jueves, 03 de abril de 2008
Mariana Rodríguez Sosa
Lo que viene en la Muestra Internacional de Cine
Con toda honestidad diré que son escasas las oportunidades de ver buen cine en Mérida. Normalmente la cartelera está plagada de las opciones de factura estadounidense, ubicadas en lo que se conoce como el cine ‘comercial’, es decir, películas cuyo principal objetivo es distraer a su espectador/a, permitiéndole que olvide sus problemas por un par de horas. Pero en estos días con la llegada de la muestra internacional de cine podemos regocijarnos con propuestas cinematográficas diferentes, arriesgadas e interesantes, que nos mueven a la reflexión y la crítica. Los personajes de las historias que se cuentan en estos filmes son de carne y hueso, podemos identificarnos o no con ellos/as, comprender o cuestionar sus acciones, actitudes y conductas.
Una de las películas incluidas en esta muestra internacional de cine me empuja a escribir estas líneas. Su título es XXY y es dirigida por la argentina Lucía Puenzo. La película aborda un tema complejo y pocas veces explorado en el cine: la intersexualidad. Desde hace algún tiempo se ha optado por utilizar la palabra intersexualidad y no hermafroditismo para referirse a las personas cuyos cuerpos presentan rasgos morfológicos que dificultan una asignación de sexo (masculino o femenino) al momento de nacer. El concepto de intersexualidad, y de ahí la preferencia de su uso, también refiere a la identidad de género, es decir, incluye los procesos de interrelación social, así como la orientación, práctica y deseo sexual. En palabras más simples, una persona intersexo puede tener un cuerpo con rasgos que la definen simultáneamente como hombre y mujer (no sólo órganos reproductivos externos e internos, sino genes, hormonas y gónadas), puede comportarse y relacionarse como mujer u hombre (identidad de género) y puede tener una orientación heterosexual, homosexual, bisexual, etc.
Con enorme sensibilidad, Lucía Puenzo narra la historia de Alex, una persona intersexo que con 15 años está intentando construir su identidad: descubrir quién es, cómo conducirse y relacionarse con los demás. Junto con sus padres, Alex vive en un pueblo pesquero de Argentina. Lo primero que salta a la vista en la vida de este personaje es el secreto, el temor que prevalece en su entorno ante la posibilidad de que divulgue su condición de intersexualidad. De hecho, en el inicio de la película nos enteramos de que Alex se ha peleado con su mejor amigo y se van deduciendo cuáles fueron las causas del conflicto entre ellos. Por otro lado, está la vivencia de los padres, quienes decidieron dejar Buenos Aires después del nacimiento de Alex en un intento de protegerla lo más posible. En la actitud de la madre puede verse cómo el miedo y la culpa han provocado que su vida sea una experiencia dolorosa, a la vez que han definido la relación que puede establecer con Alex. La actitud del padre es otra muy distinta, él piensa y cree que no hay nada en Alex que necesite compostura pero al mismo tiempo sabe que el mundo puede no compartir su punto de vista y tratar a Alex de manera totalmente injusta.
Hay muchas cuestiones que se van planteando en la película y que despiertan nuestra reflexión. Una de ellas es cómo la diferencia, el que a una persona se le ubique fuera de la norma, desencadena reacciones violentas en los demás. Frente al rumor de la intersexualidad de Alex, unos chicos del pueblo la someten físicamente para que les muestre su cuerpo. La película de Puenzo también nos permite reflexionar sobre la importancia de decidir sobre la propia vida, la importancia vital de sentirnos libres para construir nuestra identidad porque al fin y al cabo nadie más vivirá nuestra vida por nosotros. Este punto resulta fundamental y hace de la película un documento de gran trascendencia por tratarse de un debate que no logra resolverse acerca de la intersexualidad. ¿Quién debe decidir sobre el destino y la vida de una persona? ¿Sus padres cuando él/ella es aún demasiado pequeño/a para enterarse? ¿Un equipo de médicos que realizará una intervención quirúrgica a partir de lo que ellos/as consideran el procedimiento más sencillo? ¿Un equipo interdisciplinario de especialistas, que incluya psicólogos y sociólogos? ¿O debe ser la persona misma, una vez que haya crecido y pueda asumir la responsabilidad de sus decisiones? El hecho de que Alex sea una persona intersexo que no fue intervenida en su infancia pone sobre la mesa todas estas cuestiones y sobre todo, plantea la posibilidad de la intersexualidad como identidad, es decir, abre la opción de pensar que una persona no tiene que ceñirse a un modelo dicotómico de género, donde sólo se puede ser hombre o mujer y actuar en consecuencia a estas dos alternativas. En este sentido, la película también provoca una reflexión acerca de la necesidad de normalizar el cuerpo intersexo —sostenida desde el discurso médico— y en última instancia, muestra que una corporalidad intersexual también puede ser deseada y amada por alguien más.
XXY es una película que si su espectador/a se lo permite, le hará sentir la tremenda soledad que implica no poder sincerarnos sobre quiénes somos, también le hará comprender que el miedo es el modo más injusto que tenemos para relacionarnos entre nosotros, para juzgar a otros o juzgarnos a nosotros mismos; del miedo sólo puede desprenderse una experiencia negativa. Ya lo dice un personaje en la película: “Lo peor que un padre puede enseñarle a su hijo es a tener miedo de su propio cuerpo”.
De acuerdo al programa de la muestra internacional de cine, XXY será proyectada el 10 de abril en la cineteca nacional del Teatro Mérida (12, 17 y 20 hrs.) y en los cines Siglo XXI (17 y 20 hrs.). La fecha es susceptible de cambios por lo que se recomienda confirmar día y horario antes de ir a las salas de exhibición.
http://www.poresto.net/content/view/8520/56/