viernes, 18 de abril de 2008

HOMBRES DE MAR Y DE TIERRA

Por: EDGAR AGUILAR

La fuga,
Carlos Montemayor,
Fondo de Cultura Económica,
México, 2007.

La historia es simple: Ramón Mendoza, condenado a purgar una larga sentencia en las Islas Marías después de ser capturado por las fuerzas militares federales, huye, junto a su compañero de prisión, Cuauhtémoc Hernández –Mono Blanco–, de su confinamiento en una pequeña balsa artes a n a l construida por él y su camarada y con la ayuda de algunos de sus compañeros reclusos, quienes finalmente desisten lanzarse también a la riesgosa aventura.

Carlos Montemayor, lo sabemos bien, es un narrador excepcional. Su obra narrativa supera en mucho la de escritores tan disímbolos como José Emilio Pacheco, Aguilar Camín o el propio Fuentes. Basta leer cualquiera de sus novelas para confirmarlo. En La fuga, su más reciente novela, publicada por el Fondo de Cultura Económica (2007) en su bella colección Letras Mexicanas, Montemayor narra las peripecias de Ramón Mendoza y Mono Blanco por el mar de la costa de Nayarit, para luego internarse en la región montañosa y boscosa de la sierra, hasta llegar a la zona agreste de Sinaloa.

No olvidemos que Ramón Mendoza, ex combatiente de la sierra de Chihuahua y sobreviviente del asalto al cuartel militar de Ciudad Madera del 23 de septiembre de 1965, realmente existió (su muerte acaeció apenas la madrugada del 10 de enero); no olvidemos tampoco la labor de investigación que llevó a Montemayor a entrevistarse personalmente con su personaje, ya desde su novela Las armas del alba, y gestar una ficción a partir de hechos reales consignados en los oscuros episodios de represión que durante décadas se han venido dando en nuestro país.

Bifurcada en dos tiempos paralelos a manera de confesión, que permite a Ramón Mendoza –hombre de tierra– y su compañero de escape –hombre de mar– relatar puntos esenciales de la travesía, más un tiempo narrativo lineal que recrea con maestría tanto paisajes exteriores como pasajes interiores, la obra presenta una sólida estructura discursiva que poco a poco va desglosando los matices claroscuros de sus personajes centrales, principalmente de Ramón Mendoza, para lanzarlos a un mundo sin aparente certidumbre, protección o reposo, donde sólo el sentimiento de libertad como último destino parece subyugar por momentos la crudeza del mar y el peligro siempre inminente de la sierra.

A diferencia de Las armas del alba, en donde despliega la trama del primer Grupo Popular Guerrillero que desde 1964 operó en la región maderense de la sierra de Chihuahua, tras su enfrentamiento con la policía y el ejército, en La fuga Montemayor centra su atención en un tema fundamental aunque escasamente tratado en la narrativa mexicana: el deseo imperioso de libertad.

Así, Montemayor muestra en su última novela, a fuerza de oficio y pasión por narrar, una economía y precisión en el lenguaje sólo comparables a Rulfo. La fuga es, bajo esta premisa, un hermoso poema narrativo sobre el valor y el coraje en pos de la sobrevivencia y, pudiésemos agregar, de la justicia humana.

http://www.jornada.unam.mx/2008/03/30/sem-leer.html