viernes, 11 de abril de 2008
Afirma Rosario Sosa Parra
A pesar de constituir un avance importante, la Ley de Protección de la Fauna del Estado de Yucatán no se aplica, la han tirado a la basura y necesita además una revisión y adecuaciones que humanicen algunos de sus enfoques, afirmó ayer durante una entrevista la Dra. Rosario Sosa Parra, presidenta de la Asociación por los Derechos de los Animales en Yucatán, A.C.
Dudando un poco, preguntamos a la reconocida ambientalista cuáles son los artículos de esa Ley de Protección de la Fauna que se aplican realmente, pero en forma categórica respondió: Ninguno.
Y pasó lista a lo que está mal:
—El artículo 37 señala que “los propietarios o poseedores de animales de carga no deberán utilizar a éstos en jornadas excesivas de trabajo, y les proporcionarán al menos un día de descanso a la semana, durante el cual no podrán ser prestados ni alquilados para ejecutar labores”.
Que me digan quién de los caleseros o de los tierreros cumple esa disposición y quién la supervisa. Nadie.
El artículo 38 dice a la letra: “Los propietarios o poseedores de animales de tiro y carga, deberán tratarlos de la siguiente manera: I.- Proporcionarles alimentos y el agua necesaria. II.- Evitar el exceso de latigazos y otros medios de crueldad durante el arreo. III.- Ensillarlos con todas las guarniciones para evitar que sean lastimados, y. IV.- Hacerlos descansar en intervalos necesarios
Sobre el inciso I, puedo afirmar que los aurigas de las calesas no les dan agua a los caballos para que no orinen, ya que si lo hacen tienen que echar agua para lavar, pues de otro modo el olor de los orines invade toda la calle, ya que no hay un drenaje apropiado donde están. Ellos dicen que no les dan agua porque se empanzonan, pero no es cierto.
Sobre el inciso II, no se necesita ser muy perspicaz para darse cuenta de que está avalando el maltrato en vez de prohibirlo, ya que no sólo se debe evitar el exceso de latigazos, sino se debe evitar e incluso prohibir cualquier latigazo, cualquier maltrato, cualquier abuso, cualquier injusticia contra los animales.
Sobre el inciso III, bastaría con que se haga una revisión de la piel de esos pobres animales para darse cuenta de que no se les ponen las guarniciones necesarias para evitar que se lastimen con las sillas y los amarres de las calesas.
Sobre el IV, todos saben que a esos animales no les dan descansos durante el día, ni siquiera los protegen del sol. Un caballo en libertad siempre busca estar a la sombra cuando el sol pega fuerte, pero los de las calesas tienen que estar expuestos al sol durante las horas de mayor calor a pesar de que por esa razón hay un incremento del cáncer en los animales. Otro problema que les ocasiona el descuido con que son tratados son las cataratas producidas por el sol. En Alemania les ponen un sombrerito para protegerles los ojos.
El artículo 39 señala: “Los propietarios o poseedores de animales de trabajo, sólo podrán estacionar o amarrar a estos durante la prestación de su trabajo, en lugares adecuados que no impliquen riesgo o daño”.
Es claro que nadie puede pasar entre la fila de calesas en la calle 61, porque con un cabeceo, los caballos pueden golpear a cualquier persona. Además estar allá todo el día bajo el sol, como comentamos antes, implica un daño para su salud.
El artículo 40: “Para evitar que se lastimen y sufran daños mayores, cuando los animales de trabajo estén cargados y caigan, deberán ser descargados de inmediato”.
Todos recordamos el reciente caso del caballo de los tierreros, que se cayó por el abuso en las horas de trabajo y el exceso de carga.
El artículo 41 revela un enfoque cruel, pues dice: “Queda prohibido golpear con brutalidad a los animales de carga”.
Debería decir simplemente que “Queda prohibido golpear a los animales de carga”. No es posible aceptar que se les golpee, es inhumano, injusto, contrario al bien. Animal viene de ánima, es decir, alma, pero la religión niega que la tengan, como también se negaba que los indígenas y los negros tuvieran alma inmortal, por eso se cometieron las más grandes barbaridades y los más terribles abusos y torturas contra ellos. El tiempo cambió, se tuvo que aceptar que la tienen, pero todavía no llega la sociedad al nivel de civilización que permita pensar que los animales tienen alma inmortal, o que la tengan o no la tengan, su sensibilidad está en evolución y deben ser respetados, porque sienten, porque sufren, porque tienen derechos, porque de nosotros como seres humanos debería esperarse siempre lo mejor para ellos, no lo peor, y porque ellos son parte de la Tierra en que vivimos y, en muchos casos, llegaron antes.
(Roberto López Méndez)
http://www.poresto.net/content/view/9797/43/