viernes, 02 de mayo de 2008
Señala Ministro de Costa Rica
Debemos educar en la ética y la ciudadanía, la convivencia y el arte para que nuestros jóvenes no crezcan sin criterios propios en un mundo en el que se diluye el imperativo moral de luchar por aquello que es humanamente correcto o bueno, opinó ayer Leonardo Garnier, Ministro de Educación de Costa Rica, en el evento inaugural del XIV Seminario del Foro Latinoamericano de Educación Musical.
Con respecto a la ética, enfatizó que no es algo que se pueda aprender como mera información, ni siquiera como “conocimiento”, sino como convivencia, como creencia, como convicción y, por lo tanto, debe aprenderse mediante una metodología que enfrente a los muchachos con “dilemas éticos” de distintos tipos: cotidianos, históricos, artísticos e incluso ficticios. Puso como anti ejemplo el caso de un maestro de esa materia que pidió a sus alumnos leer una novela que está llena de dilemas éticos: Hamlet, pero en vez de preguntarles en el examen sobre uno de esos dilemas, les preguntó en qué capítulo muere Ofelia.
En el campo de la ciudadanía, explicó que las diversas experiencias muestran que no basta que sea parte de una asignatura, como por ejemplo el civismo, sino que debe marcar todas las materias y toda la vida del centro educativo donde se enseña e ir más allá: a la relación entre el centro educativo y la comunidad, pues si algo es evidente para los estudiantes es la falta de congruencia entre el discurso y la práctica, por ejemplo un discurso cargado de ética y valores ciudadanos, pero acompañado de una práctica autoritaria.
Poniendo ejemplos de la experiencia educacional de Costa Rica, Garnier aseguró que la responsabilidad y los derechos solo se aprenden cuando su conceptualización va acompañada de la práctica y ésta se conceptualiza. Por eso es importante redefinir la relación adulto-adolescente, docente-alumno, escuela-comunidad y por eso es importante también tomar en serio la educación en el hogar.
Dijo que en el campo de la ciudadanía hay prácticas como el sentir democrático que deben aprenderse y practicarse hasta volverse casi intuitivas. También hay “un conjunto de valores que son fundamentales en la formación ética y ciudadana: valores como la justicia y la equidad; la autonomía, entendida como antítesis del autoritarismo o el mero tutelaje; la tolerancia y el respeto y aprecio de la diversidad; la expansión de la libertad en su sentido amplio de capacidad: soy libre cuando tengo libertad real de ejercer mis capacidades y mi potencial; la dignidad como derecho a una vida buena y, en especial, como derecho a no ser humillado, a no ser tratado -ni sentirse- como menos que nadie. La solidaridad y la simpatía: la identificación con el otro. La responsabilidad con nosotros, con los otros y con el entorno. El derecho a los sentimientos: el regreso a una educación sentimental”.
Pidió recuperar la educación física en su sentido más integral: tanto como la educación para una vida saludable, como para utilizar el juego como situación e instrumento de convivencia, de aprendizaje de reglas, de respeto al otro, de estímulo a la excelencia, de comprensión de las diversas capacidades y gustos, y de disfrute del compañerismo.
Educación artística
Con respecto a la enseñanza de la estética, planteó la necesidad de que logre al menos 4 grandes objetivos: Que los estudiantes disfruten el arte, simplemente que lo gocen, porque normalmente lo primero que se les provoca es el sufrimiento de tener que memorizar párrafos, fechas o detalles técnicos de la obra, sin dejar espacio para que un estudiante se permita olvidarlo todo y dejarse llevar por la pasión.
En segundo lugar, dijo, habría que complementar el disfrute con la apreciación, que incorpora elementos de valoración de unas obras con respecto a otras.
En tercer lugar además de disfrutar y apreciar el arte es necesario entenderlo, comprenderlo en sus elementos técnicos y conceptuales, y en sus aspectos científicos y tecnológicos que se vislumbran atrás de determinada tonalidad o brillo, de determinados movimientos del cuerpo, del balance de una escultura o los timbres de cierta tonada. Y la comprensión debe incluir los aspectos históricos de cada pieza artística.
Una vez logrado todo esto, se debe aspirar a que cada joven se exprese artísticamente: que pinte, declame, cante o escriba lo que quiera o necesite decir, decirse o decirnos. No para que cada estudiante sea un artista, es decir un virtuoso, sino para que se atreva a expresar en formas artísticas sus intereses, preocupaciones, emociones y razones, de tal forma que al hacerlo busque conmovernos más que convencernos, ya que si algo busca el arte es conmover.
Así disfrutar, apreciar, comprender y expresar son los 4 retos de la educación artística que, de lograr incorporarse en los colegios, transformarían sin duda la enseñanza y la vida de la gente joven. Una vez logrado eso, habría que pedir que los estudiantes se apropien del arte, lo mismo que del conocimiento científico o de su concepción ciudadana, pero que lo hagan con una mente abierta y crítica, no con una mentalidad aldeana o complaciente. Que no sólo conozcan sus raíces, sino que crezcan en ellas para estar también en capacidad de apropiarse del mundo
Contó que los italianos fabrican corbatas de 100 dólares y los chinos de un dólar; sin embargo, los sastres italianos no le temen a los chinos, porque el diseño de sus productos, desarrollado gracias a sus extraordinarias capacidades artísticas, permite que tengan mucha demanda. Finalmente planteó que el camino para América Latina es el desarrollo del arte, ya que nuestros muchachos no van a conseguir trabajo si no se les educa artísticamente.
(Roberto López Méndez).
http://www.poresto.net/content/view/12959/43/