domingo, 29 de junio de 2008

La necesidad de actualización

domingo, 29 de junio de 2008
Por Miguel Angel Ricci Antón*
Foro Permanente por la Defensa de los Ecosistemas Peninsulares
Los arquitectos yucatecos colegiados, en una postura a todas luces extraña, se han pronunciado, aparentemente todos, sobre temas colindantes con su profesión. Aplaudimos sinceramente esta actitud de participación aunque nos esperábamos un espíritu crítico de mayor profundidad en la antigua temática de la arquitectura de relación con el medio natural. Desafortunadamente este pronunciamiento colegiado de los especialistas que cargan con la mayúscula responsabilidad de contribuir a hacer ciudades en el estado se despreocupa de los efectos y consecuencias negativas de las realizaciones de su profesión.
Muy livianamente nos dicen que como la expansión de la mancha urbana se extendió hace tiempo hasta la zona que ahora se pretende regular, ellos, los colegiados, no perciben porqué deshacer lo mal hecho o al menos discutir los conceptos y procesos que han llevado a semejante desacierto. Justamente el Programa de Ordenamiento Ecológico del Territorio Costero del Estado de Yucatán interviene en este caos costero que en su dinámica económica, pesquera, urbana y recreacional ha terminado con especies de peces, generado mareas rojas, destruido manglar y perturbado severamente la línea de costa. Con seguridad que el Programa de Ordenamiento puede mejorarse, sin embargo no interpretamos que ésas sean las intenciones del pronunciamiento del Colegio.
Según el Colegio Yucateco de Arquitectos, a través de su coordinador de Normatividad, Manuel Castillo Rendón y en ausencia de su presidente, señala que el Programa de Ordenamiento no tiene fundamentos legales para impedir a propietarios de predios veraniegos, desarrolladores inmobiliarios y otras personas construir en el litoral, siempre que éstos respeten la duna costera. Obviamente la duna costera no es el único aspecto a respetar. Ella misma, la duna costera, es producto de innumerables procesos de interacción entre el mar y su dinámica, el clima y su dinámica y la costa y su dinámica mucho antes de la presencia humana allí. Las actividades humanas han ido modificando a través de la historia en distintos grados esas interacciones hasta llegar a la actualidad cuando comenzamos a comprender la necesidad de estabilizar algunos de los procesos de cambio puestos en marcha por la acción humana. Por si los miembros del Colegio no estaban enterados, hace ya varias décadas que en el mundo se discuten estos problemas y se toman acuerdos modificando fundamentos legales nacionales.
Digamos que hasta no hace mucho tiempo los arquitectos sólo incorporaban al medio natural como “paisaje”, privilegiando visuales y sensaciones, pero desde que las modificaciones humanas de la naturaleza se han mostrado nocivas y catastróficas hay científicos, investigadores, gobiernos y organizaciones que tratan de no cruzarse de brazos y esperar las consecuencias. Sin embargo, ésta parece ser la postura que los miembros del Colegio asumen al afirmar su improvisado vocero que los que no respetaron esa franja de protección natural pagaron las consecuencias de ello, perdieron sus casas. Quienes seguimos de cerca los avatares del huracán Wilma y sus efectos en Cancún aquellos que pagaron las consecuencias de las pérdidas de hoteles e infraestructura fuimos en gran parte los ciudadanos contribuyentes. La sociedad es la que pierde o gana y a través de ella los individuos y es desde este convencimiento que el Programa de Ordenamiento pretende actuar antecediendo los hechos con la prevención en lugar de condenar al individuo ignorante por una ignorancia que no siempre es suya. En situaciones ambientales críticas no siempre pagan los responsables, ni puede ser simplificado a una cuestión de patrimonio.
