
El famoso estratega político James Carville, quien ayudó a llevar a Bill Clinton a la Casa Blanca, acusó al gobernador Bill Richardson de un “acto de traición” cuando el político latino de mayor prominencia en este país anunció su apoyo a Barack Obama. “El endoso del señor Richardson se dio justo alrededor del aniversario del día en que Judas se vendió por 30 piezas de plata, entonces creo que el momento en que se dio es apropiado e irónico”, declaró el Viernes Santo. Richardson fue secretario de Energía y después embajador ante la Organización de Naciones Unidas durante la presidencia de Clinton. Más recientemente, invitó al ex presidente a sentarse junto a él en el último Súper Tazón (el campeonato nacional de futbol americano). Los Clinton aparentemente estaban confiados de su apoyo, pero su anuncio al parecer sorprendió a sus viejos amigos. Pero como comentó un observador político a La Jornada, “a ver si entiendo esto: Carville se acuesta con la que fue la subdirectora de la campaña electoral de George W. Bush (su esposa, Mary Matalin, estratega electoral republicana), quien después fue premiada con un alto puesto en la oficina del vicepresidente (Cheney), ¿pero Richardson es el Judas?”
Todo en familia
Una organización que se dedica a investigaciones genealógicas descubrió que cada uno de los precandidatos está relacionado con varios políticos más entre otras figuras famosas. Resulta que Obama es primo lejano de los dos presidentes Bush (padre e hijo), Gerald Ford, Lyndon Johnson, Harry Truman y James Madison. No sólo eso, también es primo lejano de Brad Pitt. Vale recordar que el año pasado un periódico de Chicago descubrió que el vicepresidente Dick Cheney era primo distante de Obama. Por su parte, Hillary Clinton es prima distante de, entre otros, Angelina Jolie (esposa de Pitt), Madonna, Jack Keruoac, Celine Dion, Alanis Morissette y la esposa del príncipe Carlos de Inglaterra. El candidato presidencial republicano John McCain es primo lejano de la primera dama Laura Bush. Se espera más información en un futuro cercano. Tal vez toda la clase política y de Hollywood resulte ser una sola familia.
La ficción y la realidad
El ex precandidato presidencial republicano Fred Thompson, quien después de ser brevemente considerado favorito pero rápidamente mostró poco talento y tuvo que abandonar esa ambición en enero, ha decidido regresar al mundo de la ficción donde sí ha gozado de mayor éxito. El ex senador, quien ganó fama en el papel de fiscal en el programa de televisión Law and Order, ha firmado un contrato para ser representado como actor por una agencia de talento, reportó la agencia Reuters.
Para nutrir confianza en el proceso electoral
La Comisión Electoral Federal está ausente justo en momentos en los que el flujo de fondos para financiar las elecciones está llegando a niveles sin precedente. Pero el árbitro encargado de asegurar la legalidad y supervisar esto no está funcionando, reportó el New York Times. La comisión no ha logrado sesionar o ejercer sus funciones porque cuatro de sus seis puestos están vacantes por maniobras legislativas que han resultado en un estancamiento para nombrar nuevos miembros. Sin quórum, la comisión no puede emitir sus opiniones a los candidatos, ni redactar nuevas regulaciones para reformar el sistema, ni investigar o presentar demandas cuando hay violaciones de las leyes que rigen el proceso electoral. O sea, los candidatos pueden evadir reportar ciertos fondos que recaudan, ya que el único policía no está presente.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/index.php?section=mundo&article=023o1mun
Los agroproductores argentinos reanudan bloqueos de carreteras
■ Ofrece el gobierno medidas para evitar desabasto de alimentos
Los agroproductores argentinos reanudan bloqueos de carreteras
Stella Calloni (Corresponsal)
Buenos Aires, 29 de marzo. Las cuatro entidades que agrupan a grandes y pequeños productores del campo decidieron hoy volver al paro, que lleva 17 días, incumpliendo su compromiso de no cortar las rutas y liberar el paso a camiones que transportan alimentos.
A pesar de esas acciones, los productores afirmaron que regresarán a la mesa del diálogo este lunes, mientras el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner advirtió que se tomarán todas las medidas necesarias para impedir el desabasto.
Con diferencias internas, que se pusieron de manifiesto en los últimos días, las organizaciones Sociedad Rural, Confederación Intercooperativa Agropecuaria y Confederaciones Rurales siguieron los pasos de la Federación Agraria Argentina (FAA), la cual agrupa a pequeños y medianos productores, que decidió esta mañana volver al paro. Algunos dirigentes afirmaron que acompañan esa medida “para no romper la unidad”.
El vicepresidente de la FAA, Ulises Forte, dijo que el lunes continuarán dialogando con el gobierno.
Según Forte, “se puede discutir aunque la gente (productores) esté en la calle”, pero en este caso se trata de cortes a vías de comunicación, lo que impide el paso a camiones con alimentos.
