miércoles, 30 de abril de 2008
El Dr. Alvaro Vivas Arjona, quien con más de 50 años de entrega al trabajo cambió el concepto de la curación de la lepra, es desde ayer miembro honorario de la Cátedra Extraordinaria Nuestra América / El distinguido galeno expresa en su discurso valiosas reflexiones filosóficas
Alvaro Vivas Arjona, cuya visión como médico por más de cincuenta años transformó el concepto de la lucha contra la lepra en Yucatán, ingresó anoche como miembro honorario de la Cátedra Extraordinaria Nuestra América.
En ceremonia efectuada en el Salón del Consejo Universitario, Genny Negroe Sierra, directora de la Facultad de Ciencias Antropológicas y presidenta de la Cátedra Extraordinaria Nuestra América, entregó el reconocimiento a Vivas Arjona que lo convirtió en miembro honorario de la misma.
Por su parte, el investigador Carlos Bojórquez Urzaiz indicó que Vivas Arjona, con sus 50 años de servicio médico, dedicó sus esfuerzos a la atención de la lepra, lo que ha motivado diversas reflexiones filosóficas en torno a ello.
“Su visión transformó el concepto de la lucha contra la lepra, descubrió casos que manejados oportunamente se podían rehabilitar. La tarea más difícil que enfrentó en los primeros 50 años de experiencia profesional fue quizá la lucha para desactivar prejuicios sociales, lo que aisló del entorno a los enfermos”, anotó.
Señaló que ahora, “cuando muchos universitarios han abandonado la vida activa y se consagran a una jubilación placentera en sus casas, Vivas Arjona sigue atendiendo los varios ámbitos en los que ha destacado. Reconocerlo es una deuda de la Universidad Autónoma de Yucatán”.
A su vez, Vivas Arjona expresó su gratitud a la Cátedra, a Bojórquez Urzaiz y a Negroe Sierra, así como a las demás autoridades universitarias. Y entró de lleno a su tema, comenzando con unas reflexiones filosóficas acerca de la piel.
“Para algunos, incluso médicos, la piel tiene poco significado; otros vemos en ella el órgano más grande del cuerpo y lo valoramos en su complejidad como una estructura fisiológica y anatómica. Alfonso Reyes decía sobre ella: Nada más misterioso que la piel, es superficie, pero expresión de profundidad, sufrible y querida, se conserva y se entrega, vive entre las tentaciones y las encierra en su dominio, está en la zona donde chocan las corrientes del yo y el no yo y es al mismo tiempo sensible y resistente. Cuánta contradicción, decía Vasconcelos”.
Señaló que muchos escritores han comprendido mejor el valor y significado de la piel, por ejemplo, la poetisa Griselda Álvarez. En tanto que hoy, hombres y mujeres se consagran a su cuidado con tanto gasto que podría ser criticable.
“La piel nos da la sutileza del deseo y nos brinda los placeres carnales, pero cuando algo está mal o falta, podemos sufrir la marginación, el desprecio y cargaremos un estigma como si hubiéramos cometido el más horrendo de los crímenes”.
Apuntó que la piel es el órgano más ligado a la ideología y a las historias de la sociedad humana, se liga al color, ha motivado la conquista y esclavitud de pueblos enteros. “Algún día habrá alguien que nos cuente la historia de la humanidad desde la piel“.
Enseguida relató algo de la historia de la lepra en el mundo. “Surgió en la sociedad mucho antes del desarrollo del pensamiento científico. Surgió como un castigo de Dios, como una leyenda maldita; durante siglos la lepra fue leyenda, castigo, una idea aberrante que permitió las más grandes ignominias en contra de los enfermos”.
Explicó que en el 2006 se registraron en el mundo 259 mil casos de lepra, de los cuales 23 mil 692 eran en menores de edad y nueve de cada 15 casos nuevos se produjeron en nuevas naciones. El agravante es que muchos gobiernos no reportan el número total de casos o los reducen por temor a los efectos sobre sus economías.
Subrayó que la lepra no es de origen americano, llegó con la invasión europea del siglo XV y aumentó su difusión porque muchos enfermos huyeron para América tratando de salvarse de los reyes católicos que ordenaron persecución y encierro de ellos. Otro factor que aumento la dispersión e incidencia fue el criminal tráfico de negros que secuestraban en África y vendían en América como animales de trabajo.
“La lepra fue una de las primeras enfermedades descritas en el mundo occidental. En los textos egipcios y en el Antiguo Testamento se indica el castigo a la hermana de Moisés; en el libro de Job hay una referencia que relaciona al demonio con la lepra. Los faraones trataron de evitar la mezcla con los hebreos. Moisés en Levítico dedicó un capítulo a las enfermedades cutáneas”, comentó.
Señaló que debido a la tradición bíblica, los especialistas usan los términos lazarino, lazareto, lazaroso, por San Lázaro, según el mendigo de la parábola o bien el hermano de María, para señalar a los enfermos de lepra.
Explicó que en las cruzadas del siglo II al XIII la enfermedad se desarrolló en forma epidémica; en Francia, en 1225, había varias casas de leprosos junto con enfermos de sífilis. Uno de los hechos en contra de los leprosos fue la bestial represión en la que se quemaron a más de 600 enfermos de lepra y se puso preso a otra cantidad similar, en tanto que los demás fueron muertos por la gente.
