lunes, 28 de abril de 2008
Si vive en nosotros y está con nosotros, la tercera persona de la Santísima Trinidad nos puede ayudar a conocer y vivir plenamente nuestra fe, pero también a descubrir nuestro lugar en el mundo y la sociedad, señaló el Arzobispo de Yucatán en su homilía dominical
Como creyentes debemos buscar un mayor conocimiento e intimidad con el Espíritu Santo, la tercera persona de la Santísima Trinidad, que viviendo en nosotros y estando en nosotros nos puede ayudar a conocer y vivir plenamente nuestra fe pero también a descubrir nuestro lugar en el mundo y la sociedad, dijo ayer el Arzobispo de Yucatán, Emilio Carlos Berlié Belaunzarán en su homilía dominical.
Agregó que Jesús, ante todo dice claramente, delante de sus discípulos, que el amor a Él, si es verdadero amor, lleva infaliblemente a la observancia de los mandamientos. Y si no hay observancia significa que nosotros no tenemos el amor, porque la observancia es una consecuencia esencial, irrenunciable, que nos revela si nos amamos de veras o nos creemos ilusoriamente que amamos.
Jesús también nos enseñó que el don del Espíritu Santo por parte del Padre es fruto de este amor y de esta observancia, que suscitan la oración de Jesús, gracias a la cual nosotros podemos recibir al Espíritu. Y explica lo que El es: el Consolador, el Espíritu de la Verdad, aquél a quien el mundo no ve, no conoce, pero los discípulos sí, y aquél que mora junto a ellos y que está dentro de ellos.
Monseñor Berlie recordó que el domingo pasado Jesús ponía de manifiesto su relación con el Padre y los discípulos.
—Hoy, al mismo tiempo que manifiesta su unión con el Espíritu Santo, revela la misión que éste cumplirá con relación a los discípulos. El Espíritu no es un sustituto de Jesús, ni un “álter ego” suyo, tiene personalidad propia aunque continuará la misión comenzada por Jesús con la Iglesia naciente.
Explicó que durante su vida pública, Jesús no sólo predica a las multitudes y transmite de manera personalizada su enseñanza a sus discípulos sino que, además, los defiende en diversas ocasiones de los ataques de las autoridades judías. Pero el Espíritu en su función de Defensor de la Iglesia cumplirá una misión más amplia.
Será alguien que estará siempre con los discípulos en los momentos de paz y de regocijo espiritual como a la hora de dar testimonio de la fe y de poner en riesgo la propia vida.
El Espíritu no sólo actúa en los creyentes, también mueve las mentes y los corazones para buscar una identificación y compromiso con todas aquellas causas a favor de la humanidad en la que se ven empeñados tantos hombres de buena voluntad. Viviendo según el Espíritu podremos ser nos sólo motor de renovación y testimonio al interior de la Iglesia sino además llegar a ser verdaderamente levadura, sal y luz de la tierra.
El Arzobispo de Yucatán recordó a los feligreses que nos acercamos al final del Tiempo Pascual.
—Han transcurrido ya cinco semanas completas desde que celebramos la resurrección del Señor y en este domingo y el próximo Jesús en el Evangelio estará anunciando a sus discípulos la venida del Defensor, el Espíritu de la Verdad, el protector de los desamparados.
Ayudando a los creyentes, en la vida de cada día, a reproducir en sí mismos la forma de ser y el actuar de Jesús hace evidente quién pertenece y quién no pertenece a la comunidad de los salvados. No se trata de una pertenencia jurídica sino de la unión existencial con la fuente y origen de la verdad que informa y hace vivir y actuar conforme a la voluntad de Dios, a la manera de Jesús, concluyó.
(Víctor Lara Martínez)
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