Los productores piden suspender tres meses las retenciones tributarias, aunque saben que eso requiere consultas y rearmados que difícilmente se pueden hacer en 6 horas de negociación; no obstante, Forte admitió que las políticas propuestas para el sector en la reunión con el gobierno eran buenas.
El Mercado Central trabajó hoy intensamente, con la llegada de cientos de camiones que pudieron transitar en el marco de la breve tregua, y sus autoridades anunciaron que trabajarán en días festivos para tratar de que no falten alimentos, aunque muchos se echaron a perder por los bloqueos a las carreteras. Los mayoristas han mencionado que acudirán ante la justicia para denunciar a las entidades agrarias.
Ayer, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, recordó la vigencia de la Ley de Abastecimiento, que constitucionalmente autoriza al gobierno a actuar en defensa de la población, aunque hasta ahora se eligió el camino de la espera, porque ante los recientes episodios nadie puede descartar algún tipo de provocación que agrave la situación.
La negociación fue tensa anoche, a pesar de que se abrieron caminos y las propuestas del gobierno –como la reapertura de las exportaciones de trigo, el refinanciamiento de las deudas a 4 mil 500 productores, las compensaciones para los más pequeños y la creación de una subsecretaría para atender a éstos– fueron un buen comienzo. La intención oficial era reintegrar a unos 50 mil pequeños productores parte del dinero que se les cobraría por retenciones.
Para algunos analistas hay visible “intransigencia” e “inflexibilidad” en el tema de las retenciones, a pesar de que diversos sectores se expresaron en favor de éstas en todo el país, aunque marcando diferencias con el gobierno en otros aspectos.
Repudio a Aznar
En tanto, como efecto de las fuertes manifestaciones en la ciudad de Rosario contra el cónclave de las ultraderechas mundiales, convocado por la Fundación Libertad, hoy se realizó aquí un escrache (denuncia pública) contra la presencia de los ex presidentes de España, José María Aznar, y de Bolivia, Jorge Quiroga, quienes se reunieron con el jefe de gobierno de esta ciudad, el también derechista Mauricio Macri.
Bajo la convocatoria del “Encuentro de jóvenes líderes de América Latina”, Macri los invitó a la reunión en la sede del Parlamento porteño, mientras centenares de manifestantes los repudiaban en las calles de Buenos Aires.
Movimientos sociales, sindicales y políticos repudiaron también que Aznar fuera nombrado por Macri como “huésped de honor de Buenos Aires”, y lo calificaron de “fascista” y “asesino”.
En grandes pancartas se podía leer el “título” que “le otorgaba en las calles” el pueblo argentino: “Ilustre cómplice de (George W.) Bush”. Varios oradores condenaron esa presencia y también alertaron sobre los objetivos de la reunión en Rosario.
Patricio Echegaray, secretario general del Partido Comunista Argentino, denunció que los asistentes a dicha reunión están trabajando para “consolidar estrategias, con el fin de desestabilizar la región”. De su lado, la Federación de Asociaciones Gallegas de Argentina rechazó la visita de Aznar, a quien responsabiliza, junto con Bush y el ex premier británico Tony Blair, “del mayor genocidio que han perpetrado en los últimos tiempos contra el pueblo iraquí”.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/index.php?section=mundo&article=022n2mun
Los agroproductores argentinos reanudan bloqueos de carreteras
Stella Calloni (Corresponsal)
Buenos Aires, 29 de marzo. Las cuatro entidades que agrupan a grandes y pequeños productores del campo decidieron hoy volver al paro, que lleva 17 días, incumpliendo su compromiso de no cortar las rutas y liberar el paso a camiones que transportan alimentos.
A pesar de esas acciones, los productores afirmaron que regresarán a la mesa del diálogo este lunes, mientras el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner advirtió que se tomarán todas las medidas necesarias para impedir el desabasto.
Con diferencias internas, que se pusieron de manifiesto en los últimos días, las organizaciones Sociedad Rural, Confederación Intercooperativa Agropecuaria y Confederaciones Rurales siguieron los pasos de la Federación Agraria Argentina (FAA), la cual agrupa a pequeños y medianos productores, que decidió esta mañana volver al paro. Algunos dirigentes afirmaron que acompañan esa medida “para no romper la unidad”.
El vicepresidente de la FAA, Ulises Forte, dijo que el lunes continuarán dialogando con el gobierno.
Según Forte, “se puede discutir aunque la gente (productores) esté en la calle”, pero en este caso se trata de cortes a vías de comunicación, lo que impide el paso a camiones con alimentos.
Los productores piden suspender tres meses las retenciones tributarias, aunque saben que eso requiere consultas y rearmados que difícilmente se pueden hacer en 6 horas de negociación; no obstante, Forte admitió que las políticas propuestas para el sector en la reunión con el gobierno eran buenas.