Dijo que en la época colonial la lepra se mantuvo como el castigo divino; es posible que la lepra no existiera aquí antes de los españoles, pues los estudios realizados a restos prehispánicos demuestran que este padecimiento no dejó huellas en los restos óseos. En depósitos arqueológicos han sido halladas figuras antropomórficas.
Hizo referencia al hecho de que en Campeche se construyó un lazareto (hospital para leprosos) en 1777 pero sólo fue posible terminarlo en 1795 tras una orden del rey. Se inició el proceso de detección de los enfermos, pero el desprecio con el que eran tratados abandonaban el lugar, el presbítero Vicente Méndez Ibarra pidió permiso para instalar ahí la casa cuna y el albergue de los dementes.
Recordó, asimismo, a Justo Sierra O´Reilly y la publicación de su novela “Un año en el hospital de San Lázaro”.
Vivas Arjona señaló que el primer hospital de Mérida fundado en mayo de 1562 al costado norte de la Catedral reportó de seis a ocho enfermos de lepra que deambulaban por sus pasillos. En 1868 el hospital de San Juan de Dios se pasó a Mejorada con carácter civil, manejado por el Ayuntamiento y luego por los gobiernos del Estado tenía un área específica. En 1884 tomó el nombre de O´Horán. Luego en las modernas instalaciones que ocupa ahora se ubicó ahí un área para ellos.
Indicó que aquí el primer trabajo sobre la lepra fue del doctor Miró publicado en dos entregas entre agosto y noviembre de 1894 en la Revista de Mérida. En el Eco del Comercio del mismo año se publicó que la lepra era una enfermedad generalizada en Yucatán y pedía que se investigue la forma de detenerlo. Más adelante en el Eco del Comercio el doctor Casares propuso la reclusión absoluta de los enfermos, pero hubo otros que propusieron que sólo no se les dejara ir a lugares públicos.
Asimismo, comentó que un médico de apellido Casares publicó un opúsculo sobre sus contribuciones a la lepra. Las estadísticas en ese tiempo no coincidían para nada.
Relató que en 1928 se construyó un pabellón especial para los enfermos con fondos de altruistas y gubernamentales. Se organizó una corrida de toros en el Circo Teatro Yucateco para reunir los fondos. Tuvieron a su disponibilidad libros, periódicos del día y áreas de cultivo.
Comentó que en el siglo XIX hubo avances, el microscopio y el hallazgo del bacilo de Hansel en 1884 y “desde entonces podemos hablar sobre la lepra”.
Pero en América y en México los conocimientos científicos seguían sin materializarse, la lepra se vio como obstáculo en la modernización del país, un problema en la exportación de productos agrarios, lo que permitió la persecución y el fomento de lazaretos bajo el control del Estado, se incrementó el presupuesto y se le empezó a ver como un grave problema de salud pública.
Señaló que a comienzos del siglo XX se hizo evidente la intervención del Estado en el cuidado de los enfermos y en el campo de la higiene pública, desplazando la medicina a la Iglesia en la atención y cuidado de la enfermedad.
“La lepra es vista en México a fines del siglo XIX equivocadamente como una enfermedad de la población rural, al mismo tiempo en Yucatán se daban dos hechos significativos que de una u otra manera influirían en la actitud científica de los profesionales yucatecos. Al comenzar el siglo XX regresan jóvenes que se fueron a especializar en Francia y profesionales como Eduardo Urzaiz proponen la medicina social, además, Hideyo Noguchi inoculó lepra en monos de la región”, indicó.
Refirió que Edgardo Medina Alonso puso en la currícula de Medicina la dermatología y creó la unidad de dermatología del Hospital O´Horán es considerado el verdadero precursor de la dermatología en el Estado, desafortunadamente fue llamado a la política y se fue al Senado perdiéndose los aportes que hubiera podido hacer. Lo mismo pasó con otros médicos.
Luego explicó como fueron sus años en la medicina y en el Centro Dermatológico de Mérida. El padecimiento era mayoritariamente elitista en Yucatán porque el pequeño grupo de españoles provenían de zonas endémicas de España y no se mezclaban con los aborígenes, es decir, preferentemente tenían relaciones de parentesco entre ellos.
De este modo, demandó que “nunca más estigma social sobre un enfermo, cualquiera que sea, porque como miembro de la sociedad tiene que interactuar en el intercambio social de los recursos y al negarle todo eso lo sometemos a un estrés que hace que sean seres desconfiados, hostiles, ansiosos y aturdidos. No hagamos que se asuman inferiores por nuestro desprecio, no permitamos que se depriman por nuestra hostilidad. Recordemos que cuando estigmatizamos a un enfermo pareciera que su apariencia física es más importante que su malestar y sus dolores”.
“Para que al menos nosotros estemos alertas y conscientes, desafortunadamente todavía estamos en una sociedad que asimila ideas arcaicas y los enfermos no tienen más que el triste remedio que el ocultamiento de su enfermedad y su triste persona”, finalizó.
(Rafael Gómez Chi)
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