lunes, 05 de mayo de 2008
Dr. Gaspar Baquedano López
Temas de Reflexión
En la larga lista de cosas que intentamos comprender y que a menudo nos roban el sueño, se encuentra la búsqueda del propósito de la vida. El propósito de nuestra vida es una idea que consume grandes cantidades de energía y es además, una importante forma de control social. Quien oferta el porqué de nuestra existencia y una explicación de la muerte y de lo que le sigue puede controlarnos.
Un espíritu rebelde que ha optado por el camino de la liberación interior no puede conformarse con explicaciones que, a modo de narcótico, se ofrecen como alternativa para no indagar y permanecer en el mundo de la superficialidad. La permanencia en la frivolidad nos convierte en personas frágiles ante las diferentes maniobras y manipulaciones de quienes han hecho del dogma y del autoritarismo una estupenda forma de sujeción.
Decir que sabemos cuál es el propósito de la vida, implica pertenecer a alguna creencia y que, a partir de ella, adoptaremos una forma de vida así como una manera de relacionarnos con los demás. Implica también que hemos concluido nuestra búsqueda por habernos afiliado a una ideología. En otras palabras, hemos dejado de indagar al habernos conformado con un credo.
Condicionamientos
Si decimos que descubrimos o que se nos ha “revelado” el propósito de la vida, en realidad lo que estamos haciendo es optar por un determinado sistema de creencias que adoptamos según nuestras necesidades. Pero en esencia, se trata de un proceso de comparación que es realizado a partir de lo conocido, de lo que nos agrada o no según nuestras experiencias del pasado. Eso que llamamos el propósito de la vida son unos lentes al través de los que miramos el mundo. Ahí están nuestros prejuicios, anhelos y frustraciones que deforman nuestra percepción de la realidad. Miramos, medimos y calificamos, de acuerdo a un patrón que nos condiciona a pensar de determinada manera, a creer o no sin inquirir. A todo eso lo llamamos el propósito de nuestra vida. Pero, ¿de dónde sacamos ese patrón?, ¿Con los criterios de quién estructuramos nuestras creencias y con ello, eso que llamamos el propósito de vivir? El conocimiento de nuestros condicionamientos es esencial para la comprensión de nuestras formas de pensar.
Sin Propósito Alguno
En esta cultura que creamos a diario tenemos sed de seguridad y por ello, desarrollamos un verdadero culto hacia aquello que nos dé tranquilidad y protección. Adquirimos cosas para que nuestra vejez sea feliz, compramos seguros de vida, nos desvivimos por acumular fondos para nuestro retiro. Anhelamos seguridad pero no sabemos cómo resolver este problema. La idea del no-propósito es algo que podría parecer absurdo y peligroso. Así, deseamos encontrar el propósito a nuestra vida, pero dejamos de lado la siguiente reflexión: hay tantos propósitos como personas que se proponen encontrarlos, porque cada cual mirará y determinará de acuerdo con su propio anhelo y condicionamiento. Según sean nuestras necesidades serán las ideas que se estructuren alrededor de eso que llamamos “propósito de vida”.
La Imposición de Nuestros Propósitos
Siendo en realidad el propósito de nuestra vida una proyección de nosotros mismos se encontrará revestido de nuestra doctrina, es decir, de la manera en que imaginamos y nos explicamos la realidad. Por tanto, dependiendo de lo que entendamos como el porqué de este mundo, será nuestra actitud y el modo de relacionarnos con los demás. Si por ejemplo, para nosotros el propósito de esta vida es un mero tránsito a la gloria, la relación con los demás se encontrará impregnada de esta creencia que absorberemos como la única y verdadera. Haremos lo posible por acumular el puntaje necesario para que se nos abran las puertas del cielo, llevando al cabo diferentes “obras de caridad” que en realidad son inversiones, que a la larga esperamos ver fructificar en nuestro provecho.
Pero además, al sentirnos privilegiados y en algunos casos “elegidos” con la revelación de los misterios de la vida o de la “verdad”, emprenderemos el camino hacia el fanatismo. Con el propósito de salvar a las ovejas descarriadas que no han sido tan afortunadas como nosotros, que somos poseedores de algún maravilloso don, iniciaremos la imposición de nuestras creencias, es decir, del propósito de la vida según nosotros. Detrás de la fachada de una gran “espiritualidad” no es raro encontrar un lamentable desequilibrio emocional que es atizado con fines oscuros por quienes ejercen el control social.