El Mercado Central trabajó hoy intensamente, con la llegada de cientos de camiones que pudieron transitar en el marco de la breve tregua, y sus autoridades anunciaron que trabajarán en días festivos para tratar de que no falten alimentos, aunque muchos se echaron a perder por los bloqueos a las carreteras. Los mayoristas han mencionado que acudirán ante la justicia para denunciar a las entidades agrarias.
Ayer, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, recordó la vigencia de la Ley de Abastecimiento, que constitucionalmente autoriza al gobierno a actuar en defensa de la población, aunque hasta ahora se eligió el camino de la espera, porque ante los recientes episodios nadie puede descartar algún tipo de provocación que agrave la situación.
La negociación fue tensa anoche, a pesar de que se abrieron caminos y las propuestas del gobierno –como la reapertura de las exportaciones de trigo, el refinanciamiento de las deudas a 4 mil 500 productores, las compensaciones para los más pequeños y la creación de una subsecretaría para atender a éstos– fueron un buen comienzo. La intención oficial era reintegrar a unos 50 mil pequeños productores parte del dinero que se les cobraría por retenciones.
Para algunos analistas hay visible “intransigencia” e “inflexibilidad” en el tema de las retenciones, a pesar de que diversos sectores se expresaron en favor de éstas en todo el país, aunque marcando diferencias con el gobierno en otros aspectos.
Repudio a Aznar
En tanto, como efecto de las fuertes manifestaciones en la ciudad de Rosario contra el cónclave de las ultraderechas mundiales, convocado por la Fundación Libertad, hoy se realizó aquí un escrache (denuncia pública) contra la presencia de los ex presidentes de España, José María Aznar, y de Bolivia, Jorge Quiroga, quienes se reunieron con el jefe de gobierno de esta ciudad, el también derechista Mauricio Macri.
Bajo la convocatoria del “Encuentro de jóvenes líderes de América Latina”, Macri los invitó a la reunión en la sede del Parlamento porteño, mientras centenares de manifestantes los repudiaban en las calles de Buenos Aires.
Movimientos sociales, sindicales y políticos repudiaron también que Aznar fuera nombrado por Macri como “huésped de honor de Buenos Aires”, y lo calificaron de “fascista” y “asesino”.
En grandes pancartas se podía leer el “título” que “le otorgaba en las calles” el pueblo argentino: “Ilustre cómplice de (George W.) Bush”. Varios oradores condenaron esa presencia y también alertaron sobre los objetivos de la reunión en Rosario.
Patricio Echegaray, secretario general del Partido Comunista Argentino, denunció que los asistentes a dicha reunión están trabajando para “consolidar estrategias, con el fin de desestabilizar la región”. De su lado, la Federación de Asociaciones Gallegas de Argentina rechazó la visita de Aznar, a quien responsabiliza, junto con Bush y el ex premier británico Tony Blair, “del mayor genocidio que han perpetrado en los últimos tiempos contra el pueblo iraquí”.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/index.php?section=mundo&article=022n2mun
Continúa acaparando la Presidencia tiempos fiscales en radio y televisión
■ Ocupó 42.63% de espacio disponible para el Ejecutivo en 2007
Continúa acaparando la Presidencia tiempos fiscales en radio y televisión
Fabiola Martínez
La Presidencia de la República sigue acaparando los tiempos fiscales a que tiene derecho el Estado mexicano para la transmisión de mensajes en radio y televisión.
De acuerdo con el último reporte disponible (diciembre de 2007), la Presidencia ocupó 42.63 por ciento –mensajes en televisión–, esto es, prácticamente la totalidad del espacio disponible para el Poder Ejecutivo.
En tanto, el Legislativo 31.46 por ciento, el Judicial 12.58 y los órganos con autonomía constitucional (la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y el Banco de México) 11.91.
En 2007, según el reporte emitido a propósito del primer Informe de Felipe Calderón, la Presidencia utilizó en televisión 16.9 por ciento en el periodo diciembre de 2006-junio de 2007.
En ese mismo periodo se reporta el uso de 14.79 por ciento en radio. Seis meses después, las cifras recopiladas por la Secretaría de Gobernación (SG), respecto de la Presidencia, es de 42.63 y 33 por ciento, respectivamente.
Dentro del Poder Ejecutivo, la Procuraduría General de la República ocupó en televisión sólo 0.01 por ciento; las secretarías de Agricultura, 0.31; Salud, 0.40, y Seguridad Pública, 0.70 por ciento de espacios disponibles en ese renglón.
La SG aclara que la meta planteada al comenzar el año no fue cubierta, debido a que la reforma constitucional en materia electoral (14 de noviembre) deja en reserva 12 por ciento del tiempo fiscal para las atribuciones del Instituto Federal Electoral.
Los tiempos en radio y televisión conocidos como oficiales están divididos en fiscal y de Estado.
