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El señor Jaime Velasco Luján, en carta publicada el lunes 24, pretende refutar que “el Tíbet es parte de China desde principios del siglo XVII”, porque según él “a un territorio autónomo no se le invade y asesina, como ocurrió en 1949, con el Tíbet”. Dejo de lado su extraña sintaxis y le recuerdo que no en 1949, sino en 1950, llegaron al Tíbet los primeros contingentes del ejército revolucionario, que acababa de derrotar a las fuerzas de Chiang Kai Shek, las que hasta entonces solaparon el régimen teocrático y esclavista. Teocrático porque en su cúspide tenía al Dalai Lama y a otros monjes practicantes del budismo, doctrina a la que en todo el mundo se considera como religión, lo que confirman los tratadistas y hasta los diccionarios más comunes, como el de María Moliner, quien define teocracia como el “gobierno ejercido por la clase sacerdotal de un país”. (Además, me permito aclararle que Jesús, también otro hombre, fundó otra doctrina hoy llamada cristianismo.)
Sobre aquello de que en el Tíbet “nunca hubo esclavitud porque los tibetanos son los seres más espirituales del mundo”, le recuerdo al señor Velasco Luján que el esclavismo en Grecia, en China o en Estados Unidos lo ejercían señores muy religiosos y muy espirituales. Por último, omite usted mencionar que los espirituales tibetanos se dedicaron el día y la noche del 14 de marzo a quemar y vandalizar comercios, lo que dio por resultado que en sólo ese día cinco personas murieran. Mejor no ser tan espiritual, pero sí más respetuoso.
Marusia Musacchio
http://www.jornada.unam.mx/2008/03/26/index.php?section=opinion&article=002a2cor