Sobran en el mundo ejemplos de situaciones en las cuales la no prevención fue pagada por los responsables, ni con todo el dinero del mundo. Así aconteció con las víctimas de Chernobil en Ucrania, los de Bhopal en la India, los de Seveso en Italia, los de Guadalajara y San Juanico en México, los de Villahermosa, los de Chiapas. Levantarse de hombros y sostener ¡que se aguanten por desubicados! es una postura inmoral.
Los arquitectos yucatecos colegiados al mismo tiempo que revelan una pizca de entendimiento al estar de acuerdo en proteger ese espacio, develan limitaciones de actualización y carencia de debate. En términos de investigación ambiental la producción de conocimiento es, de raíz, interdisciplinaria debido a la complejidad de los objetos de estudio e investigación, ecosistemas y su dinámica. El Programa de Ordenamiento, por otro lado, no intenta proteger espacios, sino procesos vitales que en su desenvolvimiento generan espacialidades.
Mucho antes de que los arquitectos pudieran aprovechar las “visuales” hacia el mar, la costa de Yucatán estaba debajo del nivel del mar como toda Centroamérica, mucho las plantas verdes produjeron oxígeno para estabilizar la actual atmósfera al mismo tiempo que otros procesos enterraban al metano. Aquellos espacios eran tan buenos como éstos, sólo que para otros procesos de vida y especies. No había entonces arquitectos ni sociedades que desestabilizaran aquellos procesos que generaron, en su desenvolvimiento, este espacio que parece del gusto de los arquitectos de hoy. Lo menos que pueden hacer los arquitectos de hoy es, aún con una visión egoístamente corporativa, preservar procesos vitales y complejos para los arquitectos del futuro. No hay que definir quién y cómo se determina la extensión de la duna, hay que definir qué mundo legaremos a nuestros hijos entre todos los ciudadanos, porque si se lo dejamos a cámaras empresariales y colegios de profesionistas no parecen haber garantías de no reducir todo a desérticos negocios.
Desde este ángulo la perspectiva del vocero de los arquitectos yucatecos colegiados, ex funcionario de Obras Públicas en administraciones estatales y municipales del PRI, que considera que la duna costera sólo abarca 20 metros de ancho, no 60 como plantea el Programa de Ordenamiento se reduce a unos 40 metros. ¡¿Su problema son 40 metros?! ¡Sesenta metros en vacaciones y en la playa! ¡Es una enormidad! ¡Pobres turistas que han venido a descansar, lo que deberán esforzarse para alcanzar las rojas aguas de la costa!
Antes de preocuparse por esos 40 metros, los arquitectos yucatecos colegiados deberían preocuparse por los innumerables procesos de actividades humanas que discurren en la costa y la hacen cada vez menos atractiva para propios y extraños en su todo su largo y ancho. Las aguas contaminadas vertidas al acuífero viajan bastante más de 40 metros, kilómetros y kilómetros, antes de desembocar en el mar. No fue justamente la estrechez de miras lo que limitó a iconos de la arquitectura y el urbanismo como Lewis Mumfors, Ebezener Howards o Patrik Geddes.
Nos informa el vocero del Colegio que el 13 de febrero de este año fijaron los arquitectos una postura, en una junta convocada por el Ejecutivo para que la población presentara sugerencias y observaciones a los criterios de regulación ecológica de ese Programa de Ordenamiento. Aún no entendemos cómo la población entra en una junta (¡vaya recinto!) pero según parece alguien en nombre de todos los arquitectos del Colegio Yucateco de Arquitectos fijó alguna postura que parece ser coincide con la de las cámaras empresariales deseosas ellas de seguir haciendo negocios “para combatir la pobreza”.