Las raíces del fanatismo más peligroso podemos encontrarlas en estas ideas de “espiritualidad” que pretenden comprender el propósito de la propia vida y de los demás. Estas ideas por lógica autorizan a sus poseedores a todo tipo de atropello e imposiciones. Estas coerciones pueden ir desde la manipulación sofisticada, hasta el exterminio económico y social en nombre de alguna religión o creencia “espiritual”.
Control Social
No es difícil imaginar el poder que se adquiere cuando el poder valida la imposición del propósito de la vida, creencias que al final de cuentas son necesarias para un eficaz control social. Si alguien sabe cuál es el propósito de nuestra vida y si además, dice qué es lo que debemos hacer y lo que no para alcanzarlo, tendrá una enorme influencia sobre nosotros. A partir de ese supuesto saber se estructuran una serie de preceptos, normas, códigos morales y éticos que van conformando una religión organizada centrada en la posesión de una “verdad” que está fuera de duda. Si algún día pretendemos conocer el fondo de las cosas, nos inconformamos e indagamos, se nos recordará que no podemos comer la fruta del árbol prohibido (el árbol de la sabiduría) pues corremos el riesgo de ser nuevamente expulsados del paraíso.
Pero en esta ocasión la expulsión del Edén es la marginación social. Esta exclusión equivale a ser acreedor a la etiqueta de “ateo”, palabra que podría aterrorizarnos pues es sinónimo de nuestra muerte económica y social. La expulsión del paraíso terrenal en nuestros días significa ser castigado con la desconfianza, porque un rebelde puede ser la semilla de una revolución y de la transformación del orden “moral” establecido. Esta rebeldía puede ser el final de la hipocresía, simulación y doble moral que a diario arruina la calidad de vida de nuestro ser individual y social.
El control social se ejerce sujetando en la ignorancia y en la obediencia ciega, en donde dogmas y creencias se expresan en la repetición fanática de rituales automáticos, encaminados todos ellos a embotar a nuestro espíritu lacerado con tanta imposición. Esta laceración se manifiesta dolorosamente en problemáticas de alto contenido social como es el caso del suicidio.
El control social encuentra en la promoción y oferta del propósito de la vida una efectiva herramienta para constreñir y sofocar. En este proceso de sometimiento y de enajenación, las religiones autoritarias establecen alianzas con el Estado teniendo como resultado, la imposición del propósito de la vida (que es en realidad la manifestación de la ideología del poder) en los más diversos campos de la vida social.
Este credo es posible detectarlo en el sistema educativo, los “valores” ciudadanos, la política, la moral, el arte, los medios de comunicación y en las religiones autoritarias. La vida social y económica es impactada por esta alianza entre el Estado y religión autoritaria, coalición que oferta y recuerda una y otra vez cuál es el verdadero propósito de la vida que ha sido confeccionado por ellos, claro está.
La Libertad
El propósito de la vida no es más que una manifestación ideológica y es, fundamentalmente, una consecuencia de nuestros condicionamientos e imágenes de la realidad. Al ser el resultado de nuestros anhelos y expectativas, no puede haber un propósito para vivir. Se trata más bien de una expresión de mi propia vida y de los que ejercen el control social sobre mí. Pero si queremos profundizar aún más en eso que llamamos el propósito de la vida, nuestra mente tiene que estar libre de condicionamientos. Sólo de esta manera puede descubrir la esencia de las cosas.
Reflexionemos lo siguiente: ¿qué es más trascendente, descubrir el propósito de la vida, o liberar a la mente misma de su propio condicionamiento? Cuando la mente está libre de su propio condicionamiento, esa libertad misma es el propósito, porque después de todo, sólo estando interiormente libres podemos descubrir nuestra verdad. Lo más importante es la libertad interior en lugar de enfrascarnos en la búsqueda del propósito de la vida que el poder ha confeccionado para nosotros. De lo contrario, nuestra marcha sería lastimosamente errática, en círculos, extraviada en el desierto de la soledad, acompañados únicamente del fantasma de las creencias.
Sin estar libre de nuestras pequeñas ambiciones, el Tener, la fama, el poder, el control de los demás, ¿cómo descubrir la raíz del dolor interior que necesita de propósitos para vivir? ¿No resulta primordial indagar por qué necesitamos inventar propósitos? ¿No es acaso imperioso investigar por qué no somos libres? La libertad es un estado y una cualidad de la mente y sólo puede llegar cuando surge la inteligencia, cuando más allá de los propósitos, nos interesamos en la comprensión de la totalidad, del sentido global de la existencia personal y social.
(Disponible en Internet http: //baquedano2.tripod.com)
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http://www.poresto.net/content/view/13392/43/