lunes, 28 de abril de 2008

Libertad

lunes, 28 de abril de 2008
Dr. Gaspar Baquedano López

Temas de Reflexión

Una de nuestras grandes aspiraciones en un mundo de sufrimiento y de culpa, es eso que llamamos libertad. En los momentos de angustia y de aprisionante soledad deseamos ser libres. Por eso reaccionamos con violencia ante aquello que nos sofoca: un sistema social represivo, la carencia económica, una religión autoritaria, la dependencia hacia alguna droga o persona. Si estamos interesados en dar inicio a la revolución interior que tanto anhelamos pero que al mismo tiempo tememos, es importante indagar qué es la libertad. En medio de la confusión que crean las múltiples trampas de nuestro Ego hemos llegado a creer que ser libre es pensar y decir lo que queramos, o bien, que ser libre es desplazarse a donde deseemos. Pero en un análisis más profundo es conveniente preguntarnos si eso es realmente la libertad: ¿En verdad podemos pensar lo que queramos, o más bien pensamos de acuerdo a las creencias, prejuicios y maneras de pensar que otros nos han impuesto al través de los dogmas? ¿Nos atrevemos a decir todo aquello que se nos ocurre, o vivimos bajo una censura psicológica, moral, ideológica, política y religiosa que nos reprime? ¿Podemos ir con libertad a donde queramos o en realidad, paseamos nuestra esclavitud interior a donde quiera que vayamos?

Ignorancia
No puede haber libertad en la ignorancia; si desconocemos lo que nos angustia y hace tristemente sumisos no puede haber libertad. Pero es precisamente esa búsqueda de nuestra realidad, de nuestra Verdad lo que menos nos preocupa. Preferimos entregar nuestra capacidad de indagar a quienes nos controlan con su autoridad. ¿Estamos en un “valle de lágrimas” y por ello, irremediablemente condenados al sufrimiento, la culpa y a la ausencia de libertad?
Haríamos bien en detenernos para reflexionar acerca del porqué de los dogmas, de las censuras, reglamentos y prohibiciones de los diferentes sistemas políticos, gubernamentales, religiosos y de enseñanza que a toda costa promueven la ignorancia y castigan a quien cuestiona o se rebela ante tanta sujeción ideológica. Eso que llamamos “conocimiento” es ignorancia disfrazada de “verdad”.
En todo este control del conocimiento podemos encontrar una de las puntas de la madeja de este proceso de dominación y de enajenación que nosotros mismos hemos creado y validado. Al final de cuentas resulta cómodo permanecer ignorante con las primitivas ideas de culpa, pecado, perdón, arrepentimiento, infierno y gloria. Eso es más cómodo que decidirse a actuar hoy mismo y desencadenar nuestra propia revolución interior.

La Esclavitud de los Dogmas
A veces creemos que con la adquisición de conocimientos formales es como podemos salir de la ignorancia y así ser libres. Por eso desarrollamos una gran pasión por ser eruditos en algo, adorando a quienes nos maravillan con tanta verborrea. Pero, ¿no es eso repetición en lugar de creación? Quien repite una y otra vez las mismas ideas, conceptos, teorías “científicas”, los mismos pasajes de la Biblia vive esclavizado en los dogmas.
No puede haber revolución alguna en este mundo que día a día se despedaza y del que decimos que somos parte, si no comenzamos con nosotros mismos y eso, requiere ante todo de un acto de libertad interior, de un retorno, de un reencuentro con la realidad porque ahí está la Verdad que hemos perdido. Esta transformación radical comienza con la convicción de que es necesario un conocimiento de calidad diferente: la comprensión de uno mismo.
La necesidad del autoconocimiento no escapa a la manipulación y al manoseo de los que ofrecen la “libertad espiritual”. Así, existen cientos de movimientos “espirituales” cuyo atractivo principal es una idea de la libertad desde una perspectiva enajenadamente individualista. De acuerdo con estas propuestas de “liberación”, lo importante es uno mismo pero desde una posición aislacionista. En otras palabras, el retiro del mundo, la “meditación”, los “ejercicios espirituales” y todo aquello que nos aleje de los demás, es visto como sinónimo de virtud o de “santidad”.
No puede haber comprensión de nosotros mismos si nos encontramos atrapados en el aislacionismo de los dogmas y sin comprensión, no puede haber libertad. Ser uno mismo es estar relacionado y comprometido con los demás. Es precisamente la falta de esta relación la que nos causa grandes conflictos, miseria, discriminación, violencia y la pérdida de nuestra libertad. El mundo es nuestra interrelación y es por ella que puede nacer en nosotros la revolución interior. Este movimiento es un cambio violento y radical en la manera de mirarse a uno mismo y a los demás como una totalidad, sin fragmentaciones ni comparaciones. Sin distinciones de clase social, económica, racial, ideológica o religiosa. Esta revolución no puede darse conforme a determinada doctrina o norma ideológica y política pues eso es imposición y, cuando sucede, en medio de ella queda atrapado un ser humano viejo aunque en apariencia sea un “revolucionario”.

