jueves, 03 de abril de 2008
Jorge Cortés Ancona
Dentro del Sexto Festival de Teatro Intimo se presentó la obra Los habladores, a cargo de la compañía Teatro del Fantasma y bajo la dirección de Andrea de Alba y Edgar Castelán. El primer día del festival se presentó una parte de esta serie de monólogos -la versión 1-, que continuó en su versión 2 el sábado 29 de marzo en el Restaurante Amaro.
Los cinco monólogos presentados en esta función tienen como voces a personajes en situaciones que a veces son de conflicto y en otras de confusión personal. Vimos primero al supuesto chavo fresa, con su onda de discriminación, que en el caso del actor que lo encarna resulta bien actuado en su grotesca condición. Un ejemplo donde lo representado es desagradable pero la representación es totalmente válida. Si creyéramos que lo ficticio es real el público lo hubiera sacado a sillazos. Menos mal que es sólo teatro.
Después, la confesión de una adolescente que cuenta sus avatares para iniciarse en el sexo, para su mal con todo y novio drogadicto y bastante sonso. El juego de las drogas y el sexo tiene aquí su chistosa moraleja.
A continuación viene la fea que cuenta su desgracia, muy lejana de la suerte de la bonita. A la vez, evidenciando su desesperación para conquistar lo que sea, que en este caso es un itinerante Testigo de Jehová nada agraciado. El humor negro con que se maneja el tema es punzante y muy emotivo.
Un narco norteño representativo de los clichés del mexicano nos hace vivir la caricatura de una situación de todos los días. La interpretación le da la vuelta graciosa a uno de los males de nuestro México: no nos queda más remedio que volver objeto de risa aquello que nos daña. Por último, en una situación más o menos análoga, aparece un luchador que como tantos mexicanos padece de paranoia respecto a la policía, en este caso contándonos las aventuras de una sesión de lucha libre con participación del público y de la policía.
Los actores son Mirna Acevedo, Andrea de Alba, Jesús Benítez, Edgar Castelán y Luis Hernández, quienes hacen gala de una buena capacidad escénica. Dominan sus papeles que encarnan con soltura, provocando la risa pero también alertándonos acerca de esas partes de la realidad que no siempre estamos concibiendo en todas sus dimensiones.
Sería deseable que en lo futuro hubiese más de una función de todas estas obras y que el Festival no se limitase a un público reducido. Ahora vemos con gusto que El Teatrito cuenta con apoyos que antes eran inexistentes, como el del ICY y del Ayuntamiento de Mérida, además de los derivados de instituciones privadas e independientes.
Por sus valores cualitativos, las obras presentadas en el Festival de Teatro Intimo deben buscar aproximarse a más público. Sabemos de las dificultades de recursos y de logística que ello trae consigo, dada la condición independiente del Centro de Investigación Escénica El Teatrito, pero quizá extender las actividades unos días más ayude a difundir estas valiosas opciones teatrales, sobre todo ahora que se cuenta con la colaboración institucional pública. También es de celebrar que este Festival haya traspasado los límites estatales y que ahora se esté presentando en la Ciudad de México.
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