La posición fijada parece consistir en que les molesta el Programa de Ordenamiento Costero y sugieren que desaparezca alegando que la Ley General de Equilibrio Ecológico establece que hay programas generales, regionales, locales y marinos pero no menciona programas costeros. Mucho antes de que la problemática ambiental se mencionara en el plano del derecho existió como hecho en la realidad como consecuencia de procesos sociales. Si tardamos tanto en reconocerlo es, en parte, debido a lo mismo que expresan los arquitectos yucatecos colegiados, un interés económico mal entendido por ser personal y de corto plazo. Por eso, en tanto imperen dichos intereses, la Ley General de Equilibrio Ecológico no impide la contaminación y destrucción de ecosistemas aunque menciona el respeto a dichos equilibrios. Estos pretextos seudo legales mal ocultan el espíritu depredador que ha puesto al mundo en esta crítica situación. Ellos quieren seguir haciendo negocios a pesar de la desgracia ajena.
Pretenden refugiarse en el Ejecutivo del Estado al sostener que no es no al nivel federal a quien toca vigilar la costa. Eso de vigilar parece un eufemismo pues en verdad parece que ni el uno ni el otro logran contener los procesos destructivos, sólo nos mal informan que viene la marea roja y ni siquiera se hacen cargo de retirar los escombros de las viviendas desechas por los huracanes construidas con la permisividad de las autoridades.
Por encima de sus capacidades profesionales se zambulle el Colegio en una especulación administrativa relativa a qué nivel de gobierno le corresponde elaborar programas en lo regional y en lo local. Con un aparato conceptual anticuado niegan avances y evidencias incontrastables que vinculan lo global y lo local de maneras complejas ¡cuando hace ya décadas Raquel Carlson alertó al mundo acerca de la existencia de DDT en pingüinos del ártico! ¿Acaso la nube radiactiva de Chernobil localmente producida no tuvo consecuencias regionales? Tan atrás conceptualmente se encuentran que se asustan porque el Programa de Ordenamiento no es regional ni municipal. ¡No! ¡Es globalmente local!
Aún no han escuchado ni leído al Dr. Capurro Filograsso del Cinvestav. Si hubieran asistido a nuestro segundo Foro los arquitectos yucatecos del colegio se hubieran enterado a través de él, acerca de la fragilidad de la península ante los efectos del calentamiento global y su conclusión de que la península entera de Yucatán debe ser, ante estos efectos, considerada como costa ¡TODA ELLA! Al igual que lo hacen quienes planifican en la península de La Florida en consonancia con conocimientos científicos utilizados para proteger justamente población e inversiones. Una actitud más ética que levantarse de hombros ante la desgracia ajena.
Según el Colegio el Programa de Ordenamiento Ecológico del Territorio Costero del Estado de Yucatán no cumplió con estrechar vínculos con urbanistas. ¿Se referirán a los expandidores de mancha urbana que tan buenos diseños y viviendas nos han provisto hasta ahora? Los arquitectos yucatecos colegiados dicen, de palabra, querer prever la tendencia de crecimiento de los asentamientos humanos cuando en los hechos sólo generan mancha urbana, o permiten que se genere con sus secuelas de muerte, accidentes, contaminación y enfermedad. Sobre esta temática urbana, supuestamente su especialidad, no han aparecido en los periódicos denunciando el caos generado, pero sí se atreven a opinar sobre lo que no conocen. Mucho antes siquiera de definir las zonas supuestamente ”aptas” para asentar viviendas se atreven a cuestionar una propuesta de Ordenamiento que proteje los primeros 60 metros de la costa de los delirios de hombres de negocios que sólo ven, si acaso, los aspectos económicos mal entendidos. Ahí están los restos del Hotel Macay como testimonio de semejante estrechez de miras.
¡LLAMAMOS A TODOS LOS ARQUITECTOS A PRONUNCIARSE SOBRE LA NECESIDAD DE UNA NUEVA RELACIÓN CON EL MEDIO NATURAL QUE NO ESTÉ EXCLUYENTEMENTE BASADA EN EL LUCRO PERSONAL!

*Arquitecto y Ecólogo Humano
Miembro activo del Foro Permanente por la Defensa de los Ecosistemas Peninsulares

http://www.poresto.net/content/view/21321/60/