Mente Despierta
El proceso de comprensión de uno mismo que inicia nuestro vuelo a la libertad no puede darse en el aislamiento que se ofrece en el narcótico de una religión autoritaria, creencia o “espiritualidad” individualista. Este acto de libertad, que es un hecho de profunda comprensión, requiere de una mente extraordinariamente despierta, atenta a sí misma y a sus circunstancias, una mente rebelde, inconforme, que no puede atarse a ningún dogma ni creencia en particular, ni a ninguna fórmula para ser libre.
Para conocernos a fondo tiene que haber vigilancia de todo aquello que viene del pasado bajo la forma de prejuicios y culpas. Estas imágenes imponen lo que “debe ser” y lo que no, bajo el cobijo de la tradición, la moral o la normalidad. De la misma manera, un espíritu que quiere ser libre está atento a los fantasmas del futuro, a eso que atemoriza y arruina nuestra calidad de vida presente.
Si aceptamos que no puede haber libertad en la ignorancia y que es urgente conocernos ¿existe algún método para conocerse a sí mismo? Existen muchos sistemas cuyos autores (filósofos, “instructores espirituales”, “iluminados”, “maestros”, psicólogos, psiquiatras, líderes religiosos) proponen como una manera de conocerse a uno mismo. Pero si con la mejor de las intenciones, seguimos al pie de la letra lo que determinado método propone, lo que vamos a hacer es ajustar nuestro pensamiento, sentimiento y conducta a una norma que propone ese sistema. Quien dice conocerse mediante un método, lo más que podemos decir es que lo aprendió con la esperanza de conocerse, pero nada más. Ahora es esclavo de un método que le promete libertad.
Cuando seguimos un método, en realidad seguimos la autoridad de su autor o de la teoría o religión que lo propone, autoridad que ofrece un resultado que en este caso es el conocimiento de uno mismo y esa expectativa nos da seguridad. En realidad no queremos comprendernos a nosotros mismos. Lo que pedimos es un sistema que nos dé tranquilidad al través de un resultado. Y si necesitamos de la autoridad de quien propone el método no somos libres porque la autoridad impide el conocimiento de uno mismo. Esa autoridad me puede dar una ficticia sensación de seguridad ya que permite cierta forma de conocimiento, pero eso no es la comprensión de nuestra totalidad. Es la comprensión de ciertas cosas desde la perspectiva de la autoridad de quien dice qué y cómo comprender.
Por su misma esencia la autoridad no permite la plena conciencia de uno mismo y por lo tanto, ahí no puede haber libertad. El culto a la personalidad de quien nos propone un método para “iluminarnos” y ser libres es lo que destruye la creatividad y, con ello, nuestra posibilidad de comprensión. La comprensión de uno mismo, el contacto con nuestra Verdad es lo que nos puede hacer libres y no es un resultado ni una meta; es un intenso trabajo de la más alta calidad que consiste en observarse atentamente de instante en instante aquí y ahora en el espejo de la relación con los demás, con la mirada vigilante en nuestros apegos a cosas y personas. Pero este trabajo requiere de espíritus revolucionarios que hayan dejado atrás el embotamiento de las supersticiones, mitos y creencias autoritarias que niegan el derecho a conocer la Verdad que libera.

(Disponible en Internet
http://baquedano2.tripod.com)
baquedano@yahoo.comEsta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

http://www.poresto.net/content/view/12330/43/