sábado, 29 de marzo de 2008

López Novelo: hermanos valiosos

sábado, 29 de marzo de 2008
Por: Francisco Luna Kan
Las sociedades evolucionan lenta o aceleradamente según la dinámica que le confieran sus integrantes. Este impulso de transformación descansa fundamentalmente en el proceso educativo de los participantes. Para tal efecto se requiere la intervención del Estado creando instituciones escolares de diversos nivel y finalidad. Lugares donde habrán de formarse practicantes, estudiosos, investigadores y maestros para difundir los múltiples conocimientos que demanda no sólo la academia, sino también los reclamos de los niveles de la vida social, adecuados a los adelantos de las disciplinas docentes.En la medida que se prepara los cuadros dirigentes, necesariamente quienes los forman apoyarán nuevos planes para proseguir en la búsqueda de nuevos conocimientos y la transmisión de los básicos en una secuencia ininterrumpida que marca la superación permanente del proceso que contribuye al bienestar de los núcleos humanos. De ahí deriva la importancia de las universidades como centros de enseñanza, investigación y de servicio social a las comunidades donde sus egresados participan, en la medida de sus conocimientos, en la práctica de una asistencia social, en parte como una retribución por los estudios cursados en la institución docente, tratándose de las públicas. En el caso de la carrera de medicina, los egresados de todas las escuelas públicas y particulares participan del servicio social.De los profesionales yucatecos que el siglo pasado tuvieron dinámica actuación y con mentalidad abierta a los cambios que se operaban en el país, destacaron 3 hermanos que individualmente confirieron a su participación un sello especial, nacida en su concepción social del desarrollo y por su gran calidad humana. Ellos son Mario Arturo, Enrique y Carlos Renán López Novelo.Con el primero citado tuve el privilegio de tener más relación por cuando siendo el jefe de un despacho contable muy acreditado, su oficina llevaba los movimientos de importantes firmas de negocios diversos y notables profesionales. Si la memoria me es fiel, lo recuerdo a partir del sexenio gubernamental de Agustín Franco Aguilar, durante el cual tuve el encargo de fusionar los servicios de la Dirección de Sanidad del Gobierno del Estado, con los de la Delegación de los Servicios Federales de la Secretaría de Salubridad y Asistencia, cuyo titular fue el Dr. José Alvarez Amézquita. Unión de esfuerzos que dieron nacimiento a los Servicios Coordinados de la Salud del Estado de Yucatán en 1960, cuando el nuestro era la única Entidad Federativa que contaba con una dependencia estatal y otra federal para la misma función.La salud pública se hace con las personas y ningún individuo puede quedar excluido en el propósito de mejorarla. Por tanto parte de mi encomienda era acercarme a los líderes naturales de la sociedad y Mario Arturo era uno de ellos. Al paso de los años en el sexenio 76-82, recuerdo que el año 1977 se inició la formación de una institución de salud local: el Instituto de Salud y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado de Yucatán que organizó y dirigió hasta el fin del sexenio, el ya fallecido amigo Luis F. Peraza Lizarraga. Se manejó con la mayor transparencia y a ello contribuyó como auditor externo, el Despacho de Mario Arturo López Novelo. Hasta ahora funciona la institución.Otro López Novelo, de nombre Carlos Renán, hombre ligado al campo, inició la ganadería en gran escala en el Sur del Estado. Muy meritoria labor porque se pensaba que sólo el Oriente de Yucatán era apto para la actividad, que por esa latitud había iniciado Don Cabalán Macari, muchos años atrás. Carlos Renán demostró que también en la zona meridional de Yucatán se podía hacer ganadería moderna: técnicas de inseminación, cultivo de potreros con sistema de riego; ganado seleccionado, de alto registro y medidas preventivas constituyeron modelos a seguir en la región y el Estado. Varias visitas hicieron a Hobonil, gobernadores y funcionarios federales para admirar la obra de López Novelo.Uno más, Enrique, también contador público, con un despacho muy acreditado en la banca comercial y en negocios varios, participó activamente en la vida social de Yucatán, pero no en la del ocio y la presunción. No. Enrique, a quien poco traté personalmente, tenía facultades de innovación en la enseñanza, sobre todo en el nivel universitario. A su empeño propositivo se debe la creación de la Escuela de Comercio y Administración, el mes de noviembre de 1962 cuyo local se construyó ex profeso en 1979. Transformada posteriormente en Facultad de Contaduría y Administración.Tiene el mérito de haber demostrado la necesidad de formar profesionales de la contabilidad con una concepción moderna para la época y creo que todavía tiene aplicación porque al través de su enseñanza se forman servidores sociales para ampliar oportunidades de empleo, abriendo nuevas expectativas de producción a la vez que la observancia de un orden económico de mayor recaudación para el Estado como máximo organismo vigilante del bienestar de la sociedad. Antes se buscaba escamotear el compromiso para el pago de los impuestos, los cuales siempre recaían en un porcentaje pequeño de la población económicamente activa, por lo que se conocía en el medio fiscal como el segmento “cautivo” de la sociedad. En el transcurso del tiempo se ha ido aumentando la base contributiva, aunque no en la equidad deseada.Mis apuntes en la prisa diaria pudieran servir, sin embargo, para recordar a una familia caracterizada por la vinculación de los hermanos López Novelo, cuya trayectoria debe difundirse como ejemplo de tenacidad, trabajo y honestidad. Más útil en una época en que la juventud debe conocer ejemplos de espíritus fuertes, que contribuyen a la formación de una sociedad libre de temores y vicios que degradan al ser humano. Solamente los altos valores basados en la educación y la salud podrán formar más personalidades con espíritu transformador.Estas consideraciones retornaron a la memoria cuando en días pasados tuve el privilegio de contactar con un distinguido grupo de personas que a la convocatoria del Lic. Mario Bolio Granja coincidimos en un desayunador de la ciudad de Mérida. Todos ellos muchachos del siglo pasado (XX), con el denominador común del cultivo a la amistad: Ing. Gelasio Luna, quien hizo el milagro del mantener con eficiencia los últimos servicios de los Ferrocarriles Unidos de Yucatán; Julián Anguas, militar retirado e Ingeniero Civil; el Ing. Raúl Mendoza Blanco, activo constructor al igual que su colega Jorge Correa Ruz; el CP Ignacio Cejudo, ahora incursionando en la administración pública estatal, y Jaime Martín, dinámico empresario de la hotelería y otras disciplinas. Encuentro pródigo y reconfortante.
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