miércoles, 04 de junio de 2008
Por Delfin Quezada Domínguez
Los pobladores de la costa de Yucatán sentían que el anhelado progreso estaba llegando. Las calles de tierra eran reemplazadas por el asfalto y los proyectos turísticos empezaban a surgir. El panorama económico se pintaba alentador hasta que unos miles de barriles de crudo de la empresa PEMEX fueron a parar al mar y empezó a desdibujar el paisaje. Ahora una “marea negra” recorre las costas de la tierra del Mayab y a su paso deja las huellas de una destrucción ambiental y un pueblo pesimista. En las calles y esquinas de las comunidades pesqueras el tema de conversación es el derrame. No sólo se habla sobre los trabajos de limpieza, el daño social, económico y ambiental, sino también de las secuelas en las otras actividades que se realizan en la costa yucateca (turismo).
Mala pesca
Han pasado varios días del hecho, y al tiempo que la empresa adelanta los trabajos de limpieza, en los rostros de los pobladores se muestran las primeras secuelas sociales. Los más vulnerables son los pescadores. La Secretaría de Salud prohibió la pesca en la zona hasta segunda orden y los trabajadores del mar buscan en cada movimiento comercial la manera de ganarse “un peso”. Familias conformadas hasta por siete personas dependían de los ingresos de la pesca de langosta, camarón, sierra, meros, boquinete, robalo y otros productos del mar.
Para ellos era sencillo conseguir dinero. Salían en la mañana y regresaban en la tarde, y en los “días malos” se ganaban algunos pesos en los paseos de lancha a los turistas locales que les permitía comprar la mercancía para acompañar el pescado y los frijoles. Una actividad que le representaba a los pescadores de las comunidades afectadas que se ubican desde El Cuyo hasta Celestún ingresos suficientes al mes sólo en pesca de langosta, meros, rubias y otras especies marinas, según cálculos de un ex pescador.
Sin embargo, el pasado viernes a las 10:30 a.m. “El Tripas” llegó a la Caleta y con cara de preocupación miraba a su alrededor y al mar. Buscaba afanosamente a alguien que le ofreciera un “merito” para poder comprar el café y pan para sus hijos. En su casa, le esperaban su esposa, Cristina y sus siete hijos. “Estoy aquí para ver si alguien me pide que le cargue algo y a cambio me dé por lo menos un peso”, dijo.
Pero, no es fácil. La actividad del puerto ha disminuido y los moradores no acostumbran solicitar ayuda para cargar sus cosas. Pero, “El Tripas” no perdía la esperanza de conseguir unos pesos, o por lo menos eso había logrado el día anterior. “Con eso compré aceite y algunos huevos para acompañar los frijoles sancochados y sin sal que nos estamos comiendo”, dijo. 20 minutos del puerto en lancha, se encontraba la familia de Rosa en la otra comunidad almorzando chicharras de cerdo y agua de limón. “Tengo un mes y medio que no pruebo carne ni pescado”, dijo Rosa. Aunque se ha estado repartiendo comida a los pescadores, la oferta no supera la demanda. “¿Qué puede alcanzar 50 kilogramos de frijol y 75 kilogramos de pollo para una semana en una comunidad de casi 1,000 habitantes?”, se preguntó “Mamerto” uno de los pescadores de la Caleta.
Ese día “Mamerto” no había almorzado, pero eso no le preocupaba, por ahora su inquietud gira en torno a cuándo las autoridades de Salud van a dar la orden de pescar. La respuesta tardará porque todavía la empresa petrolera no termina de limpiar el área contaminada por el derrame, y cuando cree haber controlado una zona, aparecen otras manchas del crudo. Sin embargo, un funcionario de PEMEX, a quien no le preocupa para nada tener comida cuando amanezca, dice que “ya no hay petróleo en el mar y lo que queda por limpiar son las playas y manglares y rocas”. Como siempre, engañando a la opinión pública
A Luis, presidente del Comité Pro rescate de la Costa yucateca, le ha tocado analizar la situación con los demás moradores. Asegura que aparte de las actividades pesqueras hay un daño enorme por el derrame del crudo en el mar. Habla de niños enfermos con diarrea y vómito por la inhalación del olor del crudo, y en el peor de los casos por su contacto directo. No es para menos. Cuando el crudo llegó a las comunidades pesqueras, los niños empezaron ha manipularlo. La empresa contrató a los propios moradores, en su mayoría pescadores, para los trabajos de limpiezas y los primeros días de labores se hacían con poca seguridad, dijo.
En un informe se refiere a los daños ecológicos “aún no cuantificados” y también cuestiona el uso del dispersante Corxit que utilizó la empresa para la limpieza, el cual consideran “más tóxico que el petróleo”. Luis señaló que el manejo, supervisión y utilización del producto fue autorizado por la Autoridad Marítima de PEMEX.
Este relato que les presento pertenece a un futuro cercano, cuando PEMEX comience con la perforación, explotación y manipulación del petróleo junto a nuestras costas. ¡Cuánto se dijo que no era redituable la cantidad de petróleo monitoreada cerca de nuestras costas por el gasto que se iba invertir en esa empresa! Si no fuera por la información del siempre valiente e íntegro Diario de la Dignidad, Identidad y Soberanía POR ESTO! sobre este caso, nos hubieran tomados por sorpresa. ¡Aún tenemos tiempo para defender nuestros patrimonios (pesca y mar)! LUCHEMOS TODOS JUNTOS CONTRA ESA DESGRACIA MEDIOAMBIENTAL QUE SE APROXIMA. Los derrames de petróleos pueden dañar las partes de la cadena alimenticia, incluyendo aquellos alimentos que abastecen al ser humano. Los tipos de hábitat tienen diferentes sensibilidades a los derrames de petróleo. Todo esto está bien contemplado.
http://www.poresto.net/index.php?option=com_content&task=view&id=17731&Itemid=1