En el primer caso se refiere a lo establecido en el decreto que autoriza a la Secretaría de Hacienda recibir de los concesionarios de estaciones de radio y televisión el pago en especie del impuesto, de acuerdo con las reglas publicadas en el Diario Oficial de la Federación el 10 de octubre de 2002.
Esa medida data de 1968, cuando tras los sucesos en Tlatelolco el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz impulsó ese marco legal porque consideró que no recibió respaldo suficiente de los medios electrónicos.
Aunque pretendía imponer tiempo correspondiente a 25 por ciento de los ingresos brutos de los concesionarios, en la Ley de Ingresos del año siguiente se fijó la medida de 12.5 por ciento de pago en especie.
Más de tres décadas después, durante el sexenio foxista, fue emitido un decreto para derogar ese porcentaje. En su lugar se estableció que los concesionarios tienen la obligación de pagar esa contribución con 18 minutos diarios, en el caso de las estaciones de televisión, y 35 minutos diarios en las de radio para la difusión de materiales del Poder Ejecutivo con duración de 20 a 30 segundos, sin que ello implique transmisiones que constituyan competencia a las actividades inherentes a la radiodifusión comercial.
Esa transformación significó, en los hechos, que los minutos correspondientes deberían distribuirse proporcionalmente de las seis a las 24 horas, es decir, un minuto por cada hora en televisión y de 116.6 segundos por hora en emisoras de radio.
En tanto, los “tiempos de Estado” (transmisión gratuita en la programación diaria de 30 minutos continuos o discontinuos) sirven para la difusión de material de carácter educativo, cultural, social, político, deportivo y otros asuntos de interés general, del material proporcionado por la SG mediante la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía de esa dependencia.
De esos 30 minutos se podrán distribuir hasta 10 en formatos o segmentos de no menos de 20 segundos cada uno y en bloques (hasta 20 minutos) no menores a cinco minutos cada uno.
La normatividad en la materia indica que el Ejecutivo federal, por conducto de la SG, supervisará la administración y distribución de los tiempos fiscales con base en la siguiente proporción: 40 por ciento al Poder Ejecutivo; 30 al Legislativo (partes iguales a la cámaras de Diputados y de Senadores); 10 al Judicial y 20 a los entes públicos federales.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/index.php?section=politica&article=007n2pol
Continúa acaparando la Presidencia tiempos fiscales en radio y televisión
Fabiola Martínez
La Presidencia de la República sigue acaparando los tiempos fiscales a que tiene derecho el Estado mexicano para la transmisión de mensajes en radio y televisión.
De acuerdo con el último reporte disponible (diciembre de 2007), la Presidencia ocupó 42.63 por ciento –mensajes en televisión–, esto es, prácticamente la totalidad del espacio disponible para el Poder Ejecutivo.
En tanto, el Legislativo 31.46 por ciento, el Judicial 12.58 y los órganos con autonomía constitucional (la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y el Banco de México) 11.91.
En 2007, según el reporte emitido a propósito del primer Informe de Felipe Calderón, la Presidencia utilizó en televisión 16.9 por ciento en el periodo diciembre de 2006-junio de 2007.
En ese mismo periodo se reporta el uso de 14.79 por ciento en radio. Seis meses después, las cifras recopiladas por la Secretaría de Gobernación (SG), respecto de la Presidencia, es de 42.63 y 33 por ciento, respectivamente.
Dentro del Poder Ejecutivo, la Procuraduría General de la República ocupó en televisión sólo 0.01 por ciento; las secretarías de Agricultura, 0.31; Salud, 0.40, y Seguridad Pública, 0.70 por ciento de espacios disponibles en ese renglón.
La SG aclara que la meta planteada al comenzar el año no fue cubierta, debido a que la reforma constitucional en materia electoral (14 de noviembre) deja en reserva 12 por ciento del tiempo fiscal para las atribuciones del Instituto Federal Electoral.
Los tiempos en radio y televisión conocidos como oficiales están divididos en fiscal y de Estado.
En el primer caso se refiere a lo establecido en el decreto que autoriza a la Secretaría de Hacienda recibir de los concesionarios de estaciones de radio y televisión el pago en especie del impuesto, de acuerdo con las reglas publicadas en el Diario Oficial de la Federación el 10 de octubre de 2002.
Esa medida data de 1968, cuando tras los sucesos en Tlatelolco el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz impulsó ese marco legal porque consideró que no recibió respaldo suficiente de los medios electrónicos.
Aunque pretendía imponer tiempo correspondiente a 25 por ciento de los ingresos brutos de los concesionarios, en la Ley de Ingresos del año siguiente se fijó la medida de 12.5 por ciento de pago en especie.
Más de tres décadas después, durante el sexenio foxista, fue emitido un decreto para derogar ese porcentaje. En su lugar se estableció que los concesionarios tienen la obligación de pagar esa contribución con 18 minutos diarios, en el caso de las estaciones de televisión, y 35 minutos diarios en las de radio para la difusión de materiales del Poder Ejecutivo con duración de 20 a 30 segundos, sin que ello implique transmisiones que constituyan competencia a las actividades inherentes a la radiodifusión comercial.
