jueves, 17 de abril de 2008

Primera generación de la sociedad global emergente

jueves, 17 de abril de 2008
Teresa García Avila
(Parte 1)
Somos parte del mundo, y qué le ofrecemos como comunidad para la preservación de nuestro ambiente que es de todos y a ello nos debemos. Para seguir adelante, debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común.

En estos momentos tan importantes de desarrollo y crecimiento en nuestro estado, la integración de las zonas conurbanas asoman como punto de partida, en especial las que colindan con la capital de la Entidad, la ciudad de Mérida, que en su crecimiento sólo se detiene cuando llega a un vestigio maya para rodearlo y seguir creciendo imparablemente, hasta que llegue al mar. Estas zonas de grandísimas riquezas resguardan un tesoro ambiental y otro cultural, dos grandes contribuciones que nuestra región ha aportado a la historia de la tierra. La riqueza de las selvas bajas caducifolias, que a pesar de estar gravemente deterioradas no dejan de contribuir benéficamente al ambiente, ser el hogar de múltiples especies, además de ser muy bellas y los núcleos poblacionales asentados en esta zona cuyos orígenes provienen de esa gran cultura maya que aportó grandes beneficios a la humanidad, actores principales en los cambios de sociales, guardianes del ambiente y la memoria histórica.
La zona de nuestro municipio que colinda con Ucú, es parte de un gran anillo verde conformado por un ecosistema propio de las selvas caducifolias que merece ser preservada, reforestada y protegida; su flora, la diversidad de aves de múltiples cantos y colores y de algunos mamíferos que hacen de estos lugares su lugar donde vivir, nuestro compromiso debe de ser con y para ellos, ya que ellos ahí están y si se van, no regresarán. Estas zonas son tan importantes como los manglares en su contribución al cambio climático, pero son gravemente ignoradas y despreciadas por especialistas, académicos, antropólogos, ambientalistas, inversionistas y el mismo gobierno, a pesar de su gran contribución ambiental y social, por esto el Plan de Ucú, debe de interesar a todos los ciudadanos por lo trascendental de esta obra para el futuro del estado, de la región, de la tierra.
La Carta de la Tierra, hoy, es un documento a seguir ya que es una síntesis de valores, principios y aspiraciones ampliamente compartidos por un número creciente de hombres y mujeres en todas las regiones del mundo. Los principios de la Carta de la Tierra están basados en la ciencia contemporánea, las leyes internacionales y en lo más profundo de la filosofía y la religión. La Carta ha sido moldeada tanto por expertos como representantes de las comunidades de base. Es un tratado de los pueblos que establece una importante expresión de esperanza y las aspiraciones de la sociedad global emergente, a la cual pertenecemos, podríamos llamarnos la primera generación.
La Tierra, nuestro hogar, está viva con una comunidad singular de vida. Las fuerzas de la naturaleza promueven a que la existencia sea una aventura exigente e incierta, pero la Tierra ha brindado las condiciones esenciales para la evolución de la vida. La capacidad de recuperación de la comunidad de vida y el bienestar de la humanidad dependen de la preservación de una biosfera saludable, con todos sus sistemas ecológicos, una rica variedad de plantas y animales, tierras fértiles, aguas puras y aire limpio. El medio ambiente global, con sus recursos finitos, es una preocupación común para todos los pueblos. La protección de la vitalidad, la diversidad y la belleza de la Tierra es un deber sagrado. Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz y asumamos nuestra responsabilidad unos hacia otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones futuras.
Los patrones dominantes de producción y consumo están causando devastación ambiental, agotamiento de recursos y una extinción masiva de especies. Las comunidades están siendo destruidas, ante intereses económicos que benefician a unos cuantos. Un aumento sin precedentes de la población humana ha sobrecargado los sistemas ecológicos y sociales. Los fundamentos de la seguridad global están siendo amenazados. Estas tendencias son peligrosas, pero no inevitables. Los beneficios del desarrollo no se comparten equitativamente y la brecha entre ricos y pobres se está ensanchando, por esto el plan Ucú debe de ser visto como un modelo de integración ambiental, social, económica, en ese orden. No se trata de tener un club para pobres, como lo son los clubes de golf, para ricos, esto sólo propiciará injusticia, pobreza, ignorancia, marginación, cuna para la generación de conflictos violentos que todos sufriremos.
Se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida. Debemos darnos cuenta de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el desarrollo humano se refiere primordialmente a ser más, no a tener más. Poseemos el conocimiento y la tecnología necesarios para proveer a todos y para reducir nuestros impactos sobre el medio ambiente. El surgimiento de una sociedad civil global, está creando nuevas oportunidades para construir un mundo democrático y humanitario. Nuestros retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales, están interrelacionados y juntos podemos proponer y concretar soluciones comprensivas como primera generación que somos.
Para llevar a cabo estas aspiraciones, debemos tomar la decisión de vivir de acuerdo con un sentido de responsabilidad universal, identificándonos con toda la comunidad terrestre, al igual que con nuestras comunidades locales. Somos ciudadanos de diferentes naciones y de un solo mundo al mismo tiempo, en donde los ámbitos local y global, se encuentran estrechamente vinculados. Todos compartimos una responsabilidad hacia el bienestar presente y futuro de la familia humana y del mundo viviente en su amplitud. El espíritu de solidaridad humana y de afinidad con toda la vida se fortalece cuando vivimos con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y con humildad con respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza, estos deben de ser los compromiso de la primera generación de la sociedad global emergente.

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