Esa transformación significó, en los hechos, que los minutos correspondientes deberían distribuirse proporcionalmente de las seis a las 24 horas, es decir, un minuto por cada hora en televisión y de 116.6 segundos por hora en emisoras de radio.
En tanto, los “tiempos de Estado” (transmisión gratuita en la programación diaria de 30 minutos continuos o discontinuos) sirven para la difusión de material de carácter educativo, cultural, social, político, deportivo y otros asuntos de interés general, del material proporcionado por la SG mediante la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía de esa dependencia.
De esos 30 minutos se podrán distribuir hasta 10 en formatos o segmentos de no menos de 20 segundos cada uno y en bloques (hasta 20 minutos) no menores a cinco minutos cada uno.
La normatividad en la materia indica que el Ejecutivo federal, por conducto de la SG, supervisará la administración y distribución de los tiempos fiscales con base en la siguiente proporción: 40 por ciento al Poder Ejecutivo; 30 al Legislativo (partes iguales a la cámaras de Diputados y de Senadores); 10 al Judicial y 20 a los entes públicos federales.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/index.php?section=politica&article=007n2pol
Cifras duras
Mar de Historias
Cristina Pacheco
Cifras duras
El sol calienta las láminas del techo. En el galerón improvisado se respira un ambiente denso. Al fondo, encima de la mesa hecha con dos tablones, hay una hornilla, una cafetera, varias tazas desiguales, un frasco con café soluble y un silencioso radio de transistores.
Una frente a otra, las dos hileras de capturistas mantienen fija la mirada en las pantallas de sus computadoras. El tecleo sutil, incesante, mantiene un ritmo sostenido hasta que se escuchan las campanas de la iglesia próxima. Los empleados suspenden el trabajo al mismo tiempo. Tadeo estira los brazos, Lucía se levanta y se sacude la falda, Nayeli se quita los anteojos y los mira a contraluz:
–Están muy rayados, por eso veo tan mal.
Juvencio le sonríe sin que ella le corresponda y pasa de largo hacia la explanada de la delegación. Con un recipiente de plástico entre las manos, Martha lo sigue y comenta con desaliento:
–Otra vez me toca comer ensalada de atún.
Virginia la mira por sobre el hombro: –No te quejes: a lo mejor mañana ni eso tienes.
II
En el galerón sólo quedan Teresa y Ernesto. Él introduce la mano en el bolsillo de su chamarra y saca una cajetilla: –Me voy a echar un cigarrito allá afuera. –Se vuelve hacia Teresa: –¿No va a salir?
–Luego –sin apartar los ojos de la pantalla, se muerde una uña. –Ahorita, la verdad, ni hambre tengo.
–Yo también estoy preocupado. No sé cómo voy a decirle a mi mujer que esto se terminó –vuelve a su sitio y se deja caer en la silla de tijera: –si a los jóvenes se les dificulta encontrar un trabajo, imagínese a mi edad. Creo que esta vez entraré definitivamente en el inventario de los desempleados. Me da risa...
–¿Qué cosa?
–Pensar en el capturista que se encargará de engordar las cifras del desempleo con mi número. No se detendrá ni un segundo a imaginar lo que significa para mí convertirme en parte de esa estadística –sin darse cuenta saca un cigarro, lo enciende y mira la brasa: –Total, si llega el licenciado y me ve fumando aquí, lo más que puede hacer es correrme. Sólo adelantará cuatro horas mi destino fatal –¿Usted nunca ha fumado?
–No, y mire que lo intenté–. Levanta la mano derecha: –Pero cuando estoy nerviosa me muerdo las uñas.
–¿Ya buscó algo?
–No he podido. Pienso ir a la feria del empleo, pero no tengo demasiadas esperanzas, por lo mismo que usted: la edad. Al final es lo único que cuenta. Los años de experiencia, haber sido eficiente y cumplido no sirven de nada y hasta son un obstáculo.
–¿Alguna vez se lo imaginó? –Ernesto adivina que Teresa no entiende su pregunta: –Cuando era estudiante ¿pensó que terminaría como un número en el padrón de los desempleados?
–Se ve que los censos lo impresionan mucho.
–¿A usted no, Teresa?
–No, a lo mejor porque toda mi vida he formado parte de las peores estadísticas: violencia intrafamiliar, abuso sexual, abandono de padre, trabajo infantil, deserción escolar.
–¿Qué estudió?
–Enfermería, pero me hubiera gustado ser doctora.
–Nunca es tarde...
–No se haga ilusiones: usted y yo formamos parte del censo en donde están registrados los que ya no tienen tiempo para nada, o cuando mucho para sobrevivir.
–¡Caray, Tere! Pensé que yo era pesimista, pero oyéndola... No se amargue, no vale la pena. A lo mejor en la feria del empleo encuentra algo que le guste.
–Me conformo con encontrar algo y punto–. Oprime un botón de su computadora y sonríe: –¿Cerrar equipo? Sí.
Tan fácil como lo que están haciendo con nosotros sin que nos den tiempo de elegir.
III
Ernesto fuma en silencio. Teresa se recarga en el respaldo de su silla:
–¿Usted siempre ha elegido?
–Pues no tanto, no crea.
–¿Ni cuando decidió estudiar arquitectura?
–Más o menos. Seguí esa carrera porque un maestro me hizo ver que yo tenía mucho sentido del espacio y era bueno para el diseño. Sin despacho, sin relaciones y sin capital propio, lo más que conseguí fue diseñar el consultorio de un pedicurista. ¡Tantos años de estudio para eso!
–¿Es casado, verdad?
–Sí y por las tres leyes–. Sonríe con timidez: –Y sobre todo por amor. ¿Y usted?
–Me casé para huir de mi casa y me fue peor. A los dos años entré en las estadísticas de las mujeres que no tienen hijos porque sus esposos deciden que no haya descendencia. Luego pasé a la de las víctimas de infidelidad, después al de divorciadas y por último al de las treintonas que regresan a la casa paterna.
–¿Sigue allí?
–Aunque no quiera. Mi papá murió y no hay quien cuide a mi madre. Tengo cuatro hermanos, pero están casados y no tienen tiempo para ver por ella.
–Usted todavía es joven.
–¿Se lo parezco? Ya cumplí cuarenta.
–Lo que daría por tener su edad: ando por los cincuenta y dos–. Ernesto sofoca la brasa del cigarro en la cajetilla y se la guarda en la bolsa del pantalón.
–Se ve mucho más joven.
–Me pinto el pelo–. Se alegra al ver que Teresa ríe:
–No sé para qué se lo digo: se me nota. Si mi padre me viera...
–No diría nada. Cada vez hay más hombres que se tiñen el pelo y que usan cremas rejuvenecedoras–. Teresa advierte la mirada burlona de Ernesto: –En serio, hay estadísticas: de cada diez consumidores de cosméticos, cuatro son varones.
–Todos los días se aprende algo. Gracias a usted sé que formo parte de ese universo. Le juro que es algo en lo que jamás había pensando–. Adelanta el cuerpo y a través de la puerta mira a sus compañeros dispersos en la explanada: –¿De qué estarán hablando?
–De lo mismo que nosotros: qué harán mañana, cuando ya no tengan que presentarse aquí a las nueve en punto porque se acabó este trabajo.
–Ocho numeritos a punto de aumentar las estadísticas del desempleo y de los deprimidos.
–Y dale con lo mismo–. Teresa sonríe para suavizar su expresión: –¿Importa realmente?
–A mí sí. Me gustaría formar parte de otros censos: empresarios exitosos, inversionistas, pensionados tranquilos, abuelos queridos.
–¿Cuántos nietos tiene?
–Cinco: tres de mi hijo mayor y dos de mi Amanda. Me visitan poco. Un abuelo pobre que empieza a contar siempre las mismas historias, como que no se les antoja para un domingo.
–Me cuesta trabajo imaginarlo como abuelo.
–A mí también–. Ernesto se acaricia las cejas.
–A veces pienso: “No es posible que todo haya sucedido tan rápido y que esos muchachotes sean mis nietos”. Será porque a los hijos uno nunca deja de verlos como niños. Cuando se los comento les caigo mal. Me entenderán el día en que les digan lo mismo a sus hijos y ellos les pongan cara de aburrimiento.
IV
Cohibidos, Ernesto y Teresa permanecen en silencio hasta que ella se decide a retomar la conversación:
–Sus nietos, ¿se parecen a usted?
–No mucho.– Por primera vez mira a Teresa a los ojos: –Y usted ¿a quién?
–A mi madre, y cada vez más–. Inclina la cabeza: –Cuando me veo en el espejo tengo la impresión de que la estoy mirando a ella.
–Entonces la señora debió de ser muy guapa.
Ernesto ve que Teresa enrojece ante su galantería: –Lo dije con todo respeto.
–Ella sí era muy linda; es más, debió formar parte del diez por ciento de la humanidad que posee belleza natural. Ahora basta con tener dinero para verse bonita o atractivo. A mí una vez me tocó levantar una relación acerca de eso y quedé impresionada.
–Tengo curiosidad: ¿en cuántas estadísticas ha colaborado?
–Uh, no sé: ¡miles! Y acerca de todos los temas. Aparte, soy una cifra de muchas, ya se lo dije, y espero no llegar a ser un numerito en la de los suicidas–. Acaricia la tapa de su computadora: –A las personas que se quitan la vida me las imagino actuando como yo hace un momento, cuando oprimí la tecla y cancelé el equipo. A lo mejor fue el único acto en su vida que realizaron por voluntad propia.
Ernesto se distrae al ver que sus compañeros entran en el galerón. Tadeo estira los brazos y toma su lugar. Lucía se remete la falda entre las piernas antes de sentarse. Nayeli observa sus anteojos a trasluz. Juvencio sonríe. Marta guarda en su bolsa el contenedor con restos de ensalada de atún. Virginia se truena los dedos como siempre antes de comenzar su trabajo.
Teresa los observa y piensa que a partir de mañana todos pasarán a formar parte de las estadísticas del desempleo y quizá del suicidio.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/index.php?section=sociedad&article=036o1soc
Cristina Pacheco
Cifras duras
El sol calienta las láminas del techo. En el galerón improvisado se respira un ambiente denso. Al fondo, encima de la mesa hecha con dos tablones, hay una hornilla, una cafetera, varias tazas desiguales, un frasco con café soluble y un silencioso radio de transistores.
Una frente a otra, las dos hileras de capturistas mantienen fija la mirada en las pantallas de sus computadoras. El tecleo sutil, incesante, mantiene un ritmo sostenido hasta que se escuchan las campanas de la iglesia próxima. Los empleados suspenden el trabajo al mismo tiempo. Tadeo estira los brazos, Lucía se levanta y se sacude la falda, Nayeli se quita los anteojos y los mira a contraluz:
–Están muy rayados, por eso veo tan mal.
Juvencio le sonríe sin que ella le corresponda y pasa de largo hacia la explanada de la delegación. Con un recipiente de plástico entre las manos, Martha lo sigue y comenta con desaliento:
–Otra vez me toca comer ensalada de atún.
Virginia la mira por sobre el hombro: –No te quejes: a lo mejor mañana ni eso tienes.
II
En el galerón sólo quedan Teresa y Ernesto. Él introduce la mano en el bolsillo de su chamarra y saca una cajetilla: –Me voy a echar un cigarrito allá afuera. –Se vuelve hacia Teresa: –¿No va a salir?
–Luego –sin apartar los ojos de la pantalla, se muerde una uña. –Ahorita, la verdad, ni hambre tengo.
–Yo también estoy preocupado. No sé cómo voy a decirle a mi mujer que esto se terminó –vuelve a su sitio y se deja caer en la silla de tijera: –si a los jóvenes se les dificulta encontrar un trabajo, imagínese a mi edad. Creo que esta vez entraré definitivamente en el inventario de los desempleados. Me da risa...
–¿Qué cosa?
–Pensar en el capturista que se encargará de engordar las cifras del desempleo con mi número. No se detendrá ni un segundo a imaginar lo que significa para mí convertirme en parte de esa estadística –sin darse cuenta saca un cigarro, lo enciende y mira la brasa: –Total, si llega el licenciado y me ve fumando aquí, lo más que puede hacer es correrme. Sólo adelantará cuatro horas mi destino fatal –¿Usted nunca ha fumado?
–No, y mire que lo intenté–. Levanta la mano derecha: –Pero cuando estoy nerviosa me muerdo las uñas.
–¿Ya buscó algo?
–No he podido. Pienso ir a la feria del empleo, pero no tengo demasiadas esperanzas, por lo mismo que usted: la edad. Al final es lo único que cuenta. Los años de experiencia, haber sido eficiente y cumplido no sirven de nada y hasta son un obstáculo.
–¿Alguna vez se lo imaginó? –Ernesto adivina que Teresa no entiende su pregunta: –Cuando era estudiante ¿pensó que terminaría como un número en el padrón de los desempleados?
–Se ve que los censos lo impresionan mucho.
–¿A usted no, Teresa?
–No, a lo mejor porque toda mi vida he formado parte de las peores estadísticas: violencia intrafamiliar, abuso sexual, abandono de padre, trabajo infantil, deserción escolar.
–¿Qué estudió?
–Enfermería, pero me hubiera gustado ser doctora.
–Nunca es tarde...
–No se haga ilusiones: usted y yo formamos parte del censo en donde están registrados los que ya no tienen tiempo para nada, o cuando mucho para sobrevivir.
–¡Caray, Tere! Pensé que yo era pesimista, pero oyéndola... No se amargue, no vale la pena. A lo mejor en la feria del empleo encuentra algo que le guste.
–Me conformo con encontrar algo y punto–. Oprime un botón de su computadora y sonríe: –¿Cerrar equipo? Sí.
Tan fácil como lo que están haciendo con nosotros sin que nos den tiempo de elegir.
III
Ernesto fuma en silencio. Teresa se recarga en el respaldo de su silla:
–¿Usted siempre ha elegido?
–Pues no tanto, no crea.
–¿Ni cuando decidió estudiar arquitectura?
–Más o menos. Seguí esa carrera porque un maestro me hizo ver que yo tenía mucho sentido del espacio y era bueno para el diseño. Sin despacho, sin relaciones y sin capital propio, lo más que conseguí fue diseñar el consultorio de un pedicurista. ¡Tantos años de estudio para eso!
–¿Es casado, verdad?
–Sí y por las tres leyes–. Sonríe con timidez: –Y sobre todo por amor. ¿Y usted?
–Me casé para huir de mi casa y me fue peor. A los dos años entré en las estadísticas de las mujeres que no tienen hijos porque sus esposos deciden que no haya descendencia. Luego pasé a la de las víctimas de infidelidad, después al de divorciadas y por último al de las treintonas que regresan a la casa paterna.
–¿Sigue allí?
–Aunque no quiera. Mi papá murió y no hay quien cuide a mi madre. Tengo cuatro hermanos, pero están casados y no tienen tiempo para ver por ella.
–Usted todavía es joven.
–¿Se lo parezco? Ya cumplí cuarenta.
–Lo que daría por tener su edad: ando por los cincuenta y dos–. Ernesto sofoca la brasa del cigarro en la cajetilla y se la guarda en la bolsa del pantalón.
–Se ve mucho más joven.
–Me pinto el pelo–. Se alegra al ver que Teresa ríe:
–No sé para qué se lo digo: se me nota. Si mi padre me viera...
–No diría nada. Cada vez hay más hombres que se tiñen el pelo y que usan cremas rejuvenecedoras–. Teresa advierte la mirada burlona de Ernesto: –En serio, hay estadísticas: de cada diez consumidores de cosméticos, cuatro son varones.
–Todos los días se aprende algo. Gracias a usted sé que formo parte de ese universo. Le juro que es algo en lo que jamás había pensando–. Adelanta el cuerpo y a través de la puerta mira a sus compañeros dispersos en la explanada: –¿De qué estarán hablando?
–De lo mismo que nosotros: qué harán mañana, cuando ya no tengan que presentarse aquí a las nueve en punto porque se acabó este trabajo.
–Ocho numeritos a punto de aumentar las estadísticas del desempleo y de los deprimidos.
–Y dale con lo mismo–. Teresa sonríe para suavizar su expresión: –¿Importa realmente?
–A mí sí. Me gustaría formar parte de otros censos: empresarios exitosos, inversionistas, pensionados tranquilos, abuelos queridos.
–¿Cuántos nietos tiene?
–Cinco: tres de mi hijo mayor y dos de mi Amanda. Me visitan poco. Un abuelo pobre que empieza a contar siempre las mismas historias, como que no se les antoja para un domingo.
–Me cuesta trabajo imaginarlo como abuelo.
–A mí también–. Ernesto se acaricia las cejas.
–A veces pienso: “No es posible que todo haya sucedido tan rápido y que esos muchachotes sean mis nietos”. Será porque a los hijos uno nunca deja de verlos como niños. Cuando se los comento les caigo mal. Me entenderán el día en que les digan lo mismo a sus hijos y ellos les pongan cara de aburrimiento.
IV
Cohibidos, Ernesto y Teresa permanecen en silencio hasta que ella se decide a retomar la conversación:
–Sus nietos, ¿se parecen a usted?
–No mucho.– Por primera vez mira a Teresa a los ojos: –Y usted ¿a quién?
–A mi madre, y cada vez más–. Inclina la cabeza: –Cuando me veo en el espejo tengo la impresión de que la estoy mirando a ella.
–Entonces la señora debió de ser muy guapa.
Ernesto ve que Teresa enrojece ante su galantería: –Lo dije con todo respeto.
–Ella sí era muy linda; es más, debió formar parte del diez por ciento de la humanidad que posee belleza natural. Ahora basta con tener dinero para verse bonita o atractivo. A mí una vez me tocó levantar una relación acerca de eso y quedé impresionada.
–Tengo curiosidad: ¿en cuántas estadísticas ha colaborado?
–Uh, no sé: ¡miles! Y acerca de todos los temas. Aparte, soy una cifra de muchas, ya se lo dije, y espero no llegar a ser un numerito en la de los suicidas–. Acaricia la tapa de su computadora: –A las personas que se quitan la vida me las imagino actuando como yo hace un momento, cuando oprimí la tecla y cancelé el equipo. A lo mejor fue el único acto en su vida que realizaron por voluntad propia.
Ernesto se distrae al ver que sus compañeros entran en el galerón. Tadeo estira los brazos y toma su lugar. Lucía se remete la falda entre las piernas antes de sentarse. Nayeli observa sus anteojos a trasluz. Juvencio sonríe. Marta guarda en su bolsa el contenedor con restos de ensalada de atún. Virginia se truena los dedos como siempre antes de comenzar su trabajo.
Teresa los observa y piensa que a partir de mañana todos pasarán a formar parte de las estadísticas del desempleo y quizá del suicidio.
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/index.php?section=sociedad&article=036o1soc
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






